jueves, 12 de diciembre de 2013

El mundo es un pañuelo sucio

Cuando estaba en la prepa me gustaba un tipo. Me gustaban muchos, pero éste especialmente porque me recordaba a alguien a quien quería mucho y porque ternurita quiero comerte.
Además de estalkearlo de camino a la escuela y durante los recesos -nunca nos hablamos, me conformaba con amarlo en silencio- lo estalkeaba por las tardes. Y en grupo. Él practicaba americano por las tardes y solía pasar frente al lugar donde nos reuníamos mis amigos y yo. Éramos siete güeyes mirándolo fijamente mientras atravesaba nuestras vistas.
Fue divertido.
Pero el amor acabó cuando él terminó la prepa y yo me conseguí un novio de verdad.
No lo volví a ver.
Luego apareció el facebook.
No lo busqué. Ni me acordaba de su nombre pero hace poco comenté en el estatus de mi sobrina, quien correría una carrera, y entre los comentarios y felicitaciones estaba la de un tipo a quien en un comentario posterior, mi sobrina llamó "tío".
Ah, cabrón -dije yo- si yo conozco a todos los tíos de ésta.
Y me metí a su perfil, dándome cuenta que con eso estaba estalkeando al mismo fulano a quien estalkeé tantos años atrás.
Luego mi hermana me contó la historia del "tiazgo".
Resulta que ahora que viven en Texas, contactaron con un amigo de mi cuñado que vive en la misma ciudad junto con su esposa. Todos se hicieron bien compas. Mi hermana comenzó a correr y esas cosas saludables gracias precisamente a la amistad con estas gentes. Y tanta la amistad que ya se hablan de "tío" y "tía". Mi fulano es hermano de dicho güey y también es tío por adopción.
O sea que o el universo a güevo quería a este güey de tío de mis sobrinas o el universo es un asqueroso y sucio pañuelo.
Me inclino por lo segundo.

Y mi carnala todavía me dice... "Y sigue soltero ¿eh?"
Yo no, babas.

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