domingo, 14 de octubre de 2007

Mientras tanto, anoche...

- Señor, disculpe, será posible pasar a pedirle un autógrafo al Maestro Márquez?
- A quién?
- Al Maestro Arturo Márquez.
- A ver, déjeme ver... es que no están dejando pasar a nadie, pero déjeme le digo a un compa, a ver qué nos dice. Oye, wey, pregunta a ver si pueden pasar a ver a... a quién?
- Arturo Márquez.
- Sí, garcíamárquez, ése, pregunta wey.
- El Maestro Arturo Márquez.
.
.
.
.
.
- Que dicen quel profe Márquez no va a salir, ni van a dejar pasar.

Ante mi rostro lastimoso y mis ojos de Bambi, al compa no le quedó más remedio que decirme que el profe tendría que salir, tarde o temprano, que podíamos esperarlo ahí. Pero luego comenzó a hacerse como que tonto, y cualquiera menos burro que yo habría sabido que estaba haciéndose de la vista gorda. Y como estoy bien tarada, el pobre hombre tuvo que ir a decirme que ya podía pasar, o que hiciera lo que me diera mi real gana, total, que él no ganaba para que todo mundo pasara sobre su autoridad.
Y pues sí.
Pasé.
Vi a Arturo Márquez.
Le dije cosas que me habrían dado miedo de haber estado en su lugar.
Saludéle, beséle, abracéle y fuime antes de que los guardias de seguridad se dieran cuenta que el Maestro se encontraba realmente incomodado.
El resultado:


Y también intenté conseguir que Eduardo García Barrios me firmara mi disco (él fue el Director de la Orquesta Mexicana de las Artes) pero era tentar demasiado a la suerte.

Huí y como el arte y la cultura nos da mucha hambre, nos fuimos por quesadillas al Cali.

El concierto estuvo divino, pese a la gente con celular, los vendedores de matracas fosforeantes, el vendedor de algodones de azúcar, las monas detrás de nosotras (viste a Karen? Sí! Mírala, ahí está en la pantalla... ahí está otra vez!) y los aplausos cada vez que había un silencio..

Cuenta una antigua profesora, que el Maestro Diemecke, las pocas veces que vino a Chihuahua, tuvo a bien detenerse a explicarle al público en qué momentos debía contener su emoción y cuándo podía aplaudir.

Pero eso es lo de menos.

Está bien, el concierto fue en un parque, pero hasta los niños se portaron mejor que los adultos, ya fuera porque les tenía entretenidos la música o porque se quedaron dormidos. Y hubo algunas personas que no sabían ni qué iba a haber, pero tuvieron la decencia de marcharse ya que se enteraron.

Ah, raza.

Ni moyo, a lo mejor la próxima vez que nos traigan a un compositor de ese tamaño y a un director de orquesta como el que estuvo anoche aquí, sepamos comportarnos a la altura. Nomás por un básico respeto al derecho de los demás.

No hay comentarios.: