martes, 31 de marzo de 2009

¿Confirmado?

Sí es así, (lea acá) ya nomás faltarían por confirmar las locaciones de la filmación, que según mis fuentes cuasi oficiales, podrían ser por estas tierras. Pero mejor ni me emociono, así me quedé una vez esperando a Terry Gilliam y nada.

Más notas por aquí:
Milenio.com
La Jornada
James Carlos Blake

lunes, 30 de marzo de 2009

Acabo de recibir noticias de las calificaciones de los críos.

William bajó de calificaciones, obtuvo sólo nueves. Dice que tuvo muchos pendientes este mes y que a ver si el mes que entra se saca unos cuantos dieces. No dudo que lo consiga, aunque le dedique sólo cinco minutos a cada materia.

Harry subió de calificaciones. Obtuvo sólo ochos. Lo felicitamos, pero él dijo que las felicitaciones las dejáramos hasta que consiguiera sacar algún nueve. Motivado el muchacho, a pesar de su convicción de que el mundo se va a terminar en el 2012.
Lo más emocionante de las calificaciones de Harry fue que logró responder los exámenes, con todo y que vienen en ese horripilante formato que ahora aplican. Harry se sigue perdiendo con tanta pinche bolita y con las preguntas en una hoja y las respuestas en otra. Qué porquería, de verdad, cada vez nos atrasamos más... Mucho buscar la calidad en la educación y la madre, pero con estos formatos se regresa a la educación que no consideraba al niño en todas sus particularidades, en sus diferencias, en sus formas de aprendizaje diversas; se regresa a una forma de educar alejada de esos modelos tan hermosos que nos quisieron vender y que sirven para pura madre si la SEP sigue enviando estas cochinadas de exámenes.

Me encontré una caricatura que me encantó y me di cuenta que esto de las bolitas viene de una reforma educativa aplicada en los estaits y que ahora se quiere reproducir, eso sí, con una reforma que suena padre en los programas, pero nada efectiva en la práctica.


Al final, como dice Calvin, lo que están aprendiendo los niños es cómo manipular el sistema.


* * * * *

Y en otras noticias y otras imágenes, Fujur, el dragón de la suerte de Atreyu, nos visita.

Podría ser la señal de un año mejor.

viernes, 27 de marzo de 2009

Ándele, pero quería dejar de trabajar.

Y la cuestión es si uno puede ser capaz de dejar de trabajar cuando deja de trabajar.
Yo no pude. O al menos no por mucho tiempo y ahora estoy inmersa en la corriente de la instrucción de dos cursos (uno de ellos bastante cabrón), mis clases (los profes se acaban de poner las pilas y encargan tareas como si no hubiera mañana), las actividades de mis hijos (partidos, entrenamientos, concursos, médicos) y mis propias labores maternales, sobre todo lo cual disertaré un poco a continuación.

* De los cursos no quiero hablar, sólo sépanse que hay dos jefes pelándose por mi presencia en dos cursos simultáneos. Yo me adapto, nomás avísenme, no sean gachitos, para ver dónde tengo que hacer acto de presencia.

* Una de mis clases acaba de subir drásticamente de nivel de complejidad. Tan agusto que estábamos entendiendo todo y creyéndonos bien machines por eso. Peeeeero..... una de mis amiguitas del salón (¿les he platicado de mis amiguitos del salón? orita lo hago, no se angustien) es asistente del profesor y bueno, por lo que me ha contado no me ha ido tan mal. De hecho tomó mi examen como referencia para revisar los demás (a wiwis).

* Mis amiguitos del salón. Tengo básicamente tres amiguis, que más bien son mis compañeros de equipo cuando ya no nos quedó de otra que juntarnos. La asistente del profesor es toda la onda, es la chica que volteas a ver en la calle y la criticas por zorra, pero no puedes dejar de voltear a verla. Además de eso es lindísima, generosa e inteligente. La otra mujers, es una mujer adulta, señora con hijos grandes, egresada del tec de monterrey, con hijos en el tec de monterrey y opina que Calderón no sabía nada sobre la violación de Ernestina Ascencio por eso dijo que había muerto por úlceras pépticas. Anyways, nos llevamos como buenas compañeras de equipo. Y por último mi buen Vitor, que me lleva los cafeses los lunes porque sabe que la clase me pone bien mal. Él me gusta porque es metódicamente desorganizado (siempre le ando avisando de las tareas), lo conozco desde la carrera y tiene un carácter de esos que caen bien a todo el mundo, sabe muchas cosas y prometió llevarme a conocer a famoso director de cine serbio (director de una de mis tres pelis favoritas) que va a estar aquí próximamente para filmar una película con conocido actor español gustado por muchas féminas (aun eso no está amarrado) y para quien Vitor va a trabajar, como otras veces lo ha hecho (está en el casting de Fast Food Nation, en la cual por cierto sale cruzando la pantalla una de mis gordas.). Dice la asistente que los cuatro tenemos una amistad basada en la conveniencia. Tal vez. Pero hay que cuidarla porque nos conviene a los cuatro.

