viernes, 31 de diciembre de 2010

Cáele, 2011

Tenemos memoria, tenemos amigos,
tenemos los trenes, la risa, los bares,
tenemos la duda y la fe, sumo y sigo,
tenemos moteles, garitos, altares.

Tenemos urgencias, amores que matan,
tenemos silencio, tabaco, razones,
tenemos Venecia, tenemos Manhattan,
tenemos cenizas de revoluciones.

Tenemos zapatos, orgullo, presente,
tenemos costumbres, pudores, jadeos,
tenemos la boca, tenemos los dientes,
saliva, cinismo, locura, deseo.

Tenemos el sexo y el rock y la droga,
los pies en el barrio, y el grito en el cielo,
tenemos Quintero, León y Quiroga,
y un bisnes pendiente con Pedro Botero.

Más de cien palabras, más de cien motivos
para no cortarse de un tajo las venas,
más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.

Tenemos un as escondido en la manga,
tenemos nostalgia, piedad, insolencia,
monjas de Fellini, curas de Berlanga,
veneno, resaca, perfume, violencia.

Tenemos un techo con libros y besos,
tenemos el morbo, los celos, la sangre,
tenemos la niebla metida en los huesos,
tenemos el lujo de no tener hambre.

Tenemos talones de Aquiles sin fondos,
ropa de domingo, ninguna bandera,
nubes de verano, guerras de Macondo,
setas en noviembre, fiebre de primavera.

Glorietas, revistas, zaguanes, pistolas,
que importa, lo siento, hastasiempre, te quiero,
hinchas del atleti, gángsters de Coppola,
verónica y cuarto de Curro Romero.

Tenemos el mal de la melancolía,
la sed y la rabia, el ruido y las nueces,
tenemos el agua y, dos veces al día,
el santo milagro del pan y los peces.

Tenemos lolitas, tenemos donjuanes;
Lennon y McCartney, Gardel y LePera;
tenemos horóscopos, Biblias, Coranes,
ramblas en la luna, vírgenes de cera.

Tenemos naufragios soñados en playas
de islotes son nombre ni ley ni rutina,
tenemos heridas, tenemos medallas,
laureles de gloria, coronas de espinas.

Tenemos caprichos, muñecas hinchables,
ángeles caídos, barquitos de vela,
pobre exquisitos, ricos miserables,
ratoncitos Pérez, dolores de muelas.

Tenemos proyectos que se marchitaron,
crímenes perfectos que no cometimos,
retratos de novias que nos olvidaron,
y un alma en oferta que nunca vendimos.

Tenemos poetas, colgados, canallas,
Quijotes y Sanchos, Babel y Sodoma,
abuelos que siempre ganaban batallas,
caminos que nunca llevaban a Roma.

Joaquín Sabina

domingo, 26 de diciembre de 2010

Post aguado

Pues no.
Que yo ni reflexiono en navidad ni hago nada de las cosas que dicen que deben de hacerse en estas fechas.
Mi festejos decembrinos giran en torno a tres cosas: familia, amigos y comida.
Todo lo demás que se supone debo hacer lo hago durante todo el año, a veces sin éxito y otras con alcances poco considerables.
Pasa la navidad y uno empieza a padecer la resaca no sólo del alcohol y los tamales, sino también de ese vacío que queda con el "¿Qué? ¿ya terminó? ¿tanto decorado, luces y estrés para que todo pasara tan rápido?".
Y henos aquí, de nuevo encarrerados en la rutina cotidiana.
Todavía no termina el fin de semana y yo ya estoy en La Ciudad de la Furia porque mañana debo impartir unos cursos muy temprano.
Me encantan estos días, que no se piense que no.
Y me encantan los regalos, el sentido último de estas fechas.
Santa llegó desde hace algunas semanas a casa. Los enanos querían un Kinect, para el cual estuvieron ahorrando varios meses y la última vez que tuvimos que ir a El Paso se los compramos, pero además les compramos, como regalo navideño, un nuevo XBox ya que él que tenían estaba bastante fregado. Tuvimos que dárselos juntos pues venían en la misma caja, con la advertencia de que ya no habría más obsequios.
En un principio los enanos estuvieron bastante contentos pero conforme fueron avanzando los días se dieron cuenta que era muy aburrido llegar al 25 sin esperar nada.
Para Fefé y para mí, en cambio, resultó grandioso pues no tuvimos niños gritando sobre la cama a las seis de la mañana.
Desafortunadamente ver la emoción de los hijos es una droga maravillosa y no pudimos abstenernos de comprarles algo más para que sí tuvieran una caja primorosamente envuelta que romper con desesperación.
Fue sumamente divertido hablarles para que despertaran a las once de la mañana y decirles que había regalos en la sala.
No me creyeron.
Les dije que había un par de cajas y que si no se levantaban en cinco segundos me las quedaría yo.
Con mucha desconfianza pero picados de curiosidad se levantaron.
William empezó a abrir su caja y Harry lo miraba. Al preguntarle por qué no abría la suya dijo que porque seguramente no habría nada adentro así que mejor esperaría. Apenas vio que William sacó un nuevo videojuego se abalanzó sobre su caja y encontró un reproductor de música y un disco de Queen.
Qué divertido es jugar con los sentimientos de los hijos.
Si no es para esto que somos padres, no sé para qué.

Sigue el festejo de fin de año.
Pinchi año que ya todo mundo desea que se acabe aun con la certeza de que el siguiente puede ser peor.
Pero los límites son siempre significativos.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Deveras que la gente se pone difícil en estas fechas.

Hoy llegué a una tienda de regalos a bobear, básicamente, porque ya, acabóse el dinero en la vorágine consumista que me aflige una vez al año.
En eso vi un difusor de ésos de aceites aromáticos exóticos y dije: "¿Por qué no?" o como diría el abuelo de una amiga: "¿Por qué no, babosa?". Así con tanta enjundia sí me logro persuadir.
Tomé el difusor en forma de estufita con una teterita arriba, ya saben ¿no? y me fui a pagar.
En eso una mujer me preguntó dónde lo había encontrado. Le respondí y ella se quejó de no hallar ninguno. La llevé a dónde estaban y dijo: "Es que sí hay pero no como el que usted compró, era el último."
En mi infinita bondad estacional le dije que podía llevarse el mío y yo compraría de los otros.
Nos dirigimos las dos a la caja y fue cuando me di cuenta que mi nuevo difusor era más caro.
--Ah, qué caray... el que le di era más barato...
En ese momento el espíritu festivo debía haber obligado a la mujer a responder: "No se preocupe, por su sacrificio, yo pagaré la diferencia." Luego yo habría dicho, magnánima y generosa: "Noooo, pero cómo cree... si de esto se tratan estas fechas...". Ella habría insistido una vez más, como cortesía y nuevamente yo me habría negado. Y así las dos quedaríamos contentas.
Pero no.
Ella dijo "Sí ¿vedá?" y yo no tuve más opción que decirle: "Devuélvame mi difusor, como que éste ya no me gustó tanto."

Deveras que a un día de que sea navidad no sabe uno dónde quedó la cortesía y la amabilidad ¿vedá?

Felices fiestas pues.




* * * * *
Otra cosa que pueden hacer en estas fechas es ir al Palacio de Gobierno y dejar una vela, como reclamo encendido de indignación y exigencia de justicia.

jueves, 16 de diciembre de 2010

El año pasado escribí sobre lo que significaba para Lucky subirse al lavabo a tomar agua.

"Cada vez que lo veo sobre el lavabo no puedo evitar preguntarme en qué diablos piensa Lucky. Me parece que reflexiona, y que su reflexión no es propiamente científica sino filosófica.
Tal vez piensa como Heráclito, que todo está siempre en movimiento o tal vez intenta capturar, como Parménides, la esencia, que nunca cambia, que siempre permanece en ese chorro de agua que se escapa pero que vendrá formar parte de un mismo todo (por favor, no le exijan que contraste a otros filósofos, es un gato)."

Yo había quedado satisfecha con esto, pero hace poco leí este artículo que me hizo cuestionarme nuevamente las razones de mi gato para tomar agua del lavabo.

Conclusión: Lucky no es un filósofo. En realidad, a diferencia de sus congéneres, no sabe nada de física.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Alma viajera

La dificultad que impera en el acto de imaginar el día en que ya no seamos capaces de pensar, provoca que nos andemos inventando cosas sobre lo que va a suceder después de nuestras muertes.

Yo de niña veía un mundo material, un gran bosque donde personas, plantas y animales convivían en total armonía.
De adolescente imaginaba que ese mundo debería ser espiritual, pero no entendía cómo. ¿Qué íbamos a estar haciendo ahí? ¿Volar de un lado a otro?
Luego, años después, de mis lecturas de ciencia ficción vi al mundo siendo sólo energía. En otro plano, en otra dimensión no éramos sino energía extrañando sus cuerpos humanos y creando de vez en vez y con mucho esfuerzo, una lágrima que se dolía de no contar más con el contacto físico.

Yo la verdad ya no sé ni estoy muy segura si me interesa.

Mi preocupación más grande ahora es mi funeral.
Al principio quería que me cremaran. Y luego mis cenizas serían puestas en delicadas bolsitas de tul, cual recuerdo de quinceañera, con pétalos de rosas y moñitos, con la leyenda "Gracias por venir a mi funeral" o "A lo mejor te tocó una nacha".
Hoy cambié de idea. La cremación es muy contaminante.
Ser metida en una caja no me gusta mucho tampoco.

Yo creo que la opción más ecológica es ser puesta directamente bajo la tierra. O sobre ella. Estoy imaginando que no estaría nada mal que me dejaran recostada en una playa, con los rayos del sol entibiando la arena. Y desnuda. Eso es muy importante porque nunca he ido a una playa nudista. Poco a poco los cangrejitos y las gaviotitas se darían cuenta que no me muevo y harían su trabajo.
Así sí puedo visualizar esta vida después de la muerte.
Ya no tendré una conciencia humana así que no pensaré como tal. Tendré tal vez conciencia de arena, de pez, de ave, de mar. A lo mejor tampoco hay tal. Pero no me va a importar porque mi conciencia humana se habrá extinguido.

