domingo, 14 de agosto de 2016

Un poco de azúcar

Se cuenta que en la época porfiriana las élites esperaban las noticias de París para enterarse de la música y los vestidos de moda en aquellos lares.
Cien años después nos pasaba lo mismo a Fefé y a mí,  esperando la música que los extranjios nos traían de Berlín.  Tan limitados estábamos.
En uno de los viajes nos trajeron a Caléxico,  hace de eso como quince años.  Nos encantó.
Muchos años seguimos de lejos sus tours.  Se presentaban en Arizona y nos emocionábamos haciendo planes para ir, que nunca concluimos.
Este año estuvieron programados para el festival de la ciudad,  en uno de esos eventos curiosos de la vida.
Valiéndome gorro mi tos,  me enfundé en impermeable,  nos cubrimos con un paraguas y nos sentamos en primera fila.
Éramos los únicos en la audiencia. Pero en emoción,  valíamos por diez mil,  como le dijimos a Joey Burns,  el vocalista de la banda.
La llovizna seguía y nadie más aparecía. Se pronosticaba además más lluvia así que cancelaron el concierto. Y Fefé y yo,  hechos la sopa como un par de emoticones tristes bajo el paraguas.
¡Quince años esperándolos! Y lo mismo ha de haber pensado una de las monitas de la organización,  porque vi que comenzaron a hacer llamadas a bares para que Caléxico tocara. Yo también le hablé a un compa pero no tenía audio en su bar.  Finalmente consiguieron un barecito en el centro al cual nos fugamos de inmediato para tener un buen lugar.
La banda llegó al poco rato.  Maravillosos y hablando con todos (éramos veinte nada más). Yo estuve platicando con John Convertino,  el baterista y letrista) sobre su amistad con Lhasa de Sela. Me dolió el corazón recordándola. Me contó que en el último disco hay un tributo para ella.  Habrá que conseguirlo.
La banda comenzó a cantar y fue muy emocionante.  Su música sonaba como una tormenta en el ďesierto (o tal vez fue el tormentón que caía afuera). 
Se corrió la voz y llegaron como veinte chícharos más.
Qué fortuna haber estado ahí,  en un concierto privado, con un grupo chingón que al terminar se quedó a seguir en el cotorreo con los fanses.
El compañero mío,  feliz. Y yo junto con él.
Noches chidas para el recuerdo.

martes, 5 de julio de 2016

360 y días

El año pasado, por estas fechas, nos enterábamos de la enfermedad del papá.
Seis sesiones de quimioterapia después, los tumores se habían ido.
Pero el cáncer no siempre se va,
Hoy supimos que los tumores regresaron.
La medicina y los cuidados de mi mamá, nos dieron el lujo de un año más de tener papá.
Ahora nos están concediendo el mismo privilegio.
Otras seis sesiones.
Los tumores son más pequeños. El papá más fuerte que el año pasado.
No es volver a empezar.
Continuar y seguir viviendo.

domingo, 29 de mayo de 2016

Cumpleaños feliz

Fue su cumpleaños ayer y hoy se realiza un homenaje.
Toda la semana estuve temiendo este día, el día que ya no cumpliría 44 y en el que además habría mucha gente para recordármelo.
Por eso me salí con la gente que lo amaba, para no olvidarlo, para no olvidarnos.
Y sí festejamos: un departamento nuevo, una fiesta en un camión, la noticia de un proyecto nuevo. Y él ahí siempre.

Y aunque nadie como él para dar abrazos, al sentirme querida entre la gente que lo quiso, me sentí nuevamente querida por él.

El amor mantiene vivos a los que se van. No porque estén "vivos en nuestros recuerdos".
Es real.
El amor es real.


lunes, 11 de abril de 2016

Cantamos

En dos semanas caben muchas cosas. Caben logros y trofeos, también funerales y enfermedad.

