viernes, 30 de diciembre de 2011

Lo más maravilloso de la celebración de fin de año es que se realiza sin el estrés de las compras.
O al menos eso pensaba yo hasta que se me ocurrió ir a un banco y en los centros comerciales a donde llegué, la gente se veía igual de enloquecida que hace una o dos semanas.
Ya no hay regalos pero ¿qué tal hojas de tamal?

Y por cierto... ¿cómo les fue de merri crismases?
Y por merri crismas me refiero a qué les trajo santa. Y por santa me refiero a su pareja (porque ya a nuestra edad, como bien expliqué a mis hijos, la única persona que te regala es tu pareja --en realidad a los hijos les expliqué que a partir de los quince es la edad legal para que los padres dejen de regalarles cosas a los hijos, conseguirse novi@, un trabajo y comenzar a devolver todas las atenciones recibidas a padres, padrin@s y tí@s--).

viernes, 23 de diciembre de 2011

No soy una amargada en estas fiestas

pero esto es precioso.

39 Degrees North Presents: Nicholas Was from 39 Degrees North on Vimeo.


Nicholas Was…
older than sin, and his beard could grow no whiter. He wanted to die.
The dwarfish natives of the Arctic caverns did not speak his language, but conversed in their own, twittering tongue, conducted incomprehensible rituals, when they were not actually working in the factories.
Once every year they forced him, sobbing and protesting, into Endless Night. During the journey he would stand near every child in the world, leave one of the dwarves’ invisible gifts by its bedside. The children slept, frozen into time.
He envied Prometheus and Loki, Sisyphus and Judas. His punishment was harsher.
Ho.
Ho.
Ho.

Gracias, ALT1040, por el enlace.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

La última vez que me enfermé fue en marzo, exactamente la semana de mi cumpleaños. El universo sigue confabulándose en mi contra porque estoy nuevamente enferma, justo en la semana de fiestas. El dolorcito de garganta de la semana pasada se transformó en una horrenda tos, de ésas con las que no duermes. Al momento me han recetado, además de los medicamentos, toda clase de menjurjes abuelísticos: untadas de vicks en los pieses, cebolla con azúcar, cebolla rebanada y dejada al sereno con unas gotas de limón y una cucharada de miel (de ser posible bajo la luna llena), té de orégano, té de rabanitos, té de flor de bugambilia... Y lo pruebo todo. Ya huelo a Arámbula. O bueno, para no verme tan regional, ya huelo a Mercado de Sonora. ¿Por qué nadie me recomienda unos pistos o ya de perdis un té de laurel con sotol? Mi papá recomendó laxantes. Que a ver si así me animo a toser. Ustedes ¿qué me recomiendan?

jueves, 15 de diciembre de 2011

Pues no soy de hule

Y finalmente atrapé el bicho que mantuvo a mi familia en estado de zombie toda la semana.
Me siento bien excepto por la chingadera de la garganta, mezcla de sensación de resequedad y dolor al pasar saliva.
Esto no representaría ningún problema para mi vida cotidiana de no ser porque yo... soy una artista.
Así es, y mi voz es mi instrumento.
Y justo como Adele tiene que cuidar su voz, yo también debo hacerlo.
Fui con el médico del trabajo para que me arreglara, porque yo así no puedo hacer mi trabajo y después de revisarme (juro que no pudo, yo no sé abrir la boca con la boca adentro y el palito ése, el abatelenguas, pues, por eso dudo que haya podido ver qué tengo) sacó algunos medicamentos de su cajón: tabcin (yo ni mocos tengo), ambroxol (ni que fuera derechohabiente del imss) y unas inyecciones para alergia (ni alergias tengo).
Después de eso me recomendó no hablar en todo el día y luego me tuvo media hora en su oficina echando el chal.
Y heme aquí con mi instrumento descompuesto todavía, pensando en qué voy a hacer mañana que tengo que dar una capacitación.
Pero mis preocupaciones las voy a detener a eso de las siete, hora en que me veré con un amigo que acaba de llegar de Extranjia.

En peores trazos he dado cursos.

¿Ya mero salen de vacaciones?

martes, 13 de diciembre de 2011

Gente pudorosa, absténganse

Hacía mucho que no platicaba cosas felices de mis mujeres. Tal vez porque hacía un tiempo que andábamos en el hoyo.
Pero ya no más.
 Anoche nos reunimos a festejar que la madre de "P" hubiera salido bien de su cirugía y que, al menos por ahora, su cuerpo esté libre de cáncer.

Como en toda reunión que se respete, se pisteó, se discutió, se cantó, se bailó... Y claro, se habló de los grandes tres temas que surgen cada vez que varias personas se reúnen:

POLÍTICA
- Yo soy colorada como mi poncho, dijo "L".
Y ya, ahí terminó esa discusión.

RELIGIÓN
- Pues a veces diosito se porta bien y otras se porta mal. Tu mami ya está bien. Diosito se portó bien.
- ¿Cuál dios?
- Diosa, pues.
- Bueno.
Y así terminó la otra discusión.

El tercer tema que hablamos, ése sí, verdaderamente casi rompe las fibras más delicadas de nuestra amistad. Hablamos de... los vagipedos.
¿Qué? ¿Ustedes no saben qué es eso? Gente decente, tápense los ojos.
 Ocurre en la vida de las mujeres sexualmente activas que por acción del tipo de ejercicio, ejem, sesual, cierta cantidad de aire ingresa a su vagina y como todo lo que entra tiene que salir, pues sale. Y se escucha justo como su nombre lo indica: como un pedo. Esto puede llegar a ser bochornoso para algunas almas sensibles. No se preocupen. En esta página se explica cómo pueden evitarse. Para otro tipo de personas no representan ningún problema. Y bueno, que yo no me acuerdo cómo se llegó anoche al tema el caso es que "P", como doctora que es se puso a aleccionarnos sobre el punto.
Para empezar, "P" negó completamente la existencia de los pedos vaginales, o vagipedos. Nos dijo que los pedos únicamente vienen del colon y que si los sentíamos en otra parte, era por acción del viaje de dicho aire a salvasealaparte. Pero que el pedo jamás sería, ni podría ser un aire expulsado por la vagina.
Como "L" y yo defendíamos la existencia del vagipedo y la doctora se vio muy extrema ("¿pedos vaginales? ¡Mejor mátenme! ¡Encájenme algo! ¡No puedo vivir en un mundo donde existan los vagipedos!") tuvimos que recurrir al Charlito, que es el dueño de la cantina, hombre de mundo y experimentado que tuvo a bien responder que sí, que sí existían los vagipedos.
Pero esto no resolvió la discusión.
La doctora se puso entonces a explicarnos de gases, de cerillos y de flamazos y cómo eso nunca sería posible hacerlo con un vagipedo y por qué, porque para empezar ¡no eran pedos!.
Y dado que la doctora comenzaba a debilitar sus argumentos y yo soy conciliadora nata quedamos en que podía tener razón. Que el meollo de la discusión era una diferencia semántica. Que nos diera un nombre para llamarle a los vagipedos.
Y ahí la volvimos a meter en un pedo. Sin embargo, ella es una mujer preparada, inteligente y supo cómo afrontar el reto.
Ahora los vagipedos se han de llamar: VAGIESPASMOS.
La noche terminó felizmente. Había más de cincuenta fotos en mi cámara y ya logré reducirlas a diez, porque las demás estaban tan borrosas como nosotras.
La madrugada no me tuvo tan feliz, por otro lado. Pasé de la etapa de sana alegría a cruda en cuestión de minutos. Pasé la noche entera cruda. Sólo pude dormir una hora cuando Fefé se acercó a mí y recargó su mejilla en mi frente. Así se me quitó el dolor de cabeza sólo que luego me empezó a picar su barba y me tuve que retirar y seguir con mi sufrimiento.

Ya son las 2:30 de mediodía y después de un licuado, muchos vasos de agua, dos cafés, dos aspirinas y un aguachile, parece que me he empezado a recuperar.

