miércoles, 2 de abril de 2014

Bodas

Hoy se casó el más pequeño de los hermanos de Fefé. 
En la ceremonia nos acordamos de la nuestra, de la llegada de Fefé a mi casa dos horas antes a preguntarme a qué hora nos casábamos, de mi vestido de flores amarillas, del juez malora, la epístola de Ocampo y la pizza posterior.
La ceremonia de mi cuñado fue muy emotiva. La jueza no leyó la epístola de Ocampo, sino algo con contenido más actual. Además no parecía que la jueza estuviera actuando como en venganza por un rechazo amoroso, como sucedió con nuestro juez despechado contra Fefé (historia que guardaré para otro día) lo cual fue un plus.
Al finalizar, tanto mi cuñado como mi ahora concuña, lucían sumamente emocionados, llorosos y felices. Muy diferente al “por fin se acabó esta chingadera” que nos pasaba por la cabeza a Fefé y a mí.

Hay rituales para cada persona. Definitivamente ése no es el nuestro. 
A veces pasamos frente a alguna iglesia y Fefé me pregunta: ¿te gustaría casarte ahí? A lo que yo siempre contesto: menos. Tal vez ésa sea nuestro ritual. O tal vez sea el de planear nuestra fiesta de bodas, en cada boda a la que asistimos. Tal vez ya pasó y fue la vez que hicimos perdediza el acta de matrimonio. O puede ser el que hacemos cuando recordamos qué día nos besamos por primera vez. O quizá no tenemos aun un ritual propio.  

Me preguntó Fefé si me he arrepentido, de haberme casado en vestido floreado, de que él no hubiera usado saco o corbata, de que no hubiera habido fiesta ni orquesta, de haber cedido y aceptado en un registro civil.

Les irá muy bien a los recién casados. Tienen todo para ello.
Si a nosotros, por quien nadie daba un peso -como alguien me dijo- que nos juntamos teniendo nada (en el momento eso era todo), no nos ha ido mal, a ellos que son bellos y buenos, les tiene que ir muy bien.

Non, je ne regrette rien.

Y si tuviera que tomar nuevamente la decisión, lo haría de nuevo, así justamente como sucedió, porque sí, porque se me da la gana, porque me encanta de él hasta su diente roto y las carcajadas enmedio de las que cuenta cómo se le rompió, porque me hace creer por instantes en esas pendejadas de las almas gemelas, porque parece que me lo hicieron a la medida, por los acuerdos que nadie más comprende y las fantasías que -qué bueno- nadie más comparte, por el café, los gatos y sus citas apócrifas, y también, por supuesto, por joder.



2 comentarios:

Amalthea dijo...

Qué HERMOSA declaración de continuidad de amor. Fefe debe estar pavoneándose de ser así de amado. Y nuestras pantallas quedando pegajosas de tanta miel. Felicidades por generar tanto amor.

Ministry of Silly Walks dijo...

Mmm... en realidad Fefé siempre responde: tú nomás me quieres por mí dinero ¿Verdad? (Juar, Juar, Juar!)