jueves, 28 de abril de 2005

El día me despertó con la renuncia del sr. Macedo de la Concha. Primero hice "weeeee" y luego me dije "ah, chingá, chingá..." como que no me cuadraba... hasta que leí el post de Antropomorfo, el cual, espero que no esté siendo demasiado optimista y me infunda falsas ilusiones. Échense una vueltecita.

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Son las 9:36 p.m. y acabo de llegar de la escuela de Alex (que es mi lugar de trabajo, también) porque hoy tuvieron festejos del día del niño. Se quedarán a dormir en su salón y por la mañana los papás los van a recoger.
Yo fui invitada a ayudar a las maestras a dar de cenar, apoyar en los juegos, y todas esas cosas para los cuales soy una inútil. Pero yo soy muy eficiente y en lugar de llegar a trabajar les conseguí a ocho chicos y chicas de la secundaria para que se vistieran de payasos y sirvieran de algo, los malandros. Y ahí están ahora. Las maestras de primaria quedaron tan contentas que los invitaron a que se quedaran a dormir ahí y ellos tan contentos porque no irán mañana a la escuela.
Lo que sí hice fue ser jurado en el concurso de disfraces. Junto con Ana, que es una cabrona hija de su chingada madre. Así es. Ella es así. De hecho apenas el lunes tuve un enfrentamiento con ella que quedó solucionado, y más nos vale.
Total que los premiados fueron: el Spider Man gordo, que parecía más bien araña capulina (yo no estaba de acuerdo, pero Ana dijo que debíamos premiar el atrevimiento); la meserita de Samborns (que después nos dijeron que venía vestida de revolucionaria); un lápiz Dixon número 2 y una niña a la que disfrazaron de putita.
A Ana le ofrecí una cerveza para que eligiera a Alex, que iba de Buzz Lightyear y la muy barata aceptó. Pero luego escuché a un niño: "Pues claro, es el hijo de la maestra" y como que no me gustó la idea de meter a Alex en una bronca de ésas así que ya le daré yo su premio.
Darío regresó llorando, quería quedarse en el salón con Alex pero él tiene mañana visita al Museo y fiesta en el kinder.
Últimas palabras que escuché de Alex antes de regresar: "Cuando sean las tres de la mañana nos salimos al patio con las linternas..." ; luego vio que lo estaba escuchando y rectificó: "Cuando sean las tres de la mañana sacamos los libros y nos ponemos a leer con las linternas..."
Chico listo.

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