Otra cosa que también pienso recuperar, es mi dignidad pisoteada, porque miren lo que me encontré:


Ahí vengo, tengo una cita donde Charlito, para darle un wikipediazo a la doctora.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Palinuro de México

"Hacíamos el amor compulsivamente. Lo hacíamos deliberadamente.
Lo hacíamos espontáneamente. Pero sobre todo, hacíamos el amor diariamente. O en otras palabras, los lunes, los martes y los miércoles, hacíamos el amor invariablemente. Los jueves, los viernes y los sábados, hacíamos el amor igualmente. Por últimos los domingos hacíamos el amor religiosamente.
O bien hacíamos el amor por compatibilidad de caracteres, por favor, por supuesto, por teléfono, de primera intención y en última instancia, por no dejar y por si acaso, como primera medida y como último recurso. Hicimos también el amor por ósmosis y por simbiosis: a eso le llamábamos hacer el amor científicamente. Pero también hicimos el amor yo a ella y ella a mí: es decir, recíprocamente. Y cuando ella se quedaba a la mitad de un orgasmo y yo, con el miembro convertido en un músculo fláccido no podía llenarla, entonces hacíamos el amor lastimosamente.
Lo cual no tiene nada que ver con las veces en que yo me imaginaba que no iba a poder, y no podía, y ella pensaba que no iba a sentir, y no sentía, o bien estábamos tan cansados y tan preocupados que ninguno de los dos alcanzaba el orgasmo. Decíamos, entonces, que habíamos hecho el amor aproximadamente.
O bien Estefanía le daba por recordar las ardilla que el tío Esteban le trajo de Wisconsin y que daban vueltas como locas en sus jaulas olorosas a creolina, y yo por mi parte recordaba la sala de la casa de los abuelos, con sus sillas vienesas y sus macetas de rosasté esperando la eclosión de las cuatro de la tarde, y así era como hacíamos el amor nostálgicamente, viniéndonos mientras nos íbamos tras viejos recuerdos.
Muchas veces hicimos el amor contra natura, a favor de natura, ignorando a natura. O de noche con la luz encendida, mientras los zancudos ejecutaban una danza cenital alrededor del foco. O de día con los ojos cerrados. O con el cuerpo limpio y la conciencia sucia. O viceversa. Contentos, felices, dolientes, amargados. Con remordimientos y sin sentido. Con sueño y con frío. Y cuando estábamos conscientes de lo absurdo de la vida, y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro, entonces hacíamos el amor inútilmente.
Para envidia de nuestros amigos y enemigos, hacíamos el amor ilimitadamente, magistralmente, legendariamente. Para honra de nuestros padres, hacíamos el amor moralmente. Para escándalo de la sociedad, hacíamos el amor ilegalmente.
Para alegría de los psiquiatras, hacíamos el amor sintomáticamente. Y, sobre todo, hacíamos el amor físicamente.
También lo hicimos de pie y cantando, de rodillas y rezando, acostados y soñando. Y sobre todo, y por simple razón de que yo lo quería así y ella también, hacíamos el amor voluntariamente."

Leer a Fernando del Paso siempre me provoca ganas de escribir.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Lo maravilloso de habitar El Punto es que requiere todas mis habilidades de malabarista. No es fácil estar parada sobre un punto, verán, inténtenlo... y eso me mantiene muy entretenida mientras con mis manos hago machincuepas, dándole vueltas a todo lo demás.

Siento.
Otra vez siento.
Ansias, agruras, náuseas, mareos.
La vida en El Punto parece un embarazo perpetuo.

But I don´t wanna miss a thing.

viernes, 2 de diciembre de 2011

El punto

Hay un momento entre que te cortas el cabello y lo traes largo de nuevo, en que dices “¿cómo no me quedó así desde el principio?”. Hay un momento entre que te rasuras el rostro y ya traes barba de nuevo, en que dices “¿por qué no me puede quedar así?”. Hay un momento entre que te tiñes el cabello y ya traes chingos de canas de nuevo en que dices… bueno, ya saben qué.

Esta mañana amanecí dándome cuenta que mi vida está en ese punto.

Cuánta fragilidad.
 

(El reto es aprender a disfrutar las canas, las caras peludas o irritadas y los cabellos de maleza).

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Me contaba mi amiga ayer, esta amiga a quien le asesinaron a su esposo hace dos semanas, todo lo que sucedió desde varios días previos a su muerte (tantas cosas se convierten en señales) hasta este proceso posterior.
Los motivos de este homicidio, como el de tantísimos otros, se desconocen. Hay quien cree que fue una equivocación, que iban tras el vecino de enfrente a quien ya habían denunciado antes porque le conocían nexos con grupos criminales. Otra teoría es que se trata de una venganza contra el papá de mi amiga, quien hace unas semanas atrapó en su bodega a un ladrón y lo retuvo hasta que vino la policía por él. Lo soltaron. El día de la muerte del esposo de mi amiga, volvieron a entrar a la bodega, mataron al perro guardián y dejaron un desmadre. El padre de mi amiga hizo algunas pesquisas entre conocidos que pertenecen a alguna corporación de seguridad o investigación y lo que le dijeron fue: "no le muevas, esa persona a quien detuviste está trabajando para (inserte el nombre del grupo criminal que guste, aquí)".
Mi amiga ha sufrido mucho. No falta el pendejo que le pregunta: "¿Ya estás mejor?" que no es más que una forma de decir, a sólo dos semanas del funeral: "Ya quiero que estés bien porque me causa incomodidad tu dolor." Mi amiga dice que sí, pero me cuenta que no, por supuesto, que en todo caso cada día se siente peor.
Pero se siente en paz, me dice.
Que un par de minutos antes de morir, su esposo entregó su alma a dios, pidió perdón por sus pecados y se arrepintió de ellos.
Que no se ha comunicado con ella nadie de ninguna corporación. Que no espera que lo hagan y que no quiere que lo hagan. Que no quiere sentir coraje.
Que lo bueno es que no estaban los niños afuera de la casa y que a ellos no les pasó nada.
Que dios la estuvo preparando previamente y le dio la oportunidad de despedirse de su esposo.
Que esto es voluntad de dios.

Sus hijos van a pedir un rifle a Santa Clós de navidad, para matar al dragón que mató a su papá.


Y en otro orden de ideas:


lunes, 28 de noviembre de 2011

La Tremenda Corte

Acusa: Nananina Calderón
Acusado: José Candelario Veintitrésmilpatines
El delito: Buennombredeméxicocidio




La nota por acá.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Tijeritas I


Hojeo revistas para encontrarme con imágenes que me gustan. Suelo guardarlas pero de repente me lleno de revistas y ya no tengo tiempo de recortar las fotos que me llamaron la atención.
Me gustaría traer unas tijeritas en mi bolsa para, cuando estoy esperando atención médica, o esperando mi turno en el banco, poder recortar lo que se me plazca. Pero no lo hago porque me preocupa que me vean recortando como si fuera una niña, aunque no me preocupa que me vean fumando o usando mi BB, actividades de adulto, claro está.
Un día lo voy a hacer, me llevaré mis tijeritas conmigo y los demás me envidiarán. Me envidiarán tanto que estoy segura que al poco tiempo me encontraré en los consultorios, en las filas de los bancos y en los restaurantes, con personas que en lugar de usar su celular, estarán jugando con plastilina o pintando con crayolas los márgenes de sus agendas.