Yo quiero pensar en este momento en los trofeos y recordar los últimos quince días con la imagen de mi hijo atravesando la meta de su primer medio maratón; en su cara sudorosa,  agotada y feliz, y en sus manos sosteniendo un trofeo de primer lugar.

También quiero recordarlos por un reconocimiento laboral obtenido.

Y porque en dos semanas conseguí trotar dos kilómetros sin detenerme.

 

Me dolieron la muerte de mi tío y la de un buen compañero de trabajo.

 

Pero nosotros estamos vivos.

martes, 29 de marzo de 2016

<3

Harry agarró un día sus tenis y dijo: “Voy a correr”. Era enero, seis de la mañana.  Una de las mañanas más frías de la temporada, nublada y con amenazas de lluvia. Le comenté ese detallito y me respondió que si no corría ese día, no lo iba a hacer nunca, que sólo se pondría pretexto tras pretexto para evitar  hacer las cosas. No hubo mucho que yo pudiera hacer al respecto. Además tenía que respetar la forma en que él mismo estaba viendo por su bienestar físico y sobre todo, mental.

Esto fue unos días después de su primera visita con un especialista. El año tuvo sus altibajos. Hubo rachas decentes y otras de preguntarme: “¿Cuándo va a terminar? ¿Es que siempre voy a vivir así?” para lo cual no tengo ni he tenido respuesta. Pero él ha ido encontrando algunas y ha seguido explorando otras formas de manejar su ansiedad. Sigue con su terapia  y además se da tiempo de meditar. Dice que la meditación lo está ayudando muchísimo. Sigue trabajando y tiene en mente ahorrar para comprar un carro. Sigue corriendo y se está preparando para su primer medio maratón.

Sigue.

Y yo que quiero ser como mis hijos, no tengo más remedio que también ver por mí.

Ayer salí temprano de mi trabajo. A las seis. Mi hora de salida es a las 5:30 pero las 6:00 es temprano porque mi jefe tiene esta pequeña idea de que si salimos a tiempo es que no tenemos nada que hacer. Si salgo a tiempo es porque soy eficiente ¡joder! Con todo y tener ya seis meses sin asistente.

(Pequeño paréntesis de caída de veinte. Mi compañera J y yo le seguíamos la corriente al jefe en este rollo. Sobre todo porque el recorte de personal estaba a la orden del día. Está todavía. Un día, mi jefe que es de hábito muy saludables, me dijo que se dormía a las 9 de la noche. Yo le respondí que a las 9 estábamos haciendo apenas cena y a las diez, comenzando a hacer la comida del día siguiente. “¿Tú no cocinas en  casa? ¿O lavas ropa, planchas, riegas el jardín, paseas a los perros, tiendes las camas, barres, trapeas o desempolvas?”. Obviamente nada de eso. Si lo hiciera no se iría de aquí a las 8:30 de la noche.)

Las salidas tarde fueron mi última excusa.

Ahora salgo con tiempo para cuidarme y compartir los deberes domésticos con calma y disfrute.

He retomado el hábito de caminar. Y quién sabe, a lo mejor en unos meses más voy a estar corriendo maratones junto con Harry.

(Nope.)

(Pero a lo mejor un 5K si lo aguanto completo).

Me quiero.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Los cuarenta

Llegué al cuarto piso, como dicen. ¿Estoy ya grandecita para llevar un diario-blog?

La cosa es que nunca me he sentido “grandecita”. No sé si tenga que ver con el hecho de tener hermanos mayores, o el de haber sido siempre la menor en cada grado escolar que cursé y por consiguiente ser casi siempre la menor en  cada grupo de amigos, o tal vez simplemente porque una nunca cambia realmente. En el fondo seguimos siendo los mismos niños temerosos.

No, no es cierto. No los niños las niñas que fuimos. La niña que fui era muy valiente y segura. La bronca fue después y volver a ser como la niña de diez años ha sido mi objetivo por muchos años. Soy más cercana a la adolescente de trece y cada cumpleaños me lo recuerda.

