jueves, 24 de noviembre de 2011

No mentirás o el karma me persigue

Hoy fue el último día de mi diplomado.
Los tres primeros días de este módulo los utilizamos en preparar el trabajo final -que debía ser hecho desde agosto que empezamos el curso- y finalmente hoy lo presentamos.
Yo no dormí muy bien y casi se me hace tarde por la mañana. Supongo que los nerviecillos que traía me provocaron horribles pesadillas que me tuvieron llorando toda la noche. O los diez segundos que duró mi sueño, ésas cosas son un misterio.
Ya en la universidad hicimos las presentaciones y pese a un pequeño detalle que se nos indicó (que de manera triunfante y gracias a mi talento y carisma convertí en acierto) todo salió muy bien. El coordinador del diplomado me preguntó si podía preparar un speech rápido para la ceremonia de entrega de diplomas (debió notar mi talento cuando le respondí por el detalle del trabajo) y por supuesto que lo hice. Soy muy complaciente y me encanta el micrófono.
La ceremonia fue muy rápida y agradable, y si hubiera tenido esa ridiculez llamada birrete, no sólo la hubiera arrojado, sino que además la hubiera pisoteado después de caer al suelo. Ya me tenía un poco agotada esto del curso.
El grupo completo nos fuimos a comer para festejar. Cuando comes con 35 personas más que requieren factura, pides y pagas y aún así salimos del restaurante hasta las seis de la tarde.
Miento, no éramos 35, éramos como 25 pues faltaron algunas personas que no pudieron acudir por diversas razones: despidos y accidentes. De hecho alguien llamó a este módulo "Destino Final: El Diplomado". De todos modos éramos un chingo y las facturas tardaron mucho. Mis compañeros, como buenos planeadores que son, se anticiparon a esto pidiendo desde el principio vastas cantidades de líquido, no nos fuéramos a deshidratar. Al poco tiempo se comenzaron a resentir los efectos. Me tocó sentarme junto al serio de la clase y de quien descubrí que el alcohol le quitaba la seriedad. Cómo habló el hijodesumadre. Y entre eso y los gritos de los demás comensales que veían el partido Miami-Dallas, me comenzaba a sentir ligeramente engentada. Así soy yo.
Después de escuchar que de ahí querían irse a un antro, comencé a idear un plan para zafarme: empecé a quejarme de dolor de estómago y a poner mi cara de circunstancia.
De regreso al hotel, "M" (quien es una tapatía enorme que me dice que soy bonita cuando digo maldades -ámola-) me dijo que me veía muy mal y me acompañó hasta una farmacia a comprar medicamento.
Y ahí vamos a la farmacia y yo pensando que ni modo, que si zafarme me iba a requerir un gasto, que lo viera como una inversión.
Les dije que descansaría un rato y luego los alcanzaba en el lobby, lo cual por supuesto no hice y el grupo terminó por irse por su cuenta al antro, no sin antes hablarme para ver cómo me sentía y que si necesitaba algo les hablara.
¿Culpita? Nada... ya tenía planeada mi noche.
Me puse a bajar dos programas de televisión y pedí una hamburguesa y un refresco a la habitación.
Ahí fue cuando el karma comenzó a actuar.
Todo iba muy bien. Los programas tenían ya cerca de una hora bajándose (pésimo wifi del hotel), mi comida estaba lista. Todo iba bien para sentarme en la cama y acomodar mi laptop a la altura necesaria. Cuando lo hice, el mouse cayó y algo se movió en la pantalla: el explorador se cerró. Mi hora completa de bajar los programas valió madres y padres.
Pero aun me quedaba la comida.
Puse el programa menos insultante en la televisión y me dispuse a comer. Quise servirme refresco en el vaso con hielos y al vaciarlo, medio bote se derramó: por higiene, el vaso venía cubierto por una capa de plástico, que con mi ceguera no pude ver. Me quedaba todavía medio bote y mi hamburguesa.
Acomodé mi trasero nuevamente, tomé la hamburguesa, la alcé a la altura de mi boca... (debieron ver qué hamburguesa: carne de a deveras, de casi tres centímetros de grosor, hartas y frescas verduras, pan calientito, mostaza, mayonesa y catsup en perfecto balance) y se me desbarató encima de la pijama.
No soy quisquillosa, de todos modos me la comí, pero me hizo falta un poco de refresco y ah, qué difícil es encontrar algo que ver en la tele.
Todo esto fueron mermas menores.
El problema fue que -no sé si les he dicho esto antes, pero yo soy un psicosoma andando- ahorita ya me quiero dormir pero no puedo porque traigo un pinche dolorón de estómago...

Ay, el karma...

3 comentarios:

Crónicas Urbanas dijo...

Hola C.:

Ah... el karma.

Me leí todo sobre la diplomatura, pero el trasero en el sillón, la TV idiota y la hamburguesa (qué bien descripta, che) fue lo mejor.

Me dieron ganas.

Beso.
D.

Pherro dijo...

No cabe duda que sola te diviertes más.
Felicidades por otro reto conquistado (me refiero al diplomado).
Luego nos leemos.

Ministry of Silly Walks dijo...

Hola D.:
No te pierdes de mucho, sobre todo después de que levantas la hamburguesa de tu ropa y se le pegaron lanitas.

Pherro: La neta es que sí. Tengo mis límites a la hora de la diversión. Yo siempre me he caído muy bien.