jueves, 30 de diciembre de 2004


La pregunta era: ¿Cuántas muertes se pueden soportar en un día?
Todavía no tengo respuesta. Pero sé que una sola vida salvada puede liberarnos de la incertidumbre.

Mario Flores fue condenado a muerte por un crimen que no cometió. Pasó veinte años en la cárcel, en el corredor de la muerte en Illinois, esperando la inyección letal.
Tenía 18 años cuando lo detuvieron. Era un buen deportista que intentaba ganar una beca para entrar a la universidad. Pero en un caso lleno de contradicciones, de discriminación, de cambios en las declaraciones y extravío de documentos, él fue condenado a muerte.
Empezó a pintar, encerrado en su reducida celda. Trató de escapar de la soledad y la desesperanza a trávés del arte, de la literatura.
En varios países se celebraron exposiciones contra la pena de muerte por medio de sus obras. Organizaciones de España y Suiza estuvieron presentes solidarizándose con Mario, buscando la manera de, si no lograr su liberación, al menos utilizar su caso para lograr la abolición de la pena de muerte.
Hace dos años, le concedieron el indulto. El sistema de justicia no podía decir "nos equivocamos" ya que hubieran sido demandados por miles de dólares. Y el día de hoy, finalmente, Mario está en México, tras dos semanas de libertad.

Yo me enteré de su caso hace seis años. Comencé a escribirle, esperando poder infundirle un poco de fé, tratando de alegrarlo y crear una ventana para ver el mundo. Qué pequeña me sentí cuando me di cuenta que era él quien abrió para mí ésa y muchas ventanas más. Qué larga me parecía la espera de cada carta que escribía y que yo le respondía. Tengo en mis manos esas cartas, con su hermosa caligrafía, las fotos de sus obras y sus reflexiones. Me río al recordar como solía llamar a los niños: "Darío, el grande" y "Alex, el magnífico".
Esta noche, planeaba escribirle de nuevo. Pero me quedé pensando: haciendo cuentas se acercaba la fecha en que saldría libre. Me puse a buscar en la red y me encontré con las noticias, publicadas precisamente el día de hoy, de que ya no sería necesario escribir en el sobre : "Preso #......."

La vida de los demás, pone en perspectiva la propia.
Mario pasó más de la mitad de su vida en un pequeño cuarto. Pero leyó, pintó, aprendió, creció, sobrevivió.
En su última carta me decía que quería irse a Málaga, que allá había gente ofreciéndole apoyo, a él y a su incansable familia.
Ahora tiene otros planes. No quiere huir. Quiere regresar a Estados Unidos a demostrar quién es.
Yo le deseo toda la suerte del mundo.

Y en un día como hoy, en que el luto cubre la tierra y buscamos razones que no existen para tanto dolor, encuentro una razón, grande, para hacer soportable otro año de existencia en este planeta.

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