martes, 25 de abril de 2017

Adiós

En alguna de nuestras vacaciones en el pueblo, mi papá me llevó a pescar a un río. Sospecho que sabía que no tendríamos mucha suerte, pero de todos modos me llevó. 
Estuvimos ahí algunas horas y ningún pez picó.
Le pregunté qué le diríamos a mi mamá sobre nuestro fracaso y él respondió: "Que pescamos pura decepción."
Tenía entonces unos seis años de edad y su respuesta me divirtió mucho. Fue tal vez la primera vez que fui consciente de cómo se podía jugar con las palabras y me propuse aprender a hacerlo yo también.
Ayer le contaba esta historia a Fefé, junto con otras que reflejaban la enorme paciencia de mi padre.

Mi papá falleció el sábado.
No fue algo que esperáramos, al menos no ese día. Después de algunos días en el hospital la semana pasada, sabíamos que su salud no mejoraría pero no creímos que todo fuera a terminar tan pronto.
El viernes estuvo bien. Hacía mucho que yo no lo veía tan alerta. Incluso pudo jugar un rato solitario en mi tableta. Estuvo ocurrente en sus muy limitados medios para comunicarse. Y demostró tener toda la intención de cuidarse más en lo sucesivo.

Pero ya no está.
Y todavía, por momentos, no lo termino de creer.