lunes, 28 de diciembre de 2015

Nuevas

Ya estamos en casa.
Poco a poco nos vamos ordenando.
El duelo también se va ordenando.
En algún lugar leí que el dolor por la muerte de un ser querido golpea como las olas.
Luego escuché a mi comadre decirlo también.
Es una excelente metáfora.
Al principio las olas golpean con fuerza, tanta que es capaz de causar un naufragio. Sólo resta aferrarse a lo que sea para no ahogarse. Las fotos, los recuerdos, la memoria de una carcajada. Los amigos que están sufriendo el mismo dolor también son buenos asideros.
Después de un tiempo, aunque las olas siguen siendo altas y fuertes, llegan con menos frecuencia y te permiten un respiro; sin embargo, un lugar, un aroma o una imagen pueden nuevamente causar dolor. Golpea la ola con fuerza.
Pasado otro rato, las olas son menos altos, menos frecuentes. El golpe de la ola no es ya tan fuerte. Es tolerable. Incluso puede ser suave y dulce.
Con Paty fue así. Algunos lugares me la traen a la mente de inmediato y aunque siento ganas de llorar, no duele tanto. La extraño.
Con Luis supongo que será diferente. Son muchos los recuerdos. Pero también son muchos los restos del naufragio a los cuales nos podemos aferrar.
Ha pasado sólo una semana desde que murió. Ha habido un par de días que han sido muy duros. Una tarde en un supermercado me puse mal. Fue el día de la entrega de sus cenizas. No quise, no pude ir.
Manejar no ha sido muy buena idea. Resulta que el auto es el mejor lugar para llorar y es un poco riesgoso hacerlo.
Otros días han sido muy tolerables. La mudanza me ha tenido ocupada. Los hijos y el marido en casa también. Ver a los amigos, hablar con ellos, contar anécdotas de Luis, reír con los recuerdos, llorar a solas, ha sido terapéutico.
Sé que las olas vendrán menos amenazadoras cada día.
Entretanto, podemos funcionar.

Te voy a extrañar.







miércoles, 23 de diciembre de 2015

Luto

When I die don’t think you’ve “lost” me.

I’ll be right there with you, living on in the memories we have made.

When I die don’t say I “fought a battle.” Or “lost a battle.” Or “succumbed.”

Don’t make it sound like I didn’t try hard enough, or have the right attitude, or that I simply gave up.

When I die don’t say I “passed.”

That sounds like I walked by you in the corridor at school.

When I die tell the world what happened.

Plain and simple.

No euphemisms, no flowery language, no metaphors.

Instead, remember me and let my words live on.

Tell stories of something good I did.

Give my children a kind word. Let them know what they meant to me. That I would have stayed forever if I could.

Don’t try to comfort my children by telling them I’m an angel watching over them from heaven or that I’m in a better place:

There is no better place to me than being here with them.

They have learned about grief and they will learn more.

That is part of it all.

When I die someday just tell the truth:

I lived, I died.

The end.

(Lisa Boncheck Adams)

viernes, 18 de diciembre de 2015

Spoilers

En octubre compré los boletos para la premiere de Star Wars. A mí eso de asistir a las premieres nunca me había hecho falta pero he descubierto que si quieres ver una película sin sorpresas en esta época, tienes que evitar redes sociales hasta que puedas ir a verla  y no estaba dispuesta a hacer semejante sacrificio.

Así que ayer Fefé y yo nos tomamos un día libre del trabajo para ir junto con los hijos a la proyección.

Una vez surtidos de palomitas, refrescos y paninis nos sentamos a emocionarnos mucho.

No voy a soltar ningún spoiler importante, porque bien sé que hay un círculo en el infierno destinado a ese tipo de personas… si se les puede llamar personas. Pero sí voy a compartir unas impresiones:

·         ¿Rey con todo el potencial para ser una Jedi? ¡Yeiihhh! (“Ay, mamá” me dijeron los hijos “en los comics hay mujeres Jedi” Pues sí, pero no con la proyección que tiene una película y el impacto que esto puede tener).

·         Oscar Isaac. ¡Yeiiihh! Yo no fui a ver solamente la nueva película de Star Wars, sino también la nueva película de Oscar Isaac.

·         Adam Driver hasta en la sopa. I´m in. Gracias Lena Dunham.

·         Leia y Han. Absoluta y devastadoramente adorables.

·         La música. Oh, la música. Y además, lar parte del inicio y de los créditos  fue dirigida por Dudamel. Saberlo fue la cereza en el pastel (spoiler: nohay güiro ni maracas).

·         Una reflexión: depresión y rebeldía adolescente te llevan al lado oscuro. Pero ya lo sabíamos. Cuiden a sus emos.

·         Y finalmente: ¿Por qué? ¿Por qué tuvieron que romper mi corazón? Aun no lo supero. All the feels. Damn it.

Ojalá puedan ir a verla antes de que alguien les eche a perder la experiencia.

¿Que no han visto las anteriores? No importa.

¿Qué no son fanses? Nunca es tarde.

Anden, anden, vayan, diviértanse y olvídense un par de horas de este mundillo atroz.

De nada.

martes, 15 de diciembre de 2015

Ella se llamaba Laura


Laura se llama la intendente de mi área.

Es una chaparrita de nariz respingada y largas pestañas. Muy bella ahora y dice que todavía más cuando era joven. Ríe mucho y por eso es difícil imaginar que pasó parte de su vida al lado de un hombre que la violentaba constantemente. Consiguió salir de la relación y se las arregló para mantener ella sola a su hija. También se las arregló para comprar una casitita, dice, limpiando para empresas por las mañanas y casas por las tardes.

Pero ya se cansó.

Su hermana vive en Estados Unidos y está sola porque los hijos crecieron. La hija de Laura también.

Laura recuerda cuando hace muchos años, su hermana y ella buscaban trabajo en Cd. Juárez. Cómo, por falta de estudios, no podían entrar a la maquila así que se empleaban en casas. A veces les gustaba vivir en esas casas pues ya no tenían que regresar por las noches al cuarto que rentaban que por el costo, solían estar en zonas muy peligrosas. Pero era cansado, porque estar ahí de tiempo completo significaba estar disponible las 24 horas con una paga de 8. Los domingos se salía con su hermana, con una lata de atún y un refresco, a comer en algún parque para luego ir a misa y regresar a la casa de los patrones. Y cuando el trabajo se acababa, porque los patrones se iban de vacaciones o decidían prescindir de sus servicios, ellas volvían a la calle y al cuarto triste.

Un día lograron brincar y tuvieron patrones gringos. A su hermana se la llevaron esos patrones más arriba, hasta Denver. Cuando se acomodó, le mandó dinero a Laura para que le llevara a su hijita. Así que un coyote le entregó a la niña en Albuquerque y de ahí viajaron hasta Denver.

Laura regresó. Tenía a su propia hija por la cual preocuparse. Ella aquí creció, fue a la escuela y se casó. También tiene una niña.

Laura canta cuando camina pero camina despacio.

“Ya me cansé” repite. Y después de su último viaje a Denver, decide que se va con su hermana, que estará con nosotros hasta enero y entonces cruzará a El Paso, tomará un camión a Albuquerque y allá un coyote le entregará a su nieta, para que crezca en Denver y estudie la universidad, como su sobrina a la que entregó quince años atrás.

Laura dice que no sabe si se va a quedar allá para siempre, que ella se siente un poco gitana, como la música que le gusta escuchar, que a lo mejor un día se regresa pero hasta entonces va a tener que  aprender a disfrutar de los inviernos fríos y las tormentas de nieve.

“Pero hay country” me dice “todo el día y en muchas estaciones.”

Laurita va a ser feliz.
 
 

viernes, 11 de diciembre de 2015

:(

Hoy murió un conocido.

Lo traté muy poco. De hecho evité algo su trato después de nuestro primer encuentro, en el cual hizo un par de comentarios venenosillos sobre mi mejor amigo. Tampoco tuve que evitarlo mucho porque no hubo más proyectos comunes en los que participáramos. De vez en cuando lo veía en fotos de amigos mutuos o nos lo topábamos en algún café.

Fue hospitalizado por las mismas fechas en que mi papá también lo estaba. Los separaba un piso. Mi papá salió y él se quedó. Un problema con los riñones. Diálisis.

Tenía una voz linda. Era joven. Fue muy amado por sus amigos.

¿Habré entrado ya a esa edad en la que empiezan a morir los contemporáneos?

sábado, 5 de diciembre de 2015

Yo soy así

Me gradué.
Fui a la ceremonia y estuvieron ahí mis papás.
Y les tocó escuchar que dijeran mi nombre seguido de «Mención honorífica a la excelencia» por haber sido el promedio más alto de mi generación.
Y es una ñoñada del tamaño del mundo que eso me haya emocionado a mis casi 40 años, pero como dice la canción, yo soy así.

Ahora a buscar unos cursos que ando necesitando y a ver cómo nos pinta el futuro.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Cést fini

Cuando asistí a la primera entrevista en mi trabajo actual, me tocó esperar en recepción a la hora de la salida. Vi salir a ingenieros y operadores, todos grandes, hoscos y rudos, y la verdad me preocupó. Dudé de mi capacidad de trabajar con gente en un ambiente tan diferente al que estaba acostumbrada.
Pero fui aceptada y por el tipo de trabajo que realizo, tuve la oportunidad de ir conociendo a toda la gente.
Poco a poco las facciones de las personas me dejaron de parecer tan hoscas, sus facciones se suavizaron y a un año de conocerlos, me da gusto verlos día a día. Los rostros de mis compañeros los encuentro cada vez más bellos. Mis paseos por la planta, cada vez más satisfactorios.

Comparto este proceso como preámbulo a la siguiente afirmación enfática y decisiva: Fefé me parece el hombre más hermoso del mundo. Siete mil días juntos han tenido ese efecto. ¿Será que cuando seamos dos ancianos seguiré viéndolo igual de bello? Ojalá. Es chido amanecer con un hombre más guapo cada mañana.


