lunes, 16 de junio de 2014

Ecos

Fefé es una persona físicamente expresiva, aunque no tan vocal en su afecto, muy diferente a cómo soy yo.
Esta diferencia no ha sido un problema mayor, aunque Fefé tuvo que aprender en algún momento que el hecho de que yo no abrazara tanto, no significaba que me faltara amor. Yo tuve que aprender, por otro lado, que si él no decía lo que yo quería escuchar, tampoco significaba que a él le faltara.
En estas condiciones hemos sido felices y hemos estado muy satisfechos.
Por estar acostumbrada a esto, ayer me sacó muy machín de onda. Por la mañana le di un regalo por el día del papá y como suele ser algo que no celebramos mucho (sólo le di el regalo porque el día de la madre le dio mantenimiento a mi carro), después de entregárselo, me di la media vuelta por un café.
Cuando regresé vi que sus ojos estaban vidriosos (sólo una vez lo he visto así y fue hace quince años) y me comenzó a decir cosas que no suele decir a menudo -y que la verdad yo tampoco tengo necesidad de escucharlo- y pues me desarmó. Pasan esas cosas y se me derriten las reticencias y otras cosas.

Una pijama y esta trilogía, fue el regalo que le di.


Pero a lo que iba no era a esto.
Horas después de lo sucedido, me puse a platicar con Harry. Por mi manera de ser, siempre me ha preocupado si la forma de querer a mis hijos ha sido la que ellos necesitan. Le pregunté a Harry que si él consideraba que sus papás éramos demostrativos de afecto, que si no sentía que éramos fríos o poco expresivos y con toda su franqueza, me respondió:
- Pues mi papá nos dice que nos quiere y nos abraza. Y pues tú... tú nos compartes enlaces en Facebook... Mmm... no mamá, yo creo que no necesitamos nada más.
Cosita!
(La tecnología una vez más, ahorrándome terapias).
Ya lo dijo William una vez, después de un intento de abrazo grupal que inicié: No somos una familia de ésas y no vamos a comenzar a serlo ahora. Sigamos siendo felices como somos.

¿Debería preocuparme? No lo sé. Ya me lo dirán sus parejas más adelante, cuando me comiencen a reclamar la inexpresividad de mis hijos.
Mientras tanto, yo también entiendo que el amor se da y se vive de muchas maneras y he procurado considerar que los hijos no son como yo y he de ofrecerles lo que a ellos les hace falta.
Espero no estarle errando, pues aunque no me preocupa errarle en otros ámbitos de sus vidas (ya lo superarán) en esto sí quiero estar haciendo lo correcto.

* * * * *
Harry fue a su primera fiesta de Quinceañera.
Y bailó.
Banda.

No he de estar haciendo las cosas tan mal.





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