* William trajo un desgarroncito muscular por culpa de un entrenamiento de salto de longitud, seguido de un partido de fut. Todavía llegó a casa a ayudarle a su papá a acomodar un refrigerador. Por otra parte, hoy fue la etapa de zona del concurso que él y Harry ganaron. No pasaron a la siguiente etapa, pero lo hicieron muy bien. Próximamente publicaré sus cuentos aquí.
Y hablando de concursos, William no quería participar en un concurso obligatorio de oratoria en su salón y dijo que iba a leer el tema para que no lo eligieran. Fui por él a la escuela ese día y al preguntarle cómo le había ido, me dijo con el ceño fruncido "Gané. Nadie se aprendió el tema, todos lo leímos y la maestra dijo que yo lo había leído mejor que los demás." Me dio mucha risa y me burlé largamente de él. Cuando se te da, se te da. Harry también fue elegido y eso me provocó mucha más risa porque ni siquiera llevaba tema preparado. Ahora necesito contratar una madre suplente porque yo no voy a estar disponible en la fecha de ese concursillo.
Harry tuvo hoy cita con el neurólogo. Le bajaron la dosis de la pastillita. ¡Yes!

* Me tocó ir al salón de William hoy a contarle un cuento a los tweens de su salón. Willian lo eligió: "El Príncipe Feliz". Yo no estaba muy convencida por el perfil de sus compañeritos y compañeritas, pero él lo quería, así que nos fuimos ayer a comprar dulces en forma de joyas, paletas de corazón y pajaritos de chocolate para la lectura del cuento.
Los niños estuvieron muy bien, muy atentos, muy respetuosos y al final del cuento, William y yo nos volteamos a ver, él con los ojos rojos y yo con la voz quebrándoseme. Así nos pone este cuento a los dos. Es que... pinche invierno, weeeey... se murió la golondrina... y cuando Dios le dijo a uno de sus ángeles que le trajera las dos cosas más hermosas... ya voy a llorar otra vez.

* Ayer vi dos muertos. Las estadísticas indicaban que eventualmente me tocaría verlo. Digo, la semana pasada escuché balazos y me encontré una bala en el patio de mi casa, pero una cosa es imaginarte las muertes y otra ver los cuerpos tirados en esas poses tan impúdicas en que quedan los muertos, sin los zapatos y medio desnudos (¿alguien sabe por qué sucede eso?). Me indigna ¿que no es suficiente con que mueran, para además tener que hacerlo con tanta vergüenza?

* Psss... no me voy de vacaciones. No adónde quería. Qué tiene. Está haciendo mucho frío y el mundo se va a acabar, empezando por Estados Unidos, cuya geografía se haya cubierta de tornados, lluvias y nieve.

* Seguiremos informando. Voy a la cama y a la tele, que hace mucho no alimento mis vicios.

lunes, 23 de marzo de 2009

Es básicamente lo mismo cada vez que sueño con ballenas.
El sueño empieza conmigo en el mar, diferentes mares eso sí, luego el suspenso del acercamiento, el miedo de la presencia y finalmente la confianza y la seguridad. Me encanta esa última parte, por cierto.

En el penúltimo sueño, hace unos meses, la ballena era una orca y el mar unos fiordos de aguas frías y transparentes. La orca se fue acercando a mis espaldas y sentí un pavor intensísimo. Después me sentí suavemente empujada entre las olas. No llegué a la playa. Nunca llego.

