jueves, 12 de enero de 2012

Memoria y olvido


Tengo el tiempo y la memoria para escribir, pero a veces querría no tenerlos… La memoria pues, el tiempo sí.
A veces me sorprenden mis recuerdos. Llegan tan lejos y soy capaz de ubicar espacios y palabras, no así rostros o colores.
Soy muy buena recordando lo intrascendente mientras que aquellas cosas que el sentido común reconocería como Importante, se desecha en algún resquicio de mi cerebro al que no puedo entrar.
Lo intrascendente, al final, ni útil ni productivo, se convierte en espacio de vuelo libre donde me paseo y recreo, y también creo. Mis recuerdos son entonces quimeras de las cuales ya no sé reconocer la línea que divide la realidad de la fantasía.

Tengo unos recuerdos claros de la semana que pasó.

Gwen vino de visita. Atravesó su país de residencia en auto para luego toparse aquí con las burocracias fronterizas que le impidieron el paso, la maltrataron y amenazaron incluso con quitarle su camioneta. “Querían dinero” decimos todos pero ella no iba a ceder, ¿por qué chingados? Con ella, además de su familia, venía el novio de su hermana, a verla y pedir su mano. La misma noche que nosotros cenábamos con Gwen, que fue la última noche que pasó aquí, porque al día siguiente todos partirían de regreso a su país, asaltaron a su hermana y al prometido. Además del asalto, los privaron de su libertad unas horas y luego los abandonaron afuera de la ciudad. Y yo que les decía que no había tanto que temer al venir para acá.
También esta semana asaltaron a un compañero del trabajo. Le quitaron su cartera, su chamarra y al intentar quitarle sus tenis, uno de los asaltantes dijo al otro: “Ya mátalo, mejor” y le dispararon. Así nada más. Mi compañero es delgado. El tiro entró y salió sin tocar algún órgano vital. Tuvo mucha suerte, dijeron los médicos. No te tocaba, le dijeron otras personas. Yo le pregunté por el dolor. ¿Qué se siente un disparo? No es morbo, es preparación psicológica. En cualquier esquina te puede tocar. “Duele un chingo” me contestó.
Otro suceso de esta semana fue la reunión que tuvimos para recordar a Susana Chávez en el primer aniversario de su asesinato.
Yo no la conocí como lo hicieron algunas de las personas presentes. Yo la conocí en la foto infame de los periódicos. Infame porque no retrata la persona que fue, que es la función de la fotografía, ¿no? La foto del periódico retrata a una mujer sin alma, sin contexto y es una imagen a la que se le puede atribuir fácilmente toda la clase de cosas que los periódicos dijeron sobre ella. En la reunión conocí otra foto, la de una mujer alegre. Y las palabras de las que la conocieron le dieron todavía más belleza. Leímos algunos poemas suyos, más bellos todavía y disfruté el lujo de conocerla un poquito más, pero sobre todo el lujo que es la posibilidad de no olvidar.
Porque aunque yo no lo quiera, aunque hay tanto que quisiera olvidar, la memoria es un lujo y es también una obligación y una responsabilidad.
“L” leyó un poema de Susana que habla sobre la memoria. Me movieron profundamente sus palabras porque sí, no estamos en condiciones de olvidar, hoy más que nunca no debemos olvidar.

El artículo “Para el no olvido” que se publicó en Animal Político comienza con el siguiente párrafo: “El olvido al que convoca la amnistía tiene que ver con el mandato de olvidar o la prohibición de recordar. El Estado decreta olvidar. El no olvido se relaciona con la verdad.” Gilou García Reynoso.

Hay muchas cosas que no debemos olvidar. Esta semana que pasó se ha publicado sobre la demanda de Zedillo por Acteal, sobre la exoneración de la prima de Margarita Zavala en el caso de la Guardería ABC, sobre las posibles corruptelas en la edificación de la Estela de Luz… y se van a seguir juntando a la par con nuestras propias desgracias y las ajenas (que al final son las mismas) y es obligación no olvidarlas.
Esta semana en Davos, los líderes mundiales se preocupan porque la desigualdad está atizando la irritación social… claro que no se preocupan por lo que esto genera en la población, sino porque las manifestaciones de esta irritación pone en riesgo los sistemas actuales.
Pero ¿es que olvidaron que esto lo habían advertido desde hace varios años esos “globalifóbicos”, como los llamó Zedillo, que desde hace varios años ya habían surgido manifestaciones, desde la Selva Lacandona hasta los altermundistas en Seattle?
La memoria.
Mi memoria personal es un desmadre.
Hoy por ejemplo olvidé que unas pastillas que me dieron se deben tomar antes de dormir. Me las tomé esta mañana y ya me hicieron efecto: tiemblo y no me es posible seguir escribiendo.

La memoria colectiva, por favor, ayúdenme a seguirla manteniendo.

3 comentarios:

Gerardo Huerta Jaime dijo...

Como muchas otras cosas, parece que en este querido México nuestro, no sirve de nada la memoria.
Me pasó hoy en la mañana, en un trámite del Taxi, cuando le hablas de unión a la gente, nada más les da risa, aunque cada año se repita y encima empeoren las cosas.
La consigna general es aguantar y seguir viviendo al día.
Espero no sea tu caso.
Te mando un abrazo.

SandyGallia dijo...

justo había leido ayer o antier lo de la guardería ABC, lloré un poquito y me pregunté cuanta gente, en mi querido México desmemoriado recordaría esto.

sospiro... ando triste de mi mexico

Ser Filosofista dijo...

No sé si sea cuestión de olvido. ¿Cómo olvidas algo que continúa? Más bien aprietas fuerte los párpados, te volteas para otro lado.

Es cierto que un pueblo unido, jamás será vencido, y yo no sé si nuestra unión ya quedó sólo en los libros de historia.

No me hagas tanto caso, ando pesimista.

Un abrazo.