miércoles, 11 de mayo de 2011



Hace más años de los que me gusta recordar conocí en mi antiguo trabajo a una chica, de las pocas de mi edad en esa escuela. Descubrimos que teníamos algunas cosas en común como ciertas personas, ciertos lugares y muchas catástrofes personales. La diferencia era que mientras ella vivía pensando en el momento en que todo eso se superara y dejáramos de sufrir, yo pensaba: ¿sufrir? ¿quién sufre?
Ella dejó ese trabajo y yo la dejé de ver.
Años después la vi cerca de mi casa. Se había casado nuevamente y ahora vivía a una cuadra de mi casa. Fui a visitarla una tarde y ya no más. Volvimos a dejar de vernos.
La encontré nuevamente en FB, ya saben, las nostalgias, buscar a las amistades del kinder, a los exmorros... y ahí comenzamos a comunicarnos y a planear durante un año un café.
El café finalmente se dio este viernes. El café, o más bien los granos de café, estaban inmersos en una botella del vodka más delicioso que he probado. Las cervezas, muy buenas también. Las botanas hechas por su esposo, deliciosas. ¿Baileys? Sí, cómo no. ¿Te gusta esa música? Ah, claro que sí. Y entre una copita de esto y una copita del otro y uno que otro mensaje que le enviaba a Fefé diciéndole que viniera, que esta pareja le iba a encantar, se nos fueron yendo las horas. Fefé llegó como a las once y la velada apenas empezaba. La plática, el cigarrito, la música, las bebidas... todo a tono... y así nos dieron las seis de la mañana y yo tenía que levantarme a las siete para ir a trabajar.
No tengo que relatar la clase de día laboral que pasé. Apenas llegué a la casa me dormí. Pero qué buen chisme nos echamos.
De su casa me traje un libro que me prestó su esposo sobre Joaquín Sabina y de ésta una invitación para una carne asada el sábado.
¿Por qué les cuento esto?
No sé.
Gusto, yo creo.
Los tengo a ustedes con quienes tengo muchas cosas en común pero no nos podemos poner una borrachera juntos. Ha sido más sencillo encontrar en el ciberespacio personas afines. Tengo a mis gordas para mis desmanes mujeriles; a mi polígono, para el desmadre físico-músico-sexual; a mis brujas, para la lucha. Me faltaban los compas para las discusiones y los apasionamientos bibliomelómanos.

Soy muy afortunada.

Y nomás porque estoy contenta les dejo otra versión, con Soledad Giménez.

2 comentarios:

Juano T&S dijo...

Que demonios tenemos en común? No lo se, pero me agrada, y si no tenemos algo en común tmb me agrada :)

Porque?? porque si y ya jajaja

todavia dijo...

A un alma feliz como la tuya es dificil detenerla.