Antier soñé con ballenas grises en aguas cálidas, espumosas y revueltas. Eran juguetonas, como enormes cachorros de piel húmeda. Desperté.
En la segunda parte de mi sueño caminaba alrededor de una alberca y luego me dirigía a otro punto, pasando ante un poza de aguas oscuras, pesadas, aceitosas... No podía dejar de mirar hacia allá, como quien se asoma de una ventana en un edificio muy alto. Me resistí y en un parpadeo vi emerger de la poza el lomo de un animal, en el que se alcanzaban a ver arpones clavados de muchos años de fugas. Pero desapareció y no estuve segura de la realidad de mi visión.

Me desperté confundida.

Supongo que podría buscar el significado de los sueños con ballenas.
Por ahora quiero creer que éste último sólo significa que ya no iremos a Los Cabos de vacaciones.

La vida es más simple cuando tú mismo interpretas tus sueños.

jueves, 19 de marzo de 2009

Yo pensé que había tenido un mal día con lo de la colegiada, faltar a la escuela por el curso que estoy dando, la falla de mi computadora, la falla del internet, las molestias de los brackets hediondos... pero todo es superficial, absolutamente todo. Y pasajero.
Lo que en definitiva desgració mi semana fue el muerto de ayer, a un lado de la escuela de los hijos y el hecho de que les haya tocado escuchar los balazos.
No sé cómo ayudarlos a contextualizar todo esto. No sé cómo darle la importancia que tiene sin sentir que los estoy afectando, y no sé si sea peor que se sientan afectados a que no sientan nada cuando esto sucede.

No sé.

domingo, 15 de marzo de 2009

Variaciones sobre un mismo tema

“Esa mujer me hace sufrir,
ante su vista,
quiero hablarle y no puedo,
quiero hablarle y no puedo.
Esa mujer me hace sufrir,
esa mujer... es mi dentista”
escuchaba yo en mi Ipod tratando de evadirme del rechinido de la pulidora de dientes que la doctora aplicaba para poderme poner los brackets.
Les Luthiers han sido una excelente compañía en estas visitas odontológicas pero hoy tuve que considerar cambiar de artista porque por culpa de La Cantata del Adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras, de sus hazañas en tierra de Indias, de los singulares acontecimientos en los que se vio envuelto y de como se desenvolvió, me reí y un bracket me quedó chueco. La doctora hizo un mohín, arregló el problema y yo me tuve que quitar los audífonos.
El problema es tratar de estar quieto por una hora, sin poder hablar, sin ver nada interesante y escuchando únicamente la manguerita que transporta tu saliva hacia la tierra de nadie. Por eso no se puede evitar pensar en tarugadas.
Yo me acordé de las güeras.

De verdad que yo me preguntaba por qué todas las niñas rubias de mi secundaria usaban frenos. Ingenuamente pensaba que tenía que ver con alguna deficiencia de calcio relacionada con la falta de melanina. Luego tuve que reconsiderar mi teoría cuando comencé a verlas con curitas sobre la nariz. “Entonces no andaba yo tan errada, tiene que ver con el calcio pero debe haber algo más.”
Algún tiempo la pasé muy preocupada imaginando que les daba osteoporosis y por preocupada entiéndase agónica de felicidad, porque cuando estás en secundaria odias a las güeras. Y también, en mayor o menor medida, quieres ser como ellas. ¿Qué niña no lo querría? Con sus cabellos rubios bailando al sol, peinados como si no les costara ningún esfuerzo… mientras las otras pasábamos dos horas frente al espejo tratando de emularlas y cuando lo conseguíamos rociábamos nuestro cabello con una capa de Aquanet rosa, para que no se moviera de su sitio. Así, mientras las güeras se movían seguras con sus dorados cabellos al viento, el resto traíamos un casco encima. ¿Quién podría culparnos por odiarlas?
Después las odiamos por los novios que traían, guapos, lindos y por supuesto, también con frenos. Más adelante fue por sus bodas discretamente publicitadas, los vestidos exquisitos y los empleos obtenidos sin esfuerzo por no decir nada sobre el nombre de sus puestos, tan tan interesantes, nada que ver con el resto de las mortales que éramos contadoras, ingenieras o maestras.
Supongo que con el tiempo las perdonamos. Seguimos con nuestras vidas, aprendiendo a disfrutar de nuestras imperfecciones y a utilizar correctamente el tinte de cabello, pero debí guardar algo de rencor dentro de mí porque tengo dos días odiándolas con unas ganas, y ahora sí con suficiente razón, porque mientras yo llevo dos días llorando cada vez que me llevo algo a la boca, las rubias me sonríen con sus dientes alineados, blancos y arreglados desde tantos años atrás.