jueves, 24 de noviembre de 2011

No mentirás o el karma me persigue

Hoy fue el último día de mi diplomado.
Los tres primeros días de este módulo los utilizamos en preparar el trabajo final -que debía ser hecho desde agosto que empezamos el curso- y finalmente hoy lo presentamos.
Yo no dormí muy bien y casi se me hace tarde por la mañana. Supongo que los nerviecillos que traía me provocaron horribles pesadillas que me tuvieron llorando toda la noche. O los diez segundos que duró mi sueño, ésas cosas son un misterio.
Ya en la universidad hicimos las presentaciones y pese a un pequeño detalle que se nos indicó (que de manera triunfante y gracias a mi talento y carisma convertí en acierto) todo salió muy bien. El coordinador del diplomado me preguntó si podía preparar un speech rápido para la ceremonia de entrega de diplomas (debió notar mi talento cuando le respondí por el detalle del trabajo) y por supuesto que lo hice. Soy muy complaciente y me encanta el micrófono.
La ceremonia fue muy rápida y agradable, y si hubiera tenido esa ridiculez llamada birrete, no sólo la hubiera arrojado, sino que además la hubiera pisoteado después de caer al suelo. Ya me tenía un poco agotada esto del curso.
El grupo completo nos fuimos a comer para festejar. Cuando comes con 35 personas más que requieren factura, pides y pagas y aún así salimos del restaurante hasta las seis de la tarde.
Miento, no éramos 35, éramos como 25 pues faltaron algunas personas que no pudieron acudir por diversas razones: despidos y accidentes. De hecho alguien llamó a este módulo "Destino Final: El Diplomado". De todos modos éramos un chingo y las facturas tardaron mucho. Mis compañeros, como buenos planeadores que son, se anticiparon a esto pidiendo desde el principio vastas cantidades de líquido, no nos fuéramos a deshidratar. Al poco tiempo se comenzaron a resentir los efectos. Me tocó sentarme junto al serio de la clase y de quien descubrí que el alcohol le quitaba la seriedad. Cómo habló el hijodesumadre. Y entre eso y los gritos de los demás comensales que veían el partido Miami-Dallas, me comenzaba a sentir ligeramente engentada. Así soy yo.
Después de escuchar que de ahí querían irse a un antro, comencé a idear un plan para zafarme: empecé a quejarme de dolor de estómago y a poner mi cara de circunstancia.
De regreso al hotel, "M" (quien es una tapatía enorme que me dice que soy bonita cuando digo maldades -ámola-) me dijo que me veía muy mal y me acompañó hasta una farmacia a comprar medicamento.
Y ahí vamos a la farmacia y yo pensando que ni modo, que si zafarme me iba a requerir un gasto, que lo viera como una inversión.
Les dije que descansaría un rato y luego los alcanzaba en el lobby, lo cual por supuesto no hice y el grupo terminó por irse por su cuenta al antro, no sin antes hablarme para ver cómo me sentía y que si necesitaba algo les hablara.
¿Culpita? Nada... ya tenía planeada mi noche.
Me puse a bajar dos programas de televisión y pedí una hamburguesa y un refresco a la habitación.
Ahí fue cuando el karma comenzó a actuar.
Todo iba muy bien. Los programas tenían ya cerca de una hora bajándose (pésimo wifi del hotel), mi comida estaba lista. Todo iba bien para sentarme en la cama y acomodar mi laptop a la altura necesaria. Cuando lo hice, el mouse cayó y algo se movió en la pantalla: el explorador se cerró. Mi hora completa de bajar los programas valió madres y padres.
Pero aun me quedaba la comida.
Puse el programa menos insultante en la televisión y me dispuse a comer. Quise servirme refresco en el vaso con hielos y al vaciarlo, medio bote se derramó: por higiene, el vaso venía cubierto por una capa de plástico, que con mi ceguera no pude ver. Me quedaba todavía medio bote y mi hamburguesa.
Acomodé mi trasero nuevamente, tomé la hamburguesa, la alcé a la altura de mi boca... (debieron ver qué hamburguesa: carne de a deveras, de casi tres centímetros de grosor, hartas y frescas verduras, pan calientito, mostaza, mayonesa y catsup en perfecto balance) y se me desbarató encima de la pijama.
No soy quisquillosa, de todos modos me la comí, pero me hizo falta un poco de refresco y ah, qué difícil es encontrar algo que ver en la tele.
Todo esto fueron mermas menores.
El problema fue que -no sé si les he dicho esto antes, pero yo soy un psicosoma andando- ahorita ya me quiero dormir pero no puedo porque traigo un pinche dolorón de estómago...

Ay, el karma...

domingo, 20 de noviembre de 2011

Hoy festejamos que mi papá finalmente y a sus 66 años se retirara de la vida laboral.
Pasó más de 40 trabajando para la misma empresa. Cuando vivíamos en Beautifulville era el jefe de la oficina, una que a mí me parecía muy bonita y que me hacía sentir importante cuando al salir temprano de la escuela, me llevaba un rato con él. Además de la secretaria, tenía a varios técnicos a su cargo. La secretaria me daba café y galletas mientras esperaba que fuera hora de comer. Si café con galletas no te hacen sentir importante, no sé qué chingados lo haga.
Le ofrecieron, el año que yo cursaba sexto grado, un cambio a la ciudad donde ahora vivimos. Al tomar la oficina, no sólo se convirtió en el jefe... además fue secretario, recepcionista, técnico e intendente. Era el único que atendía el negocio aquí. La empresa comenzó a cambiar: compras, ventas, alianzas, negociaciones internacionales... todo esto llevó a que un día liquidaran a mi papá y le dijeran: Si quieres seguir trabajando con nosotros, cómpranos una licencia. Y mi papá lo hizo. Una parte de su liquidación la donó y la otra la prestó. Resultó el peor cobrador de la historia.
Así estuvo algunos años trabajando, con su oficina en casa. Todos éramos recepcionistas, tomábamos llamadas, contestábamos a los clientes y a mi papá le iba muy bien, a veces, y otras, yo creo que no tanto porque hubo momentos de graves problemas económicos, sobre todo cuando nos mudamos de casa y un tiempo después de hacerlo no pudo continuar pagando la casa debido a esta figura llamada anatocismo, que muchas familias sufrieron en esa época. Al tiempo, la empresa seguía cambiando y un día la licencia que tenía mi papá dejó de funcionar y le dijeron: Si quieres seguir trabajando con nosotros, va a ser a través de una empresa outsourcing. Y así fueron estos últimos años.
Dice mi madre que inicialmente la empresa tenía excelentes planes de retiro para sus colaboradores, pero ahora no sé qué quede de la empresa donde mi papá comenzó a trabajar hace tanto tiempo. Tampoco sé en qué va a quedar la pensión de mi papá y si va a alcanzar a pagar la renta de la casa donde viven (porque a partir de la pérdida de la casa al banco, ya no les fue posible adquirir otra) más las necesidades de dos personas adultas, ambas, por fortuna, fuertes y saludables.
Pensaba en todo esto hoy que comíamos con él, convencida de que él se merecía mucho más... aún no sé cuánto le puedan ofrecer, pero sí sé que se merece mucho más y ojalá que mis hermanos y yo podamos tener suficiente para lo que les haga falta.
Pensaba también que somos cuatro y de alguna manera nos las arreglaremos para ayudarlos.
Luego pensé en Fefé y en mí.
¿Qué pasará las siguientes décadas? ¿Qué tanto habrán cambiado las empresas para entonces? ¿Dónde estaremos trabajando? ¿Cómo les irá a nuestros hijos? ¿Encontrarán trabajo? ¿Crearán trabajo?
No crean... son cuestiones que preocupan.
Yo por lo pronto me voy a dar a la tarea de entrarle al Catvertising, porque a este paso el único que podrá darme de comer con toda seguridad es Lucky.




Y si no resulta bueno como actor, siempre queda la opción de mandarlo a trabajar:




Bueno, tal vez tampoco sea la mejor idea, pero ya la iremos mejorando.

Voy a hacer maletas.
De nuevo al DF a terminar mi diplomado.
Flojera.

