martes, 24 de diciembre de 2013

Debrayes decembrinos

“Las mujeres jalan a los maridos.”
He escuchado esta frase ad nauseam estos días, refiriéndose al hecho de que los hombres terminan pasando más tiempo con la familia de la esposa. Y generalmente cuando se emite la frase es con un tono de reproche: ¡Mala mujer que alejas a tu hombre de su familia! ¡Es tu culpa!, ciclo que se ve cerrado cuando los padres del güey no le exigen su presencia –como a las hijas- “para no provocarle un problema con su esposa”, o lo que es lo mismo “esa fiera”.
Lo que no se dice es el contexto cultural en que crecemos, donde las mujeres somos las únicas responsables del cuidado directo de la familia enferma o de los padres ancianos. Y escuchas a personas decir “¡Qué bueno que me tocaron hijas!” o –refiriéndose a mí u otras como yo- “¡Qué pena que no tuviste mujeres,  ¿quiénes los van a cuidar?”. Ahí sí somos bien buenas ¿no?, pero cuando “jalamos” a los maridos somos unas pinches harpías.
Decídanse.
En lo que se deciden, porque la verdad tienen más de dos mil años decidiendo si somos santas, putas o locas, una pequeña aclaración:
* Sí. Estamos educadas para ello y la sociedad nos gratifica cuando nos preocupamos y atendemos a nuestras madres y padres.
* Además, es un mero deber familiar con el que cumplimos y deberíamos cumplir independientemente del género.
* Si eres de esos hombres “jalados” por su mujer, admite que no visitas tu casa por comodidad. Y tu pareja no tiene obligación de estarte recordando que los visites. Y tus hermanas no son las únicas obligadas a cuidar de tus padres.
* Si eres la mujer que siempre “jala”, no tengo nada para ti.
Mi mamá contaba un chiste sobre una mujer que hablaba de su hija diciendo que se había casado con un muy buen hombre, que siempre le ayudaba en la casa, que llevaba a los hijos a la escuela, que cocinaba delicioso y hasta sabía usar la lavadora, además le compraba joyas y viajes. Y cuando se refería a su hijo, comentaba que se había casado con una mala mujer que lo tenía trabajando todo el día, que lo trataba como chacha y que lo explotaba económicamente. Pobre hombre.
Pobres todos y todas.

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