viernes, 6 de noviembre de 2015

Estrés

Nunca he sabido si mi vida ha estado medio carente de presiones o si simplemente soy muy buena manejándolas porque es sumamente raro que yo me sienta estresada.
Hoy a mediodía, enmedio de la vorágine que representaba haber perdido a mi asistente (eso sonó gacho; no la perdí, se la llevaron a otro departamento), tener una carga doble de trabajo, estar a tres semanas de terminar la maestría y tener al mismo tiempo la coordinación de un evento muy importante para la empresa, alcancé a tomar el teléfono y teclearle a Fefé: "Estoy muy estresada."
Como me conoce bien, se preocupó y me habló. Tuvo que aguantar mi retahíla quejumbrosa hasta que lo dejé hablar y dijo exactamente lo que yo necesitaba escuchar: "Estrésate".
Tenía razón.
Tomé aire un par de veces para ahogar las ganas que tenía de soltarme llorando y luego dejé que me fluyera la energía por todo el cuerpo. Con eso pude avanzar bastante a mis pendientes laborales e irme a casa a seguir con los escolares. Bueno, bueno, hice una pequeña desviación hacia un bar para llegar por una cerveza y alitas, combustible indispensable para seguir la jornada. Además era justo y necesario detenerse un momento y platicar con el marido. Es el otro tipo de combustible que necesito.

Los días se están yendo muy rápido, dicen todos alrededor.
Debe ser que cada vez tenemos menos horas de sol o tal vez que rumbo a diciembre el camino es de bajada. No sé. Hay quienes están felices de que ya vengan las fiestas, el ahorro, el aguinaldo. Yo no tengo problema con nada de eso, es sólo que no me gusta viajar a tanta velocidad.
Cuando termine la escuela he de tomarme un tiempo para hacer nada y frenarle tantito a este relajo.
El estrés puede ser útil, en dosis medidas, pero también es un aviso. Yo ya entendí el mensaje.

Además el estrés trae consigo a su amiguito "Stress eating" y yo nunca lucho contra ellos, me les uno.


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