sábado, 30 de octubre de 2004

A veces el cinismo se nos va metiendo como una basurita en el ojo que sin notarlo se va adueñando de nuestra vista. Entonces uno ya no puede estar en su sillón favorito leyendo ese libro recién comprado o mirar tranquilamente la televisión sin sentir esa presencia extraña que nos nubla la vista, pero al mismo tiempo se va volviendo una nube cómoda para no ver como es debido.
Hace falta llorar, mucho. Tallarse el ojo aunque duela.
He tenido una semana de asombros.
Sorprende recuperar la visión.

Rebeca se fue y no creí que me fuera a doler tanto.
Tomó un avión rumbo a México y después otro hasta Berlín ¿o primero llegaría a Londres?
En el mismo avión se subieron Wendy y su esposo. Ellos, hacia Jalisco. Ni Rebeca ni Wendy, quienes nunca se conocieron pero que seguramente se sonrieron en algún momento del viaje, saben el desorden que dejaron aquí.

Rebeca debe estar dormida en su casa.
Wendy, disfrutando su luna de miel.

Yo lloré.
El viernes y el sábado.
Estos días, todavía un poco.
Se me ha aclarado la vista.

Se puede creer un poco en un montón de cosas más.

2 comentarios:

la flaca dijo...

Beba,
Ojalá ya duela menos. Ojalá ya no llores.
Ya sabes que todos queremos que estés mejor.
Un abrazototote y una nalgada ¡¡a madres!!

Ministry of Silly Walks dijo...

Gracias, flaca, se agradece la buena vibra.