viernes, 20 de mayo de 2005

Se publicó en La Jornada, el día de ayer, por El Fisgón.



Me considero incompetente para escribir sobre algo de lo que ya se ha escrito bastante en los últimos días. Al menos no podría decirlo tan bien como lo hicieron La Oruga gritona y algunos autores más (y es una pena no haber guardado sus direcciones). Me ha resultado penosísimo como mexicana todos estos incidentes ocurridos en nuestro país. Desde el asesinato de las niñas en Juárez, las declaraciones del señor presidente hasta los resultados sobre la Encuesta Nacional sobre Discriminación.
Unos cuantos datos: El estudio expone que la persona con la que menos estarían dispuestos a compartir su casa serían, en primer lugar, con un homosexual, ya que 48.4 por ciento opina en ese sentido, 20.1 con un indígena y 15 por ciento con una persona con discapacidad, entre otros.
Organizaciones civiles y activistas por los derechos sexuales consideraron "alarmante" que en México dos de cada tres ciudadanos, es decir, 66 por ciento de la población, rechace la posibilidad compartir su vivienda con personas homosexuales, mientras 71 por ciento de los jóvenes no apoyaría los derechos de este sector de la sociedad, situación que propicia acciones discriminatorias, como el rechazo social, laboral y familiar.

La Jornada, 17 y 18 de mayo.

Nada que no sepamos pero ya con numeritos y todo resulta de lo más tétrico y alarmante. Ya he escrito sobre esto anteriormente y no tenía ningún deseo de volverlo a hacer. Pero hoy se acercó mi alumno-hijo-adoptivo a platicar conmigo y era una plática que yo sabía que iba a realizarse más tarde que temprano.
F, mi niño adoptivo, tiene 12 años. Es inteligente y sensible. Se exige mucho de sí mismo y da mucho de sí a los demás. Pero F tiene dos situaciones en contra: la primera, es un niño rarámuri; segundo, es un chico criado en un ambiente matriarcal y su expresión corporal y verbal tiene rasgos considerados “femeninos”.
En sexto año fue un chico desenvuelto. Entró a primero de secundaria y se adaptó bastante bien. Pero sus compañeros comenzaron a recibir la influencia de los chicos más grandes y ahora lo rechazan. Y él, por su parte, comienza a rechazar a todos. Todo esto se le ha agravado con las hormonas y está teniendo grandes problemas en su casa (donde han querido “cambiarlo”) al punto de que F ha deseado dejar a su familia (familia adoptiva, por cierto).
Me habló de su inseguridad, del rechazo, del rechazo que él empieza a sentir hacia sí mismo, dice que se desconoce. Ya de por sí, la entrada a la adolescencia no es nada fácil. Pero con esto...
No tuve mucho que decir. Me pesaron en el alma sus ojos, sus palabras. Le reafirmé mi cariño, le dije que cada persona era distinta y debía quererse como es. Aceptó hablar con la psicóloga de la escuela, quien es una mujer inteligente y que comparte algunos de mis puntos de vista con respecto a la situación de F. No quise decir más. No quería meter la pata. Espero que la psicóloga pueda ayudarlo más.
Todo eso me dejó pensando en la homofobia. Ya había leído algo al respecto de la relación que guarda el rechazo a los homosexuales y a la mujer.
Y se reafirmó esa visión por otro caso de una chica que tenemos en la escuela, a quien cariñosamente algunos apodan “El chico Maravilla”. Así se llama. Es activa, deportista, desenvuelta y, similar a F con respecto a sus rasgos, ella los posee “masculinos”. Querida y aceptada, la srita. Maravilla nos encanta con su falta de aceptación de los roles sociales. ¿Por qué F no? Porque en nuestra sociedad ser mujer ya implica una dificultad. Y como se ha visto en esta semana, no sólo las mujeres son asesinadas día con día ante la vista casi complaciente de las autoridades. Ahora también las niñas.
Me preocupa sobre todo F. Y me preocupan sus compañeros. Es en esta edad en la que quedan fácilmente grabados los prejuicios.
Cito de nuevo a Josefina Vázquez Mota: la discriminación "reduce, aísla y fractura la identidad de nuestra sociedad" y, en suma, la "empobrece" y frena la consolidación de la cultura democrática. "Tenemos ante nosotros la fotografía de una sociedad que se mueve entre los rezagos del autoritarismo y la intolerancia"
Soy maestra y considero que tengo bastantes responsabilidades. Entre ellas el formar personas integrales.
Hablando con Fefé se nos ocurrieron algunos proyectos que espero me den luz verde en la escuela para llevarlos a cabo. Voy a proponer al coordinador de Humanidades de la escuela que la próxima semana del Hombre y la Cultura lleve como temática de fondo la lucha contra la discriminación y la intolerancia.
De platiquitas sobre drogadicción y sexualidad estamos hasta el gorro. Es el momento de plantear algunas otras problemáticas. Más aun por tratarse de una escuela donde existen jóvenes de diversos extractos económicos, sociales y culturales.
Hagan changuitos que me acepten el proyecto.

Y hablando de sexualidad…
Darío ha recibido en el kinder, durante esta semana, pláticas sobre cómo nacen los bebés.
Hoy les proyectaron una caricatura al respecto. Sus comentarios al salir del kinder fueron: “Hoy vimos una película para niños sobre cómo se forman los bebés. Salió un pelito (un espermatozoide) que se junto con una semillita (el óvulo) y de ahí se formó un nene. Pero sabes qué mamá… como era una caricatura, no creo que nada de eso sea cierto… yo creo que era una leyenda.”
Que lo siga creyendo que a mí me va a ahorrar algunas pláticas por el momento.

Bonito fin de semana.

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