jueves, 26 de diciembre de 2013

Symphony for destruction

Mientras los hijos fueron pequeños, estaba prohibido en esta casa regalar juguetes que hicieran cualquier clase de ruido. Y si por error algún tío o madrina bienintencionados llegaban a casa con camioncitos ruidosos o muñecas platicadoras, se les quitaba la pila apenas los obsequiosos individuos salían de nuestra casa.
Esto, sin embargo, no fue impedimento para que Harry creara ruido a su alrededor de cualquier cosa que encontraba en su camino. Por ello hubimos de cambiar la estrategia: comenzamos a aceptar regalos o hacer regalos que hicieran música.
A los tres años, Harry recibió una grabadora con micrófono; a los cuatro, un pequeño teclado (que sólo duró una semana porque Harry decía que las canciones no le salían y terminamos por conseguirle un mejor hogar); a los seis, un violín; a los diez, un reproductor de cd´s y a los doce, un par de guitarras. William recibió a los nueve un teclado.
La estrategia ha funcionado.
No hay ruido, sólo música saliendo de varios dispositivos a la vez.
Ok, sí.
Es ruido.
Y este año el papá de la casa decidió sumar una guitarra más a la orquesta, no para él, sino para William que comenzó hace un par de meses a utilizar sin permiso la guitarra de Harry.

Anoche, al irnos a dormir y escuchar por enésima vez la sinfonía de la destrucción, le cuestioné seriamente a Fefé su decisión.
Me respondió:
- Ahora sí no existe la más leve posibilidad de que nos escuchen.

Ámolo.


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