lunes, 13 de septiembre de 2004

San Lunes

Prefiero llorar sin esfuerzo a reir forzadamente.

Y... no sé.
Odio no saber
Me arrepiento tanto del hacer como del no hacer.
No quiero que me pidas.
No quiero que me ruegues.
Aunque no lo creas, no sé.

Déjame pudrirme sola.

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Según las estadísticas, es en domingo cuando se presentan más suicidios.
Yo por eso no estoy en mi casa los domingos.

Ayer fue un domingo largo.
Comenzó con el concierto de Luis Pescetti a medio día.
Todos nos divertimos bastante. Bueno, todos excepto Alex. Este niño tiene un profundo sentido del ridículo. Me pongo en su lugar y pienso que debe haber sido traumático ver a su madre bailar como chango y como cocodrilo. Tendré que ahorrar para cuando lo tenga que mandar con un terapeuta.
Lo que fue Darío y yo nos divertimos de lo lindo. Ambos tenemos graves problemas de coordinación. Somos zurdos (yo sólo por solidaridad), poseemos una mínima habilidad de lateralidad y nuestra psicomotricidad gruesa tiene serias dificultades. ¡Pero nos divertimos mucho! A decir verdad no es que seamos tan malos. Los bailecitos eran difíciles. ¿Cómo que con la mano derecha tócate la oreja izquierda, con la mano izquierda la nariz del centro... y viceversa? Eso es casi como hacer gimnasia. Inclusive puede ser perjudicial para la salud. Peligrosísimo.
Y pese al riesgo, lo hicimos y cómo nos reímos.

Me gustó mucho el espectáculo. El Sr. Pescetti abre un espacio en donde uno puede entrar dejando fuera la infancia idílica y dar lugar a la infancia de a devis, la de las rodillas raspadas, las mallas rotas, los novios de-a-fuerzas, los dulces en el bolsillo, los castigos en casa, los pleitos entre amigos, la pandilla del fútbol, y bueno... cada quien tiene su universo infantil personal.
Y lo genial es que en ese universo permitimos la tarde de ayer que entrara la magia, los cuentos, las historias de terror, los cuentos sucios (já!), las novias ahogadas y los fantasmas, todo lo políticamente incorrecto para los niños, según nosotros los adultos.
Es ése espíritu de rebelión, esa chispa de anarquía lo que permite al Sr. Pescetti sembrar semillitas de fantasía, de juego, de libertad, de elección, de amor... imagínense lo que puede ser de estos chicos si como adultos podemos cuidar esas semillitas y permitir que florezcan.

En el concierto logré ver a varios de mis estudiantes y muchos alumnos del colegio. Esto se debe a que fue Alfaguara, junto con el Instituto de Cultura del Municipio, quienes trajeron a Luis Pescetti a la ciudad.
En la escuela donde trabajo, así como en otras, llevamos material de la editorial Alfaguara para lectura de los estudiantes. De este modo la invitación se extendió a los padres de familia de dichas escuelas quiénes llevaron a sus hijos al concierto. Qué bueno.
Y el ICM también hizo extensiva la invitación a las demás escuelas de la ciudad, públicas y particulares.
A mí me tocó enterarme del concierto por medio de un póster en el kinder de Dayiyo. Días después me enteré por medio de Alfaguara. Y días después tuve un pequeño conflicto vía msn con un amiguito que trabaja en el ICM. ¿Por qué? Bueno, pues porque no estoy de acuerdo en la forma en que se maneja la promoción de eventos culturales por parte del municipio y en general de las entidades gubernamentales.
Las personas que asistieron al evento, en su mayoría conocen el trabajo de Pescetti, porque sus hijos han leído Frin, Natasha o Caperucita Roja tal como se la contaron a Jorge, u otros libros editados por Alfaguara. Ellos fueron porque tenían un referente cultural.
El kinder al que asiste Dayiyo presta servicio a la industria maquiladora. La mayoría de las madres de familia del kinder son operadoras de producción o trabajan en las líneas. Después de una semana de estar pegado el póster en el tablero de avisos, me dio curiosidad y pregunté a varias madres si pensaban ir al concierto. Ninguna se había fijado. Por más colorido que fuera el anuncio, a nuestro cerebro le cuesta trabajo guardar cosas si no tiene un referente anterior. Y eso me dio tristeza. Me hizo pensar un poco en el elitismo en la cultura, cuestión que no debería existir. Es muy fácil decir que el evento fue un éxito porque el teatro estaba lleno. Yo no pude verlo así. Quiénes estuvieron ahí, hablando en términos mercadotécnicos, hace tiempo que son un público cautivo. Tienen una formación diferente, tienen acceso a otros elementos, y qué importante, pueden comprar un libro.
Es muy fácil realizar un evento para el que se sabe hay público.
Soy maestra y me considero promotora cultural, por el giro de mi trabajo. Me alegra mucho escuchar a mis alumnos decir que les gusta leer. Pero mi interés esencial está puesto en los que dice que leer es aburrido, que nunca en su vida han leído un libro.
Puedo no estar en lo correcto, pero considero que ése debería ser también un interés primordial de los institutos de cultura. Se puede invertir mucho en pósters, pero para qué sirve si la gente no los lee...
Macedo, Renecito, mis cuentacuentos favoritos, qué gusto verlos ayer en el taller... les mando un beso y los felicito por el trabajo que hacen en las escuelas, por llevar cuentos a los niños, por llevar música, por sembrar el asombro... Rafita, te felicito por ese increíble e incansable esfuerzo que realizas...
Qué diferente sería si junto a los niños en las escuelas también estuvieran sus padres. Porque los niños son ya sensibles a la música, la literatura, la poesía... pero los padres estamos ya insensibilizados.
Alas y Raíces va a las escuelas llevando jornadas culturales. Los niños salen encantados. ¿Y después qué? ¿A los padres les irá a interesar llevarlos a una biblioteca, a ver una obra teatral? Y ni pensar en comprar un libro, con lo caro que están.
Me parece tristísimo, por que al menos en mi comunidad, la población infantil está mayoritariamente constituida por niños cuyos padres no tienen mucho acceso a la información, mucho menos a la cultura.
¿Qué futuro tenemos así?
La cultura debe salir de los teatros y los museos... se deben desacralizar los espacios culturales... borrar el elitismo...
Sé bien que se está trabajando.
Yo también quiero colaborar.




P.D.1. ¡Tengo un libro autografiado por Luis Pescetti! Qué tipazo, señores.. Y no es feo...

P.D.2. Parece que me voy a México. Todo con tal de no acompañar a 34 adolescentes a Morelia en camión.

P.D.3. Hoy dije: Ojalá me acompañara alguien al DF. Se me cumplió. ¡Va mi némesis!!!

P.D.4. Vuelvo a las pastillas de la felicidad. Todo era demasiado bueno para ser verdad.

P.D.5. También ayer tuvimos la oportunidad de asistir a un taller con Pescetti. El tiempo se pasó volando. Pero ya sé cantar: Al pelotón le gusta mucho el vino, al pelotón le gusta mucho el ron, al pelotón le gustan las mujeres... A LAS MUJERES NO LES GUSTA EL PELOTÓN!!!

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