sábado, 24 de marzo de 2007

Episodio I

- ¡Los conejitos no son tontos! ¡Son muy fuertes! - Defendía Harry.
- ¿Fuertes? ¡Son unos conejitos! - Respondió el vecinito.
- Sí. Mi mamá dice que para tener bebés hay que ser muy fuerte y ¿has visto cuántos bebés tiene los conejos?

En realidad Harry no trataba de defender a los conejos, sino el hecho de que fuera un videojuego de conejitos el único que ahora se le permite jugar.
Aunque fuimos estrictos con los horarios de juego de XBox, no lo fuimos tanto para la selección de los juegos.
Y después de que nos contaron que Harry había amenazado a su primo con un arma blanca, hicimos lo que cualquier padre sabe que tiene que hacer: culpar a los videojuegos, el internet o la televisión. (En esta parte, mi hermano me recordaría que yo lo descalabré una vez con una piedra, y en otra ocasión le lancé unas tijeras abiertas y casi casi lo dejo sin descendencia. Y yo nada más jugaba al Pac Man).
Después de un riguroso análisis de contenido, todos los videojuegos se fueron, excepto el de los conejitos.
El que resultó más afectado con la medida fue William, a quien desaparecimos su juego favorito, uno de Star Wars.
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