domingo, 27 de enero de 2019

Avances

Ya mero acaba el primer mes del año y quise pasar a dejar constancia de cómo ando con los propósitos.

En la parte de la salud, he cumplido al momento con la meta de tomar agua y limitar azúcares. Emmmhhh... excepto hoy pero fue por cumplir otro de los propósitos. Con respecto al ejercicio, empecé a darle uso a la elíptica pero requiere movimiento de brazos y mi hombro no está listo. Sin embargo, estoy yendo a terapia y eso para mí cuenta como ejercicio físico.
En cuanto al trabajo, no sé. Voy a ponerme de meta una mejora al mes que me obligue a salir de la comodidad en la que estoy. Ya hice la de este mes y va a beneficiar a muchas personas en la planta. Trataré de estar atenta a oportunidades.
En cuestiones de medioambiente, andamos pa´ la madre. Con el proyecto de expansión del comedor de la empresa, se ha estado sirviendo la comida en desechables en todo lo que va del año. Lo que estoy haciendo es llevarme mis cubiertos y mi vaso. Y si me acuerdo, me llevo plato también en mi lonchera. Otra cosa que ya hice fue comprar unas bolsitas reusables para las verduras y frutas cuando vamos de mandado. Ahora no se me deben olvidar. Quería meter más líneas para el secado de ropa, pero empezamos a arreglar el patio y lo tenemos lleno de blocks y arena. En cuanto a las compras innecesarias, hoy hice una lista para ir al mandado y creo que eso va a ayudar.
En lo familiar, Harry entró a clases de baile y se me hace que Fefé y yo nos vamos a invitar a su clase. Y no sólo para burlarnos de él. También queremos aprender a bailar cumbia. Y me quiero llevar a William quien por cierto regresa a la casa. Entendió finalmente que necesita tiempo para preparar su portafolio de proyectos para el examen de admisión a la universidad a la que quiere entrar y no tiene tiempo trabajando todo el día para mantenerse. Yo feliz con mi nene en casa de nuevo, aunque el proceso de reintegración va a estar interesante. 
Y en cuanto al autocuidado, este mes fui a un concierto de jazz. Estuvo padre, aunque fue en jueves y eso no está tan padre; y eso es una de las razones por las que he dejado de hacer cosas que me gustan o de descubrir cosas que podrían gustarme. Luego pensé que en general siempre termino durmiéndome a las 12 de la noche aunque esté en la cama desde las 10, así que viéndolo así puedo desvelarme de vez en cuando fuera de la casa si la ocasión lo amerita.
Entre las ideas que tenía de probar cosas nuevas, estaba el intentar hornear algo o probar recetas diferentes. Fefé y yo nos propusimos dos al mes cada uno. Vamos atrasadones porque apenas hoy empezamos. Yo hice Pad Thai y él un Apple Crisp con nieve de vainilla. Quedaron buenísimos. Y si un compa me pasa la receta de la sopa Tom Yum, yo mañana ya cubro la cuota, a ver Fefé qué hace. :P
Y pues la reorganización de mi cuarto ya quedó. Seguí con el cuarto de William, que se convirtió en mi estudio-gym-tiliches cuando se fue y ahora que regresa a ver qué diablos hago con tanta porquería.

Hubo un último propósito que me hice, pero su cumplimiento sólo el tiempo lo dirá.

Por lo pronto, les dejo la receta del Pad Thai. Es una delicia.

Ingredientes

1 limón, aceite de sésamo, aceite vegetal, ají en pasta, azúcar rubia, camarones, cebollines, hojas de cilantro, jengibre fresco rallado, maní tostado, mantequilla de maní, salsa de soya, tallarines de arroz, vinagre de arroz, zanahoria, zapallo italiano.