Cosas que una piensa cuando anda en carretera y se le atraviesa un pendejo.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

William está teniendo problemas con las fracciones. Fefé se sienta a estudiar con él y William se frustra más.
"Mira, es muy fácil" le dice su papá y le explica el método, ante lo cual el nene se frustra más todavía.
Tengo que decirle a Fefé aparte que no hay cosa más triste para los poco duchos en esas artes que nos digan que son fáciles porque entonces nos sentimos todavía más inútiles.
Entonces me siento yo con William y Fefé y tratamos de razonar los problemas. Le digo que yo también batallo pero que no nos van a ganar. William poco a poco se serena, seca sus lágrimas y entiende el problema que a mí me costó tanto comprender. Da con la solución y seguimos. Fefé sigue tratando de resolver el problema con sus métodos. William y yo nos sonreímos.

Harry salió hoy de la escuela con los ojos rojos. Nos dice que en la clase de Conversation hicieron un concurso. Formaron equipos. Cada integrante sacaba un papelito y según la palabra que le tocaba tenía que cantar una canción. Tenían un minuto para recordarla y así obtener un punto por cada palabra. El equipo de Harry llegó a 9 puntos y empató con otro equipo. Les faltaba una sola palabra para que les dieran el 10 a todo el equipo en esta unidad. De su equipo eligieron a L y del otro a K, quien por cierto es la niña que le gusta a L. L sacó el papelito y le tocó la palabra "love".
-- ¡Love, mamá! ¡Pudo cantar "Somebody to love", "All you need is love", "Love the way you lie"! Pero no, se dejó perder para que ganara el equipo de K. ¡Sacrificó a su equipo por una niña!
Después de escucharlo yo no sabía si reírme o llorar con él que deseaba tanto ese 10.
Luego se calmó y hasta nos dijo que antes de iniciar el concurso la maestra dijo: "Vamos a hacer un juego y de seguro todos querrán elegir a Harry en su equipo."
Le digo que en la posada del sábado y en la del domingo habrá karaoke y me dice que tal vez cante un poco.

*****
Qué idea arraigada ésa de que la mejor etapa en la vida es la de la infancia. Y se los decimos a los niños por todos los medios. La verdad es que es una mentira. Yo tuve una infancia maravillosa pero por nada volvía a mi época escolar. Qué flojerísima.
Los niños nos escuchan quejarnos de nuestras responsabilidades, de nuestras desazones mientras ellos viven sus propios problemas que han de terminar pensando que si ésta se supone es la mejor etapa, qué pasará cuando crezcan. Claro, así quién va a querer crecer.
Hay que revalorar nuestros treintas, cuarentas, cincuentas... ¿a poco no es padre ser independiente, autosuficiente, traer lanita en el bolsillo --aunque sea para los chicles, los cigarros y el café--?
Seguiré diciendo a mis hijos que esta etapa es preciosa y que se preparen, porque viviéndola como debe ser les espera una edad adulta más que feliz.
¿Verdad que es chido hacer tooodo lo que ahora podemos hacer?

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Lo hecho, hecho está

Mientras veía caer mis lacios cabellos sobre el piso, pensé en la variedad de peinados que no voy a poder utilizar (y que al final de cuentas ni sé cómo hacerme, ni tengo la paciencia, gracia o habilidad) y vi desfilar a todas mis amigas y sus bellos peinados frente a mí.

Pasó primero A a quien envidio muchamente sus canas. Tiene un cabello negro, lacio, brillante, surcado por plateadas estelas de luz. Así lo lleva, no se molesta en teñirlo. Y luce preciosa. Ni parece que tenga el tiempo para peinarlo y además atender su trabajo como promotora cultural y atender a su familia.
Luego pensé en Li que suele llevarlo trenzado haciendo juego con sus vestidos coloridos y sus pestañas soñadoras. Sus faldas se mueven de un lado a otro junto con ella, cuando va de su asociación a otra, y luego de una reunión de mujeres a otra, y de una actividad ciudadana a otra.
Hermosas las dos.

Sobra decir de mis gordas. L que tiene los chinos más salvajes y los sabe llevar junto con sus ojos de felina y su piel morena, tan acorde a su carácter fuerte y al mismo tiempo mimoso, como un gatito que luego se transforma en leona.
Nuestra querida W, la rubia más lista, sabrosa y ganosa del universo. Siempre perfectamente peinada, luciendo sus ojazos verdes y causando toda suerte de bajas pasiones a su alrededor. Generosa con todas y con todos (¿cómo podría negarle al mundo tanta sabrosura?)
Por supuesto, mi comadre... que con su sonrisa perfecta y sus hoyuelos en las mejillas (mujer con hoyuelos es mala mujer) no tendría ni que peinarse. Y aunque no lo haga, ni use una pizca de maquillaje es preciosa y no hay hombre que la conozca que no resulte mortalmente enfermo de amor.
Y G, que hace del cabello ajeno su modus vivendi, y sabe portarlo con glamour en exceso, peinado o sin peinar, rojo, verde o azul, con peluca y sin peluca; el jícamo hecho mujer.

Pienso en ellas y en todas las demás, y joder, qué preciosas son.

No me voy a comparar.
Ninguna tiene comparación.
Ustedes también, amigas que me leen, y a las que conozco a través de tantas letras, son hermosas, lo sé.

Sirva este post como un homenaje a las mujeres que me habitan y a las que habito y como un homenaje póstumo a los pelos que ya no están, y a la mujer que dejó de ser junto con tanto epitelio.

¡Salud, con mi taza de café!

lunes, 29 de noviembre de 2010

Tengo en casa un hombrecito de doce años.
Veo las fotos de su graduación y en sólo cuatro meses ha desarrollado un rostro más maduro, una mirada más profunda y unas facciones más graves.
Con todo ello han aparecido también algunas espinillas y muchos gallos en su voz.
No es el mismo niño de hace un año.
Lo veo caminar cuando lo recojo en la escuela y se le ve sereno, muy distinto a los preadolescentes que he conocido.
Cada vez está más alto, ya está casi de mi estatura.
Todos los días se mide junto a mí para saber cuántos centímetros le faltan para alcanzarme.
Son muy pocos, apenas unos ocho.
Con el tumulto de cambios físicos, él también ha cambiado.
Sigue siendo listo, cariñoso, interesado en todo... y ahora también es más fuerte e intenso.
Me cuenta muchas cosas y otras ya no.
Yo respeto su silencio aunque extraño sus confidencias.

Extraño a mi niño.
Extraño la navidad con los muchos regalos y las cajas envueltas en metros de papel de colores. Ahora él ahorra y trabaja para sus regalos y lo que yo pueda darle cabrá en una pequeña bolsita y seguramente contendrá cables y puertos USB.

William ha cambiado y se adapta. A nosotros nos está costando mucho más.

No estoy triste.
Estoy orgullosa.
¿Pero no podría ser mi nene un rato más? ¿Unos diez años más?

sábado, 27 de noviembre de 2010

Me está entrando la desazón cochina de fin de año, ésa que me lleva a tomar decisiones como la de cortarme el cabello.
(Revisando el blog me doy cuenta que fue a principios de diciembre del año pasado cuando resolví dejarme pelona así tipo miafarrow-bebéderosemary. Para los lectores más jóvenes, el corte era como el de Emma Watson para la premier de Harry Potter.)

Las fechas, los límites, los plazos siempre me inquietan.
¿No sería lindo un continuo fluir de todo? De las cosas, del tiempo, los días, las semanas... sin tener que estar poniéndole topes a las horas, sin sentir que algo se nos acaba al fin de mes, o al final del año.
A lo mejor toda esta invención del tiempo no es más que un recurso para ayudarnos a entender que lo que empieza acaba.

Gracias, pero no era necesario.

No me gustan esos límites pero he decidido que voy a ponerme uno: tengo hasta el 7 de diciembre para que algo suceda que evite que corra a cortarme el cabello. El compromiso que hice con Fefé, el de "córtate el cabello y yo me lo dejo largo" ha perdido su poder de contención.

Algo debe pasar para ganarle al desasosiego.
¿Saben qué podría funcionarme muy bien, además de las manos mágicas de mi estilista?
Regalos.

Ahí vengo, voy a hablarle a Fefé.

domingo, 21 de noviembre de 2010

¿Ya la vieron?



Es una pena no haberla visto en el cine, pero suelen llegar en español y soy de la idea de que las películas deben verse en su idioma original, ya que la entonación, el volumen, la modulación y todos los demás atributos de la voz, son inseparables de la actuación. Y en esta película en especial, con esta maravilla de actores, realmente no quise ir a echarme a perder la experiencia.
Quiero el libro, quiero el soundtrack y quiero el dvd.

Si no la han visto, de verdad que se las recomiendo. Es una verdadera delicia.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Construyendo conocimiento

Cuando escuchaba hablar sobre las Sociedades de la Información (así con mayúscula) o leía en mis épocas de universitaria a Alvin Toffler, me imaginaba un mundo lleno de gente asistiendo a la escuela, cargando libros, discutiendo en una biblioteca, o leyendo en un café… así bien bonito.

Han pasado muchos años desde que tuve esa visión maravillosa y equivocada.

Si algo ha pasado es que poca gente carga libros y cada vez menos, asisten a una biblioteca.

Y no lo veo mal.

Pienso que contrario a lo que mucha gente dice, sí se lee. Posiblemente no lo que tradicionalmente concebimos como productos de lectura pero sí que se lee. Si tan sólo un chapuzoncito en la red para buscar a un concepto nos lleva a navegar por varios más, ya sumados… ¿cuántos conceptos vamos adquiriendo? Y lo veo día a día con mis hijos que entre carcajadas me cuentan el nuevo video viral de Youtube pero además me contextualizan con aspectos históricos, sociales o simplemente de la cultura popular para que yo pueda entender.

Pero volviendo a lo de las sociedades de la información…

En mi navegación cotidiana hago bastante uso de internet. Me apoyo mucho en su consulta para el desarrollo de cursos y también para mi propia formación.

