martes, 8 de abril de 2014

Nostalgia es nombre de tango

Mañana será el último día en que Cinépolis proyecte "Cinema Paradiso".
Nosotros ya fuimos el sábado.
La lloradera.
Culpa de Morricone.
Y de todas las cochinas nostalgias.
Me acordé mucho de Paty, porque de estar viva, habríamos estado juntas viendo la película. También me acordé de la universidad, a las infames siete de la madrugada, para tomar Apreciación Cinematográfica o cualquiera de las clases que ella diera (y de "Броненосец Потёмкин" -"El acorazado Potemkin" para ustedes, wink,wink- y de un final que no recuerdo porque me dormí).

Enigüey...
Todavía tienen tiempo para ir hoy o mañana a verla.

Tuve otro episodio nostálgico esta semana vía la amiga de la amiga de mi hermana en FB, quien subió una foto donde, además de las cejas pizpiretas de mi hermana, salgo yo en todo el esplendor y la gloria de mis cinco-seis años.


Viendo la foto sólo pude agradecer enormemente que mis padres no me obligaran a alinearme a ningún estereotipo de género y haber tenido una libre, maravillosa y infinitamente llena de posibilidades infancia.
Eso hasta que cumplí ocho años y yo quería seguir jugando a los apaches con mi vecino Memín, y una señora me regañó por andar medio bichi en la calle, o sea, en puros pantalones. Tonta mujer. ¿Dónde se ha visto un apache con playera? Pero mi lógica fue menos contundente que sus prejuicios o sus miedos, no sé. Comencé a sentirme mal por ser niña y cada día, y hasta los doce años, me miraba al espejo para cerciorarme de que seguía siendo un ser sin sexo definido. Lloré cuando las hormonas hicieron su trabajo y yo ya no podía esconderme más.
Por otro lado, esos cuatro años fueron  muy interesantes en cuestionamientos y aprendizajes. Supongo que fue cuando comencé a adquirir una conciencia sobre lo que significa ser mujer y ya me enfrentaba a guamazos y todo con quien se atrevía a ejercer cualquier acto que yo sabía injusto contra mí, porque yo era niña.
Fue cuando escuché por primera vez la palabra "marimacha", pero no me molestaba. De alguna manera la palabra respaldaba mi necesidad de ser libre de mi sexo, o tener una identidad difusa, al menos.
No recuerdo nada de esto con dolor. Tengo muy presente el gozo de la libertad que me daba sentirme escondida. 
La sensación de nostalgia se la debo a mi valemadrismo infantil, valemadrismo que perdí de adolescente y que sólo he podido readquirir en parte y con muchos trabajos.
Pero tengo 38 y todavía planeo vivir muchos años más para seguirlo recuperando.

* * * * *
¿Ya me encontraron en la foto? Soy igualita a Harry.

* * * * *
Y hablando de Harry... una de las maestras de su escuela de música escuchó sus grabaciones y decidió becarlo en las clases de canto.
El hijo aprenderá a cantar y está sumamente feliz.

Y yo también.
:)

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