* * * * *

En la primaria tuvimos un profesor de danza que nos sacaba a bailar una vez a la semana al patio de la escuela. Niños y niñas formábamos un gran círculo alrededor del patio y nos movíamos como poseídos por hormigas. Los niños aprovechaban para agarrarse a patadas con la excusa de estar bailando mientras las niñas estrenábamos nuestros mejores pasos de Juguemos a cantar. El profesor, que era una diva con aspiraciones de drag queen, conformó un grupo de danza folclórica con algunos de los niños del salón, entre los que nos encontrábamos mi amiga la Male y yo.
Llevábamos poco más de tres meses ensayando para la graduación de sexto cuando a mi hermana se le ocurrió ser intervenida quirúrgicamente, por lo que mi papá habló conmigo para decirme que no podrían comprarme el vestuario que necesitaba para el baile y que hablara con mi profesor (qué curiosas épocas en las que los padres no se paraban jamás por la escuela y uno tenía que arreglar absolutamente todos sus asuntos en forma directa).
Faltaba una semana para la presentación el día que hablé con el profesor. La jota se echó a gritarme cuando escuchó lo que le decía, porque no podía preparar a nadie en tan poco tiempo para que me sustituyera. No sé qué tanto gritó. Sé que la saliva comenzó a volar de su boca mientras vociferaba y me decía cosas como “quién te crees” y no sé qué tantas mierdas más, porque yo a la primera levantada de voz me solté llorando pendiente del movimiento de su boca y las ligas amarradas de sus frenos. Dejé de llorar admirando la resistencia de las liguitas ante tremendas embestidas bucales. La boca se abría y se cerraba maniáticamente hasta que después de cinco minutos de gritos, una liguita no resistió y se le reventó en la boca. Ese momento de silencio lo aprovechó la diminuta Male para treparse en una banca y gritarle a él por los regaños de los que yo había sido objeto. Yo no sé si la diva se quedó callada porque la Male era hija de una maestra de la escuela o porque le seguía doliendo el ligazo. La Male me jaló de un brazo y me llevó a la dirección a hablar con la maestra. Al otro día el profesor me dijo que no había problema, que me conseguirían el vestuario para que yo pudiera bailar en la graduación y se mostró todo sonrisas conmigo.
No volvió a trabajar en la escuela al año siguiente.
* * * * *

Los adultos que utilizamos frenos formamos una curiosa hermandad.
Nos reconocemos en los cafés, en las tiendas, en las calles… cuando vemos a otro adulto con frenos, nos damos la posibilidad de sonreír honesta y abiertamente. Cuando nos encontramos, hablamos de dolores, de molestias, del tiempo de tratamiento. Tenemos nuestro propio caló y nos entendemos sin hablarnos. Sabemos, al vernos a los ojos, que pensamos lo mismo: No mamar. Ya estoy muy viejo para estas chingaderas.
* * * * *
Hace dos noches soñé que se me caían los dientes.
Es la tercera vez que lo sueño. La comadre dice que Google lo sabe todo, lo cual es cierto, y Yahoo Answers no se queda atrás. Siempre habrá alguien más pendejo que tú que hizo la pregunta primero. (La respuesta 4 es la que me dejó el asunto más claro).
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Gracias a los sabios consejos de varios amigos y conocidos, estoy superando estos primeros días. Me siento bien fregona y valientota pero es porque todavía no me terminan de poner todas las madres que voy a llevar en la boca al menos durante un año. El miércoles me van a poner los brackets en los dientes de abajo y me preocupa porque ese día comienzo un curso. A ver cómo me va con el dolor.
¨
* * * * *
¿Les dije que hoy fue mi cumpleaños?
Gracias por los que se acordaron y me felicitaron en el caralibro. Intenté pasarla lo mejor posible en los tres festejos que llevo. Es cierto que no pude entrarle a la tragazón como siempre hago, ni tomar birria porque está muy fría ni café porque está muy caliente, tampoco pude apagar velas del pastel porque los soplidos me salen por dónde a nadie le importa, pero la pasé muy bien.
Me faltan dos festejos que espero celebrar el fin de semana y sobre todo espero que sean tan chidos y satisfactorios como los de este fin de semana.
Para muestra:








Bueno, al menos la Güera sí se divirtió bastante.




