martes, 24 de agosto de 2004

Medalla para Ana

Hoy a las 13 horas, comenzó la movilización en mi trabajo.
Sacamos un par de televisiones al patio, acomodamos unas sillas, los maestros se prepararon abriendo los muebles de las tvs de cada salón, yo me preparé un sandwichito y me senté a esperar la competencia mientras veía a los clavadistas.
Tengo una opinión similar a la de mi madre con respecto a los deportistas olímpicos: Deberían darles medallas nomás por lo guapos que son. Qué deleite para la vista.
Es la primera vez en mi vida que me intereso por las Olimpiadas. También es la primera vez que recuerde que no tengo algún sistema de televisión por cable. Eso explica mucho.
Y lo he disfrutado mucho. Me gusta ver a los atletas portando sus medallas, o abrazándose enmedio de calurosas felicitaciones. Me gusta ver cuando se supera algún récord. O cuando la gente se entrega a algún atleta.
Yo no entiendo de deportes, no soy deportista, a mí todos los atletas me parecen maravillosos increíbles. Más que la fuerza física o la habilidad me sorprende la fortaleza de voluntad. Practicar año tras año para estar en un evento que no durará más de dos minutos. Lo más increíble es que para esos atletas, esos dos minutos valen cada hora de cada mes de cada año de sus vidas.
A veces me pesa ver a esas jovencitas, casi niñas, llorando de frustración después de un salto mal dado. Tal vez físicamente preparadas pero emocionalmente inmaduras para sobrellevar la frustración y la angustia. Qué tristeza no volver a verlas 4 años después, haber sido deshechadas por un sistema que lo único que busca es cosechar medallas.
Me dio gusto ver correr a Ana. Durante un minuto los ánimos de una docena de profesores y 200 alumnos estuvieron ligados a algo que sucedía del otro lado de la pantalla. Fue emocionante. Por supuesto que me hubiera gustado verla ganar una medalla de oro, no para México, para ella solita que tanto se ha esforzado. No se pudo. Felicidades. Lo que me cayó en los destos fue la tranquilidad con la que se escuchó a más de uno decir por ahí que estaba inconforme con el resultado. A lo que otro respondió: No te gustó? Corre tú. Ándele cabrón.
En medio del caos, recibí visitas. Desde que inició el ciclo escolar he recibido todos los días visitas de mis exalumnos que acaban de iniciar la preparatoria. Hoy, la pequeña Bellota. Me contó que una de sus mejores amigas, a quien llamaremos "El terror más chaparro de la clase" es novia del que fuera galán de tercero de secundaria y exnovio de Bellota. La pobre está destrozada, dice que es terrible verlos en los recesos, que pensó que ya no estaba enamorada del galán, que el terror siempre negó que el galán le gustara (aunque fuera más que evidente para los profesores) y que lloró y lloró cuando supo que eran novios.
Quise llorar, por un lado y por otro reir. Ya me contará el terror su lado de la historia cuando vayamos a la cd. de México a reclamar nuestro premio de un concurso de escritura de ensayos.

Amor, amor... como dice Angeles Mastretta: las mujeres inteligentes se enamoran como tontas.
Ánimo querida Bellota!


p.d. el tipo imbécil que me chocó en abril y echó a perder mis vacaciones de semana santa, me acaba de demandar. Mañana declaro. Necesito mucha buena vibra, harta. El tipo es judicial y tiene de su lado a mucha gente. Necesito al Chapulín Colorado.

2 comentarios:

arboltsef dijo...

Buena vibra desde acá... ;)
suerte!!!

Ministry of Silly Walks dijo...

Gracias, se agradece mucho la atención!!