* * * * * 


Terminó el proyecto laboral que traía desde agosto, al parecer en forma exitosa, con sus detalles a mejorar.
Y también recibí calificaciones finales de la escuela. No estuvieron mal. Un 96 de promedio es bastante decente.
Los hijos presentan trabajos finales esta semana y a vacacionar un mes y medio.
Yo también pedí vacaciones. Voy a necesitar días para la mudanza, aunque la verdad no es mucho lo que nos vamos a llevar de aquí. Probablemente sean sólo los colchones, el refrigerador y un escritorio, más algunos electrónicos.
Ya se le está viendo más movimiento a la casita nueva. Ya tenemos cosas instaladas y dentro de unas dos semanas estará habitable, que es cuando espero poder empezarme a mudar.
Ya me estoy emocionando otra vez.
Tuvimos serios problemas con el negocio que nos estaba haciendo la cocina y la experiencia me estaba jodiendo. Pero decidimos cortar ya que no era bueno ni para ellos ni para nosotros y nos regresó el ánimo.
Ya quiero estar allá, jugando futbol con Hobbes en el patio o echada en la sala viendo la tele con los hijos.
Pronto.
Prontito.




miércoles, 25 de noviembre de 2015

Momento


Dos días más para que el proyecto que traigo encima culmine.
Y después de ahí el año se va a ir de bajadita y todos con la inercia hasta el año nuevo.

La semana ha pintado bien, pese a todo.
Para los hijos ha sido una semana emocionante.
Harry había estado esperando una oportunidad para trabajar en una empresa y finalmente le avisaron que había sido seleccionado. Va a estar trabajando justo frente a donde yo lo hago. La novedad lo tiene emocionadísimo.
William ya tiene licencia de manejar y conduce a la escuela todos los días. Y con esto ya puede llevar a la novia al cine.
Cuando empecé este blog Harry estaba en el kinder y William empezando la primaria. Aun jugaban con carritos.
Zas, con el tiempo.



Sigo dedicándome tiempo para la belleza.

Les comparto la de hoy.





Y un pilón.

....

lunes, 23 de noviembre de 2015

Logro desbloqueado

El semestre terminó y con ello mi paso por el posgrado.
Soy libre.
(Dice la que acaba de salir de la chamba a las nueve de la noche)

jueves, 19 de noviembre de 2015

U-f-f

Ruido, tumulto, harto trabajo.

Son fechas de muchas cosas en la chamba.

Nos brincan auditores de donde menos esperamos.

Se suma a esto algo que llaman “Reingeniería de Puestos” que no es otra cosa que, en mi caso, haber perdido a mi asistente y quedarme con el doble de carga de actividades.

 

No me quejo.

Bueno, sí pero poquito.

En una queja pasajera. Traigo algo de trabajo extra por unos eventos que se realizan una vez al año. Y se suma que esta semana es mi última de clases. Sólo un trabajo más y soy libre.

 

Ya quiero que sea  fin de mes, cuando este desmadrito acabe.

Ya quiero que sea fin de mes, porque entonces empezará mi mudanza a la nueva casa.

Ya quiero que sea diciembre porque la carga de trabajo se reduce considerablemente.

Ya quiero que sea  diciembre para ir a mi graduación.

Ya quiero que sea 23 de diciembre para salir de vacaciones.

 

Mientras tanto mis socios y allegados aligeran mis días.

Uno de ellos, mi proveedor de momentos bizarros, me hizo llegar un video hoy.

Quedé de encerrarme a verlo pero con la cantidad de pendientes, realmente no pude evadirme de la pantalla de mi computadora. Así que solo me puse mis audífonos y seguí trabajando.

 

Uno realmente tiene que tomarse momentos para la belleza.

No importa cuán ocupados, uno debería dedicarle unos minutos a respirar belleza.

Sumo esto a mis pendientes de cada día: además del laburo, cumplir obligatoriamente con la ejecución excelentísima de al menos cinco carcajadas, la entrega y recepción de un mínimo de diez abrazos, el envío de cinco cumplidos harto halagadores y cada día, aunque sea por cinco minutos, dedicárselos a la belleza.

Y aprovechando la belleza, les dejo el blog de mi proveedor de momentos bizarros.

http://edrodriguezchain.blogspot.dk/

Les advierto que va a ser bien famosote, así que más vale que entren a ver su página para que puedan verse bien hípsters y decir: Yo ya conocía su obra antes de que fuera famoso.

 

De nada.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Estrés

Nunca he sabido si mi vida ha estado medio carente de presiones o si simplemente soy muy buena manejándolas porque es sumamente raro que yo me sienta estresada.
Hoy a mediodía, enmedio de la vorágine que representaba haber perdido a mi asistente (eso sonó gacho; no la perdí, se la llevaron a otro departamento), tener una carga doble de trabajo, estar a tres semanas de terminar la maestría y tener al mismo tiempo la coordinación de un evento muy importante para la empresa, alcancé a tomar el teléfono y teclearle a Fefé: "Estoy muy estresada."
Como me conoce bien, se preocupó y me habló. Tuvo que aguantar mi retahíla quejumbrosa hasta que lo dejé hablar y dijo exactamente lo que yo necesitaba escuchar: "Estrésate".
Tenía razón.
Tomé aire un par de veces para ahogar las ganas que tenía de soltarme llorando y luego dejé que me fluyera la energía por todo el cuerpo. Con eso pude avanzar bastante a mis pendientes laborales e irme a casa a seguir con los escolares. Bueno, bueno, hice una pequeña desviación hacia un bar para llegar por una cerveza y alitas, combustible indispensable para seguir la jornada. Además era justo y necesario detenerse un momento y platicar con el marido. Es el otro tipo de combustible que necesito.

Los días se están yendo muy rápido, dicen todos alrededor.
Debe ser que cada vez tenemos menos horas de sol o tal vez que rumbo a diciembre el camino es de bajada. No sé. Hay quienes están felices de que ya vengan las fiestas, el ahorro, el aguinaldo. Yo no tengo problema con nada de eso, es sólo que no me gusta viajar a tanta velocidad.
Cuando termine la escuela he de tomarme un tiempo para hacer nada y frenarle tantito a este relajo.
El estrés puede ser útil, en dosis medidas, pero también es un aviso. Yo ya entendí el mensaje.

Además el estrés trae consigo a su amiguito "Stress eating" y yo nunca lucho contra ellos, me les uno.


lunes, 2 de noviembre de 2015

Usos

Me gusta eso de la noche de brujas.

Me gusta ver el desfile de niños disfrazados por mi casa y escuchar las risas y los gritos, y los pasos de la gente por la calle. Pero este año no compré dulces. El año pasado se me quedaron todas las bolsas porque Hobbes y Lulú decidieron que debían proteger la casa contra los espíritus malignos y no dejaron que nadie se acercara a la puerta. Así que me dije ¿cuál es el caso? Me voy a terminar atacando otra vez los dulces yo sola. Y aunque la perspectiva era tentadora, decidí que no. No habría dulces porque no habría niños. Lamentablemente no conté con la astucia de L. que se aprontó con las criaturas valiéndole gorro el punto de vista de mi fiera guardiana. Y yo sin un dulce. Pero creo que L. va a disfrutar el vaso de Bud Light que le hice llegar. Fue lo más cercano a un dulce que pude encontrar.

Harry y William, quienes están aprendiendo ya a adolescentear y han dejado de ser un par de antisociales, se fueron con sus amigos. Fefé se había ido a vender y cobrar cosas y yo no conseguí plan con nadie para esa noche. O al menos un plan que me gustara. Así que agarré mi libro en turno, mis cigarros y me fui a un café a que me cantaran “La Llorona”. Afuera del café desfilaron los espectros, los vampiros, los zombies, las calaveras. Muchas calaveras del Día de Muertos.

Hace mucho dejé de ser purista. Ahora disfruto del eclecticismo. Sin embargo me di cuenta que a mucha gente sí le causó molestia que se mezclaran los motivos del Día de Muertos con el Halloween. Bueno, empezando con que se celebrara.

Entiendo el punto de vista de los defensores de las tradiciones propias (que luego “propias” hasta cierto punto) pero también entiendo que toda tradición y costumbre proviene de una larga historia en la que las mismas se han visto enriquecidas por otras culturas, así que es imposible encontrar por ejemplo, una sola forma de poner un altar de muertos. Las tradiciones no son inamovibles y se está poniendo más interesante ahora que vemos viajar más rápido la información y con ella la influencia de otras culturas.

A mí me gusta ver desfilar catrinas con fantasmas. Me recuerda que aquí y allá, en América y Europa, y tal vez en otros lugares cuyas costumbres desconozco, por unos días las puertas de otros mundos se abren al nuestro para permitirnos reflexionar sobre la muerte, sobre el bien y sobre el mal.

Y encima de todo me encanta ver cómo niños, adolescentes y adultos, salen a reclamar las calles en un acto de saludable convivencia.

El año que entra le enseñaré a Hobbes a respetar a los espíritus y aviso, tendremos muchas bolsas de dulces.

 

 

lunes, 26 de octubre de 2015

Bienvenido

De vuelta a la realidad.

A llegar a hacer las tareas y esas cosas de adolescentes que no tienen 500,000 suscriptores en Youtube.

Pero no se agüita. William tuvo un fin de semana muy especial.

Primero que nada, estuvo en la ciudad de México, que le encanta.

Después tuvo oportunidad de reunirse con algunos de los chamaquitos que lo siguen en el canal.

Él y su socio convocaron reunión en un parque y ahí cayeron los niños a pedirles autógrafos y sacarse fotos con ellos.

Y ya como punto central del viaje, participaron en el evento en el que fueron nominados y aunque no ganaron, disfrutaron un montón, conociendo a los famosos de las redes y haciendo contactos por el mundo cibernético. El teléfono LG que recibieron también fue consuelo.

Por ahí trae fotos con René Casados (“¿Quién era, mamá?” lo que me obligó a buscar videos de XETU y a bailar al ritmo de Erika Buenfil con el intro del programa. No tuve opción.) y en una hasta López Dóriga se coló. Por cierto, este señor también recibió un premio y en sus agradecimientos mencionó a la gente joven del evento diciendo que uno de los nominados era apenas cinco años mayor que su nieto. Se refería a William, que era el nominado más chavito.

Yo no puedo ocultar mi orgullo y todos mis compañeros lo están padeciendo.

