William perdió una muela hace como un mes. En esa ocasión se dio esta pequeña charla entre él y yo:
- Má, ¿cómo cuánto me irá a traer el ratón por este diente?
- ¿Cómo que cuánto? Tú ya no crees en el ratón.
- Pero Harry sí.

Dándome cuenta de mi posición, tuve que amarrarme las manos y dejar una moneda bajo su almohada. De un peso. Jojojojo. No se pudo quejar. Sin embargo continué pensando en las otras mentiras que he contado. Mentiras, fantasías, como quieran llamarle.
No habían pasado ni dos semanas cuando William me dijo, con voz serena y resignada:
- Mamá, quiero que me contestes con toda sinceridad... ¿existe Santa Claus?
- ... ... ... emmm... no. (¿Qué haces cuando tu hijo te pide sinceridad?)
Entonces tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para tratar de explicarme y explicarle el por qué de estas mentiras. No sé si me convencí o él se convenció. Al final de la charla lo noté agotado, rendido. Me dijo que dos verdades como ésas, la del ratón y la de Santa, eran demasiado para un mes.
Yo caí rendida también, pensando en la otra verdad, en una que no he dicho y que según he escuchado, puede hacer muy infeliz a un niño.

William está a punto de cumplir diez años.
El sábado tuvo su festejo. Un éxito, debo decir. Es un éxito cuando en una fiesta te alcanzan las bolsitas de dulces y la comida.
Fefé y yo también tenemos una década que celebrar.

Ayer mientras cenábamos, platicamos de algunas anécdotas familiares, como nuestros viajecitos de campamento, las enfermedades, los accidentes, las fiestas, el mar... y William dijo "Qué curioso que yo nací exactamente un año y un día después de que ustedes se casaron."
Fefé y yo nos miramos recordando nuestra "noche de bodas", durante la cual no pudimos dormir y no porque estuviéramos muy contentos festejando, sino porque a las once de la noche me comenzaron los dolores horrorosos que anunciaban que William venía en camino, con un mes de anticipación. La culpa la tuvo el registro civil. Yo estaba más que feliz con la idea de mi papá, la que me dio después de la boda de mi hermana: "¿Dónde quieres que te ponga la escalera?". Sí, lo de casarme era para hacer menos desdichada a mi madre. Y mi cuerpo lo resintió. Y William quiso aventarse al mundo con audacia, como lo sigue haciendo hasta ahora. Así que estrené acta de matrimonio y bebé al mismo tiempo. Rompimos el acta de matrimonio poco tiempo después.

Sabíamos que un día u otro tendríamos que explicarle esto a los hijos. Sólo que no sabíamos cuándo. Además, con el ratón, Santa Claus y los Reyes Magos, teníamos para entretenerlos hasta que ese momento llegara.
Y llegó.

Después de mirarnos y hacerle caras a Fefé y él negando con la cabeza, y yo torciéndole los ojos, y él apretando los dientes, me dije "Yastuvo".
- Sabes, William, en realidad no naciste un año después de que nosotros nos casamos. Naciste un día después.
- ¿Qué? ¡Qué!
- Mmmm... este... sí... fíjate que...
- ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! O sea que tú estabas toda panzona mientras te casabas... ¡Ja, ja, ja, ja, ja!
- Eh, sí.

No preguntó por qué habíamos mentido. No dijo nada más. Sólo siguió riendo y Harry lo acompañaba cómplice.
Se suponía que era La Verdad que podría hacerlo desdichado.
Nos pudimos haber ahorrado muchos momentos de indecisión.
Pero ya está hecho. William y Harry siguen estando tan contentos como antes.
¿Será que la verdad es menos dolorosa de lo que nos han hecho creer?

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