domingo, 8 de marzo de 2015

Metas

Como parte del departamento de recursos humanos, tiene una que andar en toda actividad que se realice. Y este domingo lo que hubo fue una carrera deportiva. De esas cosas a las que usualmente me resisto a participar pero de todos modos tenía que ir a apoyar en la organización.
Convencí a Harry de que participara. Él está yendo a correr sábados y domingos y quería que conociera a un corredor de la empresa que es muy muy bueno para que echaran una platicada.
La idea de Harry era participar en la carrera de 2.5 km, con todas las ñoras, porque no sabía cuántos kilómetros podía correr sin detenerse. Yo le seguí la corriente, dado que no fui necesitada en la organización (benditos practicantes) y corrí... caminé... en la misma competencia. Que era simultánea a la de 5 km. O sea, los participantes de 2.5 km llegamos desfallecidos a la meta mientras los de 5 km dan otra vuelta más. Y muchas veces los de 5 km llegan antes que los de 2.5 km. Ejem.
Pues yo llegué medio trotando, medio caminando a la meta, detrás de una señora que empujaba un andador y antes de una de 70 años. No soy una completa perdedora.
Harry llegó un minuto después que yo. Se aventó los 5 km sin darse cuenta. Desconocía la ruta y siguió corriendo. Consiguió llegar en sexto lugar.
Y no sólo eso. El suertudo se ganó unos audífonos que estaban rifando entre los participantes a los que les había echado el ojo.
Yo me gané un balón de futbol que planeo patear para desestresarme.

En mis domingos ideales no hay sudor ni tierra ni falta de aire, sino más bien cama y televisión.
Pero fácilmente podría seguir sacrificándome con tal de ver a Harry tan tan contento y realizado.

Y si siguen rifando cosas, mejor.

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