domingo, 21 de octubre de 2018

"Mi cerebro nada más quiere cantar"

Es lo primero que tengo consignado de Harry en este blog.
Tenía 4 años.
Acaba de cumplir 19. Está en la universidad. Ya tiene licencia de conducir y maneja al trabajo y a la escuela.
Hay cosas que han cambiado y otras no.
Aún deja llaves pegadas a la puerta y olvida apagar luces.
Ya no se le caen las cosas constantemente.
Todavía padece ansiedad.
Su psicomotricidad ha mejorado bastante.
Pero no ha aprendido a bailar.

Entre las cosas que son para siempre, su cerebro siempre quiere cantar.

Feliz cumpleaños, bebé.

* * * * *


Comparto esta noticia hermosa.
Esa muchachita fue mi alumna y va a presentarse su libro esta semana.
Podría no estar más orgullosa, pero sí. Por motivos que ya les conté.

Fotos próximamente.
¿Vanir o no vanir?

martes, 9 de octubre de 2018

Frío

Amaneció un poco más fresco que de costumbre.
Del estacionamiento al edificio de mi trabajo, sentí el frío atravesándome la blusa.

Tengo muchos recuerdos de días y noches frías.
Recuerdo mi primer invierno en esta ciudad, las madrugadas en que mi mamá se levantaba a quitarle el hielo al vidrio y mi primera nevada.
Después llegaron otras nieves y muchas horas de juego y agua fría remojando la ropa.
Un día de otoño, acampando con amigos, la lluvia tiró una de las carpas. Tuvimos que dormir acurrucados uno junto a otro para darnos calor.
Una madrugada de enero, a 3 grados, caminé del brazo de mis amigos cerca de 15 kilómetros para llegar a nuestras casas. Pocas veces he reído tanto.
Muchas noches de invierno las pasé en el café al aire libre, esperando ver a Fefé, ante el resignado acompañamiento de mis amigos.
Una noche de noviembre, en un pueblito serrano, Fefé y yo salimos de un bar, ateridos y abrazados. Sería nuestra primera noche juntos.
Muchas noches, sin auto y sin dinero, las pasamos caminando de la mano por la ciudad.

En estos días frescos, el frío me atraviesa la ropa, una sonrisa me atraviesa la cara y un sinfín de recuerdos, me atraviesan el corazón.



domingo, 7 de octubre de 2018

Happy geek

Hoy fue un día feliz.

Lo primero que encontré en mi timeline de FB esta mañana fue el primer tráiler de la serie que se estrenará próximamente en Amazon Prime: Good Omens.


Fue mi amiga Gwen quien me recomendó el libro después de que leí "Neverwhere" de Neil Gaiman y los tres primeros de "Mundodisco" de Terry Pratchett. Así que leer un libro escrito por ambos me encantó.
Ya por entonces, hace más de diez años, fantaseábamos con quiénes podrían ser los protagonistas: Johnny Depp y Colin Firth serían perfectos, concluimos. Pero David Tennant y Michael Sheen no son feos. Y siendo David Tennant uno de los Doctores más queridos, los geeks estamos contentos con su papel.
(Veo en este enlace que desde el 2012 existía el plan de la serie de televisión).

Lo segundo fue que vi la premiere de la nueva temporada de Doctor Who, con Jodie Whitaker como The Doctor y no puedo estar más contenta.


Soy un alma simple.

También estoy contenta porque un compañero me regaló esto:


Dijo que el diseño le recordaba las llamas del infierno y que obviamente había pensado en mí.
Ternura.
Me encantó volver a escribir con pluma fuente. Escribo obscenidades y se siguen leyendo bien elegantes.

Ash.
Estoy contenta.
Anoche me corté mis uñitas de las manos. Me gustan largas pero eventualmente y sin darme cuenta, me comienzan a limitar. Así que cuando les doy crán, me hace sentir muy liberada y feliz.

Ando retemal.
Hasta los clicks de mi mouse me están haciendo feliz.
Además, Harry que ya anda manejando, me trajo un bote de nieve (eso también me pone muy contenta, saber que la criatura ya no va a caminar los kilómetros que nos separan de la estación de autobús más cercana, con el frío del invierno a las 10 de la noche que regresa de la escuela).

La vida me amaneció bonita hoy y acabo de agregar algo a la lista de cosas que antes disfrutaba y no había vuelto a hacer: leer poesía.
Se aceptan sugerencias.

Lindo domingo.






viernes, 5 de octubre de 2018

Vejez viruela

No soy fan de recetas para la felicidad ni libros para conseguirla. De hecho, no soy nada fan de esta industria de la felicidad. A veces ni siquiera de la felicidad. Pero es por culpa de esa industria.
Dicho lo anterior, acabo de leer un libro que puedo recomendar.
No es muy nuevo. Se llama “El factor de la actitud” de Thomas Blakeslee. Trae respaldo científico que habrá que revisar con base en nuevas investigaciones, pero en general tanto la experiencia como el sentido común nos pueden dar cuenta de sus suposiciones.
En resumen, dice lo siguiente: “Evitar la incomodidad en el largo plazo nos va a traer mayor incomodidad”. O sea, que si seguimos limitando nuestras zonas de confort vamos a ser unos viejitos gruñones e insoportables. Y como yo ya estoy en la edad del Antesnunca, me cayó como anillo al dedo que me lo dieran a leer para una exposición en la maestría.
Al leerlo, recordé algo que me dijo una comadre: “Salgo cansada del trabajo, tengo que atender hijas, pero si me quedo encerrada por cansancio o lo que sea, me voy a entumir.” Y es básicamente lo que dice el autor del libro. Plantea recordar lo que nos gustaba hacer en los veintes, lo que nos gusta hacer ahora, comparar listas y reflexionar la razón por la que ya no hacemos cosas que antes nos gustaban.
Creo que, en un vistazo rápido, sigo disfrutando las mismas cosas que antes. Lo que significa que no he crecido mucho en intereses. Y ando con afán de buscar hacer algo nuevo al menos una vez al mes. He probado en el pasado aprendiendo a esquiar. Y más recientemente fui a un antro, bailé y hasta disfruté el volumen y el calor y el gentío. Lo que sigue es tirarme de una tirolesa. También me gustaría seguirle la corriente a Fefé y meternos a clases de baile. Y próximamente me gustaría aprender a tejer. 
Sí, como una viejita. Pero como una viejita que espero, a los setenta, pueda seguir disfrutando de tomar un café en un campamento o tejer mensajes majaderos en las bufandas. Y todo lo que pueda sumar en el camino.
Sean felices.