martes, 15 de noviembre de 2011

Mi estatura me ha recompensado siempre en forma inversamente proporcional a ella.
De no ser por mi tamaño no me habrían sentado nunca en la primera banca de la primera fila los últimos tres años de mi educación primaria. Y no me habrían sentado con el que fue mi mejor amigo esos tres años: R.
"Llega un señor muy apurado a la tienda y pide un rollo de papel de baño. La señora le dice: ¿De qué color lo quiere? Tenemos azul, rosa, blanco... El señor le responde: Démelo blanco, al cabo que yo me encargo de darle color" me contaba R cuando nos tocaba estar juntos en el recreo vendiendo dulces de la cooperativa. Y cuando no estábamos en la cooperativa, estábamos colgados de un árbol en el parque de la escuela, o metidos en el salón leyendo su almanaque anual, o los del librero de la maestra.
Lo recuerdo como un chico callado que nunca me jaló las trenzas --que no tenía, pero es alegórico esto, chic@s-- y de quien fui muy cercana sobre todo el último año que estuve en esa escuela, que fue el último que viví en Beautifulville.
Lo dejé de ver en 1986, diciembre, en la posada escolar. En los primeros días de enero nos mudamos para acá y la vida me dio un giro.
A lo largo de 25 años lo recordé en varias ocasiones y me preguntaba qué sería de él. Ya con Google a mi alcance, lo busqué un par de veces. Pude enterarme así que estaba divorciándose, o algo. Información pública de los juzgados. Con FB esperaba mejor suerte, pero no la hubo. No todo mundo está en FB, claro.
Desistí.
Pero déjenme les cuento que ayer por la mañana recibí una llamada telefónica de una persona que me preguntaba si me llamaba de tal forma, si había estado en tal escuela, si mis hermanos se llamaban así y asá, que no colgara, que me iba a parecer extraño pero que quien llamaba era un excompañero mío llamado... "¡R!" grité en mi interior mientras él lo decía en voz alta.
Que mi nombre nunca se le había olvidado, que se encontraba por pasar por mi ciudad y que buscó en un directorio y dio con mi número, que ojalá pudiéramos saludarnos, pero oh contrariedad, le dije que yo debía salir de la ciudad ese día, que ya sería en otra ocasión. Él respondió que si no iba a estar yo ahí, no valía la pena detenerse, que seguiría hasta su siguiente punto. Platicamos unos minutos más sobre qué habíamos hecho de nuestras vidas, en qué trabajábamos, intercambiamos números y así y así. Nos despedimos.
Me entró una nostalgita agridulce después de colgar. Comencé a sufrir una memory overload pero durante el día se me fue componiendo. Al mediodía hice maletas y en eso recibí un mensaje telefónico suyo. Necesitaba que le recomendara un hotel al pueblo donde iba... coincidentemente el mismo pueblo al que iba yo.
Y qué más les puedo contar...
Anoche tuve uno de esos viajesotas, de risas, carcajadas y lágrimas.
Él ya no es el mismo pequeño de cabello de casco, con lo que yo planeaba identificarlo. Sus ojos siguen teniendo el mismo color. Creció. No nos hubiéramos reconocido de no saber que en el lobby nos estaríamos buscando. Y es que de hecho dejamos de ser los mismos varias veces.
Sabíamos que no lo éramos y sin embargo, buscábamos referencias: Y te acuerdas cuando nos regañó la maestra por culpa de.... Y te acuerdas cuando dibujábamos una línea en el pupitre... Ahí estábamos los dos y aunque sacamos nuestras fotos de primaria para platicar de los excompañeros, la verdad era que nos estábamos buscando y no, no nos hallamos.
Bueno, sí, sólo un poco.
Me contó un chiste y lo escuché reír. Ahí estaba, o estuvo, por un minuto R.
Estuvimos sentados en el jardín del hotel hasta muy noche. Había tanto que contar, pero R ya no es ni puede ser mi mejor amigo. Y en la distancia, las cosas ya no son y por lo tanto, parece que lo que yo creía, tampoco fue.
"Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver" dice Joaquín.
Pero no aprendo.
De mi viajesote nostálgico queda un vacío donde ya no se acomodan algunos recuerdos.

domingo, 13 de noviembre de 2011

#mareoflores

Con eso de que el domingo descanso de mi BB, ni enterada estaba de la detención de @mareoflores hasta que me puse a leer noticias en mi lap.
La nota aquí del periódico Omnia.
Pero como es más útil Twitter para estos fines noticiosos, ya salieron algunas cosas a relucir.
No detuvieron a Mario por hacer bromas sobre la muerte de Blake Mora.
Un día antes había escrito: "No salía tan temprano del trabajo desde que se cayó la avioneta de Mouriño. Anden con cuidado, funcionarios voladores". Así que las agencias investigadoras en las que tanto invierte el gobierno para que cuiden las redes sociales detuvieron a Mario en su domicilio.
Este boletín apareció en la página de la Procuraduría General de la República:


Qué estupidez.
Y aunque lo detuvieron en calidad de "testigo" y le preguntaron si sabía algo sobre "lanzar misiles", no habían dejado entrar a su abogado y la detención se llevó a cabo sin orden de aprehensión, y a decir del padre de Mario, con violencia.

Un video al momento de su liberación:



En este momento #mareoflores es trend topic en Twitter.
Si quieren conocer más sobre lo que está pasando, voy a estar retuiteando en mi cuenta.
Cáiganle.
Este asunto, además de la gravedad en sí que tiene la detención de una persona en las condiciones en que fue hecha, deja en evidencia que no tienen ni la más reputa idea de qué pasó en el accidente. ¿Pero qué tipo de inteligencia va y busca en twitter "líneas de investigación"?
No, no, no... no los creo tan pendejos ¿o sí? Lo que plantea que hay algo más: ¿otra advertencia para los tuiteros?
(¿También piensan detener a @Morf0?)


Sobre Mario.
Es ilustrador y diseñador. Muy muy bueno.
Aquí están sus páginas:
(Se le admira y se le tiene cariñito porque es el único que me favea mis tuits).



A propósito del Teletón

Harry tenía un año de edad cuando comenzó a recibir terapia psicomotriz.

A esa edad no hacía lo que los bebés usualmente hacen: rodar, gatear, arrastrarse. Me llamaba mucho la atención y me preocupaba que no hiciera el menor intento por sostenerse con sus piernitas, como el resto de los niños hace cuando los tomas de las manos. Se lo comentábamos al médico en sus revisiones mensuales hasta que nos atendió un médico distinto y le preocupó también la falta de movilidad de Harry y nos mandó al Hospital Infantil del estado para que recibiera terapia.


El área de rehabilitación y terapia psicomotriz del hospital en esa época era un espacio pequeño donde tenían que agendar las visitas de todos los pacientes. A nosotros nos tocó dos veces a la semana con 45 minutos cada sesión. El costo era muy accesible pero nos parecía muy limitado lo que estábamos haciendo.

Una compañera de mi trabajo me recomendó que fuera mejor a una escuelita cercana a mi casa, una escuelita que era además, un centro de atención para niños y niñas con dispacacidad (o capacidades diferentes, como debe decirse hoy). Esta compañera trabajaba por las tardes en un centro similar, pero me recomendó el que quedaba más cercano. Ahí estuvimos yendo varios meses. El costo mensual era de 150 pesos con sesiones de lunes a viernes de dos horas cada una. En el Hospital Infantil con dos sesiones de 45 minutos pagaba 140 pesos. Y además, al ser un centro de atención público, si no podías pagar dichas mensualidades –que más bien eran como una cuota- no había ningún problema.


A Harry le tocó estar en un pequeño grupo de cinco niños. Dos terapeutas los atendían y los papás y mamás participábamos en la terapia.

Además de la parte de estimulación física, había una parte de estimulación social: cantábamos con los niños, bailábamos, nos sentábamos con ellos en una mesa, los niños aprendían a comer, a convivir con otros, a compartir.

Los niños con quien Harry compartía su comida eran pequeños con microcefalia. Casos graves todos. Las madres sabían muy bien que lo único que podían ofrecer a sus niños era una mejor calidad de vida pero que jamás podrían caminar por sí mismos, hablar o llevarse una cuchara a la boca. Sin embargo ahí estaban, día tras día.

Una de esas madres viajaba en autobús hasta el centro, cargando además de su pequeña, a dos niños más que no tenía donde dejar.

Había además una madre muy joven. Ella estaba en el primer turno en la maquila. Su esposo en el segundo. Él cuidaba a la nena por las mañanas y a las tres de la tarde la llevaba en camión a entregarla a su mamá en la maquila. Él entraba a su trabajo y ella tomaba un camión para llegar a tiempo a la terapia. Así cada día. Por fortuna quedaba muy cerca, nos decía.

Harry estuvo ahí varios meses. El día del Minimaratón escolar, fue elegido para llevar el banderín de su grupo ya que para esas fechas caminaba un poco, siempre y cuando tuviera algo en las manos. Sus compañeritos lo seguían detrás en brazos de sus madres.

Harry caminó finalmente y la noche que se soltó no logramos que dejara de hacerlo. Caminaba de un lado a otro entre carcajadas, de los brazos de Fefé a los míos, cayéndose y levantándose otra vez, tan distinto al niño que apenas unos meses antes había ingresado al centro.


A William también le tocó su parte de terapia, por sus problemas de lenguaje. Fue un año completo a uno de esos centros, precisamente en el que trabajaba mi compañera, quien fue la encargada de administrarle la terapia que llevó a William a hablar mejor. Todavía se come algunas letras pero no es tan notorio y ya sabe qué tiene que hacer para hablar correctamente.


Ese centro, como el anterior y muchos otros, eventualmente cerraron.