Tengo videos del festejo del viernes, pero me preocupa la reputación de los participantes en los mismos.

Feliz inicio de semana.

jueves, 12 de marzo de 2009

Ayer me urgía conseguir unos libros para un curso que vamos a dar y en la búsqueda llegué a la biblioteca de la facultad.

Me entró la nostalgita al acordarme de mi etapa de universitaria mozuela. Entonces sí conocía bien los estantes de los libros y sabía dónde encontrar lo que quería aunque no siempre sabía qué era lo que estaba buscando. De todos modos, cada semana salía yo de ahí con tres libros que leía en y entre clase y clase. Por culpa de ese hábito, tengo muy pocos libros en mi biblioteca privada. Mejor me habría sentado haberlos comprado. Nah, en esa época ni dinero tenía y mis libros provenían de los cincuenta pesos que me daba mi mamá para surtirme en la feria del libro.

Total. Me entró la nostalgia y decidí sacar un par de libros para mi lectura personal. Recordando lo que dice mi profe de Literatura (dejar que el libro te elija) me fui caminando entre los estantes tocando apenas los lomos de los volúmenes hasta que un título me detuvo. Me acerqué, y me detuvo aún más la imagen de la portada.

No me quedó más remedio. Ése era el libro que me tenía que llevar.



El título... ¿qué tal? ¡La tipografía! Y la imagen... nada tan romántico y erótico como besarte con un fulano que no se quita sus lentes Ray-Ban.

No sé todavía cuándo voy a tener oportunidad de leerlo, pero lo seguiré presumiendo por el mundo, porque ¿a poco tienen ustedes un libro más chingón que éste?

miércoles, 11 de marzo de 2009

El momento surreal del día

- ¿Qué comiste en el recreo, Harry?
- Nada, no tuve tiempo. Estuvimos platicando mucho y ya no alcancé a comprar.
- ¿Y de qué platicaban con tanto interés?
- Pues del fin del mundo, ya sabes... del acopalipsis y esas cosas.
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- Mamá, ¿qué es eso del Juventud Fest?
- Un festival musical.
- ¿Yo puedo ir?
- No, hasta que tengas 16 ó 17 años (y una edad mental de cinco).
- Mmm, entonces NUNCA voy a ir.
- ¿Por qué?
- Porque el mundo se va a acabar en el 2012. ¿Me compras una nieve?

* * * * *
Y hablando del Juventud Fest...


Completa la frase:

Los Picadientes de Caborca son el Vileich Pipol _____________________

(tercermundista está ya muy choteado, piensa otra cosa)

lunes, 9 de marzo de 2009

A pocos metros de haber salido de mi casa esta mañana, me molesté. Cambiaron la circulación de la calle por la que salgo a la vía principal. Ahora tengo que rodear una cuadra y pasar sobre dos líneas de topes.
Al llegar a una esquina, un auto que venía en dirección contraria a la mía se detuvo para dejar pasar a un chico por el cruce peatonal. El jovencito no tendría más de 12 años, cargaba una mochila de la mitad de su tamaño y se acomodaba sus lentes al tiempo que trataba de aplacarse un poco el cabello. Avanzó con cierta desconfianza sobre las líneas amarillas hasta que vio el gesto de la mujer del auto, que con una sonrisa en la boca y en los ojos y un movimiento de la mano, le dijo algo así como "Pase, caballerito". El chico primero se notó desconcertado y luego sonrió abiertamente. Terminó de cruzar la calle. Yo no pude evitar reírme. Aunque todo pasó en unos segundos, puedo asegurar que los efectos de este incidente durarán todo el día.
Terminé el traslado de los niños a la escuela sintiéndome sumamente feliz. Los chicos por supuesto lo notaron (no soy una mujer a la que le sientan bien las mañanas, aunque hago lo posible) y reaccionaron con el mismo optimismo. Se despidieron en la puerta de la escuela contentos, prometiendo que les iría muy bien esta semana y deseándome un buen día.
Ésta fue la historia de cómo una persona puede cambiarle el día a cuatro personas a la vez.
(Ustedes disculparán el tono inspirador de este post, pero sigo bajo los influjos de esa droga llamada esperanza.)