Cuando ya no pude seguir estudiando francés en mi laptop, di con esta página Aulafacil donde tienen un buen curso de francés, con todo y audios para trabajar la pronunciación. Ahí también encontré algunos muy interesantes con otras temáticas.

En paseos cibernéticos por otros rumbos di con una página donde muchas personas, sobre todo profesionales en el ámbito de la informática, se prestaban a compartir en forma completamente gratuita su conocimiento con personas que quisieran adquirirlo, haciendo uso de la tecnología y el e-learning. A mí eso me resultó precioso. Les debo la dirección.

Y esta semana, leyendo en GOOD hallé un artículo sobre Michael Karnjanaprakorn y su más reciente proyecto: Skillshare,un lugar para aprender de todo y de todos.

Además, si de aspectos técnicos se trata, ifixit.com y yoreparo.com son esenciales para todo aquel determinado a tomar la reparación de sus aparatos en sus propias manos. Lean el ifixit manifesto, que cosa tan chula.

Y que tal una universidad en video: Utubersidad

Este surgimiento de páginas aquí y allá al tiempo que en muchos países se discuten reformas educativas y se ven fallar modelos, no me hace más que pensar que la gente está tomando decisiones con respecto a lo que quiere aprender y lo que debe aprender porque los sistemas que lo decidían, ya no son funcionales. Algo leí en Wikipedia (conocimiento compartido por excelencia) sobre las sociedades de la información y su transformación en sociedades del conocimiento: la apropiación crítica, y por tanto selectiva, de esta información protagonizada por ciudadanos que saben que quieren y que necesitan saber en cada caso, y por ende saben de qué pueden y deben prescindir.

Creo que eso era más parecido a la visión que tenía en mente.

Es cierto. Todos estos recursos (y más que deben existir) por el momento sólo pueden ser utilizados por aquellas personas que con cierta capacidad socioeconómica accede a un recurso informático. Pero hemos visto cómo las computadoras de ser artículos de súper lujo (la primera computadora que tuvimos en casa costó ya con intereses y muchos sacrificios como diez millones de los viejos pesos, allá por el 91, más cara que muchas ahora) han llegado a ser más accesibles y cómo muchos gobiernos y organizaciones se están preocupando por hacer llegar internet de manera gratuita a más personas.

Falta mucho para que nuestra sociedad de la información se convierta en una sociedad del conocimiento. Faltan recursos, falta la misma información que la gente debiera tener para acceder a muchos recursos. Ya hay iniciativas en diversos lugares para llevar computadoras a lugares donde las personas no tienen la capacidad económica y de esta manera trabajar para disminuir la brecha digital. Habría que informarse de lo que se hace en México en esa materia y las maneras en que podemos apoyar.

¿Ustedes conocen páginas para autodidactas?

¡Compartan! Como quiera podemos hacer un pequeño directorio con diferentes temas… ¿cómo la ven?


Notas relacionadas:

México no cuenta con una agenda digital

Tecno-esperanzas y educación pública en América Latina

Programa de donación de computadoras recicladas

RESCATEC


lunes, 15 de noviembre de 2010

Mucha sangre

No sólo en la calle sino en las palabras.
Ahí me duelen más porque están en el discurso de la gente común y corriente, tu vecino de oficina, tu excompañero de escuela, tu amiga de la universidad.

Cuando toda esta guerra comenzó, me dolía escuchar que la gente dijera que no importaba, porque se estaban matando unos a otros. Como si esas vidas no valieran nada y como si así se fuera a resolver el problema.
Me tocó discutir sobre eso con amigos. Alguien dijo "ya se ha perdido el valor de la vida humana" y la misma persona después dijo "cuando matas a alguien ya no mereces ni vivir ni un juicio justo". Y pensaba yo que realmente estamos mal si quienes nos considerábamos "estudiados", con cierta formación ética, podíamos fácilmente descalificar a alguien al grado de despojarla de sus atributos como persona.

Otros comentarios, muy aparte de éstos, los escuché en mi trabajo, donde se hablaba de una empresa en la que un trabajador había quedado incapacitado por un accidente y lo que alguien dijo fue "Pss... en esos casos es mejor que el trabajador se muera, le sale más barato a la empresa". Y estaba hablando en serio.

La última vez que fui a Juárez, escuché decir a un grupo de comerciantes que preferían que estuvieran los militares y se fueran los federales, porque los federales nomás los roban y extorsionan y no pueden hacer nada; en cambio los militares, por quinientos pesos se deshacen de quien te esté ocasionando problemas: el drogadicto de la esquina que asalta a tus clientes, o los jóvenes de la colonia que te han ido a robar.

Hace unos meses en una casa se metieron dos asaltantes que hirieron con arma de fuego a un adulto mayor, dueño de la casa. Su esposa, una señora grande también, salió con un arma y disparó contra los asaltantes, matando a uno.
Mucha gente elevó a la mujer al grado de heroína y festejó el hecho, como una revancha colectiva, con el cuerpo del asaltante como trofeo. Como si esa mujer fuera a superar fácilmente una muerte que no por haber sido en defensa propia, vaya a pesar menos en la conciencia.

Hay otras pláticas que me toca escuchar y discutir, donde tal vez no haya sangre, pero hay una cantidad tremenda de odio disfrazado de mero rechazo: a indígenas, a homosexuales, a mujeres...
Es cierto que nunca quisimos esta guerra, pero teníamos ya las condiciones propicias para permitirle perpetuarse.

* * * * *
La semana pasada manejaba del trabajo a casa cuando en un semáforo vi bajarse a mi lado, de diferentes automóviles, muchas personas armadas. Fueron hacia una camioneta que hacía el alto al lado mío y de ahí bajaron a un hombre. El semáforo se puso en verde. La gente continuaba sacando armas y yo avancé. Hice unas llamadas apenas me recuperé y esperé que hubiera alguna noticia. No hubo nada. No supe finalmente qué sucedió.
Hace unas horas mi mamá me platicó que iban a ir a un centro comercial a recoger un mueble que mi hermano necesita. Ahí estaría él esperándolos. Luego él les habló y les dijo que no fueran, que habían levantado a alguien en el estacionamiento y acribillado a alguien más, que él estaba bien pero los habían llevado a un área de la tienda por una salida de emergencia.
Ser testigos de estas escenas es cada vez más común.

Pero no son ésas las historias que me dan miedo.
Las que me aterran son las protagonizadas por las autoridades, en las que están inmiscuídos. Las del policía enmascarado que roba una tienda y luego regresa con su patrulla a ver si las víctimas quieren levantar una denuncia; las de los jefes ministeriales que mandan a su gente derecho a que los asesinen; las de los rumores de una exprocuradora involucrada con el narcotráfico; las de abogados y activistas asesinados por gente protegida por el gobierno.

Entre tanto basural es de agradecer las ya muchas muestras de ciudadanía (muy organizada y no, sencillas desde las juntas vecinales y más estructuradas a nivel de organizaciones sociales) que son flores en esta pestilencia, personas que con poca experiencia en la materia se están comprometiendo y jalando a más gente hacia ese compromiso.
Veo que se están forjando ciudadanos.
Puede ser difícil verlos, porque no se les dan los espacios que se les da a las notas sangrientas en los periódicos y en otros medios esos ciudadanos son tratados como delincuentes, pero si nos fijamos bien, si escuchamos y leemos, los podemos distinguir.
Son grupos pequeños cada uno haciendo su lucha. Gente que aboga por la recuperación de los espacios públicos, por la regeneración del tejido social a través del arte, por el impacto de las leyes en los derechos humanos.

Hacia algo tenía que empujarnos esta guerra.

Estamos aprendiendo muy despacio. Enlazarnos con otras organizaciones es tal vez lo más difícil, pero debemos aprovechar las experiencias de las que lo han hecho para aportar la parte que nos corresponde.
Hay tantos engranes dañados en nuestra maquinaria social que trabajar en cualquiera de ellos puede aportar una mejoría.
Los invito a la página de Por un Chihuahua sin temor, unas gentes que me encantan y que hacen su lucha en bicicleta. O parte de ella, porque además están comprometidos y comprometidas con otras causas y otras luchas (sin dejar a un lado sus trabajos y ocupaciones cotidianas). También a Palabras de Arena, un colectivo de Cd. Juárez que hace un trabajo interesantísimo llevando la literatura a donde más se necesita. Otra referencia del colectivo aquí.
Y como éstos hay más grupos a los cuales se puede apoyar, muchos con gran trayectoria y otros apenas estrenándose y entrenándose.

Al final la lucha más profunda no será contra los "malos", deberá ser contra nuestra apatía y nuestra ignorancia, la desesperanza y el cinismo, los enemigos de verdad.

(Ojalá no hubiera tenido que ser así.
Ojalá no hubiéramos necesitado todo esto.)

sábado, 13 de noviembre de 2010

Plazos















































Visto en The Oatmeal.
Me acordé esta mañana de este cómic por algo que me ha estado pasando en el trabajo.
Todo empezó con alguien a quien le corregí una palabra en un documento laboral que me estaba escribiendo. Luego siguió con preguntas eventuales sobre la ortografía de alguna u otra palabra. Siguió con la consulta de "A ver qué te parece este reporte que escribí..." a "¿Nos ayudas a escribir un reporte? Es que ya no sabemos qué más ponerle..." hasta que finalmente me pusieron a escribir a mí un documento que corresponde a un área diferente a la mía.
Les voy a tener que avisar que mi ortografía ya no sirve y que está caduca, que la de ellas es ahora más funcional. Como quiera me dejan seguir con mi trabajo.
* * * * *
¿Me ve bien pinchi negativa?
No lo ando, neta, sólo ando algo preocupada por los tiempos (ya sé, todo mundo anda preocupado por los tiempos que corren, qué novedad, pero yo me refiero a otros, a los de la chamba). Como le digo a Fefé: tengo muuuucho tiempo pero me falta taaaanto. Y es que por la naturaleza de mi labor y del trabajo que hacemos sólo cuento con un máximo de dos horas para realizarlo por día. Me quedan pues seis horas para reportar, leer, documentar, preparar, desarrollar y con todo, me sigue sobrando tiempo. Y faltando porque dos horas diarias en que la gente está disponible para capacitación son insuficientes cuando hay dos proyectos paralelos corriendo y con fechas límites al 30 de noviembre para terminar.
Psss... debería dejar de preocuparme por cosas tan insignificantes cuando en un rato más van a estar peleando Margarito y Pacquiao.
Yo sin hijos, sin marido y con unas chelas en el refri.
Que la chamba espere, verdádedios.









domingo, 7 de noviembre de 2010

Pasada de moda

Tuve un maestro en secundaria al que llamaban Macario. Fue mi maestro de español.

