jueves, 26 de junio de 2014

Pero tengo una bici

Sigue y sigue.
La vida sigue y no sé para quién es más doloroso, si para los que se van o para los que se quedan.
Con los últimos movimientos en la empresa no he podido más que sentirme feliz por dos o tres personas a quienes, eufemísticamente hablando, han dejado ir. Realmente para ellas fue lo mejor.
Para mí, no sé qué significa quedarme (quién sabe por cuánto tiempo más). Sé que ha significado, por otro lado, algunas experiencias, ciertos contactos, varios buenos amigos, una maestría, la escuela de mis hijos, una remodelación en casa, el reto cotidiano, la satisfacción continua, muchas muchas risas y un plan a futuro.
No me quejo.
Ni modo que no supiera cómo funciona esto.
Pero duele irse quedando sin la gente que se quiere y duele también ver a los que se quedan poniéndose una chinga.
Creo que resignificaré cuando me toque eso último.
Por el momento sé que esto es un trabajo y que es importante para mí por muchísimos motivos, pero lo más importante está afuera.

* * * * *

Y en cosas que no necesitabas saber: 
"Tengo un friego de pendientes económicos esta quincena con la graduación de Harry y la reinscripción de William, y me compro una bici." Mi lógica.
Pero ¿ya les dije que tengo una bici y ya no tendré que estar usando la de William a la que debo bajarle el asiento cada que me la presta?




lunes, 16 de junio de 2014

Ecos

Fefé es una persona físicamente expresiva, aunque no tan vocal en su afecto, muy diferente a cómo soy yo.
Esta diferencia no ha sido un problema mayor, aunque Fefé tuvo que aprender en algún momento que el hecho de que yo no abrazara tanto, no significaba que me faltara amor. Yo tuve que aprender, por otro lado, que si él no decía lo que yo quería escuchar, tampoco significaba que a él le faltara.
En estas condiciones hemos sido felices y hemos estado muy satisfechos.
Por estar acostumbrada a esto, ayer me sacó muy machín de onda. Por la mañana le di un regalo por el día del papá y como suele ser algo que no celebramos mucho (sólo le di el regalo porque el día de la madre le dio mantenimiento a mi carro), después de entregárselo, me di la media vuelta por un café.
Cuando regresé vi que sus ojos estaban vidriosos (sólo una vez lo he visto así y fue hace quince años) y me comenzó a decir cosas que no suele decir a menudo -y que la verdad yo tampoco tengo necesidad de escucharlo- y pues me desarmó. Pasan esas cosas y se me derriten las reticencias y otras cosas.

Una pijama y esta trilogía, fue el regalo que le di.


Pero a lo que iba no era a esto.
Horas después de lo sucedido, me puse a platicar con Harry. Por mi manera de ser, siempre me ha preocupado si la forma de querer a mis hijos ha sido la que ellos necesitan. Le pregunté a Harry que si él consideraba que sus papás éramos demostrativos de afecto, que si no sentía que éramos fríos o poco expresivos y con toda su franqueza, me respondió:
- Pues mi papá nos dice que nos quiere y nos abraza. Y pues tú... tú nos compartes enlaces en Facebook... Mmm... no mamá, yo creo que no necesitamos nada más.
Cosita!
(La tecnología una vez más, ahorrándome terapias).
Ya lo dijo William una vez, después de un intento de abrazo grupal que inicié: No somos una familia de ésas y no vamos a comenzar a serlo ahora. Sigamos siendo felices como somos.

¿Debería preocuparme? No lo sé. Ya me lo dirán sus parejas más adelante, cuando me comiencen a reclamar la inexpresividad de mis hijos.
Mientras tanto, yo también entiendo que el amor se da y se vive de muchas maneras y he procurado considerar que los hijos no son como yo y he de ofrecerles lo que a ellos les hace falta.
Espero no estarle errando, pues aunque no me preocupa errarle en otros ámbitos de sus vidas (ya lo superarán) en esto sí quiero estar haciendo lo correcto.

* * * * *
Harry fue a su primera fiesta de Quinceañera.
Y bailó.
Banda.