* * * * *
Siguiendo con la tónica feliz de esta mañana, déjenme les cuento que ayer organizamos la presentación del monólogo "Diatriba de amor contra un hombre sentado". Fue representada por esta magnífica y preciosa actriz Laura Lee (realmente desperdiciada en esta ciudad) en el marco de los eventos del 8 de marzo. También estuvieron maravillosas las chicas y el chico de Danzarena a quien contacté gracias a la Chaparra, mi amiguita de la maestría, así como las canciones después del número de danza.
Temíamos que no hubiera suficiente auditorio y se superaron nuestras expectativas. Es cierto que algunas de las personas llegaron como habitualmente hacen al Cine-Club y se encontraron con que no había función (por cierto me da mucho gusto que la gente asista) pero fueron invitados a quedarse y lo hicieron.
No alcanzaron las sillas y la gente de todos modos se quedó. No se alcanzaba a ver desde algunos puntos en que las personas se quedaron de pie, o se sentaron en el suelo, pero no importó. La voz y la presencia de Laura bastó para que nos recorrieran escalofríos por el cuerpo, sin tener la necesidad de verla. Lo sé, porque me tocó estar de pie después de hacer parte de la presentación.
Terminado el monólogo creímos que la gente saldría corriendo al vino y los bocadillos y no. Se levantaron de sus asientos para aplaudir a Laura de una manera... y se quedaron al número de danza. Terminado éste, ahora sí van a salir corriendo, pensamos. Y nada. Aplaudieron nuevamente con tanto amor... Mariela cantó entonces, precioso por cierto y la gente se quedó esperando otra canción. Después de la canción, volvieron a aplaudir y se notó que no se querían ir. Laura tuvo el detalle de salir con las chicas del grupo de danza a agradecer al público con una pequeña reverencia, todas juntas y abrazadas. Después de los aplausos, salimos por el vino de honor. La noche estuvo hermosa y la gente se notaba contenta. Había gente que se conocía y otros que apenas se presentaban, personas con trayectorias importantes en movimientos sociales y otras como yo, grupos que hablaban y otros que reían. Por donde quiera que pasábamos las chicas de morado, Laura, Mariela o las bailarinas, la gente se acercaba, agradecía, pronunciaba felicitaciones o decía un halago.
Fue una linda noche.

* * * * *
Mi alegría todavía da para más.
Se trata de una alegría algo temerosa, pero no se puede pedir tanto de la felicidad.
Y es que ¿ustedes no tendrían miedo de no saber qué hacer con la responsabilidad de educar a un niño como William?
Porque resulta que además de lo que ya había contado sobre él (el futbol, el ajedrez, la música, la literatura) ahora fue seleccionado para participar en unas olimpiadas en Salto de Longitud. Parece que salió bueno para brincar el mocosín. Además estos últimos días ha estado experimentado con la cámara y la computadora y como producto de ello, les dejo sus dos primeras producciones en Stop Motion:


Caballo hechando... (Les sugiero no cuestionar la temática sino los efectos especiales que la integran así como la percepción que el artista tiene sobre el mundo).





Un sueño estraño (También sugiero no cuestionar la ortografía).




* * * * *

Juro que es lo último.

En los últimos meses pasamos por una mala racha. Estuvimos teniendo muchos problemas en nuestra relación. Tengo que admitir que la culpa la he tenido yo todo este tiempo. Nos fuimos alejando poco a poco, casi sin darnos cuenta, hasta que un día desapareció casi por completo de mi vida. Creo que nunca es tarde para caer en la cuenta de algo y con un poco de trabajo, esfuerzo y paciencia, regresó. Está conmigo de nuevo.

Bienvenida, cintura. (Por las chichis ni se molesten en preguntar, ellas nunca me han abandonado porque en realidad nunca han estado conmigo.)

