sábado, 6 de septiembre de 2014

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Me hacía mucha falta sentirme parte de un equipo.
No me había dado cuenta hasta ahora.
He disfrutado trabajar por mi cuenta. Varios de los trabajos que he tenido no han requerido mucho contacto con los otros. O tal vez sí pero se me daba más trabajar, organizarme y todo sola.
En el nuevo puesto soy uno de los pilares (así les dicen, como Doña Blanca) que conforman el área de operaciones. Todos los pilares tienen que ver uno con el otro. Nos necesitamos. Cuando recién me moví, me pareció latoso. Después de unas semanas, no lo cambio ni por una oficina mía de mí (aquí ya no hay oficinas, estamos en espacios abiertos, oyéndonos las respiraciones y pasándonos nuestros viruses). Mucho menos después de pasar este par de meses con mis compañerotes de espacio. Es cierto que ya no hay espacios cerrados, pero nosotros compartimos uno semicerrado sobre el almacén. Sólo los tres en un maravilloso oasis de chocolates, galletas, cigarros y felicidad.
Que me disculpen mis excompañeros, pero nunca antes había sentido tanta confianza en el equipo como ahora. Tiene que ver no sólo con la forma en que ambos hacen su trabajo, es además y sobre todo, la calidad que tienen como personas.
No voy a explicar aquí las maravillas que esos muchachos hacen por mí y en lo cual espero siempre retribuir. Ni voy a entrar en detalle de nuestras rutinas, del café de las cinco, del concurso de sillas giratorias, del torneo de golfito, de la mesa de futbolito, los burros del sábado... ups, sí entré, qué pena. Pero más allá de eso es saber que si nos necesitamos, ahí estamos. Y no porque alguien lo haya tenido que decir.

Es bonita esta otra pequeña sociedad.
Ya hasta siento que quiero a la gente.
:)

P.D. ¡Sí trabajamos, aunque no lo parezca!



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