Estoy muy contenta de que esté viviendo todo esto porque lo merece. Ha sido siempre un niño creativo pero además de esto, ha sabido leer las señales de los tiempos. Yo sólo espero que pueda sacarle el provecho suficiente para lograr sus siguientes metas.

Qué días llenitos de cosas.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Insomne

Sé que una debe amarse tal cual es pero hay cosas de mí que nomás no puedo querer mucho.

Una de esas cosas es mi compulsividad. Aunque he logrado dominar ciertos comportamientos de este tipo, aun me quedan algunos, como darle vuelta a las cosas hasta que me impiden quedarme dormida.

 

Anoche dormí mal después de leer un estatus de FB de un amigo que abordaba el tema de la igualdad de género. O lo que él cree entender, en forma de un mal chiste.

Pienso que la razón por la que no dormí fue que evité responder su comentario.

La verdad es que he dejado de compartir información que me resulta muy importante sobre éste y otros temas porque llegué a la conclusión (y luego leí algunas investigaciones que lo confirman) que no puedes cambiar la opinión de la gente con mera información. Por eso dejé de hacerlo. También de responder comentarios. Pero eso no significa que no me importe y los temas me afloren a media noche exigiéndome una respuesta que no di. Eso pasó anoche.

Así que éste es un mero desahogo que espero me ayude a conciliar el sueño esta noche.

 

No.

La violencia es violencia venga de quien venga. No le llamamos “valiente” a una mujer que violenta. Pero siempre me sentiré regocijada, no voy a mentir, cuando una mujer logra salir de una relación abusiva o de una amenaza a su integridad utilizando cualquier medio posible.

No.

No es lo mismo cuando en la calle una mujer y un hombre lanzan un “piropo”. Las circunstancias son diferentes en ambos casos y los contextos también. Una mujer que lanza un piropo en la calle (para ser honesta, no conozco a ninguna que lo haya hecho, ni en mis épocas locas de universitaria) no lo hace bajo el mismo esquema en que se realiza el acoso callejero. Las mujeres no nos sentimos dueñas de la calle. De hecho el acoso nos ha dejado muy claro que los hombres se sienten únicos dueños de ellas y al invadir nuestras vidas con sus “halagos” lo quieren hacer patente. Tampoco nos sentimos dueñas de los cuerpos de los hombres como para someterlos a una valoración. La cultura en la que hemos crecido no nos ha dado esos privilegios. Si un hombre es “piropeado” (por usar el mismo léxico) por una mujer en la calle, él no sentirá que es un riesgo a su seguridad y que si se le ocurre mostrar inconformidad ante ello, tampoco sentirá que su vida puede estar en riesgo.

No.

La cosificación tampoco funciona de la misma manera. Nuevamente, en nuestra formación como mujeres nunca aprendimos que los hombres son desechables, que se pueden utilizar, violar, matar y tirar sus cuerpos a un basurero.

 

El comentario agregado al chistesín gráfico por parte de mi amigo decía “Les gusta hacer pero que no les hagan”.

¿Neta? ¿Hacer? ¿Nosotras hemos sido  en la historia de este mundo las violentas, las acosadoras, las violadoras? ¿No es la violencia de género la quinta causa de muerte entre las mujeres en México y la primera a nivel mundial?

¿Y nosotras somos las que hacemos y luego no nos gusta que nos hagan? ¿Cómo está eso?

 

“No todos somos así” me han contestado algunas amistades cuando se tocan estos temas. Puede ser, pero es nefasto también que no se involucren, que no detengan una situación de agresión porque “es una cuestión entre la pareja”, que desde el vecino hasta el juez en un caso de violencia doméstica, se hagan ojo de hormiga y que encima de eso sigan compartiendo sus opiniones misóginas y reafirmando estereotipos a través de sus comentarios pendejos.

 

Aunque estoy acostumbrada a escuchar y leer comentarios similares a los expuestos, no voy a negar que viniendo de mi amigo me pueden mucho más. Hemos hablado tantas veces de estos temas, mis amigas y yo le hemos compartido incluso algunas experiencias muy personales, de discriminación, de acoso, de violencia sexual, de desigualdad. Y es hora que no capta.

 

Como ya dije, dejé de insistir.

Pero también es hora de dejar de tolerar.

 

Dicho todo lo anterior, hagan changuitos para que esta noche sí pueda dormir.

 

 

lunes, 5 de octubre de 2015

Exhaustenta

Qué cantidad de emociones pueden caber en un fin de semana.

El viernes mi papá tuvo cita con el oncólogo. Las noticias fueron excelentes. El tumor se está encogiendo y ya no es una masa sólida sino hueca. Dice mi mamá que es un milagro. Yo le digo que el milagro es ella que no ha dejado que la salud de mi papá decaiga, que no se le pasa ni una cita, ni un examen, ni una dosis de medicamento; que aunque le pese a mi papá, lo mantiene en carrilla para que coma bien, para que se mantenga aseado y en movimiento. Y por supuesto él que está resistiendo todo el tratamiento sin quejas ni reniegos. Ha habido momentos muy molestos y dolorosos pero mi papá no se queja; lo visitamos y está sonriente, con su humor de siempre.

También fueron días muy emocionante para los hijos.

Harry participó en una competencia de 16 kilómetros y llegó en primer lugar de su categoría. Muy probablemente haya sido porque fue el único adolescente de 15 años en correr los 16K. Los demás adolescentes que vimos estaban inscritos en la carrera de 8K. Pero eso no le quita ningún mérito. En todo caso, es mayor. El nene no cabía de gusto cuando le dieron su trofeo, pero el gozo que traía era más del propio hecho de correr, sentir la adrenalina en el cuerpo, la emoción de ir superando su propio récord.

Él quiere seguir en esto. Dice que un día me va a invitar a verlo correr al maratón de Boston. Francamente, no lo dudo.

La otra criatura también nos salió con una gran noticia. Ya nos había enseñado una invitación para una premiación de figuras de redes sociales en el DF. Una empresa de consultoría digital así como una revista la están organizando. Sí estábamos considerando seriamente que fuera cuando ayer que se comunicaron con nosotros nos avisaron que William está nominado por su canal de Youtube. Nosotros creíamos que sólo era invitado pero no. Ahí va a estar entre toda la gente cuya creatividad y talento admira.

Veo a los enanos y me llena de gusto y orgullo ver los caminos que se están forjando. Pero también me obliga a verme a mí.

A veces me parece estar viviendo a través de sus logros. Y son suyos.

Yo todavía tengo cosas qué hacer, aunque a diferencia de mis hijos que lo tienen más claro, yo tengo casi cuarenta años y aun no sé para dónde.

Pero… Pss… me quedan fácil otros cuarenta para averiguarlo.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Sansón

Cuando William entró a secundaria, descubrimos –para mi inmenso gozo- que su cabello no era lacio sino rizado, así con bucles grandes como los de su papá. Por supuesto que se quiso dejar largo su cabello porque muy corto ni se notaba el chino.

Ambos hijos míos estuvieron en una escuela secundaria muy relajada. Utilizar el cabello corto no era parte de su reglamento ni restringir el uso de tintes coloridos, que para la directora era una “manifestación muy sana de la búsqueda de identidad en los adolescentes”. Me encantaba la señora.

Extraño un poco esos años porque desde que los hijos ingresaron al bachillerato gastamos aproximadamente 400 pesos mensuales en cortes de cabello puesto que el largo reglamentario no debe superar un dedo, pero tampoco pueden raparse la cabeza, ¿pues qué son? ¿cholos delincuentes? Mis hijos y yo padecemos el don y la maldición de una gruesa mata de cabello que crece como hierba mala.

Obviamente y padeciendo el cambio, mis hijos me comenzaron a cuestionar la regla del cabello corto con discusiones que usualmente iban así:

-          ¿Pero por qué tenemos que usar el cabello corto?

-          Por higiene.

-          ¿Higiene? ¿Y las niñas qué? Hay quienes lo traen hasta la cintura. Y no me digas que es porque ellas son niñas y son más limpias y cuidan más de su persona porque eso no es necesariamente verdad y además es una afirmación sexista.

-          No iba a decirte eso.

-          ¿Entonces?

-          Mmmm… es por disciplina.

-          ¿Cómo? ¿El cabello corto te hace ser más disciplinado? ¿Entonces por qué los maestros acusan a los hombres de ser más indisciplinados?

-          Mmmm.. me refiero a el hecho de aceptar esa regla y seguirla es una forma de desarrollar tu disci… ¿sabes qué? No tengo argumentos. Pero firmaste el reglamento, chiquito.

-          ¿Puedo usar un letrero que diga que uso cabello corto bajo protesta?

-          Tienes mi bendición.

Seguramente saben que todo esto viene al caso del polémico incidente del niño sonorense cuya madre demandó al kínder por suspenderlo o impedirle al paso a la escuela porque al niño le gusta el cabello largo.

Y bueno, ni tan polémico porque en todas –menos una- las publicaciones del tema que he leído en Facebook por parte de mis contactos, la conclusión ha sido que el niño es un berrinchudo, que la mamá debería tomar las riendas de la conducta de su hijo, que hay que seguir las reglas, etc., etc. Las opiniones más moderadas mencionan “la higiene y la disciplina” como argumento a favor del cabello corto.

Desconozco la intención de la madre del nene (precioso por cierto, con su cabello largo y a veces detenido con broches que a decir de su mamá, le gusta usar) con la denuncia pero la admiro. Me parece un acto profundo de amor y respeto por las decisiones de su hijo sobre su propio cuerpo. Porque una cosa es que el reglamento indique horarios de entrada, salidas, comportamientos en clase ¿pero la invasión del cuerpo de la persona?

Claro, hemos crecido bajo esta cultura que rige por dicotomías a los géneros. Nos parece lo más natural del mundo y asumimos como correctas las categorías que nos afirman como hombres y mujeres. Pero sabemos y es evidente hoy más que nunca que los géneros venimos en diferentes formas y colores. Algún opinante dijo “Tiene que seguir las reglas, ya cuando tenga 18 que haga lo que se le dé la gana.”

Caray, estoy de acuerdo con que hay decisiones muy importantes que deben dejarse al llegar a la edad adulta. ¿Pero el largo del cabello? ¿Es tan importante como votar por un partido político?