Hace algunos años me contaron que había fallecido. Tiempo después fue a la escuela donde trabajaba a ofrecerme un libro que había escrito para los maestros de secundaria.
La sorpresa de verlo y el gusto por saberlo perfectamente vivo, me animaron a agradecerle muy efusivamente sus clases. Y es que realmente me encantaban.

No recuerdo haber tenido muy mala ortografía después de que empecé a leer y escribir de manera fluída; sin embargo, al llegar a la secundaria me di cuenta de lo mucho que me faltaba para escribir mejor. Tengo recuerdos clarísimos de cuáles (¿o cuales?) fueron las frases exactas con las que el Macario nos enseñó a escribir los acentos diacríticos. Tengo muy presente dónde (¿donde?) estaba sentada e incluso los ejemplos que escribimos.
No sé (se) qué (que) fue lo que más (mas) me impactó de sus clases. Tal vez era su figura seria, adusta y gruñona que súbitamente se transformaba en un dulce cuando hablaba de su hermosa lengua o tal vez fue, como me di cuenta más tarde, que no era tan sencillo para los demás como lo había sido para mí (mi) entender las reglas ortográficas.
Esto último me convirtió en una groupie del idioma.

La ortografía, que era tan complicada y ociosa para muchos, a mí me parecía tierna en su incomprensión. Siempre menospreciada, rechazada... yo le hacía un hueco en mi corazón. Sentía que aunque pertenecía a muchos, sólo (solo) unos cuantos conocíamos sus secretos y sus misterios.

Luego me convertí en maestra: la oportunidad maravillosa de enseñar a mis alumnos y alumnas los secretos del idioma.
Pronto entendí lo que ya sabía. Las lenguas están vivas. No hay manera de detener su evolución. Lo viví a través de mis estudiantes y mis múltiples intentos por enseñarles tal como el Macario nos enseñó.

Las lenguas están vivas y ésa (esa) es su característica esencial. ¿Qué (que) hace la RAE? Lo que debe hacer. Seguir a la lengua, observarla, fotografíarla, mostrárnosla como es. Pero es lenta. Sí (si). Los cambios que se han hecho ya han sido empleados por los hablantes. La RAE sólo (solo) consigna. Otro ejemplo reciente de este hecho son algunas de las palabras que entraron al Diccionario de Americanismos: levantón, ejecutado...

No me considero ninguna purista. Jamás puse el grito en el cielo cuando mis alumnos y alumnas escribían: KMO STAZ. O algo así. Nunca aprendí. Me parecía una excelente forma de utilizar el lenguaje para lo que es: para comunicarnos eficientemente. Claro que el primer cuaderno que vi escrito de esa manera lo devolví y solicité que lo volvieran a escribir. Digo, en el celular es una cosa y el cuaderno es otra. También entiendo que el medio puede determinar el mensaje. O McLuhanianamente hablando: el medio es el mensaje. Nunca he escrito con un cien por ciento de corrección en Messenger.

No soy una purista y festejé a García Márquez con su "Jubilemos la ortografía", pero entonces todavía tenía a los diacríticos.
:(

Bien... se van y ya no sabré cuando lea "Solo hago el amor" si el sujeto en cuestión es femenino o masculino y si se refiere a un obsesivo del sexo o a algún fan de la masturbación.
Cosas de la lengua.
A lo que sí me opongo defitivamente es que la próxima vez que vea "El silencio de los inocentes" en lugar de Quid pro quo me aparezca en los subtítulos un horrible: cuid pro cuo. No. Eso no es de dios. Que el español siga vivo pero que a las lenguas muertas las dejen como están ¿que no?
(O como dijo un usuario de Twitter estos días: Si tan preocupados estaban en la #RAE de hacernos la vida más fácil hubieran llamado a la /b/ "b de burro" y a la /v/ "v de vaca").

Lo bueno es que la RAE no nos condenará y como le dije a Todavía, seguiré usando diacríticos como hay viejitos que siguen usando polainas.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Post que hace caso omiso a las recomendaciones de la RAE


Ahora sí. Llegó el frío.

Esta semana puse cobertores bajo las sobrecamas y hace unas horas encendimos el calentón, por primera vez en esta temporada.

Me gustaba el frío.
Me encantaba cuando el estacionamiento no quedaba a tantos metros de mi área de trabajo.
Ahora llego al trabajo a las siete de la mañana y no quiero bajarme del carro. Me gustaría quedarme ahí un ratito más, con la calefacción encendida.
Pero lo hago.

Me bajo del auto y camino por el estacionamiento.
Cuando entré, hace ya casi cuatro meses, me asignaron un lugar lejos del contacto humano. El área de "El que llegue primero", anónimo, sin número y por cierto, muy oscuro cuando anochece. Las chicas de recursos humanos me dijeron que era hora de solicitar un cambio de espacio, que ya me tocaba uno con los de administrativo.
Por un momento pensé en lo maravilloso que sería estar más cerca, no caminar entre tanta piedra que mucho daño hace a mi calzado y a mis tobillos... pero lo pensé de nuevo y la verdad no es tan malo caminar algunos metros más, dado que es el único ejercicio que hago últimamente. Además mi lugar tiene un bonus extra: cuando cruzo el estacionamiento me encuentro con toda la gente que va llegando a la misma hora que yo. Es el momento que más me gusta, cuando entran los ayudantes, los choferes, los vendedores, los supervisores... en fin, esa gente que nos da de comer al resto de la empresa.
En retribución, me levanto temprano para llegar junto con ellos con el fin de ponerles café a tiempo y trabajar lo mejor posible con las capacitaciones que les hacen falta.
Esos minutos de caminar al lado de ellos, de saludarlos y charlar mientras entramos, son los más importantes del día y los que me disponen a disfrutar las siguientes horas de trabajo.
Por eso... no. Mejor me quedo donde he estado.

He sido muy feliz, pese a todas las circunstancias.
Y voy a decirlo, estoy muy feliz, aunque esté de luto. La verdad es que no voy a poder salir de él, así que más vale seguir viviendo y haciendo.

Volvieron a invitar a la ONG donde todavía estoy --aunque a veces falte-- a participar los sábados en escuelas secundarias. Yo no podré asistir pero desarrollaré alguno de los talleres para que mis compañeras lo impartan. Nos interesa todo lo concerniente a la prevención de la violencia, la violencia de género, la autoestima en las niñas y adolescentes. Es con lo que creo que participaremos.

Es eso y hacer la chamba con los muchachos, que a pesar del sueldo, se levantan a trabajar muchas veces más de ocho horas diarias; eso y llegar a casa y platicar con los chicos, de tanto y de todo; salir a la calle con cuidado y sin miedo; ir a un café a charlar con una exalumna y reír mucho y festejar los encuentros; escuchar música en algún bar con amigos, beber, reír, hacer alguna locura; hacer el amor también, por la tarde, por la noche, cada vez que el cuerpo y el corazón lo apetezcan... porque no estamos para ir por la vida desperdiciándonos.

Hay que hacer.
Hay que vivir.

sábado, 30 de octubre de 2010

Más clips mortuorios

De una de mis películas favoritas:



Y algo más:




Todos somos ollitas quebradas.

Hasta los huesos

Excelente cortometraje.
Disfruten de la música y de la canción de la fiesta (y de mi catrina-sirena favorita).



Crónica sangrienta... y muy larga

Eran las diez y media de la noche de un domingo.

No es mi costumbre desvelar a mis hijos cuando al día siguiente hay escuela, pero esa noche pasaban por televisión La cité des enfants perdus y no era una oportunidad para dejar pasar.
De inmediato les hablé a los chicos. Harry apagó su consola de videojuegos mientras que William bajó de un brinco de su litera. Preparamos una botana y nos pusimos a ver la tele.

“Está clasificada como R” me dijo William, antes de empezar la película. Tuve que recordarle que su primera película fue “Carne Trémula”, cuando tenía ocho meses de edad y que yo confiaba en su madurez e inteligencia y en la de Harry para ver esa película.

Como siempre que la veo, no puedo dejar de sonreír estúpidamente por horas. En esta ocasión mi sonrisa se congeló para convertirse en un grito cuando, al terminar la película y encender la luz, observé un charco de sangre en el suelo junto a mi cama.
Charco, neta, no chingaderas.
Con la vista recorrí el charco hasta encontrar la fuente y vimos que la causa estaba en el pie de William, que se pegó levemente contra una silla al bajar de la litera.

No le dolía, no le molestaba, simplemente sangraba. Con ayuda primero de algodones, intentamos ver de dónde venía tanta sangre pero la hemorragia no nos lo permitía. Luego optamos por mejorar la vista con ayuda de un chorro de agua. Tampoco funcionó. La tercera opción fue una toalla de baño y medio nos sirvió, nos permitió ver por un nanosegundo de dónde provenía tanto humor circulatorio: era una protuberancia mínima en la piel, con apenas dos milímetros de apertura. Por ahí salía esa cantidad de sangre que no podíamos detener.

