viernes, 3 de septiembre de 2004

Parece que las infamias tienen un ciclo semanal

Esta mañana me desperté prometiéndome una siesta vespertina. Es la promesa que siempre me hago para poder despertar. Un día de éstos voy a dejar de creer en mí.
Sin embargo, casi de inmediato me sentí bien y despierta. Llegué a mi trabajito con mucho ánimo, hice un par de arreglos en mi oficina (ya está habitable) y me llevé a dos alumnos al Concurso Latinoamericano de Ortografía, etapa de zona.
La escuela sede ahora está dirigida por una excompañera de trabajo a quien me dio muchísimo gusto ver, y yo creo que a ella más que a mí, ya que en cuanto me vio me pidió de favor que le redactara un discurso de bienvenida... a dos minutos de empezar el evento... Bueno, he ido a muchísimos eventos como para saber que es terrible que la persona que está al frente hablando no sepa otro adjetivo que "bonito" y que no conozca en lo absoluto nuestros objetivos como maestros de Español, Literatura o Comunicación. Así que el discurso no quedó tan mal.
Me dio muchísimo gusto ver a los maestros de Español de las otras escuelas de la zona. Me parecen, desde que trabajo con ellos, que son personas bien conscientes de su labor formadora.
Durante un tiempo nos tocó trabajar al mismo tiempo con maestros de otras zonas y fue mas bien difícil. Desgraciadamente me topé con maestros que lo único que esperaban de su profesión era la jubilación, con maestros de Literatura cuyo libro de cabecera era "Juventud en éxtasis", maestros de Español que prohibieron la lectura de obras de Carballido por contener "palabras altisonantes y majaderías". No niego que también hubiera excelentes maestros, pero éstos por desgracia, fue los que yo conocí.
Ahora únicamente nos reunimos los maestros de nuestra zona. Esta zona la conforman diferentes escuelas particulares, diferentes en su currícula, en su alumnado, en su formación pero tienen en común que no suelen contratar maestros normalistas. No porque las escuelas no quieran, más bien a los maestros no les conviene porque ellos desean una carrera magisterial, una plaza, subir de escalafón, sueldos más elevados, moverse con el sindicato, un trabajo seguro para toda la vida, en fin... todo aquéllo que una escuela particular, tristemente, no puede ofrecer.
Así que quiénes estamos aquí, hacemos nuestro trabajo por amor al arte. Somos por lo regular egresados de carreras profesionales a quiénes el desempleo, la oportunidad y otros factores, nos trajeron a las puertas de una escuela. Quienes quisimos, nos quedamos. Hay otros a los que les ha ido mejor. A todos les deseo mucha suerte. Yo, por lo pronto (este "por lo pronto" ha durado cinco años") aquí me quedo.
En el área de Español somos por lo regular egresados de la Facultad de Filosofía y Letras o maestros apasionados por la Literatura. Yo soy ambas cosas, ya que mi carrera no fue Letras ni Filosofía, sino Ciencias de la Información. Este hecho ha enriquecido muchísimo las Academias, la preparación y desarrollo de programas, la integración de metas institucionales... y por otro lado, nos ha enriquecido a nosotros como personas.
He conocido a maestros maravillosos, personas inteligentes y simpatiquísimas, y hoy de nuevo me encontré con mi clica. Esta vez no tuvimos que revisar exámenes del concurso nosotros, así que nos dio tiempo para platicar agusto y darle la bienvenida a uno que otro maestro nuevo. Como Arturo quien es el único maestro hombre del grupo, y hasta vecino mío resultó.
Pobre... enmedio de una charla desastrosa y acalorada sobre algún tema, no recuerdo cuál, se escuchó su voz desde el fondo de su sillón: "¿Alguien vio el partido de los Pumas el domingo?"
Se va a acoplar pronto, estoy segura.

