miércoles, 20 de febrero de 2008

Louis, this is the beginning of a beautiful friendship.

Leía en cierto artículo que entre los beneficios de la natación, además de los obvios en materia de salud y condición física, están los de tener nuevos temas de conversación y ampliar tu círculo de amistades.

Sobre el primer punto debo decir, que sí, es cierto. Ya van tres o cuatro posts que escribo sobre mis clases. Claro, el artículo no te dice que a la gente le va a valer un comino, pero qué más da. Sobre el segundo punto puedo decir algunas cosas más.

Ayer en la clase se dio la posibilidad de comprobarlo y todo se debió a que nuestro instructor no fue, y en su lugar estuvo con nosotros una chica que no nada más intentó deshacerse de nosotros poniéndonos a dar chingomil vueltas en la alberca, sino que de hecho, quiso enseñarnos a nadar.
Cuando nos dimos cuenta que no llegaba nuestro instructor, el niño bueno de la clase dijo Hay que dar las cinco vueltas de calentamiento, mientras llega el profe. No tuve la energía para negarme así que nos pusimos a dar de brazadas y patadas.
En eso estábamos cuando vimos a la suplente junto a la alberca. Nosotros seguimos con lo de la calentada. En eso una mujer frente a mí dijo ¡Ah, la chingada, ésta ya nos vio tan pendejos que hasta se va a meter a la alberca con nosotros! (el profe no se mete, nos ve desde la orillita).
Yo escuché a la mona y me dije Ésta pinta pa ser mi amiga. El empleo de las malas palabras como forma de conocer gente, nunca me ha fallado. Así que el resto de la clase estuvimos echando la platicadita de vez en vez.
En uno de los ejercicios, y ya en la etapa de la honestidad del proceso de adquisición de amigos, me dijo Ella no mantiene el cuerpo tan derechito como tú, pero nada con más gracia.
Y yo... ¡...........................!
No pude acertar una respuesta. Me evadí lo mejor que pude haciendo bucitos, y mientras observaba al mundo bajo el agua, pensé Orita me las arreglo contigo, verás, verás.
Claro, había que buscar una respuesta aguda, ingeniosa, inteligente y fina para tamaña ofensa y pasé el resto de la clase buscándola. Y tragando agua también.
Ya en los vestidores, en la fila de las duchas, me dije Ora es cuando y me repetí varias veces lo que le diría: "¿Tú hablando de gracia, pinche ballena?". Nótese la finura que desborda de mi respuesta.
Volví mi cabeza a todas las viejas alrededor mío y por ningún lado encontré a la enemiga.
Entonces me di cuenta: con gorro y con googles, todas las viejas somos igualitas.
Y además, lo más importante: yo no sé hacer amigas.

Llegado a ese punto de mi reflexión, me relajé y sonreí.
Pero de todos modos me pudo que no sólo perdí la posibilidad de una amiga, sino también la certeza de una enemiga.

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