Según lo que me enteré, con el fin de integrar a los niños y niñas de esos centros a escuelas regulares, mandaron a los docentes a estas escuelas donde funcionan como personal de apoyo para los casos de niños con necesidades especiales. Pero en estas escuelas no cuentan con material de terapia ni rehabilitación. Y en realidad los padres de familia con niños en estados más graves, no inscribieron a sus hijos en estas escuelas. Durante unos meses hubo protestas afuera de los centros cuando los padres y madres fueron avisados que cerrarían.


Todo esto me vino a la mente esta mañana mientras veía a una chiquilla en una esquina con su bote del Teletón.

Aquí en la ciudad se abrió un CRIT hace algunos años. Queda en un extremo de la ciudad.

Harry tuvo un compañerito en la primaria que según contaba su mamá, al nacer le había faltado oxígeno y el bebé había desarrollado problemas de aprendizaje, psicomotrices, etc. Estaba en una escuela regular y había avanzado muchísimo, pero ella quería ingresarlo al CRIT, ya que era muy muy cara la terapia que estaba pagando, considerando que también tenía que correr con los gastos de la casa y todo lo demás (el papá del niño los había dejado mucho tiempo atrás). Estuvo intentando un tiempo, moviendo sus influencias, porque había una lista larga de espera. No supe si su contacto con conocido comediante le había facilitado este acceso, pero hasta las últimas noticias que tuve, no lo había conseguido.


Recuerdo todo esto y pienso en esas mamás que llevaban a sus hijos a terapia junto con Harry.

Pienso en ellas y creo que aunque habrían recorrido cielo, mar y tierra por amor a sus hijos, les habría sido muy complicado ir tan lejos, esto es, de haber conseguido un lugar en el CRIT.

Pienso en Harry y en William y en qué habría pasado si cuando ellos lo necesitaron no hubiera habido centros. Fefé y yo habríamos trabajado más duro, seguramente él habría tenido que dejar la universidad y yo habría tenido que dejar la escuela donde estaba trabajando y optar por otro tipo de labor con tal de que tuvieran el apoyo necesario.

Fuimos afortunados, pero hay quienes no lo son. Y me preocupa que tanto énfasis en el Teletón, invisibilice la responsabilidad del Estado en la salud y educación de la población.

¿O que no son la salud y la educación derechos y obligación del estado proveerlos?

Qué bueno que existan organizaciones que contribuyan a la salud de la población pero ¿por qué cortar programas del estado que tenían un buen alcance poblacional y personal capacitado?


Triste.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

Días de asaltos y sobresaltos.
De conocer asaltados y asaltantes.
De meter y quitar manos en el fuego.
De llorar por el golpeado y llorar por el encerrado.
Son días confusos.
No hay un "aquí están los buenos y allá están los malos".
Tampoco hay garantías, ni referencias, ni horarios libres de riesgos, ni lugares a salvo.
Los demonios salen como nuestras sombras.
Junto a nuestras sombras.
Son nuestras sombras.
¿Somos?

* * * * *
Y termina la semana con el asesinato del esposo de una buena amiga.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Diana diana con chín chín

Que dice Blogger que ésta es la entrada número 1000.
Y yo en estas fachas.

Desearía tener algo así bien importantote qué decir, o algo emocionante qué contar, o un regalo qué hacerles, o... o...
Sin embargo lo que ahora tiene ocupada mi mente es una maqueta que tiene que hacer Harry.
Se supone que la maqueta debe simular un sismo y ha buscado la manera de hacer que tiemble y nomás no le funciona.
Yo tengo la solución... posee un par de aparatos que podrían fácilmente resolverle el problema. Desgraciadamente temo que me pregunte para qué los uso, así que quedan completamente descartados. Ciencia 0-Mamá 0 (porque cuando la ciencia pierde, chavos, nadie gana).

Seguiré informando.


miércoles, 2 de noviembre de 2011

El expediente Leyzaola

Por Raúl Ramírez Baena
Presidente de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste; exombudsman de Baja California

Las loas que hablan y escriben de él periodistas de la talla de José Cárdenas y el periódico El Universal (“Leyzaola va a Juárez tras limpiar Tijuana”, Yahoo, 10 de marzo de 2011), en el sentido de que bajo su gestión como jefe policiaco se logró convertir a esa ciudad fronteriza en “modelo de seguridad”, son harto preocupantes porque eso quiere decir que, finalmente, dio resultado la campaña mediática del XIX ayuntamiento de Tijuana y del gobierno de Baja California en medios locales y nacionales: difundieron las andanzas del militar metido a jefe policiaco como si fuera el salvador de la patria.

Podemos asegurar que Leyzaola no es precisamente un jefe policiaco, sino un concepto de Estado basado en la fuerza y la brutalidad para cumplir, a como dé lugar –sin éxito, por cierto–, el objetivo de acabar con las mafias del narcotráfico.

Es increíble que el presidente municipal de Ciudad Juárez, Héctor Munguía Lardizábal, haya menospreciado los principios constitucionales y los tratados internacionales, así como las recomendaciones de la Procuraduría de los Derechos Humanos de Baja California (PDH) y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos contra Leyzaola por el delito de tortura, y las denuncias llevadas ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de los Estados Americanos.

Dice Teto Munguía que, para contratar a Leyzaola, “consultó” a Felipe Calderón y al gobernador César Duarte. Peor todavía: conociendo los antecedentes de Leyzaola, que son del dominio público, no se le ocurrió consultar a la CNDH y a las organizaciones no gubernamentales (ONG), que tienen a punto el expediente Leyzaola (ignoramos por qué la CNDH no ha girado la recomendación correspondiente, si cuenta desde el año pasado con las pruebas de tortura obtenidas mediante la aplicación del Protocolo de Estambul).

Asimismo, han sido ignorados por el alcalde juarense los llamamientos al gobierno de Calderón hechos por Amnistía Internacional, Human Rights Watch, el Observatorio para la Protección de los Derechos Humanos y la Oficina de Washington para América Latina, y las recomendaciones de la PDH, la CNDH y la CIDH para la aplicación de medidas cautelares con el fin de salvaguardar la integridad y la vida de Blanca Mesina y Silvia Vázquez, defensoras investigadoras en Tijuana de los casos de tortura perpetrada por Julián Leyzaola, por militares en el 28 Batallón de Infantería en Tijuana y por el capitán Gustavo Huerta, discípulo de Leyzaola y hoy flamante jefe policiaco en la administración priista de Carlos Bustamante.

Blanca y Silvia tuvieron que salir urgentemente de Tijuana por las graves agresiones y amenazas de muerte recibidas en 2010, cuya principal sospecha recae precisamente en Leyzaola y en sus escoltas. La Secretaría de Seguridad Pública y el gobierno de Baja California tuvieron que cumplir un urgente emplazamiento de la CIDH, vía recomendación, para el establecimiento de las medidas cautelares.

Nada de esto valió, ni las denuncias penales contra Leyzaola, Huerta y el ejército ante el Ministerio Público local y federal, interpuestas en octubre de 2010 por policías municipales y civiles de Tijuana, víctimas de tortura.

Por cierto, en Baja California ya se aplica pomposamente el nuevo Sistema de Justicia Penal, Oral y Alternativo, cuyo pionero fue, precisamente, Chihuahua, con la asistencia, promoción y costo de la United States Agency for International Development (la ONG Proderecho, creada ex profeso en México por el gobierno estadunidense).

Julián Leyzaola, antes en Tijuana ahora en Juárez, reproduce el proyecto de militarización de la seguridad pública impuesto por Felipe Calderón en su “guerra” personal contra el narcotráfico, que ha costado ya más de 36 mil “daños colaterales”.

Durante el paso de Leyzaola por Tijuana, murieron más de 70 policías acribillados por el narco, y muchos más se corrompieron (o plata o plomo) por esa torcida visión de meter a los policías preventivos en tareas de persecución del narco, que es una atribución federal, no municipal, estatal ni militar en tanto no se decrete la suspensión de garantías.

Tijuana no es Ciudad Juárez. En la primera, los narcos han llegado a acuerdos de no agresión, dada la aparente debilidad del cártel de los Arellano (que es la principal razón de la disminución de la violencia después de la captura del Teo y el Muletas, no por Leyzaola, como nos quieren hacer creer). Tijuana es una plaza en la que no han entrado los cárteles de los Carrillo Fuentes, del Golfo y Los Zetas, como en Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas y Nuevo León, donde se vive una violencia desbordada.

