Este invierno ha sido la primera temporada en que la ropa de Harry no es de una talla menos que su edad.
Recuerdo que hasta los cinco años le compraba ropa del departamento de bebés y siempre fue bien difícil encontrarle pantalones que le quedaran bien.
Ya no.
Fefé lo surtió el año pasado de sudaderas y ninguna le quedó.
Anoche se paró junto a mí.
Ya sólo soy más alta que Lulú, Lucky y Ringo en casa.
Cuando mi hermana cumplió catorce años, ya era más alta que mi madre así que mi estatura nunca me preocupó porque ya tendría yo también catorce años y sería más alta que mi mamá.
Cumplí catorce, quince... y el momento nunca llegó.
Para ser honesta, tampoco me preocupó después de eso.
Dos o tres veces al año mi papá y yo nos abrazamos y en esos momentos me llama cariñosamente "chaparrita". Me gusta cómo suena pero no he conseguido que tenga significado.
Tal vez, por cuestiones de género, la altura no me ha preocupado mucho.
Pero tampoco es algo que me llamara la atención en los hombres. Fefé es apenas más alto que yo.
Hace un año llevamos a William con su doctora. Requería un medicamento que al final la doctora decidió no prescribirle porque podría afectar su altura. Y durante cinco minutos habló del tema: que si hacía suficiente ejercicio, que si jugaba basketball, que tenía que hacer ejercicios de estiramiento, que si el promedio de altura en la actualidad...
Eso me llamó mucho la atención.
¿Es tan importante la altura?
Mi mamá también me insistía en que llevara a Harry con un médico para que revisaran su estatura. Toda su estancia en guardería lo hicimos porque siempre estuvo abajo de los mínimos establecidos y la respuesta del médico era la misma: el niño está muy saludable y -después de ver al papá y a la mamá- no tiene de quien sacar más peso o más altura.
Además tuve alumnos sometidos a tratamientos de crecimiento (todos hombres) y realmente yo no quería que pasara por lo que ellos, que ya bastante tenían con ser adolescentes.
Y la pregunta me sigue inquietando.
¿Realmente es tan importante ser alto o alta?