Ayer coincidió mi cumpleaños y un mensaje de un amigo cercano.

“¿Sabes cuánto te quiero?” me preguntaba, cercano a mí desde los doce, inseparables en los tiempos siguientes de confusiones, inseguridades y búsquedas.

La respuesta me provocó el llanto. Sí lo sé. Claro que lo sé porque yo siento exactamente lo mismo. La imagen inmediata del recuerdo fue él y yo abrazados, en plena adolescencia, dando y recibiendo todo el afecto que necesitábamos.

Me confortó porque contrario a lo que quisiera sentir, el paso del tiempo me inquieta y porque además sigo siendo, por mucho, la misma persona de hace 25 años.

Fefé llegó justo cuando me recuperaba.

Es un tipo afortunado y se lo dije. Este hombre tiene la gran fortuna de que yo tenga gente a mi alrededor que me quiere y a quienes quiero tanto, ya que puedo repartir mis penas y neurosis entre más gente y él no tiene que padecerlas completas.

 

Quiero pensar que sí he crecido aunque sea un poco. Que no todo es esta sensación de desmerecimiento y síndrome del impostor. Estoy segura que así ha sido. Algo debo haber aprendido. No se pasa casi medio siglo por esta vida sin haber aprendido algo. Incluso si hubiera enfocado mis esfuerzos en esquivar cualquier aprendizaje, por mera probabilidad, algo debí cachar.

Y así tiene que seguir para dejar de ser la niña obsoleta que soy.

lunes, 29 de febrero de 2016

¡Eureka!

Anoche fue la entrega de los Óscares.
En la categoría de  mejor película ganó “Spotlight”.
En mejor dirección de fotografía, Lubezki.
En mejor dirección, Iñárritu.
La sorpresa, el Óscar para Leonardo Di Caprio.
Y yo, por otra parte, muy feliz porque “Mad Max: Fury Road” se llevó algunitos.
Sobre este hecho leí muchos comentarios alabando los aspectos técnicos de la película, como si la película hubiera sido sólo un despliegue tecnológico. Pensé en “The Revenant”, una cinta también con gran calidad fotográfica y méritos técnicos sobre un hombre sobreviviendo a la naturaleza y buscando venganza. Luego pensé en “Mad Max”, y su historia sobre una mujer que libera a otras de la esclavitud sexual y las lleva a buscar un paraíso que ya no existe, así que deciden regresar a componer lo que está mal y buscar instaurar este paraíso. En medio de todo, aborda la destrucción ambiental y la propiedad del agua. Todo con un ritmo y acción súper emocionantes. Y los labios de Tom Hardy.
Y que me cae el veinte.
¿Cuáles son nuestras épicas? No digo que una historia de supervivencia no pueda ser nuestra. Hay cantidad de historias documentadas sobre mujeres sobreviviendo situaciones límites, tanto en la naturaleza como en la salvaje violencia cotidiana. Pero las películas de estas historias sirven a libros infantiles o a películas del Timelife. La supervivencia no nos valida como género.
Pienso en “Mad Max” y en el veliz con semillas amorosamente resguardadas por la comunidad de ancianas. Recuerdo entonces a muchas mujeres que he conocido que participan activamente en organizaciones ambientalistas, animalistas, de derechos humanos. Francesca Gargallo hablaba en una conferencia de todas esas mujeres que hay por todos lados, trabajando como hormiguitas, por el derecho a la educación, al agua, a la vida sin violencia, a la alimentación.
Esas podrían ser nuestras épicas.
El mayor mérito que encuentro en “Mad Max” es haber convertido en éxito taquillero una de esas historias, con todo el camuflaje de película de acción con título de personaje masculino.
Eso y los labios de Tom Hardy.
(Un día esas historias ya no tendrán que disfrazarse.)