* * * * *
Buen y feliz y optimista inicio de semana.

sábado, 7 de marzo de 2009

Eso de hacer otra cosa mientras estoy en mi clase de los lunes, aunque primero empezó como evasión ahora ya es parte de una metodología muy eficiente de trabajo.
No puedo hacer tareas ni efectuar lecturas en mi casa. Demasiada soledad y silencio me impiden concentrarme. Sin embargo puedo hacerlo perfectamente mientras espero en el consultorio de la dentista, mientras espero un cambio de luz en el semáforo, cuando espero a mi madre que salga de trabajar, cuando me toca ir por los niños a la escuela, mientras hago fila en el banco... pero era insuficiente así que decidí hacer las tareas cuando estoy en clases. Por ejemplo el lunes y el martes hice las lecturas que debía llevar el miércoles. El miércoles, después de aportar una opinión, me puse a escribir el borrador de un ensayo para el lunes. El jueves preparé los temas de una exposición de la próxima semana. Y funciona, de verdad. No sé cómo pero puedo concentrarme ¡y hasta hago comentarios interesantes! El que hice el miércoles fue recibido por el profesor como "Excelente crítica, de hecho esas mismas observaciones fueron hechas por Jakobson y Chomsky al trabajo de Saussure." Bolas, dije yo, ora resulta que si pongo un chingo de atención no entiendo y si medio atiendo, ¡comparan mis opiniones con las de Chomsky!

Qué chido, por eso he seguirlo haciendo (aunque mi crítica a Saussure fue hecha ligeramente tarde, nomás noventa años después) y a ver cómo me va con el ensayo del lunes porque el borrador que hice el miércoles, cuando llegué a la casa a trabajarlo y lo releí sólo pude pensar en que el churro que se fumó el bato de al lado, me afectó seriamente.

Gajes del oficio estudiantil.

Ensayo teológico.

jueves, 5 de marzo de 2009

La relación de Lucky con el lavabo es un poco complicada.
Si bien, su costumbre de tomar agua de la llave del lavabo se asemeja a la costumbre de Hemingway, no puedo afirmar que ambos tengan los mismos motivos para realizar esta práctica. En Hemingway noté siempre un dejo de fiereza cuando trepaba al lavabo, como si en sus genes estuviera registrado algún antiguo ritual de escalar hasta conseguir llegar a la cima de una montaña y tomar agua de un manantial o una cascada.
Ese mismo espíritu salvaje lo sigue manteniendo. Cuando viene de visita, cosa que ahora hace sólo dos o tres veces a la semana, es para comer, pero no para que le den comida, no. Maúlla hasta que dejo algún trozo de alimento sobre la mesa, y entonces en un arrebato se trepa, toma la comida entre sus diente y sale huyendo por la ventana.
En cambio Lucky sabe muy bien que su bote siempre tiene agua, limpia y suficiente. A veces toma ahí, aunque ciertas mañanas, cuando llega de la calle y tiene su momento de ocio del día, suele subir con delicadeza al lavabo, esperar a que alguien abra la llave y después de unos segundos de observación, tomar un poco de agua. Sólo un poco porque su interés no radica en el hecho de saciar su sed, su interés principal consiste en seguir observando la caída del agua y su consecuente escape hacia la tubería del drenaje.
Yo cierro la llave tan pronto como puedo despegar mi mirada de tan curioso hecho y aun así Lucky sigue observando la llave y el desagüe por algunos minutos más.
Cada vez que lo veo sobre el lavabo no puedo evitar preguntarme en qué diablos piensa Lucky. Me parece que reflexiona, y que su reflexión no es propiamente científica sino filosófica.
Tal vez piensa como Heráclito, que todo está siempre en movimiento o tal vez intenta capturar, como Parménides, la esencia, que nunca cambia, que siempre permanece en ese chorro de agua que se escapa pero que vendrá formar parte de un mismo todo (por favor, no le exijan que contraste a otros filósofos, es un gato).
Yo lo observo mientras tomo mi café, pensando en Comte, en Engels y en Malinowski, pensando en el cambio y la evolución. Luego pienso que es hora de dejar de culpar a Lucky por mi desidia y que tengo que comenzar de una buena vez con el ensayo que me encargaron hace dos semanas y que no he podido ni siquiera empezar a planificar.


domingo, 1 de marzo de 2009

Lunes

Edición de las 11:20
Ya me tomé mi café. No hay sangre derramada que lamentar.

