Fefé me trajo la primera y segunda temporada de Northern Exposure. Me quise sentar de un jalón a ver todos los episodios, pero el placer fue insoportable. Después de cuatro episodios, terminé con el rostro adolorido de felicidad y éxtasis.

Y hoy, mientras manejaba por la carretera escuchando un monólogo de Johnny Depp en un disco de Goran Bregovic, me puse a pensar en la cantante gorda de Black cat white cat y en su enorme trasero que conseguía sacar clavos de las paredes.

Es el problema de hundirse de repente en la bizarrez y el surrealismo de la serie de televisión.

Lo superaré.

Eventualmente.

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