miércoles, 4 de febrero de 2015

A la espera

Cuando llevamos a William a consulta hace unas semanas, el médico quedó convencido de que sus molestias eran psicosomáticas. A mí no me convenció tanto.

A lo largo de su vida William ha padecido diversas condiciones.

Nació faltándole algunas semanas de gestación, por ello  su evaluación Apgar no fue muy buena y tuvo que estar en observación unos días antes de poder salir del hospital. Posteriormente y posiblemente por la inmadurez de su sistema digestivo, desarrolló reflujo nivel “poseído”, acá de proyectil y todo.

Unos meses después, en la guardería sufrió una fractura de cráneo. El neurocirujano que lo atendió no vio que hubiera efectos del golpe, aunque yo pienso que un problemita de lenguaje que tuvo  se debió a esto o a los fórceps que tuvieron que usar cuando nació.

Como a los tres años de edad comenzó a presentar rinitis, situación que lo ha acompañado todos estos años, con sus temporadas muy buenas y otras no tanto, pero nada que una pastillita  de vez en cuando, en primavera o en otoño, no resolvieran. Sólo en una ocasión la alergia fue tan fuerte que tuvo un episodio tipo asmático que por fortuna no se ha vuelto a repetir (eso fue hace cuatro años y yo de todos modos le compro periódicamente un salbutamol –que nunca usa- y que cambio cuando caduca y lleva a todos lados obligado por mí).

Tuvo como a los diez años un padecimiento muy raro. Al correr o nadar o hacer un ejercicio intenso, se quedaba sin aire muy rápidamente. Le hicieron algunos estudios y presentó braquicardia en la prueba de esfuerzo.  Su ritmo cardiaco en lugar de aumentar, disminuía. Pero no hallaron nada en su corazón, excepto un pequeño soplo. El cardiólogo dijo que todo estaba bien y que no nos preocupáramos. Y como al poco tiempo William ya andaba en friega con su equipo de futbol, pues dejamos de preocuparnos.

Mentiría si dijera que su vida ha sido completamente saludable, pero sus padecimientos van a sonarle familiares a muchas mamás que pasen por aquí. Los niños se enferman, se curan, desarrollan inmunidad y siguen siendo tan felices.

Y eso tenía William. Enfermaba y no podía esperar a estar bien para seguir jugando, seguir corriendo. No me tocó una queja para llamar la atención. Las molestias que expresaba fueron siempre síntoma de alguna enfermedad que pudimos atender.

Así que no, no me convenció la parte de lo psicosomático. El médico por ello y para descartar cualquier cosa, mandó hacerle algunos estudios. En el que más me preocupaba, una electromiografía, salió todo bien. Para mí fue un respiro. William no lo vio así: “Si no sale lo que tengo ¿cómo me lo van a resolver?”. Con mucha razón.

En el estudio de laboratorio en cambio salió con bilirrubina alta, tres elementos de la sangre fuera de rango, salmonelosis y positivo en una enfermedad autoinmune.

Estoy pensando que no fue tan buena idea decirle: “Más te vale que tengas algo porque la aseguradora no me va a reembolsar ni madre si todo es un desorden mental.”

Pensé “¿Acaso será tan poderosa su voluntad como para crearse una enfermedad de a de veras?”

Pero pues no tiene voluntad ni para levantarse temprano, qué chingados para enfermarse.

Hoy toca consulta y espero que ya nos den razón porque a estas alturas estoy como William: que salga algo para poder atender ya, de preferencia la pura salmonelosis y no lo demás, aunque no tenga nada que ver con sus síntomas.

Seguiremos informando.

 

1 comentario:

Implicada dijo...

Chales!!
Desde hace meses ando en las mismas. Mi chica salsera tiene "algo neurológico" que no se diagnóstica, hemos andado en chinga con terapias y con el susto de que "aprezca algo nuevo, raro" aún no me asegura nadie que lo que paso es pasajero. Así que me identifico: si no sale nada, qué hacer?