Además ¿por qué una niña de 4 años puede elegir el largo de su cabello o pedirle a mamá que se lo corte pero un niño no?

Una opinante me dijo algo así como que era bueno para el desarrollo de la disciplina seguir las reglas aunque parecieran no tener fundamento. ¿¡Y la reflexión crítica?! La opinante tiene una foto de perfil que dice: Si queremos adultos que piensen por sí mismos, debemos educar a los niños para que piensen por sí mismos.

¿Tonces pues?

Ora… si hay algo presente en la vida de los niños y las niñas, son las reglas. Desde sus más tiernas infancias los llenamos de reglas o les establecemos límites para su bienestar, salud y seguridad. ¿No son suficientes para el desarrollo de dicha capacidad que dicen de disciplina? ¿En qué clase de persona nos convierte seguir reglas sin fundamentos, sólo porque tenemos que seguirlas? (Pensé en policías y ejércitos, en Ayotzinapa y Tlatlaya, brrr…)

Además de todo esto, hay otra cuestión que tiene que ver nuevamente con el cuerpo.

Los infantes cuentan mayormente con poco poder sobre su cuerpo. Los vestimos, los peinamos, comúnmente elegimos su ropa, sus zapatos. Los obligamos a que saluden y besen a quienes ellos no quieren saludar. Los regañamos si no permiten que la tía o el tío los apapachen o les jalen los cachetes. Les quitamos pues el poder que deberían tener. Y una persona con poder puede decir “No” y puede denunciar en caso de un abuso contra su cuerpo porque lo sabe propio, porque le enseñamos –al valorar sus decisiones- que sus cuerpos son preciosos y valiosos.

Y aunque ignoro si hay algo más detrás de la denuncia de la madre, parafraseo algo que dijo: ¿Cómo le explico a mi hijo que se le niega el derecho a la educación por no querer conformarse a un estereotipo de género?

¡¿Dónde están las escuelas incluyentes?!

Pues sí. La admiro y ojalá la discusión generada en redes sociales con su denuncia, sirviera para hacer observaciones críticas sobre las leyes que nos rigen, tanto las explícitas como las que no y además nos obligara a repensar la vida democrática que aspiramos desde la formación inicial de sus ciudadanos.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Yo 2.0


Como cada lustro, me volví a cortar la cabellera.

Pasé los primeros ocho años de mi vida con el cabello corto y los siguientes, deseando poder cortarlo pero sintiéndome amarrada ante la perspectiva de hacerlo. La feminidad y esas ideas pendejas, pues.

Pero en 1990 me animé. Luego nuevamente en el 95. Posteriormente en el 2000 y así hasta nuestros días.

Me han dicho que “qué valiente”, lo cual no entiendo. Si no te gusta algo y te lo quitas de encima ¿es eso valiente? ¿O querrán acaso decir que ellas quisieran hacerlo pero no se animan? ¿O será una forma de decirme “te ves fatal, pero qué valiente en salir a la calle así”?

Me inclino hacia la última opción.

Pero la segunda también me suena porque yo tardo en animarme cinco años y es cuando ya estoy resignada a que por más tutoriales que vea en Youtube o más pines en Pinterest “For the lazy girl”, nomás no puedo hacer nada con mis kilos de cabello.

¿Será que nos asusta no “vernos como mujeres”? ¿Nos preocupa la falta de aceptación de nuestras parejas por no cumplir con los requisitos mínimos indispensables para ser mujer?

Todas mis amigas me preguntaron eso, por cierto. “¿Qué te dijo Fefé? ¿Le gustó?”

Y no es que me importe pero sé que le encantó. El miércoles por la mañana me desperté cuando sentí sus manos acariciándome el cabello. Al rato que me levanté de la cama y me vi  al espejo, descubrí que se había dedicado a hacerme un hermoso mohawk mientras dormía. Lo amé.

Pero Fefé y yo tenemos un acuerdo mutuo: él no dice nada de mis looks y yo no digo tampoco nada (bueno, no mucho, no tanto, no demasiado) de sus chinos mal peinados. Y es que el respeto al desastre ajeno es la paz.

Hago de conocimiento público esta decisión porque he de pedirles un favor:

En cuanto empiece a subir enlaces de cómo hacer trenzas y chongos fáciles, dénme un zape. Lo autorizo. O si están muy lejos, nada más recuérdenme que ni en mis épocas de cabellos largos se me da la peinada.

Por su  atención, gracias.

 

martes, 15 de septiembre de 2015

¿Qué?

Hace unos meses, en media tertulia familiar y después de algunos alipuses, siendo la persona proactiva que soy, decidí abrir una botella de tequila. Estuve dando vueltas y vueltas al tapón por casi un minuto, y la botella no abría. Desistí porque conozco mis  límites… y porque en realidad la botella  nunca estuvo tapada. Por eso no pude quitar ninguna tapadera.

A últimas fechas me he sentido más distraída. Mis comportamientos más penosos han sido:

·         Masticar e intentar hacer una burbuja con una hoja de papel arroz. En mi defensa debo decir que el poseedor del papel traía las hojitas guardadas en un paquete de chicles. Yo dije “Si venden enjuague bucal en laminitas, ¿por qué no chicles que parecen papel?”. Además el papel viajó desde Dinamarca, y dije como Virulo “ha de ser lo que acostumbran por allá”.

·         Tratar de espolvorear pimienta sobre un trozo de carne. El pimentero era un destapa sodas de madera. No era pimentero.

·         Comprar salsa pico de gallo para una carne asada  y darme cuenta luego que no era tal, sino un ceviche de nopales. Nadie se lo comió, por supuesto.

·         Los calzones.

Y seguramente ha habido más detalles que no logro recordar porque ando bien pinchi pendeja y lo único que me consolaba en ese estado de cosas era pensar que al menos en mi trabajo no me pasaba.

Es más, pensaba que mi intensa concentración en mi trabajo para que no me fallaran los detallitos logísticos de mi área estaba sustrayendo toda mi capacidad para otras actividades.

La vida no me dio la razón. Mandé un correo para citar a un entrenamiento y en forma muy digna avisé que sería la última vez que se daba el curso en primer turno. Luego me senté a aceptar las confirmaciones de asistencia y en lugar de ello recibí declinaciones. Ocurrióseme abrir un correo para ver qué pedo con esa pinche actitud de la gente, de veras, y fue cuando me cayó el veinte: “Cecy, el 16 de septiembre no asistimos a laborar. ¿Podrías poner el curso en otra fecha?”.

No hay consuelo.

A lo que iba con todo esto es… es… ¿a qué iba?

 
Update: Esta mañana tuve una conversación de tres minutos con mi asistente de cubículo a cubículo.....Hasta que me di cuenta que ella estaba hablando por teléfono con alguien más.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Off

Hay días que empiezan con el pie equivocado.

O en mi caso, con los calzones equivocados.

Y es que hay calzones tan equivocados que deberían ser incinerados, desaparecidos de la faz de la tierra. Tengo uno de ésos y en lugar de hacer lo debido, decidí echarlos al fondo de un cajón.

Los calzones correctos, por otro lado, estaban en mi mano antenoche mientras preparaba mi atuendo del día de ayer. Sépanse que no es cosa fácil decidir qué ponerte cuando la calle está a 28 tropicales grados y tu oficina a gélidos 18. Por eso me preparo una noche antes, justo como me enseñó mi mamá.

Ignoro qué sucedió entre las diez de la noche y las siete de la mañana pero el resultado final fue salir a la calle con los calzones equivocados y darme cuenta que los correctos estaban en mi bolsa. Y si me di cuenta de este hecho fue porque al sacar mi gafete para ingresar a la empresa, salió el gafete con todo y calzón. Frente a todos.

Por fortuna el día se compuso.

Tuve una auditoría que aprobé porque el auditor ya no quería seguir escuchándome.

Me desautorizaron un viaje al que no tenía ganas de ir.

Hicimos una visita al carpintero para decidir el color de un mueble y Fefé y yo sí pudimos ponernos de acuerdo (todavía falta el color de la cocina, the final battle).

Y por la noche cobré unos orgasmos que me andaban debiendo.

 

Hay días que son así.

Mi vida está muy necesitada de ésos.

 

sábado, 22 de agosto de 2015

Tantas muertes

Regresando de un funeral, me enteré de una muerte más.

Tregua necesaria.

Voy a dejar un rato "La Torre de los Sueños", "The Long Earth" y las historias de Terramar.

Me espera Saramago y "Las intermitencias de la muerte".

.
.
.
.
I wish.


Ya empezó mi último semestre escolar y no tendré mucho tiempo para lecturas por placer.
.
.
.

Caos mental.
Ni se nota ¿vedad?

Quisiera contar de la felicidad de ver a mi pirata favorito pero siento esta alegría tan injusta y egoísta, cuando él acaba de perder a su madre.
Quisiera compartir la tristeza de muertes ajenas que me son sentidas (como la de Daniel Ravinovich o la del hombre que nos atendió y consoló en el crematorio cuando Lulú se fue) y me siento vana y superflua teniendo a gente cercana llevando lutos.

Mi empatía no sabe de protocolos, chingado.


viernes, 14 de agosto de 2015

Firmas

Si me espero al fin de semana para tener tiempo y escribir, tampoco lo voy a encontrar.

Así que qué mejor momento que el más ocupado del día para arriesgarme a que cualquiera pase a mi cubículo y vea mi pantalla.

La semana pasada falleció Lulú.

El sábado la internamos temprano para que le removieran un tumor. Los hijos se despidieron de ella antes de la cirugía. Luego Fefé y yo fuimos a verla cuando nos avisaron que la operación había finalizado y todo parecía ir bien. Con esa tranquilidad me fui al hospital a ver a mi papá y al llegar allá me habló el veterinario. No terminó de despertarse de la anestesia.

A William le pegó feo la noticia. Harry lo tomó con más filosofía: “Tuvo una buena vida, fue feliz y tuvimos oportunidad de despedirnos.” Los dejamos decidir qué hacer con ella. Finalmente ellos no poseen recuerdos en los que Lulú no haya estado ya con nosotros. Ambos decidieron que la cremación era la mejor opción, pero Harry porque quiere correr al cerro favorito de Lulú y esparcir ahí sus cenizas para dejarla libre y William porque quiere plantar un árbol en la nueva casa con las cenizas, para llevarla con nosotros.

