jueves, 16 de septiembre de 2004

El Grito

No, el de Münch no lo hemos encontrado.
Del que hablo es del que acabamos de dar hace apenas unas horas.

Yo no pasé la noche en la plaza del palacio de gobierno. Una vez un ex me llevó un día 15 de septiembre de cuyo año no quiero acordarme, y me juré no regresar nunca más en esa fecha.
El grito lo escuché en la fiesta de cumpleaños de Wendy y constó de dos partes muy importantes: "Viva México!" y "Viva Wendy!".
Acabo de llegar de la fiesta, muy mexicana. Adornos multicolores aquí y allá, guisos multisabores, música mexicana y pirotecnia. Al ritmo del Huapango de Moncayo dimos varios gritos y sobre todo, muchas carcajadas. La parte más esperada: el concurso de disfraces. Hubo de todo: una nena de Campana de Dolores, el Pípila, La Corregidora, la Malinche y la que se llevó la noche, Wendy por supuesto, disfrazada de Autorretrato de Frida Kahlo. Una maravilla.
No tomamos alcohol. No fue necesario. (Esto no cambia mi creencia de que Felicidad que no provenga del alcohol, no es real). Estar sobria hizo que me sintiera un poco vieja y me hizo recordar algunas fechas patrias en mi vida. Sobre todo una hace... mmmm... ora verá.... ora verá... hace ocho años? Creo que sí.
Recuerdas Shele? Todavía no cumplías 18 años. Reservamos en La casa de los milagros y tomamos, tomamos, tomamos.. Recuerdas el comentario de los güeyes de atrás? "Qué vergüenza, qué desfiguros, par de borrachas". Y tu respuesta contundente: "Vergüenza ustedes, que estando sobrios andan haciendo desfiguros."
Y los viajes al baño... qué aventura...Félix dijo que nos habíamos convertido en expertas reconocedoras de paredes (y según nosotras, íbamos derechitas y sin tropiezos)... y eso que él no vio cuando llegamos al baño, abrimos la puerta del excusado y encontramos muy ocupada en la taza a lo más nice de la sociedad chihuahuense. Pero el alcohol embrutece... y divierte... y no fuimos capaces de volver a cerrarle la puerta sin antes tronarnos unas sonoras carcajadas en sus narices.
Ahora... me empiezo a quedar dormida antes de las 11 de la noche y ya no tolero más que tres caballitos de sotol... a veces.
Para darme en la torre con el sentimiento de senilidad, en la fiesta de la Wendy reconocí a un chico. No batallé tanto en saber quién era. Nada más y nada menos que un chico al que le dí clases el primer año que entré a trabajar al lugar donde estoy ahora, en el grupo de tercero de secundaria.
Que haya estado ahí no fue lo que me hizo sentirme vieja. Fue el hecho de saber que el niño estaba casado y tenía un bebé. Me sentí una abuela. *suspiro*
Pero basta de cosas.
La semana que entra me voy al D.F.
Consejos, recomendaciones, conciertos, obras de teatro... quiero saberlo todo!!!
Saludos!!


P.D. A la Wendy le encantó la bufanda jamaiquina. Si me animo a aprender este año, le tejo la gorra de pitufa jamaiquina en Minnessotta.

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