Eran las doce de la noche, hora en que el Dr. Google aun atiende consultas.
Nos pusimos a buscar información sobre cómo detener hemorragias: pierna levantada, torniquetes, puntos de presión, azúcar… pero algunas cosas no nos servían y otras simplemente no aplicaban.
Teníamos que identificar el problema para dar con la solución más apropiada.
Empezamos con “granito” y “sangre”. Muchas recetas contra el acné.
Luego buscamos como “grano sangrante”. No se les ocurra buscar, menos en imágenes. Hay muchas cosas que es mejor ignorar.
Finalmente en alguna de las páginas que vimos se mencionó la palabra verruga. Recordamos entonces lo que decían las abuelas de que si te quitabas una verruga podías morir desangrado.
Mientras yo buscaba, Fefé seguía limpiando la sangre que continuaba saliendo de la ahora recién conocida verruga.

Puesto que no teníamos gatos negros que llevar a un cementerio a medianoche, era mejor seguir explorando por soluciones para esa hemorragia.
Y finalmente en una de las páginas que encontramos, dimos con esta foto:


Le grité a Fefé para que se acercara y ambos volteamos a vernos y sonreímos.
(Efecto de difuminación nebulosa)

Corría el año del 2008…
Pasábamos vacaciones en Mazatlán.
Completamente exhaustos de haber pasado el día completo mirando el mar y viendo caer la tarde en compañía de cubetas de cerveza que venían, y venían y venían (fue lo más provechoso que hicimos esos días… el acuario es una pena) nos fuimos a descansar a nuestros aposentos.
Era 30 de julio. Al siguiente día celebrábamos el cumpleaños de Fefé y yo no sabía qué iba a regalarle. Aproveché que la siguiente media hora la pasaría viendo “Patito Feo” –la versión argentina, que es la que le gustó a mi marido—y así yo podría salir a la calle a buscar algo sin que me extrañara mucho.
Eso hice, pero después de media hora de buscar y buscar, me di por vencida.
Las opciones que me daban las tiendas de los alrededores eran: una playera tipo “mi amigo se fue de vacaciones y lo único que me trajo fue esta pinche playera”, un inflable en forma de Keiko, una pulgada de arena de Mazatlán o un adorno de conchitas con ranas vestidas de mariachi.
Estuve a punto incluso de ir a caer en un Sr. Frogs pero me contuve. Mejor el adorno de conchitas.


De regreso a una de esas tiendas me fijé en un local que no había visto.
Era L´Occitane, un negocio de productos para cuidados de la piel, perfumes y cosas así.
Estaba bonito el negocio y el pequeño francés que me atendió me describió como maravillosos y milagrosos los productos. A mí esa parte me valía madre, lo único que quería es que fueran más bonitos que el inflable de orca.
Me ofreció cosas preciosas, lociones de aromas delicadísimos, cremas para todo el cuerpo –incluídas las orejas--, aceites para masajes con cientos de propiedades, desodorantes mágicos, jabones, geles, shampuses, todo en presentaciones exquisitas. Y caras.
Le dije al dependiente: “¿Qué me alcanza con esto?” y me llevó al fondo del local, donde estaban todos los productos relacionados con el rasurado.


Compré finalmente un estuche de aluminio inoxidable cuyo contenido era una crema de afeitar, un rastrillo muy elegante con mango de madera, una brocha y un gis que no supe para qué era. Lo envolví muy monamente y yo además, me puse un moño.
Fefé quedó encantado con su regalo. La verdad es que sí estaba muy lindo, bien nice.
(La crema de afeitar nunca la utilizó y se me hace que ya caducó. El rastrillo no pudo usarlo porque le faltaba la navaja. El francesito me dijo que ese tipo de navajas se compraban en cuaaaaalquier lado, y no era verdad. Y finalmente el gis tampoco, porque no sabíamos para qué chingados servía. El estuche continúa en una canasta dentro de mi baño.)


(Efecto de regreso a la actualidad, Fefé y yo mirándonos con cara de “¿Estás pensando lo mismo que yo?”)
Inmediatamente corrí al baño a sacar todo el desmadre que tengo en la canasta, las mil cremas que nunca uso, los rastrillos sin filo, los jabones y envasitos de shampoo que me robo de los hoteles, y un resto de cosas más que no sabía que tenía.


Refundido en la canasta estaba el gis. Que no era gis sino una barrita de sulfato de aluminio, que según lo que habíamos leído en internet, era lo único que podía cortar una hemorragia de verruga y además en tan sólo 10 segundos.
Nos llevó treinta en realidad.
Pero lo hicimos. Y sin necesidad de hablarle a mi mamá para que nos diera algún consejo.


Ya mudé mi lápiz hemostático del baño al cajón de los cuchillos. Parece que finalmente un regalo que hice a Fefé sirve para algo.


Y ahora sí, con la verruguita sellada y sin amenazas sangrientas nos podemos dar el lujo de planear ese tour al cementerio con el gato negro en un costal y el libro de Tom Sawyer para que nos dicte las palabras mágicas que habremos de recitar.


Habrá que buscar el gato negro y viendo próxima la Víspera de Todos los Santos, no tardarán en ir apareciendo.


¿Qué tal una visita al panteón el Día de Muertos?


Reflexiones paranormales

En una charla de ésas que se dan en el patio de una casa, al calor de un asador ya muy de madrugada, una de mis gordas reflexionó --previa ingesta de altas cantidades de etanol-- que si era cierto lo que decían sobre los espíritus de las personas que fallecen en muertes violentas, Chihuahua y Ciudad Juárez se estaban convirtiendo en un semillero de fantasmas.
La verdad es que sí estamos rodeados de ellos, si no como entes paranormales, sí como sombras que te van acompañando con cierto peso y memoria. Pregúntenle a la gente que pasa por mi rumbo cómo es caminar entre estas calles, pisando piedras que alguna vez la sangre salpicó, viendo las veladoras y las flores que muchas personas han dejado en algunas esquinas. Y eso nomás por mi zona, porque si nos vamos más lejos...

A mí me gusta creer en fantasmas. Ya saben mi postura al respecto. Pero creer que éstos andan por aquí me parece muy triste. Imaginar que andan por ahí cargando sus confusiones, sus preocupaciones y sus rencores, me da tristeza.

Para quitarme-les el sabor de boca les dejo una canción de Paté de Fuá que me gusta mucho.

Felices fiestas mortuorias.
Con tanta muerte que hay por recordar.

Y además a estos jóvenes les iba a dar una capacitación.

sábado, 23 de octubre de 2010

Extraño


Pasan muchas cosas y a mí me gustaría poder escribir sobre todas.

Cosas tristes, cosas terribles.
Todos los días, no sólo hoy.
Y también cosas felices que se asoman muy tímidamente y con cierta vergüenza ante tanto dolor.

No sé si ustedes necesiten leer al respecto. Lo que sé es que yo necesito escribir (egoísta que es una).
Por desgracia es tanto que no sé ni por dónde, así que he decidido que este día, este momento en el que tengo el tiempo y la tecnología para hacerlo, no lo haré.

Mejor voy a compartirles unas páginas que mis momentos de ocio laborales me han permitido encontrar. Páginas sencillas, con ideas, con belleza, con iniciativas, que sé que sabrán apreciar.

Los invito a leerlas.

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It gets better

sábado, 16 de octubre de 2010

The full Monty

I just met a wonderful new man. He's fictional but you can't have everything.
(Cecilia, La rosa púrpura de El Cairo)

En una fiesta de cumpleaños que organicé o la que asistí o algo, hace un par de años, estuvimos mis amigas, las Soccer Moms, platicando un buen rato hasta que algo nos distrajo: era la visión maravillosa, casi gloriosa de un hombre muy muy muy guapo.
De inmediato las mujeres me preguntaron quién era tal sujeto y por los chicos que lo acompañaban pude saber que era el esposo de una de nuestras conocidas.
Lo invitamos a la mesa, claro, para que no se fuera a estar solo, pobrecito, y andando tantas mamás solas en las fiestas de cumpleaños, podría fácilmente ser víctima de alguna de ellas. Así que mejor que fuera víctima de nosotras que de otra cualquiera.
El hombre se sentó con nosotras y comenzó a seducirnos con su inteligencia. O sea, además de bello era inteligente. ¡Y había llevado a los niños a una fiesta!
Luego a alguien se le ocurrió preguntar por su esposa: “Está en casa. Tuvo una reunión anoche con sus amigas y se desveló. Mejor dejamos que durmiera otro rato y nos vinimos nosotros a la fiesta. Le vamos a llevar de comer porque de seguro se va a despertar con mucha hambre.”
Y justo en ese momento, cuatro calzones se cayeron al suelo.

No estoy inventando nada de esto. Ese hombre existe.

Me acordé de él porque esta semana Fefé llevó a Harry a una fiesta de cumpleaños.
Y es que yo no sé qué tienen los papases contra las fiestas infantiles.
Bueno, sí sé. Las mamases sentimos lo mismo pero nos lo callamos para llevar a las criaturas a que se cansen, digo, diviertan un rato. Y tratamos de sacarle el mayor partido.

Yo no me puedo quejar.
En la medida de lo que le era posible, Fefé estuvo al pie del cañón en las fiestas, divirtiéndonos en medio de la horda de niños salvajes que corrían a nuestro alrededor, que tiraban refrescos sobre nosotros, que gritaban como poseídos… y ésos eran solamente los nuestros, había que tolerar a los otros también.
Pero esta fiesta fue su primera vez. Su primera vez solito y en forma voluntaria.

Tengo que darle una estrellita.
Se ha graduado como papá, haciendo todo lo que las mamases y papases hemos de hacer.

Yo no sé qué va a pasar cuando termine su incapacidad. Ya hasta estoy pensando muy seriamente sacarlo de trabajar y dejarlo en la casa.

Qué cosa tan bonita, la verdad, es trabajar completamente despreocupada por la casa, los niños, los uniformes, las tareas, la comida, la ropa, y etcéteras.

Si bien en casa siempre hemos intentado equilibrar responsabilidades, Fefé en esta ocasión se ha sentido con la obligación de absorber todo lo doméstico. Tal vez porque mientras no trabajé de tiempo completo, fuera de la casa, y él sí (además de trabajar extra en sus bisnes) yo también traté de abarcarlo todo.

Me pregunto si los hombres que trabajan fuera del hogar, con sus esposas trabajando en casa, valorarán el trabajo que hacen o sólo dan por hecho que así debe ser.