Decidieron dividir las cenizas.

Yo todavía estoy en recuperación. La extraño. A veces escucho sus pisadas en el pasillo.

No es que nos sorprenda la muerte. Es que las ausencias no dejan de calar tan fácilmente.

El duelo y su superación no es más que el efecto de habituarte a esas ausencias.

No creo que haya forma de prepararse para ello. Tal vez lo que existe son formas diferentes de ver la muerte en las cuales las ausencias se hacen más tolerables porque les atribuimos algún tipo de sentido. O se lo quitamos por completo. Un c'est la vie. O mejor dicho, donc est mort.

En el gran esquema de las cosas, valemos poquita cosa, casi nada.

Somos insignificantes.

Tendríamos que haber sido científicos o humanistas, para haber legado algo, para haber impactado a los otros en nuestro corto paseo por el mundo. De otra manera, somos sólo basurita generadora de más basurita

En el nivel microscópico en el que nos movemos, es diferente. Los catorce años de vida de Lulú tuvieron un impacto en cuatro criaturas a su alrededor. Mis padres, mis hermanos, mis hijos, mi pareja, han tenido impacto en mí. Sus vidas son valiosas para mí.

Nunca seré científica, humanista, activista consumada, así que mi insignificancia me obliga moralmente a buscar formas de no dejar tanta basura por el mundo, mínimamente,  y así que el duelo que deje en el futuro sea asimilable.

¿Dónde podré firmar este compromiso con la muerte?

 

viernes, 31 de julio de 2015

Vienes

Desconfío enormemente de los días laborales ligeros.

Es cierto que la semana ha estado retacadita pero prefiero tener la agenda llena y saberlo de antemano a llegar el viernes y verla vacía.

Debo evitar emocionarme con ello, porque ya sé… ya sé cómo son estos días. Llegas temprano, te asomas al calendario, auguras día relajado y justo cuando comienzas a recargarte en tu silla y poner tus manos detrás de tu cabeza… ¡ÑAC! El chingazo inesperado. Las llamadas telefónicas. La avalancha de correos. Las visitas del jefe a mi cubil.

Mejor me pongo en plan de punching bag y venga nos el trabajal.

Quialcabos que me gusta mucho y está chido y hay café y me pagan decente y mi jefe no me acosa y mis compañeros son un amor y mi asistente es la onda.

¿Algo más que se pueda pedir en viernes?

Una idea de regalo de cumpleaños para el marido.

Por favor.

 

Esta semana también fue cumpleaños del hijo mayor. No sé con qué derecho se ha atrevido a crecer tan pinche guapote, inteligente, interesante y atrevido.

Nomás para bajarle a su mitote, el destino le regaló una visita al dentista el mero día de su cumpleaños. Y por su parte el ortodoncista le dio el regalo de un set de brackets en su dentadura.

Téngale, pá qué vino.

Al hijo menor eso le tocó la semana pasada y yo sólo tengo un consejo para todos los padres y madres del mundo: planeen estos pedos. ¿Cómo se les anda ocurriendo tratar a ambos hijos de los dientes al mismo tiempo?

Envidio al ratón de los dientes que nunca salió desfalcado.

 

Que este fin de semana les sea leve.

Me regreso a mi hábitat a seguir fingiendo que estoy ocupada mientras espero a que caiga la tormenta.

jueves, 23 de julio de 2015

Sadness

"(...) yo nunca vi a mi madre forrar mis cuadernos. Eso lo hacía mi papá.
A la semana de estrenar nuevo año escolar, llegaba yo cargada de esos hermosos libros de texto que usábamos en primaria (hermosísimos, gracias a ellos conocí a Federico García Lorca y a José Martí, y a Nicolás Guillén). Mi papá llegaba de trabajar y se sentaba en la mesa del comedor con todo su instrumental. Yo detenía entonces mi carrera loca en la calle para ir a sentarme durante una hora para ver trabajar las manos de mi papá. Sus manos siguen siendo igual de bellas que antes. Tiene unos dedos finos y largos, rematados por lo que a mí me parecía algo excepcional... las uñas largas... Jejeje! Mi papá usaba uñas de señorita y debo decir que las tenía muy bien cuidadas. Decía que eran su principal herramienta de trabajo cuando se metía con sus máquinas y había que desarmar y desatornillar. Los pequeños tornillos cedían al momento con las uñas-desarmador de mi papazo. Esas uñas me parecían lo más extravagante y maravilloso del universo y verlo forrar mis libros, era un espectáculo. Como todas aquellas personas que no son buenas con las manualidades, me gusta ver trabajar a las personas con sus manos. (Gran admiradora de Bob Ross... se acuerdan del greñudito afro que pintaba arbolitos felices?)
Qué hacía mi padre?
Primero le quitaba los forros a los libros. Luego tomaba un trozo de mezclilla que compraba para la ocasión y lo cortaba de la medida del lomo. Enseguida ponía pegamento al lomo y a la mezclilla y los unía. Finalmente pegaba nuevamente el forro a la mezclilla y envolvía el libro en plástico. Mis libros jamás se deshojaron.
Tengo grabados esos momentos con mi papá, una persona callada, reservada que rara vez manifestaba cariño en las formas tradicionales. Pero para mí, el estar callada a su lado, dejándome verlo trabajar, era el abrazo más largo y cálido de todos los que hubieran podido darme."

lunes, 13 de julio de 2015

Plan be

Las cosas en mi trabajo están curiosas.

Uso la palabra “curiosas” en su acepción menos conocida que significa “De la rechingadísima, todos nos vamos a ir al cabrón”.

A mí me encanta este trabajo. Caí en blandito al cambiar de empresa. Francamente no tengo muchas ganas de dejarlo. Sin embargo, hoy pensaba en qué haría si eso sucediera y así hizo su aparición el plan Be chica, el cual resumo a continuación.

Si me liquidan:

1.       Pagaría la tarjeta que planeaba liquidar en noviembre.

2.       Pediría en el banco la aplicación del seguro de desempleo por lo del pago de mi casa.

3.       Cursaría con tranquilidad el último infame semestre de mi maestría.

4.       Aplicaría para el puesto de asesora de programas educativos en la escuelita donde estudio.

5.       Me inscribiría en un taller de diseño de e-learnings.

6.       Le ayudaría a mi madre con las necesidades de mi papá.

7.       Disfrutaría de la casa nueva a la que aun no me mudo.

8.       Y ya en enero me lanzaría con muchas ganas a la búsqueda laboral, eso si lo del curso de diseño o lo de asesora no rindiera muchos frutos todavía.

Se ve bonito el panorama alterno.

Pero no. No se me antoja irme de aquí.

No es sólo el hecho de que la actividad que realizo me gusta y que el pago correspondiente también. Tampoco que tengo un buen jefe y más que excelentes compañeros de trabajo.

La verdad es que soy  presa fácil de Doña Procrastinación y por más agradable que suene el plan Be chica, mi inquietísima mente (así me gusta decirle y no pichi desmadrito) no puede con tanta libertad.

NI modo.

Al que nace pa´ Godínez, del cielo le caen las tandas (y las deudas con Avon).

viernes, 3 de julio de 2015

Happy birthday

Pasé la noche acompañando a mi papá en el hospital.

Es la primera vez que me toca cambiarlo de pañal y asearlo.

No sé cómo logré controlar las ganas de llorar. No por mí. Por él. Porque vi su cara de angustia y de vergüenza de que su hija lo viera desnudo.

Tiene ya casi una semana sin comer y varios días sin tomar agua. Los médicos consideran que en este momento es mayor pérdida que ganancia que coma. Pero esta madrugada ya tenía mucha sed y sólo podíamos humedecer sus labios con una gasa mojada.

Hay buenos pronósticos para las próximas dos semanas. Si se cumplen, se podría revertir el proceso de infección sistémica que trae así como sus problemas renales.

Y ni siquiera hemos empezado a tratar el cáncer.

Hoy cumple 70 años.

martes, 16 de junio de 2015

Ollitas quebradas

En momentos como éste aprecio profundamente mi falta de creencias religiosas.
De tenerlas, seguramente tendría que pasar por el proceso de estarme preguntando "por qué", "por qué a él", "por qué a nosotros", seguido por el reclamo a alguna deidad. Luego, según me cuentan, pediría perdón por mi falta de fe y enfocaría mi energía en pedir, rezar. Me dirían que esa divinidad es omnipotente, que tendría que rezar con más fervor, pero si las cosas no salieran según lo solicitado, tendría de todos modos que agradecer ya que todo pasa según la voluntad divina.
Y eso es demasiado complejo.
(Si pidiera algo y se me concediera, me sentiría tan enojada por todos aquellos que piden y no les dan nada.)
En este momento sin más creencia que en la vida, me siento triste. Pero no tengo nadie a quien culpar y eso es bueno. Tampoco tengo a quién reclamarle que mi padre, ese hombre que vivió sin vicios ni desvelos, tenga ahora cáncer pulmonar. No tengo a quién y no lo necesito.

Me siento triste. Y angustiada a veces cuando pienso en lo que viene.
Pero eso todavía no está aquí.
Ahorita aquí está mi padre todavía.
Lo que suceda será porque así es, porque así son las células y la mierda de aire que respiramos. Porque así es. Porque desde que nacemos nos vamos muriendo. Se nos escurre el tiempo.
Nada de esto es prueba de fe ni lección divina.

Sólo así es.
Es un alivio no creer.

lunes, 1 de junio de 2015

Fin y principio.

Entre mi absoluta ignorancia y la capacidad desinformativa de las instituciones públicas y privadas involucradas, pasé por un proceso largo y tortuoso para finalmente conseguir las llaves de mi casa.

Pero ya están en mis manos.

Ahora estamos en la fase de las cotizaciones para equiparla. Y eso  se siente sumamente bien, aunque probablemente nos cueste el divorcio a Fefé y a mí por diferencias estilísticas irreconciliables.