Pues bien. Yo llevé a dos jóvenes al concurso: Inés, niña especial y sobresaliente con promedio de 10 y Andrés (alias El Emperador, sus amigos lo aman desde que los ayudó a ganar un concurso de maratón y así le pusieron de sobrenombre) niño callado, promedio, por quien nadie daba un chicle. La verdad es que es muy inteligente, tiene una vasta cultura, pero (o tal vez por lo mismo) no le interesa mucho lo que le puedan enseñar en la escuela y no se esfuerza.
Me choca ir a concursos. Me choca porque me pongo nerviosísima. Pero, en definitiva, es una experiencia hermosa escuchar nombrar a mis alumnos en los eventos.
Yo sabía que ellos iban bien preparados y sabían lo suficiente. El problema en los concursos es el grado de ansiedad y nerviosismo. Confié en ellos y estuvieron relajados.
Resultados: Inés, primer lugar. Andrés, segundo lugar.
Inés estaba radiante, incluso no le importó haber cometido un error en el examen (ella no se perdona estas cosas). Andrés no dijo mucho, pero su cara de gato lo decía todo. Lo único que pronunció de camino a la escuela fue: "Es la primera vez que me dan un reconocimiento". Tal vez sea lo único que necesita para despegar.
Al llegar a la escuela, en pleno receso, todo fue abrazos y besos para los ganadores. Me llevé a ese grupo a leer a un parque pero todos estaban demasiado emocionados como para concentrarse así que los dejé hablar y que se contaran sus experiencias en el concurso.
Yo salí feliz de mi trabajo. Esos diplomas de primer y segundo lugar lucían radiantes y gigantes.
Todo fue cuestión de encender la radio y conocer el desenlace del episodio en Chechenia.
Dios de mi vida.
Esos primer y segundo lugar perdieron instantáneamente su brillo. Se me opacaron.
Más aún cuando el enano mayor, que estaba sentado conmigo, me preguntó que pasaba. Imposible ocultarle tantos horrores. Menos con los periódicos mostrando fotografías de niños heridos. O muertos.
Y nuevamente, como mamá, vuelvo a hacerme las mismas preguntas: ¿Deben saberlo? ¿Cómo lo explico? ¿Cómo decirlo con calma si yo misma no pude reprimir las lágrimas?
Creo que le di un par de explicaciones mientras llegábamos a casa. Ahí me senté a hablar con él. Su conclusión: "La gente es mala porque sus papás no los quieren". Puede tener algo de razón. No se puede ser madre o madre y ser capaz de asesinar a un niño.
Bueno, se puede. Lo hemos visto.
Y es desesperanzador, y dan ganas de no seguirle, de dejar de buscarle sentido a esta existencia.
Hasta que llegas a un kinder, recoges a un pequeñito que te entrega sus trabajos manuales con todo el orgullo del mundo y de pronto ves en tu imaginación plagada de lugares comunes, una pequeña flor naciendo enmedio de la ceniza de alguna guerra.
En mi guerra personal, sucede. Pero mi guerra es contra mí misma, contra mis fobias y mis angustias, contra mis intoxicadas filosóficas (a veces ni la luna me funciona).
¿Qué pasa con las otras guerras, las de fuego y fusil, de muerte y horfandad? ¿También habrá flores?



Para aligerarnos un poco...
1) ¿Hace cuánto que tienes tu carné de conducir? Hace como tres años.

2) ¿Cuántas veces te examinaste antes de poder tenerlo? Tres veces. Hacía el examen y luego no tenía dinero para pagar la licencia. La última vez, no hubo de otra. O la tramitaba o no podía regularizar mi carrito chueco. ¿Te suspendieron o suspendiste? No, en ninguna de las tres veces.

3)¿Cuál fue el primer coche que tuviste?Un Jetta modelo 80, hace cinco años. (Y no es Atlantic, para quien se atreva a decirlo) ¿Era heredado, de segunda mano, prestado, nuevo...? Fue un regalo de mi viejo. Bueno, en realidad era el autito familiar, que yo usaba porque él se la pasaba a todo dar en los carros de la empresa.

4)¿Dónde es lo más lejos que has llegado conduciendo? Yo sola a 400 kms. de aquí.
¿Qué fuiste a hacer allí? Camping.

5)¿Te gusta conducir, o es el carné una simple y útil herramienta? Me gusta conducir en carretera. No me gusta mucho conducir en la ciudad. Y sí, es una herramienta muy útil.

P.D. ¿Alguien que me platique el informe presidencial?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ah que chiquilla ésta, como si no conocieras a Fox.
¡Lo que es la ingenuidad!

Ministry of Silly Walks dijo...

Ya sé.. es la infamia que se me olvidó comentar.

la flaca dijo...

Beba, mil felicidades por tus ganadores. Debe ser genial tener una mayestra como tú. Sé que te esfuerzas por ser buena en el trabajo y en tu casa igual. Un abrazo para ti, tus enanos y Federico.