lunes, 13 de febrero de 2012

El absurdo nuestro de cada día

En el hotel donde me hospedo, los elevadores están buenísimos para un apuro. Para que funcionen tienes que pasar la tarjeta de tu cuarto por un dispositivo para ese fin.
Hoy la tarjeta no me respondió y supuse que estaba desprogramada. En la recepción me la reprogramaron y volví al elevador. Siguió sin funcionar pero un huésped subió conmigo y le presionó al piso uno. Yo necesitaba llegar al piso dos. Se bajó y una mujer desde fuera me preguntó: Are you going down?. Le respondí que no, cerré las puertas del elevador e intenté que funcionara la tarjeta pero no lo hizo. Las puertas volvieron a abrirse y la mujer volvió a preguntar: Are you SURE you are going up? ¡Claro que estaba segura! ¡Sé contar!. En eso el elevador comenzó a subir hasta el piso tres sin que yo oprimiera nada. Bueno, dije, ya del tres bajo por las escaleras al segundo piso. Pero no hay escaleras. No existe  más que la opción del elevador. Por fortuna me encontré con algunas personas del servicio quienes con su tarjeta me llevaron a mi piso. Me explicaron además que el dispositivo de ese elevador a veces fallaba.
Bueno, eso lo explica, pensé.
No fue así.
La tarjeta seguía desprogramada y no podía entrar a mi habitación ni bajar a la recepción, así que tomé las escaleras de emergencia y bajé hasta la cocina, donde una chef me hizo el favor de guiarme hasta la salida, y que si quería, podía incluso quedarme ahí a ayudar con la comida. Decliné la invitación, di las gracias, y al cruzar el restaurante me volví a topar con la gringa que con su mirada me dijo: You see? You were really going down.

Ash...

2 comentarios:

Alexandro dijo...

Es que en estos tiempos uno ya no sabe si va para arriba o para abajo, jajaja.

Ser Filosofista dijo...

Sí de leerlo me hizo reír, ya me imagino si hubiera estado ahí.