viernes, 14 de agosto de 2015

Firmas

Si me espero al fin de semana para tener tiempo y escribir, tampoco lo voy a encontrar.

Así que qué mejor momento que el más ocupado del día para arriesgarme a que cualquiera pase a mi cubículo y vea mi pantalla.

La semana pasada falleció Lulú.

El sábado la internamos temprano para que le removieran un tumor. Los hijos se despidieron de ella antes de la cirugía. Luego Fefé y yo fuimos a verla cuando nos avisaron que la operación había finalizado y todo parecía ir bien. Con esa tranquilidad me fui al hospital a ver a mi papá y al llegar allá me habló el veterinario. No terminó de despertarse de la anestesia.

A William le pegó feo la noticia. Harry lo tomó con más filosofía: “Tuvo una buena vida, fue feliz y tuvimos oportunidad de despedirnos.” Los dejamos decidir qué hacer con ella. Finalmente ellos no poseen recuerdos en los que Lulú no haya estado ya con nosotros. Ambos decidieron que la cremación era la mejor opción, pero Harry porque quiere correr al cerro favorito de Lulú y esparcir ahí sus cenizas para dejarla libre y William porque quiere plantar un árbol en la nueva casa con las cenizas, para llevarla con nosotros.

Decidieron dividir las cenizas.

Yo todavía estoy en recuperación. La extraño. A veces escucho sus pisadas en el pasillo.

No es que nos sorprenda la muerte. Es que las ausencias no dejan de calar tan fácilmente.

El duelo y su superación no es más que el efecto de habituarte a esas ausencias.

No creo que haya forma de prepararse para ello. Tal vez lo que existe son formas diferentes de ver la muerte en las cuales las ausencias se hacen más tolerables porque les atribuimos algún tipo de sentido. O se lo quitamos por completo. Un c'est la vie. O mejor dicho, donc est mort.

En el gran esquema de las cosas, valemos poquita cosa, casi nada.

Somos insignificantes.

Tendríamos que haber sido científicos o humanistas, para haber legado algo, para haber impactado a los otros en nuestro corto paseo por el mundo. De otra manera, somos sólo basurita generadora de más basurita

En el nivel microscópico en el que nos movemos, es diferente. Los catorce años de vida de Lulú tuvieron un impacto en cuatro criaturas a su alrededor. Mis padres, mis hermanos, mis hijos, mi pareja, han tenido impacto en mí. Sus vidas son valiosas para mí.

Nunca seré científica, humanista, activista consumada, así que mi insignificancia me obliga moralmente a buscar formas de no dejar tanta basura por el mundo, mínimamente,  y así que el duelo que deje en el futuro sea asimilable.

¿Dónde podré firmar este compromiso con la muerte?

 

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermoso.

Ministry of Silly Walks dijo...

Gracias.

Amalthea dijo...

Mis condolencias.
Apenas hemos perdido en casa a Gus Gus y Jack Jack nuestros hamsters y ha sido duro para todos :(