Aunque bueno, eso del divorcio ya ni siquiera es tema de discusión. Mientras firmaba los documentos en la notaría el marido me susurró al oído:

--¿Te das cuenta que con esta deuda que nos acabamos de echar encima ya no nos va a alcanzar para un divorcio?

Un romántico, él.

Cuando empezó el año pensé que ningún acontecimiento podría superar al 2014, conocido también como el año de “Influenza, me la pelas”. Pero parece que sí. 2015, el año en que compré casa. Y el año en que espero también termine la maestría.

Por caridad.

sábado, 16 de mayo de 2015

¿Y si nos vamos a vivir todos juntos?

Verdades y deseos aparte, hay una historia o idea que una amiga y yo compartimos a veces, cuando alcohol y verano se juntan.
Surgió de alguna noche mezcalera en la que al ver a nuestros muy antisociales hijos platicando juntos, se nos ocurrió que lo mejor que podía pasarnos era convertirnos en consuegras.
Detalles como el hecho de que ambas tenemos sólo hijos varones y que además ninguno ha mostrado predilección por relaciones románticas con personas del mismo sexo, no nos detuvieron en nuestras cavilaciones.
Nos vimos dentro de treinta años. Nuestro hijos, por alguna razón, con un estilo de vida suficientemente desahogado como para comprar una casa dentro de un gran terreno, todo jardín, en donde estaría además otra casita para nosotras. A ese jardín saldríamos cada tarde, ella con sus pinceles y yo con mis libros. Ella se fumaría un porro mientras pintaba y yo mi Popular (es una fantasía, ya no hacen los Popular que me gustaban) mientras leía. Seguramente tendríamos gatos alrededor y música, mucha música, además de las visitas de nuestras respectivas comadres a las cuales eventualmente invitaríamos a la comuna.
 Nuestras respectivas parejas no aparecen en esta historia. No sé por qué. Tal vez porque siempre decimos que ambos se aman entre ellos más que a nosotras y un día se irán a vivir juntos o algo así. O tal vez porque sabemos que las mujeres, usualmente más fuertes y compuestas en esas edades, suelen estar a cargo llegando a cierta edad de maridos enfermos. Así que en nuestra fantasía no hay hombres.
Hoy recordé esta historia que cada vez hacemos más larga mientras binchguacheaba una serie nueva en Netflix. La historia se centra en dos mujeres en procesos de separación que están viviendo juntas por necesidad al principio y por elección después. Muy aparte de la calidad de la serie, plantea la vida de dos mujeres de 70 años, con necesidades emocionales, sentimentales y sexuales. Dos mujeres que hablan sobre lubricantes y condones, sobre fracturas de cadera y pastillas para dormir.

En un episodio, una de ellas buscaba la compañía de un hombre pues no sabía estar sola. La otra cuestionó: "¿Dónde estuviste en los setentas cuando nos dimos cuenta que no necesitábamos a nadie más?".
No sé.
A veces pienso en mi futuro y me veo entre mis gordas, cuidándonos unas a las otras.
Quién sabe si muy en el fondo pienso que eso es un mejor arreglo. O tal vez sólo es el miedo de pensar en el envejecer, el ver a a la pareja de todo tu vida deteriorarse ante tus ojos o ser tú quien se deteriora, dependiendo del cuidado y la tolerancia de los demás.
No tengo muchas ganas de escarbarle al asunto por ahora.
Sólo quiero disfrutar de la idea de que hay otras formas de envejecer y convivir con otros.
Y si es posible en una casa con vista al mar, mejor.
¿Por qué no?




jueves, 30 de abril de 2015

Día del Niño

Me parece de muy malito gusto y repoquísima madre y padre, que mientras yo veo fotos de mis hijos cuando eran bebés, ellos estén buscando información sobre universidades y requisitos de ingreso.
No se vale.
Yo no los parí para esto.
¿Qué les cuesta seguir siendo niños un rato más?

domingo, 26 de abril de 2015

La ciudad de los libros perdidos

¿A dónde van los libros perdidos?
Exijo saberlo.

Tengo cerca de cien libros extraviados, según mis más conservadores cálculos.
Que se me pierdan calcetines, blusas o pantalones. No sé por qué ocurre, pero sucede, créanme.
Pero mis libros...
Ni los calcetines ni los pantalones los puedo compartir con mis hijos. Los libros sí. Y me andan faltando "Las intermitencias de la muerte", "El señor de las moscas", "El club de la salamandra", "El segador", "El libro de los abrazos"...

A quien se los haya prestado o quien los haya sustraído en forma ilegal y arbitraria de mi casa, de verdad, regrésenmelos. No tomaré ninguna medida en contra.
Es más...
Voy a cerrar los ojos una semana y cuando los abra espero verlos en mi puerta.
Bueno, les voy a dejar la puerta abierta porque probablemente Hobbes los encuentre tan sabrosos como mi bicicleta.

Por favor...
Mis libros...
:(

lunes, 20 de abril de 2015

Medallas

La primera vez que Harry participó en una carrera debía correr una distancia de 2.5 km. Pero por no fijarse en los señalamientos, inició involuntariamente el recorrido de 5 km.

Cuando perdió de vista a los participantes se le ocurrió preguntarle a una corredora cuánto faltaba para la meta. Ella le explicó que otros dos km. Como Harry ya se sentía muy cansado, ella comenzó a motivarlo e impulsarlo para que terminara el circuito. En un par de ocasiones más, Harry bajó la velocidad pero ella no lo dejó detenerse. Ella llegó en  segundo lugar de su  categoría por esperarlo. Harry llegó en sexto en la suya. Todo esto me lo contó él de regreso a casa en un tono de verdadero agradecimiento.

En la segunda competencia la volvió a ver pero no tuvo ocasión de saludarla.

El domingo fue la tercera y se reencontraron con gran gusto. Sé que ella es efusiva, pero Harry no y verlo emocionado porque ella llegó en tercer lugar me dio mucho gusto. Y que fuera capaz de expresarlo, más.

Me cuentan por aquí que esta mujer –esposa de un compañero- ha tenido una vida difícil. Que incluso en algún momento intentó quitarse la vida cortándose las venas.

Yo no sé si los sentidos se afinan tras una experiencia así o si son los sentidos de Harry los que están muy abiertos, el caso es que las palabras de esa mujer en un momento muy preciso permitieron a Harry dar un paso más en su recuperación. Exceder sus expectativas fue un logro. Fue muy difícil en ese momento pero lo superó.

Harry cada día mejora. El viernes fue a una fiesta, el sábado me enseñó un ensayo que escribió cuya conclusión fue optimista y el domingo regresó a casa con un nuevo récord personal de la competencia.

Yo también tuve un nuevo récord: Ya no fui la última ni me ganaron las señoras con carreolas.

Y ya no me importa levantarme temprano los domingos para las carreras.

sábado, 11 de abril de 2015

Y pasé

No aguanté mucho sin máquina.
Pensaba esperar el reparto de utilidades o decidirme a usar la TDC o aceptarle a Fefé su oferta de comprarla él... al final le acepté un préstamo al hijo.
Así es, el hijo puede ya, gracias a su fama youtubera, ir a una tienda con su madre a comprar un cómic y terminar además comprando una pantalla de 42". Casual. Y encima de eso, decirle a su madre: "Te debo dieciséis años de regalos de cumpleaños. Te regalo la laptop que quieres."
Y me lo merezco porque ¡DIECISÉIS HORAS DE TRABAJO DE PARTO!
Pero no soy esa persona.
Le dije que le aceptaba el préstamo porque tenía un examen en línea esta madrugada y ya tenía encima algunos pendientes de la maestría. Pero generosa como soy, le dije "No te preocupes, hijo, yo pago el mouse -de $56 pesos-"
Y bueno, que tengo varios meses para pagárselo porque está ahorrando para un carro y no necesita el dinero de inmediato. De hecho ya le alcanzaba para uno pero es el único adolescente que conozco que no quiere un auto, o al menos, no es su prioridad. Pero sabe que lo será en unos meses porque la nueva casa queda bastante lejos de cualquier parada de autobús. Y Hobbes se come las bicicletas.
¿Se fijaron como dejé ir suavemente que sí, que los planes de compra de la casa ya fueron un hecho?
Ya estamos en los trámites finales. El dueño de la casa no sólo redujo el precio inicial sino que además tuvo la paciencia de esperar desde diciembre.
El universo le dé una residencia.

Son las 8:58 de la madrugada en sábado. Me levanté a las muy estúpidas seis por el examen que tenía que presentar en línea y frente a una cámara para que no checáramos otra cosa que no fueran los apuntes. Anteriormente sólo usábamos un programa que no permitía que abriéramos el explorador u otros documentos, pero ahora con las tablets, ya se pusieron más exigentitos así que sí me tuve que bañar y no sólo quitar las lagañas.
Todo ello razón por la cual estoy despierta y como no puedo volverme a dormir, me retiraré a hacer esas cosas propias de las madres: estalquear a sus hijos en FB.

Gudbai.


lunes, 30 de marzo de 2015

viernes, 13 de marzo de 2015

Sir Terry

Es un fenómeno muy curioso el de los duelos.

Ya llevo dos días arrastrándome por los rincones, sonándome la nariz a escondidas y respondiendo que es el resfriado cuando me preguntan qué tengo, porque la respuesta verdadera no causa mucha empatía. “Lloro porque se murió un escritor al que nunca conocí” no parece una respuesta que se merezca atención.

Por fortuna las redes sociales han creado ciertos microcosmos donde somos quienes somos, con filias, fobias y todo. Y ahí fue donde encontré un poco de consuelo por la muerte de Sir Terry Pratchett.

Tenía pensado escribir del primer libro de Mundodisco que leí cuando estaba en la universidad. De los que fui comprando de feria en feria. De los que luego pude descargar de internet. De los que recibí de regalos alguna vez. De los que he leído con los hijos.

También quería escribir mucho de sus brujas, de Granny, de Nanny, de Tiffany y de todos los personajes femeninos que son una total inspiración.

Pero en esos microcosmos ya se dijo todo.

