sábado, 2 de octubre de 2004

Excesos

Hay días en que la mesura es un pecado.
Ayer fue uno de esos días.
Me fui temprano con unos amigos a tomar un café delicioso que trajeron de Chiapas y luego nos fuimos juntos al concierto.
Por razones que no me importan, empezó bastante tarde pero la buena compañía hizo que la espera fuera más corta. Hacía mucho que no reía tanto.
¿El concierto? Una chingonada. Qué voz, qué mujer... Si yo fuera ella y tuviera un fan como yo, me asustaría mucho.
El concierto del año pasado me gustó bastante. Héctor Infanzón en el piano es increíble pero definitivamente no hay como el bandoneón para acompañar a un tango. ¡Y qué tangos! Cantó "Los pájaros perdidos", "Los mareados", "Nostalgia". Cantó algunos temas del disco nuevo, "Tatuajes" y algunas ya emblemáticas como "La bruja". Cerró con "El fandango aquí" en forma preciosa y regresó con el pilón que a todos gusta. Pero el pilonazo entró con todo y mariachi. Nunca la había visto cantar con mariachi y resultó una preciosidad. Y por supuesto, los freaks como yo no dejamos de cantar en toda la noche, hasta quedar roncos y felices. Me pasé el concierto haciendo llamadas desde el celular a mis amigos que por una u otra razón no habían podido asistir para que escucharan las canciones que más les gustan (excesos, excesos).
Fue noche de excesos amorosos. Encontré a varios amigos después del concierto, y debe haber sido el gratísimo sabor que nos dejó a todos lo que nos empujó a abrazarnos, besarnos y querernos mucho.
Luego fuimos a cenar y en lugar de mi media luna habitual me comí una luna llena (excesos, excesos). Como traíamos ganas de echar la platicada rica pues nuestros amigos están recién llegados de un largo viaje por la república y había cosillas por contar, pedimos una botella de sotol para ambientarnos. Conozco mis límites. Si no quiero estar guacareando en el baño o haciendo un show en el café, sólo puedo tomarme dos o tres caballitos de sotol. Pero ayer fue un día especial y me aventé siete. Riquísimos, acompañados de media cajetilla de mis cigarritos Populares, fumados bajo la acusadora mirada de mi viejo, que quitó en cuanto le pasé uno y comprendió por qué me hacen tan feliz.
En el café me encontré con un amigo a quien hacía tiempo no veía, y no por falta de ganas sino por su apretada agenda. Qué gustazo tremendo. Qué reír y reír.
Estuvimos en el Calicanto hasta que nos corrieron (excesos, excesos) Eso era común cuando yo era joven y buena moza pero ahora con la edad y el trabajo, ya no aguanto como antes. Sin embargo, anoche, o más bien esta madrugada, después del café le seguimos por la ciudad, fuimos a visitar al angelito luminoso, a burlarnos de las estatuas (Ramiro consiguió montar el caballo de Victorio), a seguir hablando, a morrear un rato con nuestros respectivos para finalmente aterrizar en la casa.
Ahí precisamente me hubiera gustado continuar con los excesos, de otra índole, desgraciadamente fue demasiado para un solo día y no me fue posible levantar las patas ni para quitarme la ropa.
Esta mañana amanecimos bastante bien. Yo un tanto sorprendida de no tener estragos de cruda. Yo pensaba que el sotol no me provocaba cruda porque nunca tomaba tanto. Pero no es así, al parecer simplemente no la provoca. Bueno, eso es una teoría. La otra teoría que tengo es que sigo ebria por eso no he sufrido los dolorones de cabeza propios de situaciones como ésta.
Bueno, creo que no me hubiera importado la cruda. La verdad es que después de la noche de ayer se miran las cosas de otra forma. Repitiendo lo que dice la canción "La vida no es otra cosa sino el bien del animal".
Toda la semana me cuido, trato de comer a mis horas alimentos sanos, dormir como es debido (aunque a veces no se puede)así que me merecía los excesos de una noche.
Hoy prometo ser más mesurada pa´poder rendir en la nochecita. :)
¿Saben qué es lo más shido de los excesos?
Que uno queda saturado de un gozo y una euforia que desea compartir y en este momento de cansancio y relax les envío un abrazote a ustedes también. Tómense un tiempo de vez en vez, esta vida loca nos puede acabar de un momento a otro y nos merecemos un ratito para comer, beber, festejar, disfrutar, cantar, reir y amar.

p.d. Y además de todo nuestro angelito guardián nos visitó dos veces este día. Ya les platicaré después los milagritos. En este momento apenas estoy superando los sustos.

3 comentarios:

Mile dijo...

Te voy a contar por que la envidia tan grande que te tengo: hace 3 años yo vivia en chihuahua y solia ser regular de Calicanto (mi lugar favorito), del Festival de octubre y tambien de los mismos excesos... leerte me transporta a la epoca mas maravillosa de mi vida pasada... disfrutalo por mi!

Ministry of Silly Walks dijo...

Entonces alguna vez nos habremos topado. Desde que abrieron el café soy cliente, a veces por el café, otras por las quesadillas, después por un mesero del que me enamoré, después por el sotol, luego por la música y últimamente por los recuerdos.
Un día nos veremos por ahí.

la flaca dijo...

God Damn it!!! Creo que por primera vez estoy extrañando algo de Chihuahua que no es mi abuelita (a ella la sigo extrañando). Es... no sé, nostálgico leer que ves a la Sheles, a la Shela, a la Rana, a la Wendy, en fin, hasta al gordo -que cómo joroba el alma- lo extraño. Y ni qué decir de la envidia que me hace enverdecer de que hayas visto a Eugenia con tanta variedad de repertorio.