martes, 24 de agosto de 2004

Soy una mala madre

Soy una mala madre.
Así es.
No quiero ser malinterpretada.
No soy Joan Crawford.
En general tengo aquellas cualidades que tienen las madres que gozan de buena reputación como tales: me gusta contar cuentos (Roald Dahl es nuestro favorito), me agrada correr en el parque y ensuciarme de lodo, conozco algunas especies jurásicas, colecciono estampitas, me gusta cantarles a las larvitas (Yellow Submarine nos sale bien chido, aunque el enano menor insista en cantar en español... tiene dotes de antagonista).... en fin.. no soy tan mala.
Pero... este pero puede costarme mi título... pero no tengo las habilidades manuales requeridas para llenar las especificaciones del puesto.
Joder! Me la he pasado forrando libros y cuadernos esta semana. Me la he pasado quitándome trocitos de tape del cabello y peleándome con las pastas de los libros.
Yo no puedo con esto.
Se requiere de cierta habilidad y por supuesto de una personalidad específica.
Además, yo nunca vi a mi madre forrar mis cuadernos. Eso lo hacía mi papá.
A la semana de estrenar nuevo año escolar, llegaba yo cargada de esos hermosos libros de texto que usábamos en primaria (hermosísimos, gracias a ellos conocí a Federico García Lorca y a José Martí, y a Nicolás Guillén). Mi papá llegaba de trabajar y se sentaba en la mesa del comedor con todo su instrumental. Yo detenía entonces mi carrera loca en la calle para ir a sentarme durante una hora para ver trabajar las manos de mi papá. Sus manos siguen siendo igual de bellas que antes. Tiene unos dedos finos y largos, rematados por lo que a mí me parecía algo excepcional... las uñas largas... Jejeje! Mi papá usaba uñas de señorita y debo decir que las tenía muy bien cuidadas. Decía que eran su principal herramienta de trabajo cuando se metía con sus máquinas y había que desarmar y desatornillar. Los pequeños tornillos cedían al momento con las uñas-desarmador de mi papazo. Esas uñas me parecían lo más extravagante y maravilloso del universo y verlo forrar mis libros, era un espectáculo. Como todas aquellas personas que no son buenas con las manualidades, me gusta ver trabajar a las personas con sus manos. (Gran admiradora de Bob Ross... se acuerdan del greñudito afro que pintaba arbolitos felices?)
Qué hacía mi padre?
Primero le quitaba los forros a los libros. Luego tomaba un trozo de mezclilla que compraba para la ocasión y lo cortaba de la medida del lomo. Enseguida ponía pegamento al lomo y a la mezclilla y los unía. Finalmente pegaba nuevamente el forro a la mezclilla y envolvía el libro en plástico. Mis libros jamás se deshojaron.
Tengo grabados esos momentos con mi papá, una persona callada, reservada que rara vez manifestaba cariño en las formas tradicionales. Pero para mí, el estar callada a su lado, dejándome verlo trabajar, era el abrazo más largo y cálido de todos los que hubieran podido darme.

Voy a dejar estos pinches forros por la paz.
He pensado en algo mejor.
Voy a dejar que el papá de esta casa los forre. No podría negarme la posibilidad de observar el brillo en los ojos de un par de niños que ven a su padre con la fascinación con que yo miraba al mío.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Soy La wendy, pero esta madre sale mas facil cuando es Ano Nimo. Solo queria decirte que me encanta como escribsite este pedazo de literatura!! Me fascino todo completo. Me encanta tu estilo, amiga y si escribieras un libro, yo lo compraba! ( a menos que fuera pornografico.. me daria un poco de miedo...) jajajajaja
U beso amiga, nos vemso pronto!!!!!!!!!!!1

Ministry of Silly Walks dijo...

Hace mucho que no te veo conectada, que? ya te metiste al club de literatura de Carlos Cuauhtemoc Sanchez? Ya fundaste el club de macramé?

Gracias por tus comentarios!!