Y más bonito.

domingo, 8 de marzo de 2015

Metas

Como parte del departamento de recursos humanos, tiene una que andar en toda actividad que se realice. Y este domingo lo que hubo fue una carrera deportiva. De esas cosas a las que usualmente me resisto a participar pero de todos modos tenía que ir a apoyar en la organización.
Convencí a Harry de que participara. Él está yendo a correr sábados y domingos y quería que conociera a un corredor de la empresa que es muy muy bueno para que echaran una platicada.
La idea de Harry era participar en la carrera de 2.5 km, con todas las ñoras, porque no sabía cuántos kilómetros podía correr sin detenerse. Yo le seguí la corriente, dado que no fui necesitada en la organización (benditos practicantes) y corrí... caminé... en la misma competencia. Que era simultánea a la de 5 km. O sea, los participantes de 2.5 km llegamos desfallecidos a la meta mientras los de 5 km dan otra vuelta más. Y muchas veces los de 5 km llegan antes que los de 2.5 km. Ejem.
Pues yo llegué medio trotando, medio caminando a la meta, detrás de una señora que empujaba un andador y antes de una de 70 años. No soy una completa perdedora.
Harry llegó un minuto después que yo. Se aventó los 5 km sin darse cuenta. Desconocía la ruta y siguió corriendo. Consiguió llegar en sexto lugar.
Y no sólo eso. El suertudo se ganó unos audífonos que estaban rifando entre los participantes a los que les había echado el ojo.
Yo me gané un balón de futbol que planeo patear para desestresarme.

En mis domingos ideales no hay sudor ni tierra ni falta de aire, sino más bien cama y televisión.
Pero fácilmente podría seguir sacrificándome con tal de ver a Harry tan tan contento y realizado.

Y si siguen rifando cosas, mejor.

lunes, 2 de marzo de 2015

Over


Se me acabó Parks and Recreation y ni siquiera me queda el consuelo de tener quien llore la pérdida junto conmigo.
Fefé, que bien me conoce y sabía cómo iba a estar sufriendo, me trajo un regalo:


Sí me consoló poquito, pues.

Y ahora me quedo sin serie hasta junio que regrese Orange is the New Black.
Ni que tuviera tanto tiempo para ver televisión, anyway, pero sí voy a extrañar la clase de serie que fue Parks and Rec. No fue una comedia como 30 Rock, que también amé, que transmitiera a un gag cada seis segundos. Tampoco fue Arrested Development, de mis favoritas, bizarra y absurda.
Fue una serie de humor muy sencillo con personajes maravillosos. Estaré enamorada siempre de Leslie Knope, pero tengo lugar en mi corazón para Ron Swanson.
No voy a negar que entre los encantos que encontré en la serie fue una protagonista mujer. Y no cualquier mujer, una mujer feminista.
La serie proyectó en diversos episodios las posturas de Leslie ante diversos temas: las uniones homosexuales, los concursos de belleza, las mujeres en la política, el sexo positivismo, la equidad de género... 
Pero la última temporada se la llevó. Abordaron además la invasión a la privacidad por las compañías tecnológicas, los ridículos trend foods, las Mommy Wars y el que más me gustó, The Men´s Rights Activism.




La voy a extrañar.
Ojalá pronto haya otra serie que vaya desperdigando ideas cosquilleantes por ahí.

Mientras, seguiré trabajando para ser mi propia Leslie.


E incluso un poco de Ron Swanson.



domingo, 22 de febrero de 2015

Gigi Colita

Así se llama ahora el gatito.
Gigi, por la película de Miyazaki (lo cual en sí mismo, es garantía de que el nuevo hogar de Night Fury -así le llamaron aquí- es lo que queríamos para él) y Colita, porque la hija de mi amiga que lo adoptó advirtió que si el gato tenía una cola bonita, se llamaría Colita. Y por lo visto, la cola de Gigi estuvo a la altura de los estándares de belleza de la nena.
Como siempre que se van, los extrañamos montón. Incluso Ringo que al principio se puso celoso, estuvo buscándolo estos dos días.
Así es la vida.

Y también es movida y ocupada.

Un amigo me invitó a participar en un proyecto teatral que trae entre manos. A mí y a otros amigos. Muy acertadamente aclaró "NO ES MUSICAL", lo cual implica que ya se resignó a que nunca podré ser esclava de los tiempos y la afinación. Lo siento, marcho a mi propio ritmo. Y sí soy afinada. En escalas que nadie conoce.
La invitación me gustó. Estuve leyendo el guión de una versión inglesa y me pareció fantástico. Y personalmente me aviento a cualquier cosa que no implique una actividad física demandante. Como caminar. O que no vaya contra mis principios. Como caminar.
Me gusta hacer cosas que me fuerzan a verme de otra manera. Me gusta hacer cosas que en otras circunstancias me apenarían. Me gusta contrariar a la Mrs. Right que hay en mí. Me gusta dejar de tomarme tan en serio.
Y era una oportunidad indicadísima.
Ayer iría a ver una película a su casa  pero no pude.
Me tocó un equipo de trabajo en la maestría hiperperfeccionistas y la tutora se la pasa haciendo comentarios sobre lo mucho que anticipa la entrega de nuestros trabajos. Así que todo el día debo estar al pendiente de comentarios de sugerencias, correcciones, etc. para los trabajos que hacemos. Así estuve anoche. Y la anterior. Y la anteanterior.
Sumado a eso traemos un ritmo doméstico muy raro. Diferente. Y termino sentándome después del trabajo y la casa, a las 9:30 de la noche. A hacer tarea.
Me cayó el veinte anoche, mientras trataba de que terminara la actividad del equipo, que no es momento para agregarme otra tarea. Porque a este ritmo voy a terminar picando cebollas sobre mi escritorio del trabajo, si  me agrego algo más.
Ni modo. Ya será el año que entra que me libere de la escuela. Si no me pega la loquera de empezar el doctorado (toco madera, lagarto, lagarto).
Por lo pronto puedo practicar seguir haciendo el ridículo. Ni que necesitara un escenario para eso. Y si se requiriera, ahí está el karaoke bar que no raja y mis amigas.
Bendita sea la ridiculez.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Sola

Sin padres ni marido.

Los padres salieron de nuevo fuera de la ciudad. Y el marido va a reiniciar sus toures. Por fin va a estrenar su maleta para laptop que le regalé en navidad del año antepasado. Claro que nueva nueva, no está. Yo me aseguré que así fuera utilizándola en mis viajes. Muy chida la maletita, con su cargador para gadgets incluído.

Son bonitos los recesos maritales. Y los regresos más.

El que la está pasando maravillosamente es Lucky, que se cree el dueño de mi  cama cuando Fefé no está. Y otro muy contento, es una pulga pedorra que nos hallamos ayer.

Resulta que anoche cuando regresábamos Harry, Hobbes y yo de la caminata nocturna, escuchamos maullidos de gatito. El llanto venía de una glorieta. Atravesamos para acercarnos sin mucha esperanza de hallar nada, porque estaba sumamente oscuro y además el alumbrado público no estaba funcionando bien. Pero Harry tiene un cierto magnetismo animal que permite que los gatos lo encuentren a él. Y así se acercó el minino, negro, peludo y pequeñito.

Por la situación del área, no había manera de que hubiera llegado solo. Y por lo confianzudo, no era un gato que hubiera nacido ahí, entre la maleza. No estaba muy sucio, ni flaco, ni enfermo. Lo abandonaron y tenían poco de haberlo hecho.

Sin corazón para dejarlo ahí, lo llevamos a casa. Apenas entró, localizó el plato de comida, luego el sillón y por último la cama.

Ahora sigue la parte más complicada. Es difícil hallar un hogar para un gatito y menos si es negro. Pero nadie que rechace un gato negro se merece uno de otro color.

La Internetósfera podrá estar llena de gatos y gente a la que le gustan. En mi vida cotidiana no es así. Y ya casi he desarrollado la intuición suficiente para saber a quién le gustan y a quién no. Eso simplificará la búsqueda de un humano para Night Fury.

Me voy.

Tengo una capacitación para ser auditora de ISO chingo mil.

Ya con eso me siento finalmente dentro del mundo maquilero.

 

martes, 10 de febrero de 2015

Giving up

Llega un punto en la vida en que tocas fondo y es momento de admitir que necesitas ayuda.

El momento llegó la semana pasada cuando al despertar me di cuenta que Hobbes se había comido mi bicicleta.

OK. No se la comió puesto que no hubo acto de digestión, pero se encargó de desmembrarla y ubicar los trozos en cada rincón de la cochera. Me sorprendió mucho no haber despertado y encontrar los manubrios sobre mi cama.

Somos los peores padres del mundo. Creí que la pedagogía utilizada con nuestros hijos iba a funcionar también con Hobbes. Es la pedagogía perfecta y se resume en: “Ya se cansará.”

Y así las cosas, tuvimos que recurrir a un entrenador.

Por fortuna no lo habíamos echado a perder por completo y el entrenador no lo desahució.

Incluso ayer que fue una mera valoración, Hobbes reaccionó de maravilla.

Pinche perro.

Pero ya estamos aprendiendo nosotros. Después de todo el entrenamiento es para uno. Y soy optimista sobre los resultados.

Yo creo que en un par de semanas Hobbes y yo estaremos listos para una competencia de baile. Aunque mi madre diga que bailar no es la respuesta apropiada ante una amenaza.

Madre: Bailar es SIEMPRE la respuesta apropiada para todo.

viernes, 6 de febrero de 2015

It's not lupus

Salmonelosis sin síntomas. Sangre para dar y regalar. Bilirrubina a observar. Examen médico en seis meses para ver si sigue apareciendo positivo para enfermedades autoinmunes. Tratamiento para los movimientos involuntarios los próximos meses y hasta que desaparezcan.

Todo bien dentro de la amplia gama de posibilidades que la madre naturaleza nos regala en forma de virus, bacterias, microbios y demás.

Y también muy bien por el lado de su hobby-trabajo. Porque ya considera un trabajo lo de su canal en YouTube. Lo que gana lo invierte en equipo. Ya cambió de computadora, se regaló una consola de videojuegos nueva, compró micrófono, silla ergonómica y el siguiente mes espera comprarse una cámara de mayor calidad, para entrar a un taller de cine. Se organizó también un horario para hacer sus videos, para editarlos y para subirlos.

