martes, 5 de julio de 2011

El difícil arte de tomar una decisión

Esto de decidir, otra vez, qué hacer con los muchachos con respecto a dónde van a continuar sus estudios de secundaria, pone en juego factores no sólo pedagógicos o económicos, sino también emocionales e incluso, ideológicos.

Por un lado yo estuve convencida, el año pasado, de que meter a William en una escuela pública era lo mejor, por diferentes razones. Que se relacionara con todo tipo de gente, era una de ellas y sigue siendo muy importante. Otra razón fue que estuviera en un ambiente más diverso y estimulante, con más chicos y chicas, que como él estuvieran muy interesados en aprender. Desgraciadamente, William sólo halló dos o tres. La plante docente no fue tampoco muy motivantes para conseguir que los alumnos se involucaran más… lo que me lleva a la situación con los maestros.

Admiro mucho a los docentes comprometidos. El problema es que las condiciones en las que trabajan dificultan ver resultados a este compromiso.

En la secundaria de William hay maestros y maestras que trabajan los dos turnos, matutino y vespertino. ¿Qué pueden ofrecerle a los alumnos del turno vespertino que se encuentran además en un horario que hace más pesado el aprendizaje?

Antes, en el turno vespertino, había la mitad de alumnos comparado con el turno matutino. Los maestros nos contaban que les gustaba dar clases en la tarde, que era más sencillo, que el ambiente de aprendizaje era mejor por ese factor.

Ya no es así. Existe el mismo número de alumnos en ambos turnos, pese al incremento de escuelas particulares (o tal vez por lo mismo).

Otro de nuestros criterios para elegir secundaria pública para William, fue que se llevara la reforma (muchas escuelas particulares medio cumplen para impartir sus propios programas, ya sean bilingües o religiosos).

Mucho se ha dicho de los programas de la reforma. Yo los conocí cuando di clases y la verdad es que a la mayoría los encontré coherentes y respondían a cuestionamientos que me hacía antes de que se diera.

En la escuela donde trabajé adaptamos un número adecuado de alumnos al aula, cambiamos mobiliario y hasta el número de horas por semana de las materias, para poder trabajar debidamente los programas. Yo daba seis horas a la semana de Español, con un grupo de 25 adolescentes, sentados en mesas de trabajo para favorecer la integración y supervisión de equipos.

Eso no lo van a hacer en una escuela pública y los maestros terminan desgastándose, tratando de implementar planes que teóricamente funcionan pero que para ser llevados a la práctica y alcanzar los propósitos, se requerirían muchas cosas que el sistema educativo no provee. Así, terminan impartiendo lo que pueden y como pueden.

La experiencia de William no fue TAN mala. Tal vez para un niño o niña promedio, habría sido una buena experiencia. Pero pese al riesgo de escucharme bien mamona, William no es un niño promedio. Él es como deberían ser todos los niños antes de que los adultos les matemos las ganas de aprender: autónomo, autodidacta, curioso, ingenioso, emprendedor y además de esto, responsable y perfeccionista. Mal combo cuando se está en un sistema que ha adormecido a las criaturas y que ve a estos estudiantes como amenazas.

Hubo un maestro que admitía que William era el chico más interesado en aprender en su clase, el más adelantado, pero se la pasaba amenazándolo con bajarle puntos por cualquier pendejada. La última, porque en una exposición William no pudo evitar usar muletillas. Así en plan malpedo, no por querer ayudarlo a mejorar.

Y ahí viene el otro.

Harry ama aprender y compartir lo que sabe. Se emociona con la información que le dan, pero lamentablemente se le dificulta seguir cada una de las indicaciones que los maestros dan. En la secundaria, Harry tendrá que lidiar con maestros que no están preparados para trabajar con alumnado con problemas de aprendizaje y que le responderán con cosas como “Si no puso atención, no pregunte.” Harry contestaría “Si hubiera podido poner atención, no tendría necesidad de preguntar.” Pero los maestros no ven la lógica de esto.

Decía que estas decisiones implican muchas cosas. Pone en conflicto lo que consideramos nuestro rol de padres y madres al plantearnos: ¿qué quiero para mis hijos? ¿Cómo los quiero tener? ¿Entre algodones o en medio del caos?

Obviamente una parte dice “¡Sí, qué chido, entre algodones!” y otra dice: “El caos puede enseñarle más cosas.” Pero no estoy segura que haya sido así.

Que de algo le ha servido a William esta experiencia, sí. Que padeció bastante desesperación y frustraciones, también. ¿Valieron la pena comparado con el aprendizaje adquirido?

Ahí es donde creo que no.

No tiene que ser así.

La letra no tiene que entrar con sangre, con dificultades, como en una carrera de obstáculos.

Ayer recibimos la gratísima noticia de que Harry había sido aceptado en la secundaria donde William estudia. Es, según dicen en las escuelas vecinas, una secundaria a la que es muy difícil entrar. O eres listo o tienes buena palanca. Nosotros no tenemos lo segundo.