Yo creo que ustedes no me pueden responder. Vivimos bajo otras circunstancias.
Lo que sí sé es que yo sí lo valoro. Enormemente.

He vuelto a ver al hombre de la fiesta. Es gerente de un banco al que ocasionalmente tengo que ir.
No es tan guapo (nuestra percepción fue efecto de una ilusión visual causada por su aparición en la fiesta en compañía de sus hijos, y la falta de café)

Mi hombre sí lo es.
Mucho mucho más.
Todo el paquete.

martes, 5 de octubre de 2010

Enseñanzas

El último día que estuvimos en el DF hicimos una visita rápida a la fábrica de cervezas.
Fue una excelente experiencia. Me sentía como Charly en la fábrica de chocolates, sólo que sin Oompa Loompas.
A medio paseo nos robamos regalaron una lata de cerveza, así salidita de la línea de producción. Deliciosa. Como pan recién horneado (después de eso fue que empecé a ver Oompa Loompas saltando de un lado a otro).
La visita culminó con la vorágine de compras en la tienda de la fábrica de donde salí con algunas chucherías para la familia.
A Harry y William les tocaron unas cachuchas bastante padres con el nombre de una cerveza al frente. La de Harry tiene un abrebirrias destapacorchos en la visera.
El domingo estuve pensando sobre si sería adecuado regalarles a los niños productos promocionales de bebidas alcohólicas lo que dio pie en la sobremesa a discutir con ellos sobre el consumo de cerveza.

La discusión fue muy provechosa. Hablamos sobre los maravillosos terribles efectos del abuso de cualquier sustancia y de lo divertido embarazoso que resultan sus consecuencias.

Pienso --hasta este momento, el tiempo me dirá otra cosa-- que la influencia, la presión social para consumirlas y la publicidad están en todas partes y que en todo caso, el hecho de que yo trabaje en una empresa que las elabora y distribuye puede ser una experiencia útil para poder conversar con ellos en forma abierta y con información de primera mano.

Pero al final la mejor moraleja la van a tomar no de lo que Fefé y yo les digamos, sino de la vivencia en carne propia de tener que salir cada domingo en la mañana a comprar Alka Seltzers al abarrotes para la mamá que amaneció con dolor de cabeza, bajo la desaprobadora mirada de la dependiente.

No es por gusto, no.
Es por dejarles una enseñanza útil a mis hijos.
Y si eso no es ser una buena madre, no sé qué lo sea.

Adelante, siéntanse libres de utilizar mi experiencia.

De nada.

viernes, 1 de octubre de 2010

Ya mañana

Temprano tomaré un avión que me lleve a mi casa.
Espero que exista alguna cura rápida para mi pronunciación chilanyucapotochiapatijuachihuahuense y que funcione pronto, si no anticipo muchas burlas de parte de mis hijos.

Ya quiero estar en allá.

Pasé dos semanas muy interesantes y con experiencias tan entretenidas como fue tomarme una cerveza sacada directamente de la línea de producción, todavía sin pasteurizar.
Descansé cuanto pude, a pesar de no tener ni mi cama, ni mi almohada ni a mi cojín -jiji- al lado.
No hice comida, ni limpié, ni lavé nada durante dos semanas.
Todos los días comí postre.

Pero ya me quiero regresar.

Pasaron cosas difíciles mientras estuve aquí. Mataron a un exalumno y a su hermano. Falleció el papá de C y hoy el papá de R, una amiga muy muy querida.

Mañana regreso a mi casa, que está hecha una ruina, me dijo Harry (Fefé desmintió esa versión pero creo que deberé confiar en mi hijo) pero no importa porque es mi casa.

Mi casa.

¿Les dije que ya me quiero regresar?

lunes, 27 de septiembre de 2010

Muy triste

Falleció el papá de nuestro buen amigo y cómplice, C.
Todo tan de repente.

Yo tan lejos.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Reportándome

No ha sido una mala semana.
Me gustan los hoteles, con todo y su ordenado minimalismo deshumanizado.

Hemos estado trabajando mucho, pero no se compara al trabajo que nos espera cuando regresemos. Este curso fue para darnos el panorama de lo que tenemos qué hacer en nuestro puesto y debo decir que me he asustado un poco, pero todo es cuestión de orden y disciplina, cosas de las que a veces tengo algunas reservas guardadas para cuestiones laborales.

Además de mí, hay otras cuatro personas atendiendo a esta capacitación. Tres de ellas son menores que yo, y el cuate que es mayor, tiene mucha experiencia en la empresa aunque apenas empieza en el puesto, lo cual le da mucha ventaja.

Me agrada trabajar con gente joven pero francamente no les agarro el paso de ir cada noche a algún bar o antro. Salí con ellos el día del karaoke y un día después a caminar por el Centro Histérico. Después se fueron a seguirla y yo me quedé en mi habitación.
Hoy todos se fueron, tienen familiares aquí y pasarán el fin de semana con ellos.
Yo me quedé en el hotel y lejos de sentirme como la niña del internado con padres malvados, me he sentido sumamente bien.

Anoche me di un baño de desestrés, me tomé dos pastillitas de valeriana, puse el letrerito de "No molestar" en la puerta, platiqué un buen rato con Fefé, leí, vi la tele y programé la alarma para las diez de la mañana y únicamente porque son las nueve en Chihuahua, hora en que me toca programar una reunión virtual para los gerentes.

Me desperté a las ocho sin ayuda de bocinas de auto ni alarmas. Qué difícil desprogramarse de la hora habitual de levantarse. Pero con todo y eso, fue muy agradable sólo encender la televisión y estar en la cama sin pendientes.

Alcancé más tarde el desayuno buffet y decidí aprovecharlo al máximo, a diferencia de los otros días que estuve pagando por lo que consumían los gordos ejecutivos que pagan lo mismo que yo.

Me dispuse a caminar por Reforma a ver qué veía.

Primero me fui al Museo Rufino Tamayo donde tomé un tallercito acompañada de los bichos de Pachulpetec. !Arre, rata!

Me estaba quedando muy lindo, mucho mejor que a los otros participantes del taller. El hecho de que los demás tuvieran entre seis y ocho años no era excusa para no hacer un buen trabajo, ¿a poco no?

Luego me encontré enmedio de todos los rubios que habitan en el DF, que estaban ahí cheleando de a grapa por la inauguración de unas exposiciones.


Mucha cerveza y botana, la mejor cerveza por cierto (sigan consumiendo, que de su pedotas como yo)


Los bichos son un encanto, hasta posan para las fotos. Ya ni siquiera salen corriendo si te acercas, de hecho se han vuelto adictos a los chetos y toda clase de frituras, y te stalkean si te ven con ellas (Ley antiobesidad ¿dónde estás?)

De regreso vi lo que parecía un simulacro de algo en el angelote. Bueno, a lo mejor algo pasaba pero no me di cuenta.

Me encantó el programa de la Ecobici. Vi a muchísima gente durante la semana haciendo uso de las bicicletas, que te permiten traslados ilimitados a un costo de 300 pesos anuales. Yo me quería subir a una, pero no tengo tarjetita.


Me metí a un mercado cerca del hotel donde hallé esta joya geek: One ring to rule them all. Me acordé de este episodio de The Big Bang Theory.


Y del paseo por el Centro Histérico me quedaron algunas imágenes como la de la Torre Latinoamericana, a la que no subimos porque mis compañeras quisieron salir a caminar con tacones del 10.

El Palacio de Bellas Artes es mucho más hermoso de lo que se puede observar aquí, pero no conseguíamos cruzar la calle. De hecho una de mis incapacidades es no saber cruzar calles y nos costó algo poder hacerlo, además algo había en el Munal y había pura gente de la realeza y con ello mucho tráfico y seguridad.


Es maravilloso lo que se puede comer en el centro. Yo cené con 30 pesos unos ricos tacos de canasta, un elote y un postre de ésos que se ven detrás: frutas con crema en vasitos de chocolate.


Le tomé una foto a Sears, donde según me contaron, era donde vivía la Pícara soñadora... la novela de los muertos, dice una amiga.
Antes de irnos me metí a una exposición llamada "Del Paquín al webcómic" en el Centro Cultural España. Nótese que quería parecerme a Cindy la Regia, pero quién no.
Hicimos el trayecto muy rapidito, básicamente porque es difícil disfrutarlo si tus compañeros no saben quién es la Familia Burrón.
Y ya para rematar, nos aventamos una cerveza y yo por fin probé la Montejo, que me faltaba por ingerir para decir que ahora sí las he tomado todas.


* * * * *
He estado muy bien, cómo decir que no, pero extraño. Caray, con tanta gente abrazándose y besándose por la calle, parejas de novios y de novias, carajo, sí que extraño.
Me queda una semana todavía.
Ya reportaré desde la hermana república de Ecatepec, que es adonde me tengo que mudar mañana, de los gozos y tribulaciones de esta marchanta que ya terminó por mimetizarse con el contexto lingüístico regional. Ya nomás estoy practicando lo de decir "amiga" o "amigo" cada vez que termino una frase.
So long...

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Piso 16

Tercer día de mi curso, cuarto de estar en la Cd. de México.

Viaje sin contratiempos. El primer vuelo me fui sentada junto a un hombre que estaba invadiendo la mitad de mi espacio pero en el vuelo de Monterrey al DF, la revolución me hizo justicia y me tocó volar en clase Premier. La única vez que había volado tan bonito, fue de La Habana a Monterrey hace ya algunos años.
Qué lindo es volar, neta. Me cayeron gordos mis vecinos con cara de conquépocopinoleteahogas... Yo iba encantada, literalmente sobre las nubes, disfrutando cada bocadillo, acompañada de la música del Canal 8 del avión: clásica y una de las piezas, Danzón #2 dirigida por Dudamel (me sigue, qué puedo hacer) y sobre todo maravillada por cada nube, cada río y cada ciudad sobre la cual pasamos.