En diciembre se propuso comprarse un carro. A mí la idea no me gustaba mucho. Prefería que siguiera tomando camiones. Pero lo entiendo. Ahora con el “nuevo y mejorado” sistema de transporte, al cual honestamente yo le tuve fe, el pobre tiene que tomar más camiones y los tiempos de espera de cada uno de ellos aumentaron. El sábado pasado tardó dos horas en regresar de casa de su novia, que vive a no más de 10 kilómetros de distancia. De las dos horas, media hora la pasó a la espera de cada uno de los tres camiones que necesitó. Sólo media hora la pasó dentro de uno. Y de pie. El hijo todavía no conoce lo que es ir sentado. Sin embargo, decidió esperar por su carro hasta que esté completamente bien de sus músculos. Además parece que su hobby le va a seguir dando al menos hasta que sus más de 160,000 suscriptores cumplan trece años. Perdón, más de 170,000. Acaba de aumentar. Y ahora hasta apoyo está recibiendo por parte de una “asesora de desarrollo de socios” o algo así, de Google. Cada mes y medio recibe llamada desde Mountain View (¿ni ellos utilizan Hangouts?) para revisar la implementación de estrategias. Muy interesante el asunto. Pensar que a su edad yo todavía me comía los mocos.

Ah, pero lo más importante de todo, no es la asesoría de Google, ni el número de suscriptores, ni que tenga un club de fans en Facebook, ni los impostores que le han salido. El indicador más importante de su éxito es que tiene un detractor que lo difama en YouTube. Buena estrategia del chavito. Atrae a los suscriptores de William y los hace ver unos enlaces con publicidad. Le pregunté a William si piensa responderle y dice que aun no lo decide. Que al momento lo único que se le ocurre decir es LOL.

Ya estamos saliendo de esto, creo.

Harry sigue mejorando. Practica karate de lunes a viernes, corre los fines de semana, se duerme temprano, se concentra mejor en sus tareas y su nivel de ansiedad ha disminuido.

Ahora siguen los dentistas.

Qué bueno que sí salí sana, caray.

miércoles, 4 de febrero de 2015

A la espera

Cuando llevamos a William a consulta hace unas semanas, el médico quedó convencido de que sus molestias eran psicosomáticas. A mí no me convenció tanto.

A lo largo de su vida William ha padecido diversas condiciones.

Nació faltándole algunas semanas de gestación, por ello  su evaluación Apgar no fue muy buena y tuvo que estar en observación unos días antes de poder salir del hospital. Posteriormente y posiblemente por la inmadurez de su sistema digestivo, desarrolló reflujo nivel “poseído”, acá de proyectil y todo.

Unos meses después, en la guardería sufrió una fractura de cráneo. El neurocirujano que lo atendió no vio que hubiera efectos del golpe, aunque yo pienso que un problemita de lenguaje que tuvo  se debió a esto o a los fórceps que tuvieron que usar cuando nació.

Como a los tres años de edad comenzó a presentar rinitis, situación que lo ha acompañado todos estos años, con sus temporadas muy buenas y otras no tanto, pero nada que una pastillita  de vez en cuando, en primavera o en otoño, no resolvieran. Sólo en una ocasión la alergia fue tan fuerte que tuvo un episodio tipo asmático que por fortuna no se ha vuelto a repetir (eso fue hace cuatro años y yo de todos modos le compro periódicamente un salbutamol –que nunca usa- y que cambio cuando caduca y lleva a todos lados obligado por mí).

Tuvo como a los diez años un padecimiento muy raro. Al correr o nadar o hacer un ejercicio intenso, se quedaba sin aire muy rápidamente. Le hicieron algunos estudios y presentó braquicardia en la prueba de esfuerzo.  Su ritmo cardiaco en lugar de aumentar, disminuía. Pero no hallaron nada en su corazón, excepto un pequeño soplo. El cardiólogo dijo que todo estaba bien y que no nos preocupáramos. Y como al poco tiempo William ya andaba en friega con su equipo de futbol, pues dejamos de preocuparnos.

Mentiría si dijera que su vida ha sido completamente saludable, pero sus padecimientos van a sonarle familiares a muchas mamás que pasen por aquí. Los niños se enferman, se curan, desarrollan inmunidad y siguen siendo tan felices.

Y eso tenía William. Enfermaba y no podía esperar a estar bien para seguir jugando, seguir corriendo. No me tocó una queja para llamar la atención. Las molestias que expresaba fueron siempre síntoma de alguna enfermedad que pudimos atender.

Así que no, no me convenció la parte de lo psicosomático. El médico por ello y para descartar cualquier cosa, mandó hacerle algunos estudios. En el que más me preocupaba, una electromiografía, salió todo bien. Para mí fue un respiro. William no lo vio así: “Si no sale lo que tengo ¿cómo me lo van a resolver?”. Con mucha razón.

En el estudio de laboratorio en cambio salió con bilirrubina alta, tres elementos de la sangre fuera de rango, salmonelosis y positivo en una enfermedad autoinmune.

Estoy pensando que no fue tan buena idea decirle: “Más te vale que tengas algo porque la aseguradora no me va a reembolsar ni madre si todo es un desorden mental.”

Pensé “¿Acaso será tan poderosa su voluntad como para crearse una enfermedad de a de veras?”

Pero pues no tiene voluntad ni para levantarse temprano, qué chingados para enfermarse.

Hoy toca consulta y espero que ya nos den razón porque a estas alturas estoy como William: que salga algo para poder atender ya, de preferencia la pura salmonelosis y no lo demás, aunque no tenga nada que ver con sus síntomas.

Seguiremos informando.

 

viernes, 30 de enero de 2015

Autocuidado

Anoche me topé a mi exjefe en el supermercado. Hice todo lo que pude por evitar saludarlo y lo conseguí.

La verdad es que si nos hubiéramos tenido que saludar, y hacer las preguntas obligadas de cómo estás, qué tal el trabajo… yo me habría tenido que morder la lengua para no responder que bien, que me iba muy bien y que era muy satisfactorio trabajar en un lugar con  gente que  está en otro nivel. Y por “otro nivel” lo que en realidad querría decir es “eres un idiota”.

Qué bueno que no lo saludé.

No quiero ese lastre mental.

A veces nos reunimos compañeros y excompañeros de trabajo y me aburre estar escuchando lo mismo cada vez. Me gusta el chisme, claro, pero novedoso. Y estar oyendo lo que ya sé, sobre todo con tonos de amargura, no es chido.

Cada quien tiene que hacer lo que es mejor para su salud.

Yo preferí renunciar allá antes que comprometer mi salud mental.

Y no fue opción quedarme “hasta que me liquidaran” para irme con una lana.

La verdad hay un extraño placer en decir las palabras “renuncio”. Y también en saber que nunca me han despedido.

Quién sabe cuánto vaya a quedarme aquí en esta empresa, si soy lo suficientemente buena para ellos como la empresa está siendo para mí. Pero de que estoy aprendiendo cosas, lo estoy. Y de que he de aprovecharlo todo, así se hará.

domingo, 25 de enero de 2015

Despertares


Harry ha decidido correr.
Lleva varios días levantándose a las 5 y media de la madrugada, con todo y los -2 ó -3 grados que hemos tenido aquí últimamente. Hoy recorrió más de diez kilómetros.
Una vez, cuando tenía unos cinco o seis años, fuimos a la Ciudad Deportiva. Estando ahí preguntó qué íbamos a hacer. Su papá le respondió "Correr".
Y fue lo que hizo.
Se soltó corriendo tan rápido que dio la vuelta completa a la deportiva sin que lo pudiéramos alcanzar o detener. Vomitó un poco pero se recuperó.
El doctor le dice que correr es una forma excelente de sacar la ansiedad y el karate muy bueno para la concentración y la disciplina.
Él sólo dice que los amaneceres son maravillosos.


miércoles, 21 de enero de 2015

Días curiosos

Tupidito es la palabra que mejor describe mis días laborales. Y la mejor metáfora, es la de la hiedra de diez cabezas. Cada que tacho un pendiente de mi agenda, salen cinco más.

Y no es queja.

Sólo que el lunes no estaba preparada para el listado que me esperaba. Probablemente una desvelada anterior no ayudó mucho. El caso es que el lunes estaba más ida que de costumbre. Tanto así que en algún momento quise poner a cargar mi celular y no le hallaba la entrada del cable. Estuve cerca de dos minutos dándole vueltas, buscando lado por lado y no la encontraba. Comencé a ponerme ligeramente nerviosa pero me tranquilicé pensando que eventualmente tenía que acordarme dónde estaba y así ocurrió.

Sí me apendejo seguido pero esto es lo más extraño que me ha sucedido y quiero atribuirlo a que fue lunes, a la desvelada y a las tareas pendientes, antes que pensar en un aneurisma o en un alzheimer incipiente.

Además no tengo tiempo para enfermedades.

William fue a su primera cita con su médico y salimos con indicaciones para estudios de laboratorio y una electromiografía. El fin de semana nos aventamos todo.

Harry sigue bajo su tratamiento y esta semana ya vimos cierta mejoría.

El lunes por la tarde me arrastró Fefé, bueno, Hobbes me arrastró más propiamente, pero fue Fefé el de la idea de que tenía que oxigenarme el cerebro y nos fuimos a caminar con el bebé. Llegamos a una plaza comercial cerca de la casa y nos acercamos a ver qué locales se estaban abriendo. Además de unas tortas buenísimas, hallamos un dojo de karate. Harry quería regresar a clases  de karate –además de ser recomendación médica-  pero no habíamos encontrado un lugar cercano a la casa. Llegué a la casa comentándole del descubrimiento y ayer por la tarde me habló para preguntarme si lo iba a acompañar o si él se iba solo a las clases muestra.

Él solito y sin presiones mías.

Ayer fue a la clase y salió cansado y contento.

El tono de voz que tenía cuando se despidió para ir a dormir tenía meses y meses sin escuchárselo.

No me he podido quitar la sonrisa de la cara.

Mañana tenemos cita con el médico y me va a dar mucho gusto reportarle avances.

Así que, sorry cerebro, no nos podemos enfermar. Además ya empezó mi semestre en la maestría.

Tupidita la vida.