No he de estar haciendo las cosas tan mal.





jueves, 12 de junio de 2014

Me mudé

De oficina.
Me ofrecieron un espacio en el segundo piso del almacén y comencé con operación hormiga para que nadie preguntara y verme obligada a contestar que no me era muy agradable ni saludable el ambiente de estrés de finanzas, ni tener de vecino al ex jefe, ni ser vista con reprobación por irme a mi hora.
Ahora aquí ya puedo abrazar mi  verdadera vocación de segregada social, jugar videojuegos durante la comida, participar en competencias de sillas rodantes, escuchar música a todo volumen y escribir chistes obscenos en el pizarrón de la oficina.
Mis compitas son chidotes y aunque voy a extrañar al otro vecino que tenía, que me alimentaba con galletas y me daba chocolates de postre, con éstos dos estoy trabajando muy bien.
Seguiré con mi descanso post comida y luego a pasearme por la ciudad. Cosas del trabajo.
Mi vida no es fácil.

lunes, 9 de junio de 2014

Me confieso bipetsual.

Así es.
Tengo que admitir que el nuevo inquilino me tiene babeando.
Lo presento:














Lula siempre está lista para salir en las fotos, pero aun así se alcanza a apreciar a la criatura.

La realidad es que yo no tenía muchas ganas de otro animal en la casa. Miento. Los gatos nunca me son suficientes. Pero los perros... ay, los perros... requieren más atención y cuidados de los que yo puedo o quiero proveer. Por otro lado, Fefé y yo habíamos estado platicando sobre Lulú y cómo no queremos que esté tanto tiempo sola. Y los muchachos... Lulú cumple catorce este año y aunque posee una salud excelente al momento, llegará el momento en que ya no y no puedo pensar en cómo va a eso a impactar en los hijos, en cuyos más antiguos recuerdos aparece siempre Lulú. Pensamos en que llegado ese momento, tal vez pudiera ser menos duro con otra compañía en casa.
No sé cómo irá a ser eso ni quiero pensarlo más.
La cosa es que Fefé llegó la semana pasada con el angelito de la foto a casa.
De inmediato se integró. Y por integró quiero decir: comió, mió y cagó.
Por fortuna, no fui yo quien lo trajo ni con quien Fefé coludió para meterlo a la casa, así que tanto él como los hijos se pusieron manos a la obra a limpiar y averiguar cómo educarlo, lo cual es muy bueno puesto que mi única respuesta al desastre a mi alrededor fue: ¿y éste a qué hora aprende a usar la caja de arena?
(Creo que si tuviera otro hijo me preguntaría lo mismo).
Hobbes -que así fue llamado el can después de una larga tarde de deliberación en la que yo quería que se llamara Chichifo y mis hijos no- se adaptó pues con rapidez a su nueva familia y nosotros nos hemos adaptado también.




Lo mejor de todo es la cara de Lulú. Aunque con reservas -no le gusta que Hobbes me muerda los pies- lo ha aceptado y eso me da un poco de tranquilidad y paz de conciencia.

Y bueno... si necesitaba algo en qué ocuparme en lo que empiezo el siguiente semestre, ahí lo tengo.  :)
(Junto con lo entretenido que resulta ver la cara de asombro y decepción de los felinos, cada vez que ven pasar a Hobbes).

domingo, 1 de junio de 2014

Pido un aplauso para el amor

Hoy no planeaba sentarme en la computadora pues sería mi primer mañana de domingo en dos años en que no necesitaría sentarme a hacer, revisar, leer, resumir, analizar, extraer, escribir o corregir. Pero aquí estoy porque es mi deber patriótico anunciarles que soy:


Yep.
No sé qué sigue ahora, lo que sé es que fue un error decirle al gerente general sobre el examen de grado, porque creo que va a comenzar a esperar mucho de mí. Le hubiera dicho que apenas terminé el bachilleres y sería algo así como una historia de éxito.
Me falta acreditar un par de materias, pero va a ser papitas. Luego ya veremos qué hacemos con esto, a donde me cuelo o qué más aprendo en el camino. Ya aprendí a diseñar lo teórico, ahora quiero aprender lo práctico. Voy a buscar un taller o diplomado o algo.
A "L" ocurriósele comentar que ahora sigue el doctorado, como nuestra buena amiga la "W". A mí ocurrióseme contestarle que se fuera mucho a chingar a su madre, pero aprecio mucho a su madrecita, así que nomás lo pensé.

Ayer ya me fui a festejar que vuelvo a amar al mundo, porque la verdad ya odiaba a mi pobre asesora de tesis y odiaba cada uno de sus correos, y odiaba entrar a la plataforma a revisar comentarios y odiaba todo.
Ya soy feliz, ya olvidé, como José José.
Hoy siguen los festejos y me voy con la familia a un concierto de matiné.

Besillos magistrales.