Me queda semana y media aquí.
Quisiera hacer muchas cosas aunque por el momento no hay tiempo. Ya salí con mi amigo Luis en un par de ocasiones y está planeando una cena la semana entrante con otra de mis amigas de aquí, que por cierto está ahorita en Chihuahua para participar en la ópera Las Bodas de Fígaro (chéquenlo los de Juárez).

Ya me tengo que ir. Los compañeritos del curso quieren ir a un karaoke, y quién soy yo para decir que no.

¿Qué se sentirá cantar en el ombligo de la luna?

sábado, 18 de septiembre de 2010

Normalidad

O de eso se trataba esta semana, tratar de volver a la normalidad, pero como ya estaba previsto hago maletas para irme mañana a Mexiquito.

Fefé está en casa y muy bien, tan bien que tengo que estarle recordando que se recupera y no puede andar por ahí tratando de hacer su vida regular. Ya le encargué a William que tiene que mandarlo a la cama cada vez que lo vea trabajando.

* Muchas gracias a todos por sus buenos deseos. Fefé los apreció bastante.


No me gusta hacer maletas, a menos que el contenido sea utilizado durante las vacaciones.

Por eso --y porque no tengo mucho que escribir-- puse unos danzoncitos que han de hacerme más llevadera la tarea y los pienso compartir con ustedes.









Mañana me saldrán alas.

Seré una lagartija con alas.


domingo, 12 de septiembre de 2010

Compañero:

Anoche soñaste que yo estaba a tu lado, haciéndome cargo de todo, dando indicaciones aquí y allá llena de seguridad. Bajo los efectos de las benditas drogas me viste junto a ti, tan claramente que al despertar me buscaste por la habitación y luego me hiciste llegar ese mensaje que me permitió dormir por unas horas (también soñaste que me dabas una moneda de diez mil pesos y por la mañana me la estuviste reclamando, pero ésa es otra historia).

Tristemente, no. No me hice cargo valientemente, fue muy diferente pero sólo lo supe hasta esta mañana en que te regresaron al cuarto después de la operación. En ese momento me temblaron las piernas y me di cuenta que el apoyo que te di fue por miedo, el empujón para que aceptaras la cirugía fue por el pavor de verte enmedio de tanto dolor y el mío, de no poder hacer nada por ti.

Anoche me quedé pensando en tus palabras: No tengo miedo de que me pase algo. Me la he pasado muy bien aquí.

Pero yo sí lo tuve, aunque en el torbellino de tanto por hacer lo haya dejado temporalmente relegado en un área de mi mente que sólo se abrió cuando te vi salir de la operación.

Pobres criaturas sin mayor control sobre sus vidas más que el día a día, que por otro lado, no hay otra forma de hacerlo, nos complacemos en decir que estamos bien. Tú allá, yo aquí.

El día quince estarás en casa y será motivo de festejo tu libertad y mi independencia.

Compañero:  suéñame fuerte, entera, que tu confianza me da el valor que ahora necesito para llorar un poquito.

Pero nada más un poco.

Durmamos y soñemos pues. 

Los sueños estarán llenos de los deseos de tanta gente nuestra que cerca o lejos nos han estado acompañando.

No se puede pedir más por hoy.

Yo también te amo.

viernes, 10 de septiembre de 2010

El que se enoja pierde

Una vez hice un recuento de acciones-consecuencias que me hicieron pensar que el universo está de mi lado en las diferencias conyugales.

No recuerdo en este momento toda la lista porque realmente estas diferencias-conflictos se dan con muy poca frecuencia, pero recuerdo especialmente una. Fefé y yo nos molestamos y él se fue a una granja con unos amigos y cuando regresaba se le averió algo a su auto, tuvo que solicitar la grúa y esperarla a una temperatura de dos graditos nomás y su auto estuvo en el taller como dos meses esperando que le llegaran unas piezas. Cuando me enteré me repetí que esas cosas eran señal de que el universo estaba de mi lado. No consideré en ese momento la friega que iba a ser andar en un solo auto, yendo y viniendo a recoger hijos y marido a sus respectivas obligaciones cotidianas.

Pasaron cosas similares en ocasiones distintas con más o menos las mismas consecuencias.

A principios de esta semana pasaron un par de situaciones que me molestaron mucho y de nuevo el universo se confabuló en contra de Fefé, mandándolo al hospital con lo que creíamos era una contractura muscular y resultó una hernia discal que necesita cirugía.

Las consecuencias, además de las obvias en la salud del afectado, me han hecho reconsiderar  que el universo no está a mi favor. En realidad creo que el universo me castiga a mí por andar de delicadita.

Voy a tener al pobre hombre incapacitado en casa, dos hijos que llevar y traer en diferentes turnos y yo con mucho trabajo que me requerirá salidas fuera de la ciudad esta semana y un viaje de diez días al DF en una semana más.

Bien dicen que el que se enoja pierde.


Mañana operan a Fefé.

Buenas vibras, muchas buenas vibras por favor.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Haciendo un alto

Yo solía tener un mundo privado en mi computadora.

Este mundo privado se regía por reglas y rutinas. Me gustaban mis rutinas diarias: lectura de noticias, blogs, redes sociales y mi curso de francés.

No era mucho, no era complejo o profundo, pero era mío.

No pensé que fuera a hacerme tanta falta cuando dije que sí, vendámosla y compremos un poco de seguridad.

Intento reconstruir ese mundo desestructurado y perfecto en mi máquina del trabajo, pero no es posible. 

Me he peleado mucho con la idea de comprar una netbook, por aquéllo de que soy remala leyendo en una pantallita, pero viendo los tiempos que tengo disponibles, los espacios que estoy creando para mí enmedio de esta otra vida que nos estamos creando, ya no me parece tan malo contar con mi pequeño mundo-to-go en forma de computadora de bolsillo.

Veremos, veremos.

* * * * *

Harry y William van por su segunda semana en la escuela.

La maestra que queríamos que el grupo de Harry tuviera otro año, se nos fue, pero nos dejó un nivelazo en los niños. 

Que la escuela haya escalado muchos escalones hasta quedar en el sexto lugar de puntaje en la ciudad en el examen Enlace no dice mucho. Lo que sí me dice bastante es que Harry llegó con un diploma de segundo lugar en el examen diagnóstico que les fue aplicado, sumado al hecho de que a pesar de no tener supervisión en casa, no ha fallado trabajos ni tareas. Es decir, lo que aprendió, lo aprendió muy bien. Obtuvo un 9.3 de promedio en quinto grado y piensa que puede salir mejor, si obtuvo mejores resultados en el diagnóstico que sus compañeros de mejores promedios.

Las calificaciones son lo de menos.

Que se sepa con el potencial adecuado para hacer lo que desea en su vida, eso es lo que a lo largo de estos años hemos ido trabajando, y creo que no vamos tan mal.

William, por otra parte, se ha sentido muy bien en la escuela. Lo veo distinto, muy maduro. Leo sus trabajos y en mi experiencia como maestra de secundaria, me doy cuenta que va muy bien. Se organiza, se esmera, adelanta trabajos, los revisa y consigue estar listo para ir a la escuela sin adultos a su alrededor.

Tal vez era el momento de soltarlos y yo no me había dado cuenta.

Alguna vez William me dijo que no podía demostrarme que podía hacer las cosas por sí mismo si yo siempre estaba diciéndole lo que tenía qué hacer.

Cómo nos equivocamos en nuestros juicios, aun con aquéllos a quienes creemos conocer más, pero qué bueno es haberme dado cuenta a tiempo.

Me siento tremendamente... no sé, tal vez bendecida podría ser la palabra que más se acerca a lo que quiero expresar.

A veces pienso que no he sido una mujer de grandes decisiones, de esas decisiones extremas que le cambian la vida a la gente. Más bien he ido optando en forma paulatina por lo que ha sido mejor en cada momento en que las situaciones se han ido presentando. Tal vez esto me ha ahorrado las decisiones desgarradoras que he visto en otras personas.  Y espero que la práctica en lo pequeño me ayude cuando un momento que requiera todo mi poder de decisión se presente.

No he sido una mujer de grandes decisiones pero no creo ir por el camino equivocado.



jueves, 2 de septiembre de 2010

Carreteras

¿Cuándo se me irá a quitar esta inquietud que me da cada vez que tengo que salir de la ciudad varios días? Me preguntaba ayer. Yo misma me respondí, tampoco estoy tan tonta: “Se te va a quitar el día que ya no regreses.”

Supongo que ese cosquilleo, esa inquietud no es más que la forma que tiene mi cuerpo de mostrarse emotivo cuando racionalmente quiero suprimir cualquier señal de tristeza o preocupación.

 * * * * *

Revivo cuando manejo en la carretera.

Y no digo esto porque me guste estar viajando (que sí me gusta pero no es la razón).

Me pasa algo curioso cuando me encuentro ante una de esas curvas que no esperabas que fueran tan cerradas o ante un auto que de repente se mete en tu carril.

Mi mente dice “Fiú, de la que me salvé” pero me quedo pensando si eso fue realmente lo que sucedió. ¿Quién dice que no me quedé atrás en un accidente mientras que al tiempo se abrió esta realidad alternativa en la que sigo viva?

Voy dejando huellas de lo que he sido en cada camino.

Lo que fui está siendo en un universo desconocido.

Lo que soy ahora persiste en cada una de mis muertes.

Cada muerte me revive.

Qué gran oportunidad.

 * * * * *

Hace unas noches trataba de dormir en la habitación de un hotel que me pareció demasiado grande. Tan grande que daba mucho espacio a que entrara la soledad.

No era una habitación fea. En realidad el hotel era muy lindo. Las habitaciones estaban dispuestas en una media luna, todas con vista al jardín. Para acceder al jardín cada habitación contaba con un par de puertas corredizas de cristal. Puedes salir por ahí si deseas a la alberca, a tomar el sol o simplemente dejar abiertas las cortinas para disfrutar de la vista.

Yo no hice ninguna de estas cosas el día que llegué. Tuve intención de tomarme una cerveza y fumarme un cigarro pero si tengo la oportunidad, prefiero leer un poco y dormir.

A los minutos de haberme quedado dormida me despertaron varias detonaciones. Eran balazos y no podía darme cuenta de dónde venían ni adónde iban así que me eché al suelo.

