domingo, 28 de enero de 2007

- ¿Y ya nomás piensas quedarte con ellos dos?
- No, la verdad he pensado seriamente deshacerme de uno. Pero todavía no decido cuál. Es lo malo de conservarlos por mucho tiempo. Como que uno se encariña.

Ésa es mi respuesta actual a la pregunta invariable de la cual siempre seguía LA PREGUNTA: ¿Y no vas a buscar la niña? Con la actual respuesta, ya ni siquiera siguen conversando conmigo.
Los que me conocen bien, no tocan el tema. Aunque hace poco Wendy hizo el comentario, de que si me embarazara de nuevo, me tocaría niña (es la racha) pero con el sentido del humor que tiene Dios, sería una niña amante de las princesas, los ponys y los vestidos.
No es que no me agraden las niñas. Simplemente me considero completamente inepta para educarlas (entre muchas otras cosas para las cuales soy una inepta).
La culpa la tiene mi madre.
Cuando yo iba al jardín de niños, mi madre comenzó a tomar un curso de cosmetología y estilismo. Luego puso su salón de belleza y yo comencé a rodar libre y salvaje por el mundo. Una maravilla. Si se me pegaba un chicle en el cabello, mi madre lo arreglaba cortándolo. Si se me enredaba algún arbusto entre los cuales solía andar, volvía a cortarlo, para qué intentar despegarlo. Creo que lo mismo hacía cuando tenía nudos.
A mi pobre hermana, cinco años mayor que yo, le daba el ataque.
- ¡Mira, mamá! Allá anda la beba corriendo descalza.
- ¡Mira, mamá! La beba está peleándose a puñetazos con los niños.
- ¡Mamá, la beba está haciendo angelitos en la tierra!
Mi madre, serena ella y ocupada en algún tinte o corte de cabello, le pedía que me dejara en paz (supongo que pensaba que eso le aseguraría alguna buena anécdota que contar en el futuro, porque, afrontémoslo, mis hermanos mayores no dieron para tanto material).
Y así creí, libre y despreocupada hasta la pubertad, época en que me di cuenta que ni siquiera sabía pasarme un peine por el cabello.
Entonces mi hermana fue de alguna ayuda.
Y precisamente hoy, yo fui ayuda de mi hermana. Me dejó a sus niñas encargadas desde muy temprano, así que me tocó la tarea de peinarlas antes de llevar a todos los engendros a misa.
Mi plan era llevarlos a las 11 a misa de títeres. No contaba con tener que desenredarles el cabello a ambas nenas. Tuvimos que ir a otra celebración, y yo terminé con el brazo sumamente adolorido, eso sin contar el trauma que para mí significa tocar cabello ajeno.
No.
No veo hijas en mi futuro. Para lidiar con el problema del ser femenino, tengo conmigo misma.
Y por otra parte, mis sobrinas me aportan esa parte de dulzura, princesas y flores, que de alguna forma han faltado en mis existencia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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