Le tocó en el turno vespertino, porque a los hermanos los ponen en el mismo turno.

Desde que William entró a la secundaria quisimos cambiarlo de turno, ya que no se nos hacía el más adecuado para sus actividades. Tuvo que dejar el futbol americano y ahorita no practica ningún deporte ni participa en algún club o actividad extraclase porque suelen ser en la tarde.

Ahora está en una lista de espera y probablemente este año pueda entrar a la mañana.

¿Y Harry? ¿Hasta el año entrante? ¿Y sus clases de karate que tanto le han servido para mejorar su motricidad, su autoestima?

Además Harry no es autoadministrado como Wlliam y el turno vespertino nos dificultaría mucho la supervisión en sus trabajos.

Si bien es cierto que Harry no requirió de nuestra supervisión este último año de primaria, también es cierto que en su colegio las cosas eran muy muy estructuradas, lo que facilitaba que niños muy inquietos o distraídos, pudieran encontrar la forma de encaminarse nuevamente.

En la secundaria no será así. Ya lo vimos con William.

Así que aquí estamos ante tamaña decisión.

¿Qué hacemos? La misma pregunta de hace un año.

Pienso en las escuelas particulares que conozco y sé que el hecho de que sean particulares no garantiza calidad educativa.

Luego enlisto y descarto: quiero que sea económicamente accesible, que no sea bilingüe, que no sea religiosa, que me quede cerca, que tenga un nivel educativo aceptable…

Y pues obviamente se me acaban las opciones.

En ese punto estamos. Tratando de decidir.

6 comentarios:

Afasia Anómica. dijo...

A mi hija todavía le falta un año y ya estoy temblando, quisiera tener opciones como tú, de este lado no va estar nada fácil, te deseo lo mejor a ti y a tus príncipes. No puedo decirte "despreocúpate" por que no estás en una situación muy fácil, pero sé que la decisión que tomen será la correcta, pues desde hace un tiempo te sigo y sé que eres una excelente madre.

PHERRO dijo...

¿Y qué quiere Harry?
Tal vez si toman en cuenta su opinión, cuenten con otra buena opción y a fin de cuentas tomen la mejor decisión, entre todos.
Ojala que las cosas resulten de lo mejor para ustedes.
Que estés bien, luego nos leemos.

todavia dijo...

Yo particularmente prefiero las públicas a cualquier privada por buena que sea. Sera que soy producto de puras escuelas públicas de bajísimo nivel académico y económico. Creo que hay un punto en el que el estudiante supera las limitaciones de su academia y empieza a bregar por cuenta propia y creo que es llegado a ese punto cuando empezamos, de veras a aprender.

sandygallia dijo...

Cuida que si los inscribes en algùn colegio privado, no les importe mucho mas tu lana, que la educaciòn de los chicos. Yo trabajè en una universidad privada, donde era descarado este asunto... obviamente no durè mucho tiempo ahí, era un robo para los muchachos que entraban a estudiar ahí y me daba culpa hacer publicidad para que tuvieran mas gente a la cual estafar U_U

trying not to sell dreams for small desires dijo...

I think you know my opinion already:

1. I'm anti private school (yeah, yeah, you know my extreme leftist views, blah, blah).
2. Gulp. Yes. I'm anti uber protective parents that hover all over their children for the sake of their ego and not their kids' interest.
3. I'm PRO pain in the ass parents who DEMAND a PUBLIC education.
4. I'm anti "afternoon" school. WTF! This is were parent energy should be directed: to demand their local goverment to build more schools so every child can attend school in the morning.
5. If your child can actually verbalize that he can't pay attention in the classroom, i would demand a school psychologist...testing...ASAP!

Anónimo dijo...

Gracias por sus comentarios. Realmente me ayudan.

Afasia: suerte con la decisión que tomes, cuando te toque. Yo también espero hacer lo correcto. O lo menos pior.

Pherro: Harry quiere entrar a la escuela privada católica a la que van a entrar todos sus amigos. :s

Todavía: Ese era mi plan al meter a William en la secundaria donde está. Resolver sus problemas por su cuenta, en eso concuerdo. En lo que no, es en lo otro, la descalificación como método.

Sandy: claro que sí. Como maestra que alguna vez fui de escuela particular, conocí muchos maestros de muchas escuelas. Por fortuna no tuve en la mía, una mala experiencia.

Trying: I agree with you. Those points you indicate are the reason I have this conflict. I love pain in the ass schools. My kids too. Recently Harry said to his english teacher not to treat him like a baby because he wouldn't survive outside. With those words. What I don't like is Assholes Schools. And yep, we need to demand more schools. The ones that have spaces for kids in the morning are very far away.

By now, Fefé asked me to stay positive. He must have a plan to move them to the mor