Siguieron por algunos instantes más.

Estaban muy cerca.

Después, cuando yo esperaba que hubiera alboroto pues había muchos huéspedes en el hotel, se instaló un grave silencio. Es cierto lo que dicen de estos silencios. Son pesados, invaden el espacio.

Sólo se relajó un poco el ambiente después de que se escucharon las patrullas – comúnmente, si llega la policía es que los delincuentes ya están lejos--. Yo me levanté del suelo y traté otra vez de  dormir.

Sorprendentemente, sí pude.

No me dio miedo, no me quedé con el pendiente de que volvieran luego… ¿que estará pasando lo que tanto temo? ¿me estaré volviendo insensible?

A los dos días me enteré de que habían ejecutado a un joven de años.

* * * * *

Sigo saliendo.

Otro mes de mucho movimiento.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Y que plancho

Una de las cosas que todavía hago en casa es planchar y eso es debido a que entre estas cuatro paredes sólo hay dos personas con el suficiente poder de concentración que la operación amerita, ah, y una adecuada dosis de perfeccionismo (aunque debo decir que muy insuficiente para un menos que aceptable resultado de acuerdo a los estándares de calidad maternos y fraternos. Y de cualquier tipo, en realidad) y sólo una de ellas es adulta… o sea, yo.

No sé si es herencia genética o simple condicionamiento ambiental, el caso es que odio planchar.
Yo disfruto muchas cosas en mi casa, como el lavado, el tendido de la ropa y la cocinada, pero la planchada… no… no es lo mío. Ignoro si hay alguien allá afuera que lo disfrute pero supongo que es así. Nunca faltan los pervertidos.
El punto es que el sábado se ha convertido en el día de planchar.
El terrible día de planchar.

Antes de la cirugía del año pasado mi familia estaba más que lista a atenderme cuando me veían en pleno déficit de mis facultades físicas y mentales debido al SPM (los problemas que causaron la cirugía me ponían extremadamente mal mes tras mes).
Después de la operación mi ingenua familia pensó que mis demandas acabarían.
Poco sabían entonces…

Poco sabían que la tortura de cada mes se convertiría en algo semanal cuando decidí que era hora de ahorrar en el servicio de planchado ($6.00 por pieza) y yo ya sintiéndome tan bien.
Ahora cada sábado me convierto en un monstruo que debe ser alimentado, un ídolo que debe ser adorado, una reina que debe ser atendida, todo al mismo tiempo y con puntual asistencia, si no quieren que deje de usar la plancha como el útil electrodoméstico que es.

La verdad es que mis exigencias no son tantas:
* Maratón de “House” en televisión… y nadie puede tocar el control remoto, excepto yo.
* Botella de spray siempre llena de agua y “Toquecitos de Ensueño” a la mano.
* Vasos de limonada con hielo que deben estar siempre fluyendo (¿a ustedes no les da mucha sed planchar?)
* Aire encendido y dirigido a mí en todo momento.
* Bote de nieve al final y siempre debe haber alguien pendiente de mi momento de terminar para guardar el burro y todos los enseres utilizados, dejándolos listos para la tortura de la siguiente semana.

Sé que soy un monstruo ¿pero acaso no lo valgo?

Envidiosilla

Me chocan las mamás que andan de presumidas con sus bebés de largos cabellos rizados.
Negros, rubios, castaños… sin importar el color, a sus madres las odio por igual (las madres de los bebés, no de los rizos).
Y por qué un alma buena y generosa como la mía será capaz de sentir esa aversión, se preguntarán ustedes…
¡Pues porque yo debí tener un bebé así!
Digo… William es un clon de su padre… parece que lo cag… parió él mismo… mismo tono de piel, forma de los ojos, sonrisa, cuerpo… menos el cabello rizado.
En eso tanto William como Harry salieron a mí: los mismos tristes pelos lacios.

Mi muy querida amiga, la pinche Rana, solía llamar a mis hijos “Los Chaquiritas”. Decía que si les aventaban un puño de chaquiras (las cuentitas, no la cantante) se ensartarían sobre sus pelos parados.

A todo termina una por acostumbrarse, así que por un tiempo me dediqué a buscar a la peluquera perfecta, aquella que no sólo entiende los caprichosos remolinos del cabello de tus hijos, sino también las necesidades maternas. Y la hallé.

Para fortuna nuestra los últimos diez años se han distinguido por una importante ventaja estética en materia de pelos: moda de flat-ups, mohawk y manguito chupado (no se dejen llevar por el nombre… fue un peinado muy cool y nice, todo distinción y elegancia, y que nos sacó mucho de apuros) y mis hijos lucieron siempre encantadores –excepto por aquella vez que se me ocurrió meterle maquinita a William y lo dejé peor que al Maromero Paez. Neta, pero ya me perdonó y sin necesidad de terapia, aunque yo aun no me lo perdono y sigo despertando por las noches con el puño apretado como si quisiera estrangular a la maquinita cortapelos.

Me resigné en algún momento de mi existencia a esta vida curly-less, aunque el amargo sabor de la envidia siguió presente en algunos momentos de mi vida.

Mi querida amiga, la pinche Rana, tuvo un bebé con bellos rizos cayéndole sobre su frente y orejas. Un ángel.

Me resigné y pensé “Dios no le da alas a los alacranes”. Es decir, tengo un niño inteligente, cortés, conversador, interesante, guapo, fuerte, informado, creativo, generoso, gentil, ¿ya dije que guapo?, con sus hermosos y oscuros ojos árabes, su piel morena y su cuerpo fuerte y atlético… ¿qué sería de él si además hubiera heredado los rizos?
La vida fue más sencilla pensando así y la de William también, sin tener que estarse escondiendo bajo la cama cada vez que la madre amenazaba con llevarlo a la estilista a hacerle la permanente.
Así estaban las cosas cuando algo cambió… los pelos parados se empezaron a aplacar y luego a esponjar. De repente, si me fijaba bien, podía ver alguna matita de pelo curvándose ligeramente y en el fleco, un mechón rebelde le amanecía siempre ondulado.
Pero nada de esto era muy evidente. La cachucha puesta todo el día me impedía ver qué pasaba con su cabellera.
Hasta el día de hoy que a la fuerza le quité la cachucha y lo obligué a estarse quieto mientras rociaba su cabello con agua.
El efecto fue como ver un puñado de lombrices retorcerse después de echarles sal… no que lo haya hecho alguna vez.

Así, ante mis ojos y el efecto de la humedad vi su cabello ondulándose y formando uno que otro rizo en ciertos lugares.
“Mujer de poca fe” decía mi suegra “cuando entre a secundaria se le va a rizar, igual que su padre que lo tuvo lacio hasta que entró a la adolescencia.”

Pues bien… no sé si su cabello se vaya a enchinar como el de su padre o si sólo se va a quedar medio erizado como lo trae ahora, lo que vaya a hacer debe tomar una decisión ¡ya! porque qué difícil es hallarle el acomodo adecuado… y yo que hace tantos años dejé de peinarlo, ahora lo he vuelto a hacer y ya no tengo la altura necesaria.

Ahora que parece que todos mis sueños de vanidad materna se hicieron realidad, sólo puedo decirle a los dioses que perfecto perfecto, William no es… todavía arrastra unas letras al hablar así que ni se les vaya a ocurrir no terminar lo que empezaron con los chinos para compensar.

miércoles, 18 de agosto de 2010

En una cama y de noche, sin ti

La primera canción fue un danzón con letra de un poema de Oliverio Girondo. Nada es imposible.
No fue ni es nuestra canción. No tenemos una canción. Yo tengo las mías y tú, las tuyas.

A veces te presto alguna (nunca, por favor, des a nadie las canciones que yo te doy).
No tenemos canción pero esa noche bailamos juntos por primera vez.
¿Fue Benedetti quien dijo que la mujer nunca olvida la primera vez que baila con un hombre? Tal vez lo escuché en un dicho popular. A veces se me confunden.

Yo no la olvidé.
Fue en esa vieja casa, con sus suelos de duela y olor a madera antigua, con sus paredes blancas y su techo de nubes.
Bailamos con los cuerpos muy juntos, más de lo que la etiqueta del danzón permite.

Todavía no aprendemos a bailar danzón.

¿Recuerdas ese día?
Era una fiesta, hermosa fiesta, ilegal, inmoral, indecente, pecaminosa, contra natura.
Y yo me compré un vestido lila para la ocasión. Todas llegamos con vestidos nuevos.

Fuimos testigos afortunados de esa unión: nuestros amigos tomados de las manos, con sus ropas blancas, a la luz de las velas. Escuchar sus voces quebrarse al prometerse todo, tan poco y tanto. Tan jóvenes y tan llenos. Tan nuestros.

Paso a menudo frente a esa casa y vienen a mis recuerdos un par de tardes, asomada al balcón con vista a las torres de la catedral, bebiendo vodka y aprendiendo a fumar.

Me siento triste cuando paso por ahí.
Una ventana está abierta y alcanza a verse el techo con nubes que se cae a pedazos.
Me dan tristeza las promesas de amor rotas.
Pero el amor no se rompe. Nos rompemos nosotros aunque luego nos volvemos a pegar. Unas veces quedamos frágiles y otras tan fuertes que nada nos puede conmover.

Me pongo triste porque uno de los ángeles de esa casa ya no está ahí, ni aquí en este mundo, mi querido René.

En mis sueños soy dueña de esa casa y está viva y tiene aun sus paredes blancas y sus techos nublados y todos están ahí, junto al taller de títeres, con mis libros a un lado.

A veces paso y veo el letrero que se asoma del balcón del que ya no se ven las torres por culpa del nuevo estacionamiento: “En venta” y pienso en la gente que no se vendió y en el amor que tampoco lo hizo.

Pienso en todos y pienso en ti.
Porque después de todas las ausencias queda una canción que no es la nuestra y por un momento todo vuelve a ser amor.

No había nada más que amor, en todas partes se encontraba amor, no se podía hablar más que de amor… amor.