martes, 17 de mayo de 2005

Pero la vida continúa.

La familia vecina tiene unos cuantos meses viviendo por aquí. Hay dos niños en la familia: una niña y un bebé. A la chiquilla no la habíamos visto jugando nunca fuera de su casa. No hay muchas niñas en esta calle. Hay bastantes niños pero sólo un par de nenitas. Una de esas nenitas se llama Itzel. Tiene cuatro años. Y ya enseñó a los niños de la calle a besar. Alex incluido, quien ha llevado una infancia normal, alejado de esas cosas llamadas “novias”. Hasta hoy.
A la chiquilla vecina la dejaron salir hoy en su bicicleta lila. Lleva una blusa naranja y el cabello recogido. Se entretiene con una paletita en la boca mientras mira hacia el frente, indiferente de las miradas inquisitivas de Alex, Darío, Iván y Alejandrito. Darío es el primero en animarse y comienza a correr tras ella. Alejandrito e Iván piensan que perseguir a las niñas es de lo más divertido. Alex se queda un rato sentado antes de decidirse a correr. ¿Qué pensarían los chicos si no lo hiciera?
Corre tras la bicicleta lila. La niña finge no percatarse de las molestas criaturas. Sigue viendo al frente con mirada altiva e indiferente.
Alex decide arriesgar un poco más: “¡Voy por mi bicicleta!”
Entra hecho la cucaracha y saca su bicicleta.
La dulce y abnegada madre corre tras él, casco en mano.
Nunca antes, dicha madre, había recibido una mirada de reproche y rechazo tan dura como este día. La cabizbaja madre se resigna entonces a observar la escena desde la ventana.
Los niños desaparecen de la calle y se escuchan hablando en el jardín de la casa vecina. Minutos después Alex mete su bicicleta. Está callado. Iván le dice: “Mañana que llegue del kinder, la atrapamos” “¡Y la besas!” completa Darío, que en la ciencia del amor, él es el experimentado.. Alex sigue sin decir palabra hasta que le da hambre y me grita para que le ayude a servirse Corn Pops.

No estaba lista para pañales, biberones, guardería, varicelas, insomnio, alergias, terapias de lenguaje, terapias motrices, asma, dinosaurios, tonka y Bob Esponja… pero aprendí.

¿Cuánto me llevará estar lista para las penas de amor?

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