jueves, 26 de junio de 2014

Pero tengo una bici

Sigue y sigue.
La vida sigue y no sé para quién es más doloroso, si para los que se van o para los que se quedan.
Con los últimos movimientos en la empresa no he podido más que sentirme feliz por dos o tres personas a quienes, eufemísticamente hablando, han dejado ir. Realmente para ellas fue lo mejor.
Para mí, no sé qué significa quedarme (quién sabe por cuánto tiempo más). Sé que ha significado, por otro lado, algunas experiencias, ciertos contactos, varios buenos amigos, una maestría, la escuela de mis hijos, una remodelación en casa, el reto cotidiano, la satisfacción continua, muchas muchas risas y un plan a futuro.
No me quejo.
Ni modo que no supiera cómo funciona esto.
Pero duele irse quedando sin la gente que se quiere y duele también ver a los que se quedan poniéndose una chinga.
Creo que resignificaré cuando me toque eso último.
Por el momento sé que esto es un trabajo y que es importante para mí por muchísimos motivos, pero lo más importante está afuera.

* * * * *

Y en cosas que no necesitabas saber: 
"Tengo un friego de pendientes económicos esta quincena con la graduación de Harry y la reinscripción de William, y me compro una bici." Mi lógica.
Pero ¿ya les dije que tengo una bici y ya no tendré que estar usando la de William a la que debo bajarle el asiento cada que me la presta?




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