En el top ten de las cosas más emocionantes que viví de niña están presentes:
* Un baño por parte de una ballena.
* Una visita a Disneylandia.
* Un viaje en avión.
* Las campanitas imaginarias del trineo de Santa.
* El ver la nieve por primera vez.
* Dominar la bicicleta.
* Los últimos diez minutos antes de llegar al pueblo.
* Y tocar una nube.
(Quedan dos, las cuales me reservo con intención.)

Lo de la nube me tuvo muy intrigada varios años. ¿Se podrá uno subir a ellas? ¿Podremos tomarlas entre las manos y guardar un trocito en la bolsa del patalón? ¿Serán frías o cálidas?
En una ocasión, de regreso a Hermosillo por la sierra, nos tocó un espectáculo precioso. Las nubes cubrían la montaña. Recuerdo que mi papá se estacionó y me pude bajar a responder mis preguntas. No me sentí decepcionada al ver que no podría llevarme ni un pedacito. Tampoco cuando supe que Santa no existía. Los descubrimientos siempre se sienten bien.

Cuando salimos por las mañanas a la escuela, somos espectadores de una vista similar en los montes vecinos. Mis hijos han tenido las mismas dudas que yo.
Hoy, después de salir de la clase de música, fuimos a un mirador. Las nubes cubrían una parte del cerro. Al menos no estaban tan lejanas. A los niños les emocionó mucho esa cercanía.
Lo maravilloso fue que las nubes comenzaron a descender, como si hubieran sabido que estaríamos ahí. Por algunos minutos se borró todo el paisaje a nuestro alrededor. Ahora sí podíamos decir que estábamos entre ellas. Las expresiones de mis hijos no se me podrán olvidar. Sus gestos y sus palabras me transmitieron la misma emoción que tuve yo de niña.




Los hijos se nos han dado para que, al perder la inocencia, podamos recuperar el asombro.





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Surge campaña para regresar a Plutón estatus de planeta.
Parafraseando a Sabines... a quién le importa que sea un planeta o no, esto es asunto sólo para las agencias de viaje.

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