lunes, 20 de junio de 2005

Yo soy tu padre.

Eso fue lo que pasé escuchando la tarde de ayer.
Y no porque se celebrara el día de los papás. Yo creo que más bien por esa razón, programaron en la tele las películas de Star Wars, y los niños ya me tenían hasta la madre con los diálogos de la película.
Por un par de años pude mantener a mis hijos alejados de toda la parafernalia, incluso los tuve que encapsular, hacer que vivieran en una burbuja para no tener que responder preguntas como "¿Por qué Darth Vadder resopla?".
Pero no se puede proteger a los niños por siempre.
Ayer en casa de mi papá se sentaron a ver la tele. No habría habido problemas si no es porque ahí estaba el niño de mi hermano geek. De inmediato trató de adoctrinar al mío y nada pude hacer para evitarlo. Pasaron la tarde sentados, discutiendo sobre el origen de la maldad de Darth Vadder.
Esta recién descubierta afinidad con su primo, fue acrecentado con un regalo de la tía: un libro de Star Wars.
Alex hizo una reflexión curiosa ayer. Veía la portada de su libro. Tres imágenes: Anakin niño, joven y Darth Vadder. En la televisión se veía la muerte de Darth Vadder (momento sumamente conmovedor para todos los geeks, según me cuenta mi hermano) y Alex veía la portada de su libro muy pensativo. Pasados unos minutos nos dijo: "Pobre Anakin, cómo debe haberle dolido cuando Darth Vadder murió." Pensé que no había entendido bien la historia cuando recalcó "A lo mejor cuando somos niños y estamos tristes, es porque a los adultos que seremos, algo muy terrible les sucedió."
Tengo problemas para entender el tiempo lineal.
Lo de Alex me ha dejado baboseando todo este día.

Pero a eso no iba lo del título de este post.
Iba a lo siguiente.
Yo también me senté a ver las películas (llámenlo aburrimiento, nostalgia, falta de tema de conversación, qué sé yo) y me di cuenta que nunca había visto el final. Mi hermano geek, lloraba. Luke, con su padre entre los brazos le quita la máscara. Intercambio de diálogos conmovedores.
Reflexión: Mal padre. Alejado del hijo toda su vida. Mala persona. Y bastan unos minutos para que el hijo le perdone todo.

En cambio, cualquier cosa que haga la madre, será utilizado por el psicoanalista en años posteriores para justificar las patologías y enfermedades mentales del hijo.

¿Y saben qué? No es justo.

Ya me voy.
Voy a desquitar lo que mis hijos pagarán a su psicoanalista cuando llegue la edad.


NOTA: Estoy esperando unas fotos para poder reseñar el gran acontecimiento académico y social del año: La graduación de Darío (yo pensé que del kinder nomás iba a salir por medio de abogado).
¡Esté pendiente!

No hay comentarios.: