martes, 24 de abril de 2012

Llego a la habitación del hotel, me pongo mi pijama, preparo un café y me dispongo a hacer la tarea.
Sola.
Si alguna vez quise vivir sola, quedó atrás hace mucho tiempo.
Aun pienso que tod@s deberíamos hacerlo antes de vivir con alguien, pero cuando me toca estar así, en una habitación tan grande que hace casi palpable cada centímetro cúbico de ausencias, creo que ya no es el momento para mí.
Quiero ruido, quiero caos.
Quiero gritar que le bajen a la tele, que tocan a la puerta, que alimenten al gato...
Quiero quejarme de que no se puede hacer nada en casa, que ya nos queda chica, que no hay privacidad.
Luego duermo en un cuarto como éste, con la cama de al lado vacía, y extraño los murmullos vecinos. Extraño la luz que se asoma bajo la puerta a pesar de mis demandas. Extraño el tener que taparnos las bocas o apretar labios contra labios para que no nos vayan a escuchar.

Hay mucho silencio.

Tengo tarea.

3 comentarios:

Alejandra M. Fimbres dijo...

Es increíble que después de todo uno extrañe eso, ¿no?

Ser Filosofista dijo...

Me encantó la última línea.

sandygallia dijo...

Cuando el macho alfa sale, pienso y hago planes: comer pescado (es alérgico), ¡la cama sola! ver películas cursis todo el día, y así... a la hora de la verdad, no suena tan divertido U_U