domingo, 25 de marzo de 2007

Episodio III

Y a propósito de Tolkien...
Yo tenía un gato llamado Gandalf el blanco. Ése llegó después de que Gandalf el gris huyó de la casa.
Ahora tengo una gata llamada Gandalfa. Y está panzona.
Debí haberme dado cuenta cuando veía a Hemingway tratando de cogérselo(a). No debí ser tan quisquillosa. El hecho de que la chucha Lula sea frígida y/o problablemente lesbiana, no implicaba que mis gatos también debieran desarrollar algún problema de identidad sexual.
Nuevamente hice lo que todo padre debe hacer: "No dejaré a Hemingway acercarse a la computadora. Esos blogs son del diablo."
Hubo un momento, hace poco, que también pensé que Gandalf estaba fumando mariguana, porque estaba comiendo como desesperado.
Y nada, que la pobre Gandalfa está comiendo por dos, o por tres, o por no sé cuántos pequeños monstruos cargue con ella en la panza.

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