Ignorando las recomendaciones de la PDH y la CNDH, el alcalde de Ciudad Juárez dijo que, desde Tijuana, los empresarios le “recomendaron” a Leyzaola. Sería bueno saber qué empresarios tijuanenses le vendieron la idea barata al edil juarense y cuáles se la compraron, y por qué no observó las recomendaciones de referencia.

Algo tenemos que agradecer desde Baja California a un ingenuo y desesperado Héctor Munguía: sacó a Julián Leyzaola de esta entidad, donde acababa de ser nombrado subsecretario del Sistema Estatal de Seguridad Pública por el gobernador Osuna Millán, en la antesala de ser designado secretario (¡gulp!). En su primera reaparición estelar, Leyzaola encabezó un grupo de 300 policías municipales, estatales y ministeriales en un operativo masivo de arrase en Mexicali, que arrojó, como siempre, la detención mayoritaria de adictos, infractores e inocentes que de inmediato fueron liberados, pero cuyas estadísticas cumplieron la función mediática de consumo popular. Y todos contentos.

Mil gracias, don Teto, y mucho éxito con su nuevo jefe policiaco. De lujo…

* * * * *

Oí comentar esta mañana que a Gustavo de la Rosa, visitador de la CEDH, no le permitieron entrar a ver a los detenidos en Cd. Juárez.

Así estamos.


martes, 1 de noviembre de 2011

Monsi

De ese tamañito estaba Monsi el día que llegó a casa.
Creció mucho en apenas un par de meses.
Tanto creció que se sentía gato grande y se salía a perseguir a Lulú a la cochera y hacía intentos por asomarse a la calle entre el enrejado.
Fue cauto un tiempo, hasta que se sintió grande.
Lo encontraron los niños esta mañana junto a la banqueta. Fefé lo recogió y dice que se veía tan lindo y guapo como cuando lo encontrábamos dormido en un cajón, en mi almohada o en algún sillón.
Parece que un auto lo golpeó.
No hubo sangre.
Yo estaba fuera de la ciudad cuando Fefé me avisó y no los pude acompañar a llevarlo al campo.
Cuando llegué a casa, Harry lavaba trastes lanzando suspiritos. Me acerqué a abrazarlo y fue que se desbordó en muchas muchas lágrimas.
Me preocupaba más William, mi adolescente que según sus maestros, se siente el chico malo del salón, ése que todo sabe y que nada le preocupa.
Lo encontré en su cama, en silencio. Me di cuenta que también lloraba sólo por la forma en que su pecho se agitaba. Mi chico malo no dejaba de llorar.
Yo también me sentí muy triste, hasta por Lucky que pasó toda la tarde buscando a Monsi bajo las camas, en los clósets, en la cocina.

Yo sé que es sólo un gato, un gato entre muchos gatos, pero fue nuestro gato. Y era lindo sentir el bulto calientito en nuestros pies por las noches, y por las mañanas reírme mientras metía sus garras bajo la puerta del baño para atraparme, o verlo por las tardes corretear a un gruñonsísimo Lucky y ya por la noche encontrarlos juntos acicalándose el uno al otro antes de una siesta.
Fue un gato muy valiente que trataba de aprovechar cualquier oportunidad de salir al patio para ver a Lulú y tratar de agarrar su cola. Era tan valiente que no temía las caras de mostro de Fefé ni mis regaños cuando se robaba mis calcetines.

Fue muy valiente y estoy segura que el auto que lo atacó, no debió salir tan bien librado de esto.

Ya lo estamos extrañando.

lunes, 31 de octubre de 2011

¿Zombie o vampiro?

¿Les gustó mi banner?
Es de Tom Gauld y lo obtuve sin autorización en un artículo que estuve leyendo en el New York Times.
Aun si no te gustan las categorías, las etiquetas o las dicotomías, el artículo puede resultarte interesante o entretenido.
En resumen, dice lo siguiente:
Los vampiros son carismáticos y beben sangre como si fuera un finísimo vino. Los zombies son torpes y sin conciencia para darse cuenta de que sus ojos se les están cayendo. Los vampiros son solitarios, antisociales. Los zombies son extrovertidos, salen en grupo. Los vampiros son los narcisistas, los artistas, los bartenders malhumorados. Los zombies son los colaboradores, los dirigentes, los fanáticos, los obsesivos.
Y bueno, ya le van agarrando el veinte a la dicotonomía.
El artículo menciona además los casos de vampiros que quieren ser zombies y zombies que quieren ser vampiros. Y finaliza con qué sucede si no te identificas ni con unos ni con otros:
Pésima noticia. Entonces no eres más que un espectador, un votante, un consumidor... o puesto a la manera zombie/vampiro: eres carne muerta.

¿Tú qué eres? ¿Zombie, vampiro, espectador?
Yo... soy un vampiro o un zombie muy confundido.

NOTA: Tómenlo como un juego, un test de personalidad de revista. Pero lean el artículo con detenimiento, está bien hecho.

domingo, 30 de octubre de 2011

Mujer abyecta

Cuando, por cuestiones laborales el marido comenzó a tener mayor protagonismo en el ámbito doméstico, la situación suscitó preguntas entre mis amigas:
- ¿Y no te molesta que use TU cocina?
- ¿No te incomoda que no haga las cosas como tú?
- ¿No te está quitando tu lugar?

Estas preguntas me asombraban, primero; me preocupaban, después y finalmente, me daban mucha risa.

Pues bien. Estas cosas no me incomodaban y menos, me molestaban. ¿Quién en su sano juicio se molesta cuando tiene a alguien con quien compartir responsabilidades en una forma más equitativa?

Sin embargo...

Llegando de México, William me dijo: "Qué bueno que ya llegaste, esta casa se vuelve loca sin ti."

Y no pude evitar que una maligna sonrisa de satisfacción cruzara mi cara.



jueves, 27 de octubre de 2011

Socially challenged

Y pues sí salí... total, sería la última noche antes de regresar al rancho.
No es que sea aburrida, es que dada mi limitada habilidad para interactuar socialmente, si no estoy con personas con las que me siento muy cómoda, me comienzo a engentar, a abrumar y de un momento a otro, a evadirme.
Anoche así pasó.
La dicha falta de habilidad me impidió interactuar adecuadamente cuando mis compañeras cantaban en el taxi canciones de Espinoza Paz (no se dejen engañar, pese a su nombre de trovador, creo que es cantante de banda, o algo así interpreté de las conversaciones), pero esto era lo de menos. Como quiera en el radio podría salir alguna canción que sí conociera.
La onda es que me frikée cuando comenzaron a hablar de "buenos partidos" y temas similares. Las tenía por inteligentes y autosuficientes, qué caray.
Y una vez que llegamos a cenar, pasaron un juego de soccer y ahí sí ya me sentí yo muy malita de mi conexión humana.
Claro que vi el partido, comí tacos, cotorrée, pero ya estaba en proceso de engentamiento.
En eso uno de los compañeros invitó a un lugarcito para bailar salsa, con música cubana en vivo y hacia allá fuimos. Qué mejor que un lugar en el cual poderse evadir de la manera menos evidente: bailando. Pero a las chicas y unos chicos no les gustó el lugar. Les pareció na-quí-si-mo y comenzaron a poner jeta y ya ni evadirme a gusto pude. En eso aproveché la cara somnolienta de una de las compañeras para preguntarle si no quería irse al hotel y dijo que sí, y pues nos fuimos juntas. Los demás se fueron a un lugar donde tenían música de banda. Ya no los vi hoy.

Por eso, no es que sea aburrida, porque la verdad es que rarísima vez me aburro.
Había comprado El Aleph, de Borges, y tenía una cita virtual con el maridín, y pasaban una película que quería ver...
¿Sueno antisocial? Prefieron que me llamen Socially-challenged.
Pero, con la gente indicada... no me crean, no me crean, pero soy un polvorín.
Neta.

