miércoles, 18 de febrero de 2015

Sola

Sin padres ni marido.

Los padres salieron de nuevo fuera de la ciudad. Y el marido va a reiniciar sus toures. Por fin va a estrenar su maleta para laptop que le regalé en navidad del año antepasado. Claro que nueva nueva, no está. Yo me aseguré que así fuera utilizándola en mis viajes. Muy chida la maletita, con su cargador para gadgets incluído.

Son bonitos los recesos maritales. Y los regresos más.

El que la está pasando maravillosamente es Lucky, que se cree el dueño de mi  cama cuando Fefé no está. Y otro muy contento, es una pulga pedorra que nos hallamos ayer.

Resulta que anoche cuando regresábamos Harry, Hobbes y yo de la caminata nocturna, escuchamos maullidos de gatito. El llanto venía de una glorieta. Atravesamos para acercarnos sin mucha esperanza de hallar nada, porque estaba sumamente oscuro y además el alumbrado público no estaba funcionando bien. Pero Harry tiene un cierto magnetismo animal que permite que los gatos lo encuentren a él. Y así se acercó el minino, negro, peludo y pequeñito.

Por la situación del área, no había manera de que hubiera llegado solo. Y por lo confianzudo, no era un gato que hubiera nacido ahí, entre la maleza. No estaba muy sucio, ni flaco, ni enfermo. Lo abandonaron y tenían poco de haberlo hecho.

Sin corazón para dejarlo ahí, lo llevamos a casa. Apenas entró, localizó el plato de comida, luego el sillón y por último la cama.

Ahora sigue la parte más complicada. Es difícil hallar un hogar para un gatito y menos si es negro. Pero nadie que rechace un gato negro se merece uno de otro color.

La Internetósfera podrá estar llena de gatos y gente a la que le gustan. En mi vida cotidiana no es así. Y ya casi he desarrollado la intuición suficiente para saber a quién le gustan y a quién no. Eso simplificará la búsqueda de un humano para Night Fury.

Me voy.

Tengo una capacitación para ser auditora de ISO chingo mil.

Ya con eso me siento finalmente dentro del mundo maquilero.

 

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