martes, 8 de marzo de 2005

Siempre me han agradado los voceadores de periódico.
En un mundo ideal yo sería bibliotecaria, cartero o voceador de periódicos.
Pensándolo bien, voceador no. No tengo dotes de vendedor. Pero los admiro mucho.
Salgo de mi casa cada mañana a las 6:35 y ellos ya están, no sé desde qué horas, en el frío de la madrugada, con el periódico en la mano, la sonrisa en la boca, la palabra veloz en el aire.
Me agradan los voceadores de periódicos. Me hacen confiar en la gente: "Señito, no traigo cambio, aí me lo paga mañana." Yo intento ser recíproca: "Si no tiene cambio, me lo da mañana." Y sin falta, al día siguiente, el cambio está en mis manos.
De todos los vendedores de periódicos que hay en la ciudad, tengo tres favoritos. En realidad son favoritas.
La primera reparte el periódico en el Complejo Industrial Chihuahua. Es una mujer entrada en años, de cabello corto y alborotado. La imagen de la matriarca, enorme, risa alborotada, camino lento y confiado. Me saluda con un "Cómo le va, mija" o un "Cómo amaneció hoy", no importa que no le compre el periódico.
Cuando la veo, me siento abrazada por el alma de la mujer mamá. Me hace sonreír.
La segunda voceadora la encuentro frente a Plaza del Sol. Es una chica, joven, aunque me sería difícil deducir su edad. Podría tener 18 ó 30. Tiene una energía envidiable. Corre de un carro a otro, saluda a unos, platica con otros. A mí me ganó el día que vio a Darío en el auto y dijo que se parecía a mí (por una vez no dijeron que era un clon de Fefé). Además ella se convirtió en mi proveedora oficial de la Enciclopedia de Carlitos, una promoción de El Diario.
Hoy estaba en el carro y sentí dos toquecitos en el vidrio, era ella. Se ofrecía a conseguirme los números atrasados de la enciclopedia para que no me faltara ninguno. Seguí mi camino muy contenta.
Un par de horas más tarde, avanzando por el Boulevard Díaz Ordaz, encontré a mi voceadora favorita número tres.
Si ustedes la ven caminar hacia ustedes, bajen un poco la ventanilla del auto y la podrán escuchar cantar. ¡Qué voz tiene! El Diario debería hacerle un reconocimiento. Inventa canciones o les cambia la letra para promocionar el periódico. Y su voz de mezzo podría ser la envidia de cualquier cantantilla de ranchero. Es un espectáculo. Y uno sigue su camino sonriendo.

No soy nada. Nunca seré nada. Dice Fernando Pessoa. Pero somos unos "nadas" diminutos y complejos, que cuando logramos ver más allá del parabrisas del auto, nos damos cuenta de la red que formamos y como cada persona en este mundo se relaciona, se influye, influye en otros y en ocasiones, cambia de forma abrupta la vida de un desconocido.
Ningún hombre es una isla, reza un texto de John Donne como prólogo a Por quién doblan las campanas.
Creo que no hay mejor manera de decir lo que quería decir.


Día de la mujer
Estoy convencida. Este día lo crearon los hombres por tener un pretexto para agasajarse a las mujeres.
Hoy tuve miedo.
Mucho miedo.

2 comentarios:

Guendi dijo...

DEfinitivamente que ver gente cada dia es de las cosas que lo mantiene a uno levantandose cada mañana. Triste que a veces se nos olvida, eh? Extraño ver gente :(
A mi me encantaba oir Cantar a la vocera... no hya nadie mas que venda el periodico asi. Se habia de ir a NY a trabajar en uno de esos restaurantes donde los meseros te cantan todo.. como en un musical.

Xana dijo...

Me acuerdo en mi barrio escuchaba al canillita,(el que vende el diario) gritando la noticia del dia y ofreciendo todos los periodiocs a viva voz como si pronunciara un poema.
me parece que conectamos con el tema, gracias a dios aún observamos nuestro alrededor y podemos elegir con que quedarmos
que siga asi.
un abrazo!!