Miren qué graffiti tan lindo me encontré en el baño del lugarcito de salsa:

Lo que todavía no sé y nadie me puede explicar es ¿qué diablos cenó Pancho?


miércoles, 26 de octubre de 2011

Diálogo de larga distancia

Fefé: Me ha quitado el sueño el café.
Yo: Me he quitado un sueño café.
F: La cafeína de tus ojos me ha quitado el sueño de no creer que existas. ¿Vienes a verme?
Y: Ya jueves.
F: ¿Ya viernes a verme?
Y: Ya jue- a vier-te
F: No juego si no viernes a verme.
Y: No fuego si no me ves.
F: No fue si no es.
Y: No fue.
F: Tengo un problema de bytes. El protocolo de tu corazón ha salido compatible con mi coprocesador. Siento un overclock en el séptime bite.
Y: Pantalla azul. :(

(Conversar por messenger tiene su gracia)

* * * * *
Ya salí del diplomado.
Nos tocó un módulo de análisis financiero.
Sobreviví. Y no sólo sobreviví: entendí, pasé al pizarrón, respondí preguntas del catedrático, le expliqué a mis compañeros...
Pero mañana se me olvida todo, no se preocupen.
Como me dijo Fefé, tengo el veneno y el antídoto.

Leyendo una revistita de la Universidad, me enteré que BEF (Bernardo Fernández), un escritor e ilustrador a quien admiro mucho, da clases en dicha escuela. Prontamente puse en Twitter que traería mi libro "Cuento de Hadas para Conejos" para que me lo autografiara @monorama. Un ratito después @monorama, o sea, BEF, me informó qué días y en qué horarios da clases para que pueda ir a verlo. Inserte emoticón de sonrisa dientona.

* * * * *
Y en asuntos no tan felices, un compañero del diplomado se sacó dos boletos para la entrega de las Lunas del auditorio. Me los ofreción porque él no podría ir pero... A mí esas cosas me llaman la atención tanto como a mis gatos les atrae un... chale, intenté pensar en algo que a mis gatos no les interesara, pero en realidad TODO les llama la atención. Bueno, la metáfora no funcionó, pero el punto es que esas cosas me valen un pitirrín.
Y sin embargo... ¿qué tal me habría visto yo con mi vestido largo caminando al lado de Alejandra Guzmán?
Pero que no se preocupe. Como no me traje vestido largo en la maleta, no acepté los boletos que me ofreció mi compañero y la Guzmán puede ir sin temor a ser opacada por mí.

* * * * *
Mañana regreso a mi rancho.
Son casi las seis y media y en un rato más los compañeros intentarán sonsacarnos para trasladarnos a algún punto de la ciudad que se encuentre a más de 45 minutos, para pistear y cotorrear justo como podríamos hacerlo en el bar del hotel o en cualquier otro lugar a cinco minutos a la redonda.
Pero ¿quién soy yo para negarme y con ello desgastar el espíritu de compañerismo que en estas arduas jornadas hemos forjado, vedá?

O a lo mejor sí me quedo.
Qué pinche güeva traigo.

martes, 25 de octubre de 2011

M. Poder Ada

Miren qué cosa maravillosa encontré en la página de Palabras de Arena:

Es la Ley General de Acceso de las Mujeres a una vida libre de violencia en forma de cómic.
Dentro de la página pueden incluso descargarlo como e-book.

El año pasado, con apoyo de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, mandamos imprimir un resumen de la ley y es el que se ha estado repartiendo en instituciones, en escuelas, en organismos.

Ésta es una copia que se encuentra en la puerta del baño de invitados del departamento de "L". No se aprecia bien porque la verdad fue una noche que andábamos ligeramente deprimidas y tuvimos a mal agregar algunas anotaciones extras a la ley. Creo que dice algo así como "El desamor también es violencia". Ejem... no andábamos muy bien ese día.

Pero mejor dénse una vuelta al blog de Palabras de Arena o al de M. Poder Ada para que lean con tranquilidad esta ley que mucho tiempo y esfuerzo costó a mucha gente y con la que finalmente algunos estados han comenzado a elaborar los reglamentos.




domingo, 23 de octubre de 2011

Prttttttttt.....

Mi hijo haciendo cosas como éstas:



Y yo con mi banner todo pedorro.
(Pero espero les haya gustado la pimpeadita de mi blog)

NOTA: El logo de William es una marca de agua para sus videos, por eso no aparece muy claro.

* * * * *

Es domingo y mañana me voy nuevamente al DF.
Este fin de semana ha estado maravilloso: saqué ropa de invierno, lavé, acomodé, doblé, arreglé. Y cuando terminé, vi series en internet, bajé música, vi películas con los hijos.
Neta que es bonito un día de quedarse en casa. Ya tenía varios meses con compromisos diversos y me urgía un día de hacer nada --lo cual es un decir, la verdad es que hacer "nada" no se me da--, un día en que hacer nada me permitiera hacer algunas cosas que hacía mucho no hacía, como actualizar mis archiveros reales como virtuales.

Ya es domingo.
Me despertaron, como cada domingo, con un café con leche y una galletita (amo a Fefé).
El menudo me espera en la mesa y tengo una cita en casa de mi carnala para un té (idea de mi sobrina, muy a la inglesa a las cinco de la tarde).

Pues eso.
Que quería compartirles la simple satisfacción de lo cotidiano, que desgraciadamente, con tanta movida toda la semana, se vuelve extraordinario.

¿Cómo está el clima por el DF?

viernes, 21 de octubre de 2011

Ensayo sobre la seguera

Un día que me cargaban gasolina, el operador de la bomba se puso a platicarme sobre los orígenes de mi nombre.

Según me contó, mi nombre significaba “Estrella Segada”.

Lo primero sí lo sabía.

Cuenta la tradición familiar que la cursi de mi hermana quería que me pusieran “Estrellita” y mi mamá consiguió conformarla con “Esther”. ¿Y yo por qué? Debí contestar entonces. O sea, yo qué culpa tenía.

Cargo con un primer nombre que nadie usa, excepto en el trabajo quienes no me conocen bien, porque es el nombre que lleva mi correo electrónico laboral. Y mi segundo nombre, que es el mismo de mi madre, finalmente no significaba “segada”, sino “cegada”.

Estrellita Ciega.

El oculista lo confirmó ayer.

Me aumentó la hipermetroeso y el astigmatismo.

Herencia materna, yo creo, además del nombre.

(Por cierto, a mi madre le ajustaron unos lentes recientemente y pensamos que todos seríamos felices. Pero no. Mi mamá descubrió que tenía arrugas y manchas en las manos. Y cuando nos vio a mi hermana y a mí, exclamó: “¡Pero qué jodidas se ven!”. Y sí.)

 

Ya mañana recojo mis nuevos lentes. Morados esta vez. Fefé propone que me cirugeen pero la verdad yo paso. No me parece una operación necesaria y además es bien bonito tener algo nuevo, colorido y brillante, así sean los pinchis lentes.

 

Seguiré siendo la Estrellita Ciega, porque un día envejeceré (ahí la llevo) y qué raro ser una venerable anciana sin lentes.

Y entonces, ahí sí les daré permiso de que me digan Doña Esther, o Doña Teté, como gusten.

 

 

lunes, 17 de octubre de 2011

Felices cumpleaños

¿Qué puede salir mal un día que inicia a las cinco de la mañana y persiguiendo a un perro por toda la colonia?

Con esta perspectiva, dejé a “L” en el hospital, lista para estrenarse como madre y yo tranquila de que todo iba a salir bien.

El perro en cuestión, por cierto, era Lorenzo, el bebé de “L” que ya de bebé no tiene nada, pero está más consentido que uno. Es un enorme labrador color chocolate que tiene la ingrata costumbre de salirse a la calle,  abusando de la ingenua confianza de los visitantes. Ya en cierta madrugada etílica nos la había jugado igual y “L” y yo anduvimos persiguiento al cabrón no sé por cuántas cuadras. El perro infame se detenía haciéndonos pensar que nos esperaría y apenas nos acercábamos, jalaba en chinga para otro lado. Lo conseguimos atrapar esa vez y luego lo llevamos caminando en dos patas hasta la casa. No sé para quién fue más humillante, si para el perro o para nosotras. Sospecho la respuesta.

Pues esta mañana pasó lo mismo.

Llegué por “L” para llevarla al hospital a las cinco y media de la mañana y apenas abrí la puerta, salió Lorenzo hecho la cucaracha. Salimos detrás de él, pero esta vez no contamos con la misma suerte que la anterior porque no es lo mismo Los Tres Mosqueteros que nueve meses después, y la pobre de “L” apenas podía con ella y con su panza como para seguir al jodido perro. Lo mejor que se nos ocurrió, porque se nos hacía tarde, fue ir a despertar a nuestro amigo “E”, que vive cerca y tiene llaves de la casa de “L”, al grito de “¡Ábrenos que se me salió el chamaco!” y dejarlo a cargo mientras nosotras nos íbamos al hospital.

