martes, 19 de noviembre de 2013

Mi idea era no tener más de una televisión en casa, que más que televisión es una pantalla donde vemos películas y series en Netflix o DVD´S que aun tenemos la costumbre de rentar. La programación televisiva hace añales que dejé de verla. Para noticias tengo con el internet.
Pues sí. Sólo tuvimos una pantalla durante quince años alrededor de la cual, cuando había tiempo, nos reuníamos todos a reírnos o asombrarnos o asustarnos un rato. Así como me gusta viajar, o salir con los hombres de esta casa, también me gusta mucho sentarme a cotorrear con ellos mientras vemos algo juntos acompañados de gatos, perra y palomitas. Bien domésticos todos. Además, una sola pantalla nos permitía controlar mejor el tiempo frente a ella.
Por supuesto que más de una vez los hijos intentaron persuadirnos de que les regaláramos una tele para sus cuartos con argumentos tan persuasivos como que ya podríamos ver lo que nosotros -los adultos- quisiéramos. Nunca funcionó, en parte, porque compartimos algunos gustos similares y por otra, porque incluso cuando llegamos a ver películas con temáticas adultas, si ellos apetecían verlas, tratábamos de explicarles bien el contexto y en otras ocasiones, si se llegaban a sentir incómodos o se aburrían, simplemente se retachaban a sus cuartos a hacer sus cosas adolescentes.
La consigna, cuando comenzaban a querernos convencer, era que hasta que no se compraran ellos su propia televisión, sólo habría una.
Y entonces Harry empezó a trabajar de empaquetador en un supermercado.
Le empezó a ir tan bien, que se puso a ahorrar y a planear qué se compraría. Lo primero: una pantalla.
Varios meses estuvo juntando dinero y finalmente consiguió suficiente, no sólo para eso, sino también para varios videojuegos y una nueva consola. Pacientemente estuvo reuniendo información sobre marcas y precios, y decidió esperar al Buen Fin.
A mí ese evento comercial no me agrada nada, pues beneficia únicamente a quienes utilizan crédito. Aunque "beneficiar" es un concepto algo ambiguo aplicado a esto, pues por experiencias ajenas me he dado cuenta que los meses sin intereses se convierten en pesadas cargas para quienes no saben utilizar sus tarjetas. Yo soy una de ellas, por eso también hace muchos años dejé de usarlas y como dice Fefé, adquirir únicamente lo que se puede comprar,  aunque nos lleve más tiempo.
Pero como era el dinero de Harry y ya había investigado bastante, quiso probar suerte en una tienda donde había visto buenos precios. Se había hecho a la idea que quería una pantalla de 32 pulgadas y no necesariamente una Smartv, pues con su consola tendría más de lo que una smart podría ofrecerle. El asunto fue que al llegar a la tienda se clavó con una pantalla más grande, con más funciones y por supuesto, más cara. Le estuvo dando muchas vueltas hasta que decidió comprarla. Total, dije yo, es su dinero y esto es parte de su aprendizaje financiero. Preguntó por la pantalla y le dijeron que era la última pieza y que le podían hacer un descuento pues era la de demostración. Que garantía y todo se le respetaría. Al final la pantalla le quedó en un 40% más económica con el descuento y ahora el hijo es el feliz poseedor (o él es el feliz poseído) de una gran pantalla que ahora ocupa un honorable lugar en su habitación.
No puedo estar más que feliz por él. Trabajó muy duro. Se abstuvo muchas veces de gastarse su dinero en otras cosas. Ni siquiera en vacaciones utilizó algo para comprarse monadas. Se aguantó.
Con algunos compromisos de por medio, como el tiempo que le va a dedicar y que va a tener que compartir con su hermano, tiene tres días en completo éxtasis.
Dice que pasando diciembre, dejará de trabajar, que quiere retomar el tae kwon do y tener sus fines de semana libres de nuevo. Y la verdad lo apoyo. Entre la escuela, las clases de música y los deberes de la casa, tiene suficiente.
Y aunque yo juraba que nuestras reuniones familiares alrededor del cálido resplandor de la televisión se iban a terminar, Harry me sigue dando chance de estar en su vida. Así que ahora soy invitada a su habitación, con palomitas que corren por su cuenta, a ver las series y las películas que nos gustan.

Creo que no se puede pedir más.

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