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Me gustan los inicios de semana. Cada lunes mis aparatos digestivo y circulatorio hacen sus apuestas sobre si será una semana corta o larga, aburrida o interesante, tranquila o alborotada, tierna o sexosona. Mi cerebro no apuesta, se mantiene objetivo y a la expectativa. Le gustan las sorpresas.
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Es lunes y acabo de llegar de una charla-propuesta-proyecto de trabajo. Suena interesante y me gustaría tener más tiempo que dedicarle, pero no digo no porque yo sé cómo se acomodan las cosas. Es trabajo, implica actividades que me gustan y puedo tomar decisiones, condiciones indispensables para que una propuesta laboral me atraiga.
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Y hablando de situaciones laborales, leía ayer la experiencia de Cumerina, con todo el rollo de lo de Reynosa y esas chingaderas y mejor lean sus últimos tres posts para que entiendan...
Bueno, pues tenía mucho coraje de cómo nos afecta hasta en lo laboral esta violencia cotidiana y al mismo tiempo me alegré de que a Cume le hubiera salido una mejor oportunidad de trabajo. De unos once años para acá estoy convencida de que las cosas se van acomodando para quien no deja de echarle ganas. Claro que implica a veces renunciar a cosas o posiciones lo que no es necesariamente malo.
Salí el viernes con un amigo, excompañero de trabajo, y platicábamos de todos los cambios que ha sufrido nuestro antiguo centro laboral, y los que va a seguir sufriendo, y realmente suspiré aliviada de haber renunciado a tiempo. Si seguí tantos años ahí no fue por el sueldo, fue por una visión con la que me sentía comprometida. Pienso que la parte que sostenía esa visión está rota y eso es muy triste.
Entre otras tristezas hoy me avisaron que a uno de los compañeros a quien yo más quería, lo acaban de despedir.
Recuerdo que me echaba la mano montones y yo intentaba corresponder a su disposición con detallitos para su pequeño bebé.
Ojalá sepa renunciar a esta etapa porque sólo así le van a esperar oportunidades mejores.
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Meditabundeo.
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Mejor me dejo de chingaderas y me pongo a preparar mi mochila. No quiero repetir lo del lunes de llegar a clase con la tarea equivocada.
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Hablando de lunes...
Tengo un gran problema los lunes que se convierte en un gran problema de martes en la mañana.
Todos los lunes tengo una materia que se supone debería ser interesante, exultante y cautivadora. Sin embargo, no lo es. Y no porque la materia no lo sea, sino porque mi maestro carece de dones de moderador y la clase se le sale de las manos y él mismo se mete en esa dinámica de donde pasa de la información al chisme, del chisme al lugar común, del lugar común a la opinión personal, de la opinión personal al chiste y del chiste al destote, porque en ese momento la clase termina valiendo madre.
No me han faltado ganas de pararme y decirle al profe, ahí comper, déjeme moderar a ver si llegamos a algo y dirigir la sesión como las de FpN. Mis sesiones de FpN conseguían conceptualizaciones mucho más formales y estructuradas con lepes de doce, trece y catorce años que lo que este señor consigue con egresados universitarios. Corrijo, yo conseguía que mis alumnos conceptualizaran con la responsabilidad que traen consigo las implicaciones de sus razonamientos. En mi clase de maestría en cambio, todo es una lluvia de opiniones sin sustento.
El problema no es tener que escuchar la lluvia de opiniones. El problema es que suelo comprometerme mucho con mis puntos de vista y si no consigo presentarlos, fundamentarlos y debatirlos apropiadamente, me voy a la cama en la noche, me duermo y me despierto en la madrugada pensando en argumentaciones para mi opinión.
Eso no es vida.
Cada martes me levanto desvelada, no me voy a correr porque ando toda jodida de los chingazos mentales que me di toda la noche, llego cansada a la clase del martes y la cogida de la noche se fregó porque yo lo único que quiero es dormir.
Pero eso va a cambiar. No sé cómo no se me ocurrió antes. Digo, ya lo hacía en la universidad, no me cuesta nada seguir haciendo lo mismo ahora: daré una o dos opiniones, luego cerraré la boca y abriré mi carpeta en cuyo interior no habrá otra cosa que uno de mis libros el cual leeré durante la clase y así sentiré que realmente estoy aprovechando mi tiempo.
Y podré dormir.
Y ya me voy a hacer la tarea porque el único nombre que se sabe este señor es el mío y no quiero que lo vuelva a repetir seguido con la interrogante de por qué me equivoqué de tarea.
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