Eso hicimos y el hombre nos acompañó hasta dar con Lorenzo, el cual, apenas lo vio, corrió a sus brazos y luego a seguirlo dócilmente hasta casa de “L”. Conmigo había hecho lo mismo minutos antes, con la diferencia de que en lugar de correr a mis brazos y seguirme, sólo corrió, me tumbó y siguió corriendo.

Perro ingrato.

Al menos la parturienta se quedó tranquila sabiendo que su bebé se iba a quedar encerrado en casa hasta que ella regresara del hospital.

 

Y pues, así las cosas, me quedé tranquila esperando noticias, mismas que llegaron en forma de actualización de FB con una fotografía de la nueva adición al grupo.

Una muy hermosa bebé, muy deseada y esperada, está entre nosotras.

Yo, por otra parte, además de esta celebración debo festejar que hace doce años me convertí en mamá de Harry, cosa que se oye fácil pero en absoluto lo es. Este asunto ha requerido de grandes destrezas físicas, emocionales e intelectuales de las que espero seguir a la altura. Para mayores referencias, consultar las entradas bajo la etiqueta de “Harry” o “Escuela para padres”, cuya recopilación detalla los intentos parentales por domar… ejem… educar a la criatura.

Me cae el veinte que cuando inicié este blog, Harry aun no salía del kinder, y mírenlo ahora… todo un estudiante de secundaria de doce añotes.

Doce años…

Cuando la nena de “L” tenga doce años, Harry tendrá 24 y espero que a esas alturas, ya manteniendo a su madre (em… bueno, lo último no, considerando que quiere ser músico o maestro de inglés, o maestro de música o sensei de karate o arqueólogo o ufólogo).

Doce años…

Y yo… igualita.

 

 

sábado, 8 de octubre de 2011

Anoche se presentó aquí y no pude ir a verla.
Ya me sentía menos peor esta mañana cuando leí la nota en el periódico sobre el concierto y cómo la Filarmónica había dado inicio con el Danzón #2.
Mátenme, dije.



Luego leí las declaraciones del alcalde, sobre cómo querían traer a Joaquín Sabina para la Feria del Globo, pero que Sabina nomás podía el 26 de octubre y oh, qué pena... el festival inicia el 29.
¡¿A quién chingados la importa una diferencia de tres días?!
Que no mame.
O mejor aun, ¿por qué habla el güey? Mejor no hubiera dicho nada. Nadie sabía que existía la posibilidad de que viniera y por lo tanto seguíamos felices con nuestras vidas.
Grandísimo animal.

Me queda El Cigala, pues. Ora nomás que no llueva ese día.
Y bueno, si llueve qué, vedá?



A esperar ahora a que sea abril, que espero nadie me lo robe, para irme al DF a ver a Leslu y su Lutherapia.



Ya, yastoy contenta.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Sigo comiendo, sigo bailando, sigo bebiendo, sigo sonriendo, sigo cogiendo.
Y me confunde.

Con más de 40,000 muertes violentas que lamentar en el país, es altamente probable que un día alguien con quien hemos tenido alguna relación aparezca en las cifras.
Ya hay cinco personas de mi entorno que engrosan las estadísticas, todas muertas a manos de delincuentes: dos exalumnos, una buena conocida, un familiar y un compañero de trabajo.

De mi exalumno me enteré enmedio de una boda (gracias Twitter). Él perteneció al primer grupo en que di clases. Y lo volví a encontrar este año en el gimnasio donde trabajaba como instructor. Me daba toda la carrilla que según él yo le daba en la escuela.
Rabié, lloré, abandonamos la fiesta.

Al día siguiente me levanté tarde, desayuné con mi familia, comí con mis amigas, cené con una pareja de amigos.
Como si nada fuera verdad.

Sigo despertando, sigo trabajando, sigo durmiendo.

Ciertos días todo me molesta. Me avergüenzan mis preocupaciones. Me apenan mis alegrías.

Otros días me abstengo de sentir cualquier cosa.

Y sigo viviendo, sigo soñando, sigo.

Todo es tan absurdamente irreal.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Hoy es uno de esos lunes.
Y miren que los lunes me gustan. Pero hoy es uno de esos lunes como los de los demás.

Tuve viaje fuera de la ciudad y a medio camino me di cuenta que había dejado mi maleta en la agencia. Me devolví por ella y al reiniciar el viaje y haciendo uso de mi don del tiempo -que consiste en ir bien rápido- me multaron.
Nunca me habían multado por exceso de velocidad antes. Siempre hay un güey que va más rápido que yo y que me entretiene al tránsito o federal de caminos cuando yo paso. Hoy dicho güey me falló. Llegué yo antes.
Finalmente llegué a mi destino. Quería descansar pero antes debía conseguir una computadora que me permitiera extraer unos archivos de un cd y pasarlos a una memoria usb. Probé en dos máquinas del hotel y el disco se mostraba vacío. Fui a buscar un cibercafé (la parte del café es una mentira, ninguno tiene café) para ver si la bronca era el tipo de máquinas del hotel y ni en el ciber pude. Mi última opción era volar a la agencia local, solicitar al encargado de sistemas una sesión, entrar a mi computadora, conectarme a una carpeta compartida, bajar el documento al disco duro, sacar el disco duro de dicha máquina y pasar el documento directamente a mi laptop. Cositas a las que te obligan las políticas de seguridad informática de la empresa. Mi espalda... encordada como guitarra.
A punto de hacer todo esto, decidí probar el cd en otra máquina y ¡voilá! Sí estaba el archivo. Eran las pc´s anteriores las que no funcionaban. En un par de minutos conseguí extraer los archivos. Llegué al hotel para revisar el material en mi memoria y el Office de prueba que tengo me informó amablemente que me quedan sólo tres usos más. Mi curso es de dos días.
Y héme aquí, con la espalda todavía encordada, esperando que Fefé se apiade de mí y consiga instalarme el Office en forma remota.
Bien.
No más estrés.
Tengo cigarros, pediré un café y dejaré que Fefé obre su magia desde casa.
(Y que quede asentado que no es la única clase de magia que Fefé hace vía remota).

jueves, 22 de septiembre de 2011

Up in the air

Esta vez yo no quería regresar.
Tampoco quedarme allá.
Por eso me gustó estar arriba, en vuelo, aunque esa pequeña dicha resultara tan efímera.

Hay cosas muy frágiles, como un avión enmedio de una tormenta, como la tranquilidad en la distancia, como la misma presencia.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Ha sido una semana de ejercicio pleno de mis derechos a la tristeza, a la rabia, a la interacción humana, al contacto amigo, a la maldad y al consumo etílico. En ese orden.
La tristeza fue la línea transversal. Un compañero del trabajo fue asesinado a tiros en un asalto mientras realizaba sus labores diarias.
Este golpe al costado llegó para quedarse un buen. Espero que la rabia me dure más porque es con la que puedo lidiar con menos dificultad.

Monsi está completamente sano de nuevo.
Lucky sufre.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Monsi amaneció triste.
Mientras encuentro un veterinario en domingo, Lucky hace su trabajo.
El hecho de que Monsi sea un dolor en la cola -literal- para Lucky, no significa que no sienta empatía.
¿Sienten empatía los gatos?
Hace unos días Monsi hizo enojar mucho a Lucky, porque Lucky no tenía ganas de jugar y Monsi no entendía las indirectas. Lucky terminó por acostarse en mi cama, lejos de la fiesta que Monsi traía en la sala. Al poco rato Monsi entró a la estancia de Fefé y comenzó a llorar. Fefé lo llevó a la cama, con Lucky y Monsi se estuvo acercando despacito a él, hasta que comenzó a lamerle el pelaje, aguantando incluso la enorme tentación de jugar con su cola. Se aguantó y al parecer ambos quedaron contentos con esta reconcilación.



Yo creo que sí sienten empatía.

Algo más que aprenderles (además de los saltos, las mordidas y dar brincos inesperados desde debajo de las sábanas).

lunes, 5 de septiembre de 2011

Si a una le llega un mensaje que dice: "Me voy porque si me quedo te juro que me muero..." debe una evitar a toda costa estar escuchando esto:



Pero a veces sólo sucede.

Google Doodle

Adivinen a quién le encantó este Doodle...



Pero... ¿qué versión se escucha mejor?
Regalo de Harry by user7433731