Preparación

1. En un wok agregar el aceite vegetal y aceite de sésamo, saltear el cebollín, zanahoria y zapallo italiano, agregar el jengibre, saltear hasta que comiencen a tomar un leve color dorado. Agregar los camarones, mantequilla de maní, ají en pasta, azúcar rubia, vinagre de arroz y salsa de soja, mezclar todo y reservar.
2. Cocinar en abundante agua hirviendo los tallarines de arroz por 5 minutos o hasta que estén al dente, escurrir y incorporar a la mezcla de vegetales y camarones. Saltear todo por algunos minutos.
3. Servir el pad thai con hojas de cilantro, maní triturado y gotas de jugo de limón.


domingo, 6 de enero de 2019

Propósitos

Empecé a pensar en propósitos de año nuevo hace dos días. Para mí el nuevo año empieza hasta como la segunda semana. La primera es un soberano desperdicio. El peor momento para iniciar algo nuevo y positivo. Apenas andamos reajustándonos a la chamba, muy probablemente con los estragos de fin de año (durísimos y con evidencia en video que me niego a ver) y bajo esas condiciones, todo propósito está condenado al fracaso.

De la lista que armé, hice cuatro categorías: salud, trabajo, medioambiente y familia (el dinero ha quedado fuera de mis categorías desde hace un par de años porque estoy condenada al fracaso).
De salud, pretendo tomar más agua, consumir menos azúcar y tratar de que la elíptica no tenga toallas colgadas encimas. 
De trabajo, tratar de concentrarme más y dejar de pensar tantas pendejadas inútiles para concentrarme en pendejadas prácticas. 
En medioambiente, hay mucho que quiero hacer pero siempre se me atraviesa el confort cuando empiezo a hacer algo. Pero puedo comenzar con las bolsitas de las verduras para el súper, el uso de agua fría exclusivamente para lavar, meter más cuerdas para secado de ropa y así usar menos la secadora, baños más cortos, menos compras innecesarias (el fracaso el ámbito económico me puede ayudar con eso) y bueno, de esa categoría hay mucho de dónde elegir pero quiero empezar con poco. 
Y de la categoría familiar, más que propósitos, tengo un par de ideas para involucrar a los hijos.
Dejé además, un par de ideas sueltas que podrían quedar en la categoría de salud supongo o una categoría nueva que se llame Autocuidado. 
Noté durante el año, que requiero un escape. No del estrés ni desahogo emocional. Estoy bien por ahí. Más bien un escape creativo. La escuela y el trabajo me han secado.
Solía escribir mucho. Tengo guardados cuentos, poemas. Me gustaba tocar la guitarra y aunque todavía lo hago de vez en nunca, me he estado sintiendo atraída a la idea de trabajar con cerámica. Todo por culpa de Pinterest. 
Probablemente no empiece con la cerámica este año pero me gustaría empezar por ir a alguna clase y ver qué saco de eso.
Este año no pensé en nada para la casa. Se lo dejé a los propósitos de Fefé. 
En el súper, ya empezaron a promocionar, aparte de la ropa deportiva, todo tipo de de enseres para organizar la casa. Al parecer son dos de las principales preocupaciones de la gente al iniciar el año.
Hasta Netflix lo consideró en los programa de inicio de año con el show de Marie Kondo.




Ayer comenzamos a verla. Descubrí que me gustan estos programas porque me gusta juzgar a la gente en silencio. ¡Nah! Ni tan en silencio. Veo la tele con Fefé lo que me permite quejarme en voz alta del consumismo y de la desequilibrada distribución del trabajo doméstico. Además el programa nos enseñó un método de doblado de ropa que permite usar mejor el espacio y por alguna razón, resulta terapéutico. Ayer mismo, después de dos episodios, ordené mi ropa.¡Me quedaron dos cajones libres! No sé qué hacer con ellos, si convertirlos en camas para los gatos o guardar los libros que tengo regados.
Esto viene a cuento porque voy a incluir otra línea en mis propósitos: ordenar mi cuarto. Bueno, el clóset. Bueno, no. Nomás mi ropa. Y habiendo hecho eso, QUE YA HICE, voy a agarrar mi sharpie rojo y sobre la línea dibujaré una hermosa palomita y me daré por satisfecha porque cumplí con uno de mis propósitos de año nuevo, lo cual hace este año el más exitoso en materia de cumplimiento de las últimas tres décadas ¿y a quién le importan los demás propósitos si ya cumplí con uno?

2020.
Estoy lista.